{"id":2584,"date":"2025-07-01T13:01:57","date_gmt":"2025-07-01T13:01:57","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/07\/01\/la-novia-en-turno\/"},"modified":"2025-07-01T13:01:57","modified_gmt":"2025-07-01T13:01:57","slug":"la-novia-en-turno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/escribir-para-divulgar\/la-novia-en-turno\/","title":{"rendered":"La novia en turno"},"content":{"rendered":"<p>No era borrachito, pero hubo una &eacute;poca en que se dio a la bebedera. Inici&oacute; en mayo de 1986, a&ntilde;o de mundial, de movimiento estudiantil, de telenovelas con Ver&oacute;nica Castro y de rock en espa&ntilde;ol sonando en las estaciones de radio. Las calles estaban llenas de grafitis pol&iacute;ticos, y en la escuela se hablaba tanto de derivadas como de paros estudiantiles.<\/p>\n<p>El rito de iniciaci&oacute;n de la mayor&iacute;a de edad. Pero ese d&iacute;a era una forma de acompa&ntilde;ar a su amigo Rub&eacute;n, el gal&aacute;n, compa&ntilde;ero del bachillerato, que andaba de capa ca&iacute;da. Otro l&iacute;o de faldas, seguramente.<\/p>\n<p>La novia de turno era m&aacute;s joven que &eacute;l y su padre le hab&iacute;a prohibido verlo. El andaba arrastrando el petate por todos lados y en la quincena le invit&oacute; a tomar una copa para platicarle sus penas.<\/p>\n<p>Salieron del Tecnol&oacute;gico hacia la cantina La &Oacute;pera. Rub&eacute;n hablaba menos de lo habitual y escogi&oacute; la mesa donde llegara menos el ruido, lo cual era dif&iacute;cil ya que, cuando no estaba la m&uacute;sica del cantinero, los clientes pon&iacute;an monedas en la rocola con canciones de Jos&eacute; Alfredo.<\/p>\n<p>As&iacute;, empezaron a discutir sobre el amor. S&iacute;, se ca&iacute;an bien por esas discusiones medio &ntilde;o&ntilde;as que a veces ten&iacute;an pero que a Barrab&aacute;s lo iban formando en la vida, m&aacute;s que el c&aacute;lculo diferencial.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y si el amor eterno fuera solo el l&iacute;mite al que converge una sucesi&oacute;n r&aacute;pida de sensaciones por cada mujer conquistada? &mdash;dijo Sebasti&aacute;n, mientras jugaba con su vaso.<\/p>\n<p>Rub&eacute;n, que hab&iacute;a estado en silencio un buen rato, se ri&oacute;:<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;O ser&aacute; que el amor eterno es como un n&uacute;mero irracional? Siempre buscando aproximarse, pero nunca llegando realmente. Cada conquista es solo una fracci&oacute;n de lo que podr&iacute;a ser, y lo sabemos, &iquest;no?<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n pens&oacute; por un momento.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Entonces todo es solo un juego de series? Con cada mujer nos acercamos un poquito m&aacute;s a ese amor infinito, pero nunca lo alcanzamos.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Exacto! &mdash;respondi&oacute; Rub&eacute;n mientras tomaba un sorbo de su bebida&mdash;. Y aunque intentes sumar las experiencias, siempre te falta algo. Como si estuvi&eacute;ramos buscando la ra&iacute;z cuadrada de un n&uacute;mero que no tiene ra&iacute;z exacta.<\/p>\n<p>Esto y un par de rondas futuras era el &uacute;nico pretexto para no ir a buscar a Eliza, el amor de Rub&eacute;n de ese momento.<\/p>\n<p>Rub&eacute;n se qued&oacute; en silencio por un momento, mirando al vac&iacute;o.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Sabes, Sebasti&aacute;n? &mdash;dijo Rub&eacute;n, mirando su cerveza, aunque ya no parec&iacute;a estar pensando en ella&mdash;. Cuando la conoc&iacute;, fue como si todo hubiera hecho clic, &iquest;sabes? Era algo que no hab&iacute;a sentido antes.