{"id":2558,"date":"2025-06-10T16:29:52","date_gmt":"2025-06-10T16:29:52","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/06\/10\/la-elegancia-del-engano\/"},"modified":"2025-06-10T16:29:52","modified_gmt":"2025-06-10T16:29:52","slug":"la-elegancia-del-engano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/escribir-para-divulgar\/la-elegancia-del-engano\/","title":{"rendered":"La elegancia del engao"},"content":{"rendered":"<p>16 de abril de 1985, martes, 11:25 am.<\/p>\n<p>Una se&ntilde;ora elegante lleg&oacute; frente a la cajera del banco Transamex en la Prolongaci&oacute;n Reforma, cerca de la Libertad. La cajera sinti&oacute; un escalofr&iacute;o antes de que la clienta siquiera hablara. Aquella mujer ten&iacute;a un aura extra&ntilde;a: tacones finos, vestido costoso&hellip; y una mirada temblorosa. Puso una bolsa de papel a un lado y, con voz apenas controlada, dijo:<\/p>\n<p>&mdash;En esta bolsa tengo una bomba. &iexcl;Dame todo el dinero, r&aacute;pido! &mdash;Abri&oacute; un poco la bolsa y la cajera vio, aterrada, una lucecita roja que parpadeaba como el latido de un coraz&oacute;n desesperado&mdash;. Si haces algo, la activar&eacute; y todos moriremos.<\/p>\n<p>El zumbido del aire acondicionado se volvi&oacute; insoportable. Las manos de la cajera, fr&iacute;as y h&uacute;medas, temblaban mientras entregaba los fajos de billetes. En su cabeza sonaba, como una broma cruel, la voz de Yuri en la radio de la ma&ntilde;ana: &ldquo;Pasa ligera\/ la maldita primavera&hellip;&rdquo;<\/p>\n<p>La se&ntilde;ora meti&oacute; el dinero en una gran y lujosa bolsa de mano, sali&oacute; discretamente, dio vuelta a la esquina alej&aacute;ndose de la Reforma&hellip; y desapareci&oacute; como si se esfumara en el calor del mediod&iacute;a.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A las dos, Sebasti&aacute;n sali&oacute; del mercado y se dirigi&oacute; a la esquina de la presidencia. Las monedas de cinco pesos sonaron al caer sobre el mostrador del puesto de peri&oacute;dicos. Sebasti&aacute;n ya sent&iacute;a ese cosquilleo en la punta de los dedos, ese que solo aparec&iacute;a cuando estaba a punto de sumergirse en las aventuras de Kalim&aacute;n. Era su ritual de los martes: comprar la historieta nueva, sentarse en la banca frente a la presidencia municipal y devorarse cada vi&ntilde;eta antes de volver con su abue Lolita al mercado.<\/p>\n<p>&mdash;A ver si aprendes algo de ese Kalim&aacute;n, Sebas &mdash;le dec&iacute;a siempre su abuela entre risas&mdash;. Ese s&iacute; que resuelve problemas sin andar preguntando tanto como t&uacute;.<\/p>\n<p>Pero Sebasti&aacute;n sab&iacute;a que su abue, en el fondo, estaba orgullosa de su curiosidad. Desde aquella vez con lo de la medalla en la escuela, cuando todos empezaron a llamarlo Barrab&aacute;s, hab&iacute;a descubierto que ten&iacute;a un don para encontrar lo que otros perd&iacute;an y para desenredar verdades que se escond&iacute;an a simple vista. Mientras esperaba su cambio, observ&oacute; el rostro de la gente que pasaba, pregunt&aacute;ndose qu&eacute; secretos guardar&iacute;an detr&aacute;s de esas miradas distra&iacute;das. En La Libertad, como dec&iacute;a su abue, &ldquo;hasta las piedras tienen chismes que contar&rdquo;.<\/p>\n<p>Vio salir a To&ntilde;o de la comandancia, con el rostro preocupado, y decidi&oacute; ir a saludarlo.<\/p>\n<p>&mdash;Qui&uacute;bole &mdash;le dijo, y la cara de To&ntilde;o se ilumin&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; bueno que te veo! Necesito tu ayuda &mdash;y entonces le cont&oacute; lo del robo.