{"id":2594,"date":"2025-07-08T16:35:49","date_gmt":"2025-07-08T16:35:49","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/07\/08\/alphaville-y-otras-distopias\/"},"modified":"2025-07-08T16:35:49","modified_gmt":"2025-07-08T16:35:49","slug":"alphaville-y-otras-distopias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/ensayo\/alphaville-y-otras-distopias\/","title":{"rendered":"Alphaville y otras distopas"},"content":{"rendered":"<p><em>Alphaville, una extra&ntilde;a aventura de Lemmy Caution<\/em> es una pel&iacute;cula de Jean-Luc Godard que apareci&oacute; en 1965 y, para muchos, representa una muestra de distop&iacute;a en el cine. La historia se resume as&iacute;: hay un agente secreto llamado Lemmy Caution disfrazado de reportero que se hace llamar Ivan Johnson del diario ficticio <em>Figaro-Pravda<\/em>, quien es enviado a la ciudad que da t&iacute;tulo a la pel&iacute;cula para seguir el rastro de Henri Dickson, eliminar a un cient&iacute;fico de nombre Von Braun (creador de una computadora que rige la ciudad) y, por &uacute;ltimo, destruir Alphaville. En el proceso, conocer&aacute; a Natasha Von Braun, hija del cient&iacute;fico al que debe matar. Como se ver&aacute;, hay ciertos paralelismos que conectan la pel&iacute;cula con eventos reales y cierta semejanza con otras obras dist&oacute;picas. <em>Alphaville <\/em>es una denuncia a las sociedades tecnocr&aacute;ticas y una llamada a la recuperaci&oacute;n de las emociones y la invocaci&oacute;n del lenguaje po&eacute;tico.<\/p>\n<p>Alphaville<em> <\/em>es una ciudad, pero tambi&eacute;n es un cuerpo macrocef&aacute;lico, descomunal y omnisciente que alberga una sociedad controlada por una inteligencia artificial despiadada que est&aacute; imbricada en la sociedad que describe el film; es dif&iacute;cil delimitar d&oacute;nde empieza la ciudad como espacio geogr&aacute;fico o si tambi&eacute;n, la ciudad es la misma m&aacute;quina que la controla de forma autocr&aacute;tica en cada paso de sus habitantes, en el vuelo de cada ave, o en cada palabra que se pronuncia. Se existe y consiste fuera o dentro de la misma, como si se tratara de una entidad pante&iacute;sta: principio ordenador y coordinador del mundo. Godard afirma que escribi&oacute; el guion de la cinta luego de leer dos ensayos de Borges: &ldquo;Formas de una leyenda&rdquo;<em> <\/em>y &ldquo;Nueva refutaci&oacute;n del tiempo&rdquo;,<em> <\/em>que aparecen en el libro <em>Otras inquisiciones <\/em>(1952)<em>. &ldquo;<\/em>Formas de una leyenda&rdquo; refiere las m&uacute;ltiples variantes de la historia de Buda: agitar el sentido de una historia es multiplicar los hechos, bifurcar sus significados. &ldquo;Nueva refutaci&oacute;n del tiempo&rdquo; habla de temas como la recursividad de la historia y su car&aacute;cter c&iacute;clico, aporta tambi&eacute;n una visi&oacute;n de la eternidad y del tiempo.<\/p>\n<p>Se supone que <em>Alphaville<\/em>, como muchas historias dist&oacute;picas, se encuentra ubicada en un futuro aborrecible y no deseable. Mientras que la utop&iacute;a refiere el ideal de una entelequia, como una posibilidad feliz de alcanzar un desarrollo pleno, la distop&iacute;a es el acto fallido de la historia, es la &ldquo;pesadilla con aire acondicionado&rdquo; de la que hablaba Henry Miller en alguno de sus libros. Estas pesadillas abundan en demas&iacute;a como brotes vestigiales en nuestras sociedades. Solo por citar ejemplos, en <em>Farenheit 451 <\/em>(1953), de Ray Bradbury, se<em> <\/em>habla de bomberos quemando libros como una costumbre generalizada cuando hemos vivido