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n levant&oacute; una ceja, y la copa, invit&aacute;ndolo a continuar.<\/p>\n<p>Rub&eacute;n se recost&oacute; en la silla, los recuerdos comenzaban a tomar forma en su mente.<\/p>\n<p>&ldquo;Recuerdo el primer d&iacute;a que la vi. Estaba en una de esas peque&ntilde;as librer&iacute;as en el centro. Yo estaba mirando las novedades sin mucho inter&eacute;s, pero lo que vi en la esquina me atrajo. Eliza estaba sentada en un rinc&oacute;n, rodeada de pilas de libros. No me di cuenta de que la estaba mirando hasta que levant&oacute; la cabeza y me sonri&oacute;. Fue un gesto tan sencillo, tan natural. Y, al mismo tiempo, tan&#8230; diferente.&rdquo;<\/p>\n<p>Rub&eacute;n respir&oacute; hondo, como si volviera a sentir la misma mezcla de emociones.<\/p>\n<p>&ldquo;Lo que me sorprendi&oacute; de ella fue su calma. En un mundo lleno de tormentas, ella era como una isla tranquila. Siempre me hab&iacute;a atra&iacute;do la idea de ser alguien capaz de mantener su equilibrio en medio del caos, pero nunca pens&eacute; que encontrar&iacute;a a alguien as&iacute;. Se notaba en sus ojos, en c&oacute;mo absorb&iacute;a todo a su alrededor sin perder la compostura.&rdquo;<\/p>\n<p>Rub&eacute;n rio ligeramente, recordando el momento con cierto pesar, mientras en el fondo se escuchaba a Javier Sol&iacute;s: &ldquo;Sombras nada m&aacute;s, \/ entre tu vida y mi vida&#8230;&rdquo;<\/p>\n<p>&mdash;Y s&iacute; &mdash;continu&oacute; Rub&eacute;n&mdash;, fue el contraste lo que me atrap&oacute;. Yo estaba pasando por mi desmadrito: demasiados problemas con mi familia, las expectativas que ten&iacute;a sobre m&iacute; mismo&hellip; Pero ella no era parte de ese desastre. Ella era&#8230; un refugio. No me entend&iacute;a completamente, pero aceptaba todo lo que era, incluso mis defectos. Eso es raro, &iquest;sabes? Nadie lo hace por completo.<\/p>\n<p>Rub&eacute;n se qued&oacute; mirando su vaso.<\/p>\n<p>&mdash;Ella me hizo sentir que no ten&iacute;a que esconderme, que no ten&iacute;a que ser el muchacho chicho o el tipo ching&oacute;n tiene todo bajo control. Con Eliza, era suficiente ser yo mismo.<\/p>\n<p>Las excusas se agotaban y las copas se vaciaban. Rub&eacute;n miraba su vaso como si esperara encontrar respuestas en el fondo y Barrab&aacute;s sent&iacute;a que la noche se espesaba a su alrededor. Hab&iacute;an hablado suficiente, hab&iacute;an bebido suficiente.<\/p>\n<p>Fue cuando Sebasti&aacute;n dijo:<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ya es hora!<\/p>\n<p>Rub&eacute;n parpade&oacute;, primero sorprendido y luego convencido, como si siempre hubiera estado esperando esa se&ntilde;al. Se levantaron tambaleantes, dejando unas monedas en la mesa, y antes de darse cuenta, ya estaban subiendo al autob&uacute;s rumbo a la m&iacute;tica ciudad de Tlaxcala. Rub&eacute;n tarareaba &ldquo;Siempre en mi mente&rdquo; y Sebasti&aacute;n solo intentaba no guacarear.<\/p>\n<p>Llegaron a Tlaxcala como a las 9 de la noche, pero no fue sino hasta ya entrada la madrugada cuando, agotados y con las ideas revueltas, decidieron empezar la b&uacute;squeda.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y d&oacute;nde vive, para darle la serenata? &mdash;pregunt&oacute; Sebasti&aacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Ni idea &mdash;respondi&oacute; Rub&eacute;n, casi sin aliento&mdash;. Solo sab&iacute;a que ten&iacute;a que venir.