{"id":2564,"date":"2025-06-13T12:32:27","date_gmt":"2025-06-13T12:32:27","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/06\/13\/en-pocas-palabras-171\/"},"modified":"2025-06-13T12:32:27","modified_gmt":"2025-06-13T12:32:27","slug":"en-pocas-palabras-171","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/narrativa\/en-pocas-palabras-171\/","title":{"rendered":"En pocas palabras"},"content":{"rendered":"<p><strong>Causa probable<\/strong><\/p>\n<p><em>Mar&iacute;a Antonieta Barrientos (Chile)<\/em><\/p>\n<p>Comentan en el edificio que el difunto protagonista de este cuento, mientras esperaba que se vendiera alguno de sus libros, s&oacute;lo beb&iacute;a un vaso y otro m&aacute;s. Lo saben porque fue la cuenta de agua que m&aacute;s subi&oacute; en el mes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Como despedida<\/strong><\/p>\n<p><em>Karla Gabriela Barajas Ramos (M&eacute;xico)<\/em><\/p>\n<p>Nos regal&oacute; flores de la Ant&aacute;rtida, jacarandas en enero, nieve en &aacute;frica. Luego nos inund&oacute; con la sensaci&oacute;n de no poder evitar nuestra extinci&oacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Ra&iacute;z Dickinson<\/strong><\/p>\n<p><em>Esther Andradi (Argentina)<\/em><\/p>\n<p>La guerra, otra vez la guerra.<\/p>\n<p>Cu&aacute;ntas van, y siempre el mismo esquema.<\/p>\n<p>Un pa&iacute;s invade, otro que se defiende, soldados y coroneles por la patria, mujeres que huyen, ni&ntilde;os que lloran, bombas que estallan, escombros por donde mires, dolor sin l&iacute;mites.<\/p>\n<p>La muerte est&aacute; de cosecha.<\/p>\n<p>Y yo me hundo en el Herbario de Emily.<\/p>\n<p>Crece vida, crece.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Inamovible<\/strong><\/p>\n<p><em>Fabiola Morales Gasca (M&eacute;xico)<\/em><\/p>\n<p>La sala es amplia. Hay caf&eacute; y galletas. Gente que llega, saluda y platica. La sala se llena, se vac&iacute;a. Sobre el reloj que reina la gris pared, los minutos pasan r&aacute;pido menos para el hombre de en medio. El tiempo ya es inamovible. Sobre su f&eacute;retro, yace en una red suspendido en el tiempo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>El armario<\/strong><\/p>\n<p><em>Paola Tena (M&eacute;xico)<\/em><\/p>\n<p>De ni&ntilde;os, mis primos y yo nos ret&aacute;bamos a ver qui&eacute;n aguantaba m&aacute;s tiempo dentro del ropero de la t&iacute;a Eulogia sin desesperarse, en la oscuridad, con el cerrojo echado. Invariablemente ganaba &Eacute;dgar, el hijo de mi t&iacute;a. Era capaz de permanecer ah&iacute; por horas. Luego se le fue haciendo costumbre a tal punto que con el paso de los a&ntilde;os se qued&oacute; a vivir dentro.<\/p>\n<p>Mi t&iacute;a Eulogia se mor&iacute;a de la preocupaci&oacute;n. Tras mucho suplicar, conciliar y amenazar en vano, se resign&oacute; a que le hab&iacute;a tocado un hijo medio loco. Cada ma&ntilde;ana dejaba una muda limpia y un plato de comida frente a las puertas del ropero, abr&iacute;a el cerrojo y sal&iacute;a de la habitaci&oacute;n. Entraba media hora despu&eacute;s a recoger la ropa sucia y los platos vac&iacute;os. Nadie volvi&oacute; a ver a &Eacute;dgar.<\/p>\n<p>Cuando t&iacute;a muri&oacute;, supimos que ten&iacute;a la llave en una cadena alrededor del cuello. Vendimos su casa con todos los muebles, incluso el armario, que nunca nos atrevimos a abrir.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Causa probable Mar&iacute;a Antonieta Barrientos (Chile) Comentan en el edificio que el difunto protagonista de este cuento, mientras esperaba que se vendiera alguno de sus libros, s&oacute;lo beb&iacute;a un vaso y otro m&aacute;s. 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