{"id":2534,"date":"2025-05-21T01:37:02","date_gmt":"2025-05-21T01:37:02","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/05\/21\/simone-weil-comer-nada-una-pasion-de-amor\/"},"modified":"2025-05-21T01:37:02","modified_gmt":"2025-05-21T01:37:02","slug":"simone-weil-comer-nada-una-pasion-de-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/simone-weil-comer-nada-una-pasion-de-amor\/","title":{"rendered":"Simone Weil: comer nada, una pasin de amor"},"content":{"rendered":"<p>&iquest;Qu&eacute; es comer? Una simple pregunta nos abre a interrogaciones que nos llevar&aacute;n a un universo desconocido, incluso siniestro si consideramos lo que Sigmund Freud dec&iacute;a respecto a lo ominoso, es decir, lo siniestro es aquello que ocurre cuando algo de lo familiar se nos muestra como desconocido. Es el horror ante lo familiar. Eso ocurre con ese fen&oacute;meno humano radical llamado anorexia, y que pone en cuesti&oacute;n esa relaci&oacute;n fundamental entre el sujeto y el Otro, mediatizado por la alimentaci&oacute;n. Nuestra relaci&oacute;n con la comida es fundante, y por ello nos resulta tan significativa: no se come lo que sea y no con quien sea. &iquest;Qu&eacute; hay de m&aacute;s familiar que la relaci&oacute;n del sujeto con la alimentaci&oacute;n? Y es ah&iacute;, justamente ah&iacute;, donde la anorexia nos muestra su costado siniestro. Ese lado siniestro se muestra en tres vertientes: morir de hambre, dejarse morir de hambre o, lo peor, matar de hambre.<\/p>\n<p>En principio es posible decir, desde el psicoan&aacute;lisis, que comer ser&iacute;a producto de un entramado pulsional. Se trata de un acto que va m&aacute;s all&aacute; de la satisfacci&oacute;n de una necesidad, no s&oacute;lo se trata de comer por comer, como se dice, sino la satisfacci&oacute;n libidinal de la demanda oral. En otras palabras, la alimentaci&oacute;n humana implica una desnaturalizaci&oacute;n del instinto causada por la relaci&oacute;n del sujeto con el Otro (el lenguaje, la cultura), la alimentaci&oacute;n se coloca justo en el nacimiento de esta relaci&oacute;n. La relaci&oacute;n del reci&eacute;n nacido y el Otro primordial (la madre) est&aacute; atravesada por la alimentaci&oacute;n. Sabemos que el sujeto humano nace en estado de desamparo (<em>Hilflosigkeit, <\/em>dice Freud) y requiere del deseo del Otro para su constituci&oacute;n. Ese Otro primordial alimenta al reci&eacute;n nacido. La alimentaci&oacute;n es un entramado de pulsiones, en principio una pulsi&oacute;n oral, pero no s&oacute;lo eso, tambi&eacute;n la madre &ldquo;alimenta&rdquo; con palabras y con miradas. S&iacute;, la alimentaci&oacute;n es s&oacute;lo desde la pulsi&oacute;n oral; si no se entrama con la mirada y la palabra, la alimentaci&oacute;n deviene siniestra. Una de las grandes anor&eacute;xicas es Simone Weil, es incluso considerada como una santa. Ella, sin embargo, nos muestra uno de los rostros siniestros de la relaci&oacute;n con la alimentaci&oacute;n, aunque tambi&eacute;n podamos que su &ldquo;comer nada&rdquo; es el rostro &eacute;tico, es decir, er&oacute;tico de la anorexia. Se deja morir de hambre, s&iacute;, por amor.<\/p>\n<p>El 24 de agosto de 1943, internada en el sanatorio Grosvenor Sanatorium de Ashford, mor&iacute;a la fil&oacute;sofa y activista francesa Simone Weil, a los 34 a&ntilde;os. Sufr&iacute;a de anorexia y se dej&oacute; morir de tuberculosis. Ella misma se declara imposibilitada de utilizar su propia inteligencia para vivir y reiteraba su compromiso m&aacute;s radical con la luz de la verdad. Se dice que se dej&oacute; morir de hambre en solidaridad con los obreros en huelga y los prisioneros de guerra franceses: &ldquo;no puedo sentirme feliz ni comer a gusto cuando siento que mi pueblo sufre&rdquo;, escrib&iacute;a.