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de vagar un poco, llegaron a una cabina telef&oacute;nica en plena calle. La ciudad estaba casi desierta, solo algunos perros callejeros rondaban y la luna iluminaba todo con una claridad fantasmal.<\/p>\n<p>All&iacute;, Rub&eacute;n, mirando de reojo a su amigo, le solt&oacute;:<\/p>\n<p>&mdash;Oye, Barrab&aacute;s, t&uacute; que eres detective, ay&uacute;dame a encontrarla.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n, medio atarantado por el alcohol, se qued&oacute; pensando un momento. Trataba de cambiar a modo detective, ser Barrab&aacute;s. Su cara mostraba gestos graciosos por el esfuerzo de pensar medio borracho.<\/p>\n<p>Solo se le ocurri&oacute; lo m&aacute;s b&aacute;sico: entraron a una cl&iacute;nica cercana y pidieron ver el directorio telef&oacute;nico. Despu&eacute;s de un par de bromas con la recepcionista, arrancaron la hoja del libro, como quien no quiere la cosa.<\/p>\n<p>Ya afuera, medio perdidos y sin saber bien qu&eacute; hacer, consiguieron algunas monedas con un taquero y comenzaron a llamar, uno tras otro, a todos los n&uacute;meros del directorio.<\/p>\n<p>&mdash;Holaaaa, &iquest;se encuentra, hip, Eliza?<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Borracho de mierda!.. aqu&iacute; no hay ninguna Eliza. &iexcl;Vaya a despertar a su abuela!<\/p>\n<p>Para cuando colgaron la &uacute;ltima llamada desde la cabina, ya pasaban de las cinco de la ma&ntilde;ana. El aire fr&iacute;o les pegaba en la cara y el efecto del alcohol empezaba a mezclarse con el cansancio.<\/p>\n<p>&mdash;Nos largamos, &iquest;no? &mdash;dijo Barrab&aacute;s, metiendo las manos en los bolsillos.<\/p>\n<p>Rub&eacute;n no respondi&oacute; de inmediato. En lugar de eso, mir&oacute; hacia la calle desierta. Algo en su expresi&oacute;n cambi&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Creo que nos est&aacute;n viendo &mdash;murmur&oacute;.<\/p>\n<p>Barrab&aacute;s sigui&oacute; su mirada. A unos metros, junto a un coche viejo estacionado bajo una farola, hab&iacute;a un hombre encendiendo un cigarro. O eso parec&iacute;a. Lo extra&ntilde;o era que no dejaba de mirarlos.<\/p>\n<p>&mdash;V&aacute;monos a la terminal &mdash;susurr&oacute; Rub&eacute;n.<\/p>\n<p>Caminaron sin apurarse, como si todo fuera normal. Pero apenas cruzaron la esquina, los pasos detr&aacute;s de ellos se hicieron evidentes. No estaban solos.<\/p>\n<p>&mdash;No mires atr&aacute;s &mdash;dijo Rub&eacute;n entre dientes&mdash;. Act&uacute;a normal.<\/p>\n<p>Dieron vuelta en la siguiente calle y aceleraron el paso. La terminal ya no estaba lejos. Si alcanzaban el primer autob&uacute;s, podr&iacute;an desaparecer antes de que el amanecer trajera m&aacute;s problemas. Pero a cada paso, la sensaci&oacute;n de que alguien los segu&iacute;a se hac&iacute;a m&aacute;s fuerte.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando escucharon un motor encenderse detr&aacute;s de ellos. El sonido de un auto avanzando lentamente.<\/p>\n<p>Barrab&aacute;s sinti&oacute; un nudo en el est&oacute;mago. No hizo falta que Rub&eacute;n dijera nada. Ambos echaron a correr.<\/p>\n<p>El coraz&oacute;n de Barrab&aacute;s lat&iacute;a con fuerza y, en medio del p&aacute;nico, un pensamiento absurdo cruz&oacute; su mente: &iquest;El amor eterno es el l&iacute;mite al que converge una sucesi&oacute;n r&aacute;pida de sensaciones por cada mujer conquistada? La frase, que en la cantina hab&iacute;a sonado como una reflexi&oacute;n profunda, ahora le parec&iacute;a una burla. Si el amor era una ecuaci&oacute;n, Rub&eacute;n llevaba a&ntilde;os resolvi&eacute;ndola mal. Y lo peor es que cada intento parec&iacute;a llevarlo m&aacute;s lejos de la respuesta correcta.