la quema de libros en algunas sociedades totalitarias como la de los nazis o las retr&oacute;gradas sociedades de padres de familia estadounidenses que purgan ciertos libros por considerarlos inc&oacute;modos a su visi&oacute;n conservadora y supremacista del mundo. Cada &eacute;poca que vivimos trae el germen de un futuro aborrecible, no deseado. La distop&iacute;a puede llegar a exagerar y parodiar aspectos actuales de la sociedad. Otro ejemplo, las pr&aacute;cticas eugen&eacute;sicas, que alguna vez preocuparon a la opini&oacute;n p&uacute;blica, pueden ser parte de una pesadilla futurista como la mostrada en <em>Un mundo feliz<\/em> (1932),<em> <\/em>de Aldous Huxley,<\/p>\n<p>Como toda distop&iacute;a, <em>Alphaville<\/em> es pesimista y se centra en los peligros de permitir que una supercomputadora se funda (o confunda) con la ciudad y los individuos al grado que se disperse la distinci&oacute;n entre humano y m&aacute;quina. De ah&iacute; su importancia cultural al poner sobre la mesa la pregunta inc&oacute;moda acerca de los peligros de la inteligencia artificial. Por lo general, las distop&iacute;as son grises, aburridas, mon&oacute;tonas, opresivas; con ese tono melanc&oacute;lico de algunas ciudades de Europa del Este: con ferrocarriles oxidados, estatuas olvidadas, f&aacute;bricas abandonadas y cementerios de maquinaria pesada; con ese tono claustrof&oacute;bico y melanc&oacute;lico como en la novela <em>Solenoide<\/em> (2015),<em> <\/em>de Mircea Crtrescu. Algo de esa atm&oacute;sfera sombr&iacute;a se respira en la cinta de Godard. La ciudad mostrada en <em>Alphaville<\/em> combina aspectos visuales del cine negro, trama detectivesca y fantas&iacute;as de ciencia ficci&oacute;n. Una ciudad, en principio destinada a la realizaci&oacute;n del individuo, se transforma a partir del control estatal en una ciudad guardiana del mismo, una ciudad-monstruo que vigila y castiga de forma impersonal y sin piedad las veinticuatro horas del d&iacute;a. La sociedad contempor&aacute;nea sabe que, quien controla la narrativa de la realidad, tiene el control de la misma y todo tiene que ver con el uso del lenguaje: si algo no es nombrado, no existe; si no hay palabra para referirse a un fen&oacute;meno, &eacute;ste escapa del escrutinio, de la opini&oacute;n. Lenguaje es mundo y delimitaci&oacute;n de la realidad. Gobiernos y medios masivos difunden una imagen que muchas veces tiende a confirmar nuestros sesgos y prejuicios. Se falsea la informaci&oacute;n para generar reacciones o se fomenta la controversia para generar tr&aacute;fico en redes. Todo es cuesti&oacute;n de qui&eacute;n impone la narrativa cultural.<\/p>\n<p>Otra distop&iacute;a que habla sobre entornos cibertotalitarios es la de Ernest Cline, en su novela <em>Ready Player One<\/em> (2011), en donde asistimos una sociedad que se debate entre la virtualidad y la realidad. El personaje de la novela vive sumergido en la placentera dictadura de un entorno virtual en donde accede a juegos por simple placer, reto, ludopat&iacute;a, adquisici&oacute;n de conocimientos. OASIS es el nombre de este para&iacute;so artificial hechos de bloques de ceros y unos en donde es posible participar en juegos, tener tu propio avatar, acumular puntuaci&oacute;n que te permita la escalada social. OASIS es una fantas&iacute;a que nos lleva a cuestionarnos la correcta definici&oacute;n de aquello que es real. Como en todo entorno dist&oacute;pico, siempre hay una lucha de poder en la cual un grupo de agentes poderosos quieren perpetuar su propio discurso pragm&aacute;tico y