<\/p>\n<p>A ella, combtiente, no se le permiti&oacute; combatir en la Resistencia. Deseaba lanzarse en paraca&iacute;das sobre el enemigo, se le neg&oacute; esa posibilidad y fue relegada a un oprobioso puesto de oficina donde se le encarg&oacute; realizar informes para la Francia Libre. Ella misma, inconforme, se somet&iacute;a por voluntad a jornadas de trabajo extenuantes. S&oacute;lo a partir de sentir una fuerte conexi&oacute;n divina podr&iacute;a explicar su sometimiento al trabajo, apenas dorm&iacute;a y menos com&iacute;a. Pronto se enferm&oacute; de tuberculosis. La posibilidad de morir no le generaba ninguna inquietud, es como si lo buscara. Se consideraba a s&iacute; misma, como a todos los dem&aacute;s humanos, una porci&oacute;n mal cortada de Dios. Con la muerte dejar&iacute;a de estar mal cortada y estar&iacute;a unida a lo divino.<\/p>\n<p>Naci&oacute; en una familia jud&iacute;a, pero anhelaba convertirse en cat&oacute;lica, aunque denunciaba y manten&iacute;a distancia con los privilegios de la jerarqu&iacute;a de la iglesia romana. Ante su muerte, se orden&oacute; que se investigaran las causas y se determin&oacute; p&uacute;blicamente que se trat&oacute; de un suicidio. La noticia en los diarios dec&iacute;a: &ldquo;curioso sacrificio de una profesora francesa&rdquo;.<\/p>\n<p>Su obra y pensamiento son dif&iacute;ciles de clasificar, sin embargo, se trata de una prol&iacute;fica producci&oacute;n que no puede entenderse sino a la luz de sus experiencias de vida. Su dolor de existir estaba acompa&ntilde;ado de una profunda sensibilidad en torno al sufrimiento humano. A esta &ldquo;extra&ntilde;a mujer&rdquo;, como sol&iacute;a decir quien la ve&iacute;a, nacida el 3 de febrero de 1909 en Par&iacute;s, se le lleg&oacute; a considerar como una m&iacute;stica del siglo XX. Su hermano Andr&eacute;, con quien tiene una relaci&oacute;n de extrema admiraci&oacute;n, fue un brillante matem&aacute;tico a muy corta edad. Ella no quer&iacute;a ser menos y eso la convoc&oacute; a exigirse al m&aacute;ximo. Ni&ntilde;a enfermiza, ya daba sus primeros indicios de auto sacrificio por la v&iacute;a de negarse a comer ante la injusticia y desigualdad. Ella misma, siendo de una familia de la burgues&iacute;a jud&iacute;a, se priva de comer golosinas ante las condiciones infortunadas de los ni&ntilde;os.<\/p>\n<p>Simone Weil recibe una educaci&oacute;n humanista en los mejores liceos de Par&iacute;s: estudia literatura y filosof&iacute;a cl&aacute;sica. Su formaci&oacute;n transcurre de Plat&oacute;n a Descartes, de Kant a Spinoza, y despu&eacute;s a Marx, que se convertir&iacute;a en parteaguas de su vida. Su compromiso con los desfavorecidos no tuvo l&iacute;mite: socialismo real. Su formaci&oacute;n era tan profundamente humana que la misma Simone de Beauvoir veneraba a Simone Wiel, dec&iacute;a de ella: &ldquo;me intrigaba por su gran reputaci&oacute;n de mujer inteligente y audaz. Por ese tiempo, una terrible hambruna hab&iacute;a devastado China y me contaron que cuando ella escuch&oacute; la noticia llor&oacute;. Estas l&aacute;grimas motivaron mi respeto, mucho m&aacute;s que sus dones como fil&oacute;sofa. Envidiaba un coraz&oacute;n capaz de latir a trav&eacute;s del universo entero&rdquo;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Si atendemos a los primeros mitos fundacionales, f&aacute;cilmente podr&iacute;amos ubicar a aquellos que tienen a la alimentaci&oacute;n como n&uacute;cleo, como mitema: Prometeo y su robo del fuego, la loba amantando a R&oacute;mulo y R&eacute;mulo para la fundaci&oacute;n de Roma, el G&eacute;nesis y su prohibici&oacute;n del fruto prohibido. La prohibici&oacute;n original es a comer, mejor a&uacute;n, a comer del fruto prohibido. Desde los primeros tiempos se liga al alimento con la falta. Prometeo les roba el fuego a los dioses, se lo da a los mortales, los mortales ahora pueden hacer m&aacute;s digerible sus alimentos, los hace fuertes, eso pone en peligro a los dioses, el dios de los dioses maldice a los humanos con ser para siempre no otra cosa que un vientre hambriento, insaciable. Simone Weil comi&oacute; del fruto prohibido de la consciencia social.