<\/p>\n<p>Llegaron a la terminal subiendo las eternas escaleras con pasos cansados y, desde ah&iacute;, Barrab&aacute;s\/Sebasti&aacute;n ya no recordaba mucho m&aacute;s. Solo el viento en la cara, cortes&iacute;a del cristal roto del autob&uacute;s, mientras regresaban a Puebla de los &Aacute;ngeles, el viaje de vuelta ya con el sol asomando en el horizonte.<\/p>\n<p>La abuela lo recibi&oacute; a escobazos que, curiosamente, no dol&iacute;an. Y al mediod&iacute;a siguiente, con la misma constancia de siempre, comenz&oacute; a recitarle las reprimendas de ley mientras le serv&iacute;a un mole de olla bien picoso. Claro, con su cheve al lado, no pod&iacute;a ser de otra manera. Al final de ese a&ntilde;o le llorar&iacute;a tanto a Lolita que pocas veces se volver&iacute;a a emborrachar.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n no pudo ver a su amigo hasta el fin de semana, cuando lleg&oacute; con un tremendo ojo morado.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ora! Eso no recuerdo que te lo hayas hecho ese d&iacute;a.<\/p>\n<p>Rub&eacute;n suspir&oacute; y se inclin&oacute; hacia adelante, frot&aacute;ndose la cara con ambas manos.<\/p>\n<p>&mdash;Claro que no fue esa noche &mdash;dijo, se&ntilde;al&aacute;ndose el ojo morado&mdash;. Pero el pap&aacute; de Eliza se enter&oacute; de nuestras llamadas. Despertamos a la t&iacute;a que se llama igual y con eso ya ten&iacute;a suficiente para ir a buscarme.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n se enderez&oacute; en su silla.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Te fue a ver?<\/p>\n<p>&mdash;En la puerta de mi casa, a plena luz del d&iacute;a. Ni siquiera grit&oacute;. Solo se qued&oacute; ah&iacute;, mir&aacute;ndome. Y entonces, cuando se acomod&oacute; la chamarra, vi la pistola en su cintura.<\/p>\n<p>El silencio cay&oacute; sobre la mesa.<\/p>\n<p>&mdash;Me dijo que ya sab&iacute;a lo que estaba haciendo &mdash;continu&oacute; Rub&eacute;n, con la mirada clavada en su vaso&mdash;. Que no lo intentara otra vez. Y que si me volv&iacute;a a ver cerca de su hija, la pr&oacute;xima vez no iba a perder el tiempo con advertencias.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n sinti&oacute; un escalofr&iacute;o.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; hiciste?<\/p>\n<p>Rub&eacute;n sonri&oacute;, con la misma confianza de siempre, pero con algo m&aacute;s oscuro en los ojos.<\/p>\n<p>&mdash;Nada. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a hacer? Solo asent&iacute; como buen cobarde.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n lo mir&oacute;, algo sorprendido. Rub&eacute;n tom&oacute; su vaso y se lo termin&oacute; de un solo trago. Se inclin&oacute; hacia Barrab&aacute;s con una sonrisa que parec&iacute;a mezcla de emoci&oacute;n y locura.<\/p>\n<p>&mdash;Nos vamos a Veracruz.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n parpade&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Eliza y yo. Nos vamos. Ma&ntilde;ana mismo.<\/p>\n<p>El silencio entre ellos dur&oacute; unos segundos que se sintieron m&aacute;s largos de lo normal.<\/p>\n<p>&mdash;A ver, espera &mdash;dijo Sebasti&aacute;n, apoyando los codos en la mesa&mdash;. &iquest;&ldquo;Nos vamos&rdquo; c&oacute;mo? &iquest;Tienen un plan? &iquest;Dinero? &iquest;A d&oacute;nde van a llegar?