<\/p>\n<p>&mdash;En ese mismo banco guarda Lolita su dinero, es el m&aacute;s cercano a La Libertad. Una vez la esperaba afuera y ella escuch&oacute; que me etiquetaban como sospechoso por &ldquo;aspecto desali&ntilde;ado&rdquo; &mdash;coment&oacute; Sebasti&aacute;n, recordando el incidente con un dejo de amargura.<\/p>\n<p>&mdash;Lo malo es que la cajera es sospechosa, pero yo la conozco y estoy seguro de que nada tiene que ver &mdash;afirm&oacute; To&ntilde;o&mdash;. &iquest;Entras a verla?<\/p>\n<p>La cajera estaba detenida de modo preventivo. Para no hacer mucho ruido, la ten&iacute;an en La Libertad, que era la comandancia m&aacute;s cercana.<\/p>\n<p>Los recibi&oacute; con los ojos hinchados y, aunque inicialmente le dijo a To&ntilde;o que ya hab&iacute;a declarado todo a la polic&iacute;a, &eacute;l le present&oacute; a Sebasti&aacute;n. Ella lo reconoci&oacute; como el chico al que hab&iacute;an etiquetado como sospechoso d&iacute;as atr&aacute;s, pero al que su abuelita hab&iacute;a defendido, amenazando con retirar su cuenta si segu&iacute;an hablando mal de &eacute;l cuando lo &uacute;nico que hac&iacute;a era esperarla afuera mientras le&iacute;a una revista. Le parec&iacute;a curioso que fuera el mismo chico del que To&ntilde;o le hab&iacute;a platicado en una de sus citas. Sebasti&aacute;n sonri&oacute; al entender el inter&eacute;s de To&ntilde;o y le hizo preguntas a la chica:<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo iba vestida la se&ntilde;ora? &iquest;C&oacute;mo era la bolsa? &iquest;Recuerda algo particular de ella?<\/p>\n<p>La cajera respir&oacute; hondo antes de responder:<\/p>\n<p>&mdash;La se&ntilde;ora vest&iacute;a de manera muy elegante y con tacones altos. Tambi&eacute;n estaba nerviosa, inclusive se ve&iacute;a asustada. Me parece haberla visto antes por la zona&hellip; pero no dentro del banco. Sigo muy nerviosa, pero creo que la bolsa ten&iacute;a unos colores muy particulares&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Piense &mdash;la anim&oacute; Sebasti&aacute;n&mdash;. &iquest;Sabr&aacute; de qu&eacute; tipo de tienda ser&iacute;a?<\/p>\n<p>&mdash;Los colores eran como de una panader&iacute;a que hay cerca del banco, creo que s&iacute;&hellip; pero solo la he visitado una vez porque dan muy caro el pan.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n sac&oacute; del bolsillo trasero de su pantal&oacute;n una libreta azul gastada en las esquinas, la misma donde sol&iacute;a anotar sus observaciones desde que resolvi&oacute; su primer caso, el de la medalla desaparecida. Con un l&aacute;piz mordisqueado escribi&oacute; r&aacute;pidamente mientras To&ntilde;o lo observaba con curiosidad:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&ldquo;16\/abril\/85 &#8211; Robo Transamex: <br \/>&#8211; Se&ntilde;ora elegante, tacones, abrigo fino<br \/>&#8211; Bomba con luz roja (&iquest;real?)<br \/>&#8211; Comportamiento: nerviosa, temblaba<br \/>&#8211; La cajera cree haberla visto antes pero no en el banco<br \/>&#8211; Bolsa de papel de panader&iacute;a (&iquest;cercana?)<\/em><\/p>\n<p><em>Pregunta: &iquest;Por qu&eacute; una se&ntilde;ora elegante usar&iacute;a una bolsa de panader&iacute;a para un robo?&rdquo;<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&ldquo;Cuando las cosas no cuadran &mdash;pens&oacute; mientras cerraba la libreta&mdash; es que falta una pieza del rompecabezas.&rdquo; Era una frase que hab&iacute;a le&iacute;do en su &uacute;ltimo n&uacute;mero de Kalim&aacute;n y que ahora repet&iacute;a como mantra.