corporativista, y arrebatar el control pol&iacute;tico de la sociedad. En <em>Ready Player One <\/em>hay una gigantesca corporaci&oacute;n llamada IOI que quiere dirigir OASIS para que este mundo virtual deje de ser neutral, tal y como se supone tiene que ser nuestro Internet actual. Lo cual no es nada raro siendo que ya sabemos, cualquier corporaci&oacute;n busca comercializar, extraer, explotar, mercantilizar; en resumen, conseguir ganancias de forma de agresiva e indiscriminada bajo los medios que sean. Aqu&iacute; notamos algunas correspondencias con nuestro entorno: todo el tiempo vemos esas luchas de poder actuales en torno Internet (nuestro OASIS) en donde un grupo de gigantescas corporaciones como Meta, Open AI, X, Alphabet o Amazon buscan apropiarse del control del ciberespacio. En la novela (que Steven Spielberg habr&iacute;a de llevar al cine) se nos aclara que la simulaci&oacute;n es ontol&oacute;gica y antropoc&eacute;ntrica; se orienta la percepci&oacute;n de nuestra realidad, es decir, se busca imitar la misma realidad y sustituirla por una representaci&oacute;n de la misma a la medida del ser humano que interact&uacute;a con ella. <em>Alphaville <\/em>tiene la misma premisa: un perverso tutelaje de parte de la computadora central que semeja a un en donde todos pierden por el hecho de estar vivos. As&iacute;, sus habitantes solo existen como mejor objetos instrumentales.<\/p>\n<p>Es curioso que la empresa matriz de Google se llame Alphabet porque en <em>Alphaville<\/em>, la computadora central se llama Alpha 60 y se habla de una &ldquo;galaxia&rdquo;, lo que quiera que eso signifique. Esta entidad impersonal y totalitaria se confunde con la ciudad y los habitantes creando alrededor de la gente que la habita una especie de &ldquo;hiperobjeto&rdquo;, tomando el neologismo de Timothy Dalton, quien se&ntilde;ala que ese objeto es &ldquo;algo que nos rodea, nos envuelve y nos enreda pero que es literalmente demasiado grande para que podamos verlo en su totalidad&rdquo;. (citado del ensayo <em>La nueva edad oscura<\/em>,<em> <\/em>de James Bridle, publicado en 2020). Alpha 60 es una especie de entidad virtual o matricial que engendra constantemente la imagen de la realidad a partir de ciertos mecanismos como la restricci&oacute;n del pensamiento a partir de la contracci&oacute;n del lenguaje. Hablando de Google y Alphabet, tambi&eacute;n hay que notar que la inteligencia artificial que derrot&oacute; al campe&oacute;n Lee Sedol lleva como nombre AlphaGo y AlphaZero, engendros computacionales capaces de provocar escalofr&iacute;os a cualquiera, dado su poder de procesamiento.<\/p>\n<p>Tal y como en un mundo orwelliano, la realidad creada por Alpha 60 impone una suerte de <em>newspeak <\/em>o neolengua que sanea, censura o elimina el vocabulario de nombre cualquier expresi&oacute;n que denote el pensamiento complejo o las abstracciones. As&iacute; como Orwell sab&iacute;a en su novela <em>1984<\/em> (1949) que el lenguaje puede engendrar realidades y aportar herramientas para nombrarla e incidir sobre ella, la computadora intuye que un lenguaje limitado puede demarcar el pensamiento y los actos. Si controlas el lenguaje, tambi&eacute;n puedes controlar la expresi&oacute;n de los sentimientos. El <em>newspeak <\/em>de la trama usa una lengua que elimina conceptos profundos, expresiones humanas, y en su lugar provee de esquemas limitantes que solo favorecen el funcionamiento de la m&aacute;quina. A la computadora no le gusta la expresi&oacute;n de sentimientos o emociones en su jard&iacute;n de pureza conceptual. Quienes