<\/p>\n<p>Rub&eacute;n solt&oacute; una carcajada.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Desde cu&aacute;ndo necesitas tantas respuestas?<\/p>\n<p>&mdash;Desde que el pap&aacute; de Eliza te mostr&oacute; una pistola en la cintura, cabr&oacute;n.<\/p>\n<p>Rub&eacute;n dej&oacute; de sonre&iacute;r por un instante.<\/p>\n<p>&mdash;Lo &uacute;nico que importa es que ella quiere irse &mdash;dijo, m&aacute;s serio&mdash;. No puede quedarse aqu&iacute;. Y yo tampoco: est&aacute; embarazada.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n lo mir&oacute;, tratando de descifrar si hablaba en serio o si era otro de sus arranques.<\/p>\n<p>&mdash;Rub&eacute;n&hellip; no estamos hablando de largarte un fin de semana. Vas a ser pap&aacute; &mdash;Rub&eacute;n suspir&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;. Y por primera vez en mi vida, no quiero salir corriendo de la relaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n neg&oacute; con la cabeza y se frot&oacute; la cara.<\/p>\n<p>&mdash;No puedo creer que esto est&eacute; pasando.<\/p>\n<p>&mdash;Cr&eacute;elo.<\/p>\n<p>&mdash;Y yo, &iquest;qu&eacute; chingados tengo que ver en esto?<\/p>\n<p>Rub&eacute;n sonri&oacute; otra vez, como si el peso de todo el asunto no lo aplastara.<\/p>\n<p>&mdash;Vas a ser padrino, seguro.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n solt&oacute; aire con resignaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Ya veo que mi voto no cuenta en esta ecuaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Nunca cont&oacute; &mdash;dijo Rub&eacute;n, levant&aacute;ndose de la mesa&mdash;. Y menos ahora.<\/p>\n<p>Rub&eacute;n se levant&oacute; de la mesa con esa misma sonrisa de siempre, pero sus ojos ten&iacute;an algo distinto. Algo m&aacute;s pesado.<\/p>\n<p>&mdash;Nos vemos, Sebasti&aacute;n-Barrab&aacute;s.<\/p>\n<p>Dio un par de pasos hacia la puerta y, antes de salir, comenz&oacute; a tararear: &ldquo;Novia m&iacute;a, novia m&iacute;a&#8230;&rdquo;<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n lo vio alejarse, sintiendo que esa escena ya la hab&iacute;a visto antes. Como una ecuaci&oacute;n que se repite en ciclos infinitos.<\/p>\n<p>Alguien en la cantina puso una moneda en la rocola y la voz de Javier Sol&iacute;s llen&oacute; el aire: &ldquo;Si Dios me quita la vida antes que a ti&hellip;&rdquo;<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n exhal&oacute; con resignaci&oacute;n y mir&oacute; su vaso vac&iacute;o.<\/p>\n<p>&mdash;Pinche Rub&eacute;n, siempre tan dram&aacute;tico &mdash;murmur&oacute;, con una mezcla de exasperaci&oacute;n y cari&ntilde;o.<\/p>\n<p>La voz de Javier Sol&iacute;s segu&iacute;a llenando el aire: &ldquo;Si Dios me quita la vida antes que a ti \/ Le voy a pedir ser el &aacute;ngel \/ Que cuide tus pasos&rdquo;<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n cerr&oacute; los ojos por un instante. Parec&iacute;a que algunas ecuaciones, por m&aacute;s complejas que fueran, estaban destinadas a resolverse de una sola manera, sin importar cu&aacute;ntas variables se intentaran cambiar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No era borrachito, pero hubo una &eacute;poca en que se dio a la bebedera. Inici&oacute; en mayo de 1986, a&ntilde;o de mundial, de movimiento estudiantil, de telenovelas con Ver&oacute;nica Castro y de rock en espa&ntilde;ol sonando en las estaciones de radio. 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