<\/p>\n<p>To&ntilde;o se despidi&oacute; y ella se qued&oacute; con la ilusi&oacute;n de que todo se podr&iacute;a arreglar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mientras iban en la patrulla hacia la panader&iacute;a, Sebasti&aacute;n repasaba mentalmente cada detalle que la cajera hab&iacute;a mencionado. La bolsa, los tacones altos, el nerviosismo&#8230; algo no cuadraba. &iquest;Por qu&eacute; una se&ntilde;ora elegante usar&iacute;a una simple bolsa de panader&iacute;a para un atraco? Y si realmente era una criminal experimentada, &iquest;por qu&eacute; mostrarse tan nerviosa? Las piezas comenzaban a encajar en su cabeza como las historietas de Kalim&aacute;n cuando resolv&iacute;a un caso. &ldquo;Si la se&ntilde;ora nunca hab&iacute;a entrado al banco antes, pero la cajera cree haberla visto en el vecindario&#8230;&rdquo;, pens&oacute; Sebasti&aacute;n, recordando aquella vez que su abuela Lolita le dijo que la gente desesperada hace cosas impensables, pero siempre deja rastros de su verdadera naturaleza.<\/p>\n<p>Una canci&oacute;n instrumental con detalle de &oacute;rgano sal&iacute;a de una tienda y se mezclaba con el murmullo de la calle: Sebasti&aacute;n la identific&oacute; como parte del disco de Paul Muriat que su abue pon&iacute;a los domingos. Eso le trajo una calma inesperada.<\/p>\n<p>&mdash;<em>Love is blue<\/em>. Hmmm. Nunca lo hab&iacute;a pensado&hellip; La Reforma tiene, de un lado de la acera, a La Libertad y la Serd&aacute;n, y del otro lado, la colonia La Paz. Por ah&iacute; podemos comenzar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lograron ubicar la panader&iacute;a, pero estaba en la calle de atr&aacute;s del banco. La clientela no parec&iacute;a muy distinta de la que la cajera hab&iacute;a descrito.<\/p>\n<p>&mdash;Esta calle, Reforma Sur, tiene un camell&oacute;n con &aacute;rboles y la panader&iacute;a est&aacute; justo atr&aacute;s del banco &mdash;observ&oacute; To&ntilde;o&mdash;. Dejemos la patrulla en la esquina y vayamos caminando para dar un vistazo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Justo donde empezaba el edificio del banco hicieron un descubrimiento: las llaves de un auto muy particular.<\/p>\n<p>&mdash;Un Grand Marquis &mdash;ley&oacute; Sebasti&aacute;n en el r&oacute;tulo del llavero.<\/p>\n<p>Regresaron a la panader&iacute;a para preguntar si sab&iacute;an de alguna vecina con dicho auto, con la suerte de que s&iacute;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mientras To&ntilde;o hablaba con el due&ntilde;o de la panader&iacute;a, Sebasti&aacute;n se apart&oacute; hacia la puerta y abri&oacute; nuevamente su libreta. Dibuj&oacute; un peque&ntilde;o mapa del &aacute;rea, colocando el banco, la panader&iacute;a y las calles adyacentes. Con trazos r&aacute;pidos, marc&oacute; con una X el lugar donde encontraron las llaves y dibuj&oacute; una flecha que indicaba el posible camino de la se&ntilde;ora despu&eacute;s del robo.<\/p>\n<p><em>&ldquo;&iquest;Por qu&eacute; dejar&iacute;a caer las llaves? &iquest;Nerviosismo real o fingido?<\/em>&rdquo;, escribi&oacute; al margen.<\/p>\n<p>Observ&oacute; el llavero del Grand Marquis entre sus dedos. No era el tipo de llave que una ladrona profesional llevar&iacute;a consigo. A&ntilde;adi&oacute; otra nota: &ldquo;<em>Auto lujoso + nerviosismo + bolsa improvisada = &iquest;ladrona obligada?&rdquo;<\/em><\/p>\n<p>La idea comenzaba a formarse en su cabeza. Alguien estaba forzando a la se&ntilde;ora elegante. Cerr&oacute; la libreta de golpe cuando vio regresar a To&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;Casi enfrente vive do&ntilde;a Leonora, viuda de Cassainz &mdash;volteando la mirada en la direcci&oacute;n indicada.<\/p>\n<p>Las llaves del auto parec&iacute;an ser la pista definitiva, pero al llegar a la casa de do&ntilde;a Leonora, encontraron la puerta principal cerrada y sin se&ntilde;ales de actividad. &ldquo;&iquest;Y si nos equivocamos?