violan sus mandamientos son ejecutados p&uacute;blicamente. Para Alpha 60 nada es personal y el fin justifica los medios: crear una raza superior en una sociedad perfecta y el mantenimiento del <em>status quo<\/em>. En <em>Alphaville<\/em>, el amor es transgresor, subversivo y contracultural. Desprovisto de componente er&oacute;tico, imaginativo y sentimental, los v&iacute;nculos entre pareja se ven reducidos a su car&aacute;cter sexual como una actividad autom&aacute;tica e impersonal, tal y como se retrata en<em> Un mundo feliz<\/em>, de Huxley<em>. <\/em>Ambas distop&iacute;as despojan la sexualidad de sus condicionantes morales y de sus componentes emocionales. Lo vemos en <em>Alphaville<\/em>: cuando Lemmy Caution se presenta en el hotel, de inmediato se le asigna una dama de compa&ntilde;&iacute;a, que es rechazada de una forma no muy sutil, que digamos. Huxley y Godard crearon mundos eficientes, organizados, as&eacute;pticos, despiadados y anestesiados en sus rutinas circulares y mon&oacute;tonas. Natasha y Lemmy buscan escapar de esa fr&iacute;a monoton&iacute;a a partir de la misma libertad de la palabra. La poes&iacute;a tambi&eacute;n sabe remitirnos a la libertad del esp&iacute;ritu.<\/p>\n<p>Algo que tienen en com&uacute;n las distop&iacute;as es que siempre hay empresas y gobiernos que buscan el control de la realidad, o al menos, de la narrativa que nombra esa realidad. Para controlar el relato se usan mecanismos que hoy llamar&iacute;amos de posverdad, una serie de supuestos que privilegian un relato a modo de los poderosos en detrimento de los hechos verificables y objetivos. La posverdad le da m&aacute;s importancia a la impresi&oacute;n de los hechos que a los hechos en s&iacute;, de ah&iacute; el peligro de su uso en mecanismos de manipulaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Hay una escena de la pel&iacute;cula en donde Lemmy Caution y Natasha Von Braun intercambian conceptos o palabras, una de ellas es la palabra &ldquo;conciencia&rdquo;. Natasha no conoce el t&eacute;rmino, afirma que tal vez se encuentra en &ldquo;La Biblia&rdquo;. Lo que conoce en Alphaville como &ldquo;Biblia&rdquo; es un diccionario que gradualmente se va adelgazando, va perdiendo cuerpo ling&uuml;&iacute;stico a medida que elimina palabras que se considera impropias, in&uacute;tiles, subversivas; palabras que denoten impureza o incorrecci&oacute;n emocional. Alphaville tiene su propia versi&oacute;n del <em>newspeak <\/em>orwelliano. La mayor&iacute;a de las distop&iacute;as crean una dicotom&iacute;a entre el hombre y la m&aacute;quina, una suerte de incomunicaci&oacute;n forzada, como si sus conceptos fueran dis&iacute;mbolos y mutuamente excluyentes en sus premisas e intenciones. La enemistad entre ser humano y m&aacute;quina inicia con la lengua.<\/p>\n<p>Otros paralelismos con <em>Un mundo feliz <\/em>de Aldous Huxley: la idea de que se puede crear una especie de superhombre a partir de la hibridaci&oacute;n y la selecci&oacute;n de los mejores espec&iacute;menes. En ambas obras existe un movimiento supremacista y eugen&eacute;sico. Otra similitud: la idea de que es posible separar los espacios entre una zona central civilizada y civilizatoria, una ciudad-estado hegem&oacute;nica, controladora y racialmente superior, y una periferia segregada y marginal, una zona salvaje y barb&aacute;rica. En <em>Alphaville <\/em>se habla de los Pa&iacute;ses Exteriores o Las Tierras Lejanas. En la novela de Huxley, la metr&oacute;poli es Londres, mientras que Malpa&iacute;s es la regi&oacute;n circundante y precarizada. Se presume que Lemmy Caution, quien es corresponsal del Figaro-Pravda, vive en un ambiente de individualismo y libertad, distinto del lugar que visita como reportero, la ciudad de Alphaville. Lo que le sorprende al corresponsal es la tristeza y la sobriedad de los habitantes de la ciudad. Me sorprende el hecho que las siglas de Lemmy Caution sean las mismas de Lenina Crowne, personaje de la citada novela de Huxley.