&rdquo;, murmur&oacute; To&ntilde;o, preocupado por el tiempo que se les escapaba. En ese momento, un vecino anciano los observaba desde su cochera.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Buscan a Leonora? Sali&oacute; muy temprano, cosa rara en ella. Iba con prisa y sin los ni&ntilde;os.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n sinti&oacute; un nudo en el est&oacute;mago. Si la se&ntilde;ora hab&iacute;a escapado, significaba que el verdadero criminal podr&iacute;a estar lejos ya. &ldquo;&iquest;Vio hacia d&oacute;nde se dirig&iacute;a?&rdquo;, pregunt&oacute; mientras To&ntilde;o palidec&iacute;a pensando en la explicaci&oacute;n que tendr&iacute;a que dar a sus superiores.<\/p>\n<p>&ldquo;Al aeropuerto, me dijo. Algo de una emergencia familiar.&rdquo;<\/p>\n<p>Sentado en la banqueta, Sebasti&aacute;n repas&oacute; todas sus anotaciones. Cada detalle que hab&iacute;a recopilado comenzaba a encajar como piezas de un rompecabezas. Sac&oacute; su libreta y escribi&oacute; en letras grandes:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&ldquo;TEOR&Iacute;A: La se&ntilde;ora NO es la criminal verdadera&rdquo;<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Debajo, traz&oacute; una l&iacute;nea y comenz&oacute; a enumerar:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol>\n<li><em> Se&ntilde;ora de clase alta con auto lujoso = No necesita dinero. <br \/>2. Us&oacute; bolsa improvisada, no planeada = Improvisaci&oacute;n forzada. <br \/>3. Temblaba genuinamente = Miedo real, no actuado. <br \/>4. Vecino &ldquo;cuidando casa de al lado&rdquo; + ausencia repentina = &iexcl;Respuesta falsa! <br \/>5. Salida &ldquo;al aeropuerto&rdquo; sin los nietos = &iquest;D&oacute;nde est&aacute;n los ni&ntilde;os?<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al lado dibuj&oacute; una carita pensativa con un signo de interrogaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&ldquo;Si yo fuera un criminal &mdash;pens&oacute; mientras mordisqueaba su l&aacute;piz como hab&iacute;a visto hacer a los detectives en las pel&iacute;culas&mdash; y quisiera usar a alguien para hacer el trabajo sucio, buscar&iacute;a su punto d&eacute;bil&rdquo;. Subray&oacute; la palabra &ldquo;ni&ntilde;os&rdquo; tres veces y encerr&oacute; todo en un c&iacute;rculo.<\/p>\n<p>&mdash;To&ntilde;o &mdash;dijo de repente&mdash;, tenemos que revisar esa casa ahora mismo. Creo que hay ni&ntilde;os en peligro.<\/p>\n<p>Los dos intercambiaron miradas de p&aacute;nico. Solo despu&eacute;s, al rodear la casa y encontrar el acceso mal cerrado por la parte trasera, descubrir&iacute;an la verdad.<\/p>\n<p>To&ntilde;o pidi&oacute; refuerzos por la radio de la patrulla, pero decidi&oacute; entrar al ver la puerta mal cerrada. En efecto, en la cochera estaba un lujoso Grand Marquis color vino y, dentro, la se&ntilde;ora y dos ni&ntilde;os atados y llorando.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la ma&ntilde;ana, un vecino hab&iacute;a tocado a su puerta. Les dijo que ten&iacute;a un par de semanas cuidando la casa de al lado, que era de sus primos, lo cual result&oacute; falso, pues los se&ntilde;ores estaban de viaje y el criminal se hab&iacute;a metido a la fuerza.<\/p>\n<p>Someti&oacute; a la se&ntilde;ora y, amenazando con lastimar a los nietos que le hab&iacute;an dejado a su cuidado, le instruy&oacute; para que hiciera el robo que hab&iacute;a planeado. Le dijo que ten&iacute;a un c&oacute;mplice que avisar&iacute;a si ella se desviaba del plan, pero en un movimiento de valent&iacute;a imprudente dej&oacute; caer las llaves del auto que hab&iacute;a tomado junto con las de la casa. Una vez que ella regres&oacute;, &eacute;l tom&oacute; el Jaguar del pap&aacute; de los ni&ntilde;os y huy&oacute; con rumbo desconocido. Llevaban cuatro horas tratando de zafarse de las amarras y gritando sin que nadie los escuchara.<\/p>\n<p>Al criminal lo encontraron en Veracruz dos d&iacute;as despu&eacute;s, todav&iacute;a con el auto y parte del bot&iacute;n, haci&eacute;ndose pasar por un turista adinerado. La radio local de ese d&iacute;a, ir&oacute;nicamente, tocaba &ldquo;La bamba&rdquo;, como si el mundo no se hubiera detenido por el miedo de tres personas inocentes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De regreso en La Libertad, To&ntilde;o le ofreci&oacute; un chesco a Sebasti&aacute;n. Se lo tomaron sentados en la banqueta, mirando c&oacute;mo el calor de abril parec&iacute;a disolver la calle en ondas temblorosas.<\/p>\n<p>La cajera fue liberada esa misma tarde y, entre l&aacute;grimas, agradeci&oacute; a Sebasti&aacute;n con una sonrisa temblorosa.<\/p>\n<p>&mdash;No estuvo mal para ser martes &mdash;brome&oacute; To&ntilde;o, d&aacute;ndole un codazo.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n no respondi&oacute; de inmediato. Pensaba en los ni&ntilde;os atados, en la se&ntilde;ora elegante obligada a convertirse en ladrona, en c&oacute;mo una sola mentira puede tener la apariencia de la verdad si se cuenta con el tono adecuado.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Crees que ella dormir&aacute; tranquila alguna vez? &mdash;pregunt&oacute; finalmente.<\/p>\n<p>&mdash;No lo s&eacute; &mdash;dijo To&ntilde;o&mdash;. Pero sin ti no la habr&iacute;amos encontrado. Ni a los ni&ntilde;os.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n baj&oacute; la mirada. Ya no pensaba en Kalim&aacute;n. Pensaba en su abuela, en c&oacute;mo la gente juzga por las apariencias, en lo f&aacute;cil que es equivocarse.<\/p>\n<p>&mdash;A veces, descubrir la verdad duele, sobre todo cuando revela tanto sufrimiento &mdash;dijo en voz baja.<\/p>\n<p>To&ntilde;o no dijo nada. Solo se quedaron en silencio un rato, mientras la tenue luz de los faroles pintaba sombras largas en la calle, con la silueta del Cuexcomate elev&aacute;ndose detr&aacute;s de la comandancia, ahora m&aacute;s tranquila.<\/p>\n<p>Esa noche, sentado en el tejado de su casa, donde a veces se escapaba para pensar, Sebasti&aacute;n abri&oacute; su libreta una &uacute;ltima vez. En la &uacute;ltima p&aacute;gina escribi&oacute; sus conclusiones:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&ldquo;Caso del banco Transamex: RESUELTO<br \/>Las apariencias enga&ntilde;an: la ladrona era v&iacute;ctima, el vecino &#8216;amable&#8217; era el criminal.<br \/>Nota para futuros casos:<br \/>1. Siempre buscar lo que no encaja (se&ntilde;ora elegante + bolsa sencilla)<br \/>2. Las motivaciones importan m&aacute;s que las acciones<br \/>3. Los criminales dejan rastros, incluso cuando creen ser inteligentes<br \/>4. Las llaves del caso pueden ser&#8230; literalmente llaves_&rdquo;<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cerr&oacute; la libreta con una sonrisa amarga. En el cielo estrellado sobre La Libertad, la luna iluminaba el Cuexcomate como un centinela silencioso. Abajo, en alg&uacute;n lugar, una radio tocaba la estrofa final de &ldquo;El Triste&rdquo;, de Jos&eacute; Jos&eacute;.<\/p>\n<p>&ldquo;Barrab&aacute;s&rdquo;, pens&oacute; mientras guardaba su libreta. El apodo ya no le molestaba. Si ser Barrab&aacute;s significaba encontrar la verdad y ayudar a quienes lo necesitaban, entonces lo aceptar&iacute;a con orgullo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>16 de abril de 1985, martes, 11:25 am. 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