<\/p>\n<p>Las distop&iacute;as, siendo tan pesimistas, desconf&iacute;an del desarrollo de la tecnolog&iacute;a y nos advierten de los peligros de cualquier tipo de desarrollo o progreso. El auge de la inteligencia artificial que ha tenido un despunte en los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os luego de la creaci&oacute;n de Open AI y de los modelos de lenguaje como ChatGPT y Grok tuvo un proceso que inici&oacute; luego de la Segunda Guerra Mundial, con Jon Von Neumann, entre otros cient&iacute;ficos y pioneros de la computaci&oacute;n, quien tambi&eacute;n fue consultor de Robert Oppenheimer en el Proyecto Manhattan, que se desarroll&oacute; en Los Alamos, Nuevo M&eacute;xico. De forma paralela y coincidente, en <em>Alphaville <\/em>se dice que el doctor Von Braun, creador de Alpha 60, proven&iacute;a de Los Alamos. Con el proyecto Manhattan, los cient&iacute;ficos at&oacute;micos necesitar&iacute;an realizar c&aacute;lculos complejos y prescindir del c&aacute;lculo humano, de ah&iacute; la importancia de desarrollos computacionales como ENIAC o MANIAC. Guerra nuclear, amenaza de bombas, cient&iacute;ficos trabajando en inteligencia artificial y desarrollo computacional viene a derivar en la paranoia sobre peligros tecnol&oacute;gicos, de ah&iacute; que se vuelvan comprensibles las preocupaciones de la pel&iacute;cula de Godard.<\/p>\n<p>El postulado de <em>Alphaville<\/em> es que es posible ser &ldquo;uno solo&rdquo; con la m&aacute;quina y la visi&oacute;n pesimista de Godard hace que nos decantemos por una humanidad que escapa a ese control y fusi&oacute;n con la computadora. Al final, vemos a Natasha Von Braun y Lemmy Caution escapar de la ciudad. Han vencido a la ciudad-m&aacute;quina porque han recuperado la libertad de sus emociones y su lenguaje. No todos est&aacute;n de acuerdo con esa visi&oacute;n dist&oacute;pica. Existen ideas transhumanistas que afirman que el cuerpo y la conciencia humana individual podr&aacute;n expandirse y mejorarse por medio de mecanismos de inteligencia artificial y de una interfaz humano-m&aacute;quina, tal y como lo profetiza Ray Kurzweil en su libro <em>La singularidad est&aacute; cerca <\/em>(2005), para quien el ser humano podr&aacute; mejorar sus capacidades cognitivas a partir de implantes cibern&eacute;ticos (muchas empresas como NeuraLink ya trabajan en ello). Para Kurzweil, llegar&aacute; un momento en que la inteligencia artificial ser&aacute; indistinguible de la inteligencia natural: fusi&oacute;n completa de humanidad y tecnolog&iacute;a. La interacci&oacute;n con la m&aacute;quina traer&iacute;a nuevos retos y nuevas demarcaciones acerca del control sobre el individuo y una redefinici&oacute;n o resignificaci&oacute;n sobre lo que conocemos como persona. En <em>Alphaville<\/em>,<em> <\/em>la humanidad se niega a ser parte de ese control.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alphaville, una extra&ntilde;a aventura de Lemmy Caution es una pel&iacute;cula de Jean-Luc Godard que apareci&oacute; en 1965 y, para muchos, representa una muestra de distop&iacute;a en el cine. 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