<\/p>\n<p>No cuesta mucho apercibirse que el objeto-alimento es lo primero que media en la relaci&oacute;n con el Otro (la madre, los padres, la cultura, etc). En el mito fundacional de Roma est&aacute; la leche de la loba que amamanta. El objeto alimento-prohibido en el mito del G&eacute;nesis es la manzana, el mandato de prohibici&oacute;n la hace objeto de interdicci&oacute;n. El robo del fuego transforma los alimentos y con ello la relaci&oacute;n de los hombres con el mundo. Si el alimento es lo primero que nos une al Otro, la anor&eacute;xica se niega a comer como una forma de establecer una separaci&oacute;n de un Otro asfixiante. Se trata de una defensa ante una demanda de amor excesiva.<\/p>\n<p>Simone Weil elige no comer como una oposici&oacute;n a un sistema oprobioso, injusto y cruel. Quiz&aacute; como Sta. Catalina de Siena, quien opta por la anorexia como una forma de rechazo a la imposici&oacute;n de un matrimonio.<\/p>\n<p>Para Lacan, la elecci&oacute;n anor&eacute;xica es la elecci&oacute;n de la Nada, es la elecci&oacute;n de &ldquo;comer nada&rdquo;, o &ldquo;comer todo&rdquo; como ocurre en la bulimia o la toxicomania. Una pasi&oacute;n por la Nada es lo que domina el ser y el hacer de la anorexia: nada de grasa, nada de calorias, nada de sexo, nada de amor. No se trata de una estructura, desde luego, ni cl&iacute;nica ni subjetiva, es decir, lo mismo hay quienes muestran signos de anorexia en la neurosis que en la psicosis o en la perversi&oacute;n. La cuesti&oacute;n cl&iacute;nica, entonces, apunta en principio a ubicar el rasgo diferencial, lo que vendr&iacute;a a determinar su abordaje o tratamiento. Pensar que la anorexia es una elecci&oacute;n ubica de entrada a quien vive con anorexia como responsable de su elecci&oacute;n, aun cuando el motivo sea desconocido, evitando as&iacute; que se le coloque en el lugar de v&iacute;ctima o enferma. La anorexia, es una elecci&oacute;n inconsciente de la que s&oacute;lo puede ser responsable el sujeto que la reconoce, as&iacute; como en el suicidio (que tambi&eacute;n es una elecci&oacute;n) s&oacute;lo es responsable el que se suicida.<\/p>\n<p>Massimo Ricaltati, en un trabajo titulado <em>Cl&iacute;nica del vac&iacute;o. Anorexias, dependencias, psicosis, <\/em>nos propone pensar ese rasgo diferencial de la neurosis a partir de un v&iacute;nculo diferenciado con la Nada de la que se alimenta la anor&eacute;xica. Nos propone dos dimensiones de la nada.<\/p>\n<p>La primera Nada de la que se alimenta la anor&eacute;xica operaria como objeto separador, se trata de una forma, extrema si se quiere, de cerrarle el paso al otro. Se trata de reducir la omnipotencia, de la madre en principio, del otro hasta se&ntilde;alarle una impotencia. Aunque tambi&eacute;n es una forma, para el sujeto, de ir m&aacute;s all&aacute; de la impotencia, una apuesta por desengancharse de la dependencia alienante del otro.<\/p>\n<p>En suma, el rechazo a la comida implica adem&aacute;s un grito de &iexcl;No! al otro. Por un momento, ante ese No radical (como puede pensarse tambi&eacute;n en el autismo, o incluso en diversas formas de las llamadas patolog&iacute;as del acto) el otro es colocado en posici&oacute;n de angustia y el sujeto se coloca por un momento en una cierta posici&oacute;n de supremac&iacute;a. La anorexia como una forma de hacer s&iacute;ntoma se presenta como un mensaje, una demanda, y como sabemos, toda demanda es una demanda de amor. La anor&eacute;xica hace signo con su cuerpo puesto como objeto de v&iacute;nculo con lo social, la anorexia como acci&oacute;n extrema que convoca a hacer lazo social.<\/p>\n<p>La segunda nada tiene que ver con la psicosis o casos graves de anorexia. No es una forma de relaci&oacute;n con el deseo del Otro sino m&aacute;s bien con el goce del Otro. En las tambi&eacute;n conocidas como anorexias melanc&oacute;licas (<em>Las novias de la muerte<\/em> se hacen llamar) escribe Ricaltati, en primer plano no est&aacute; el deseo de nada sino la reducci&oacute;n del deseo a Nada. Las mueve un apetito de muerte.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&iquest;Qu&eacute; es comer? Una simple pregunta nos abre a interrogaciones que nos llevar&aacute;n a un universo desconocido, incluso siniestro si consideramos lo que Sigmund Freud dec&iacute;a respecto a lo ominoso, es decir, lo siniestro es aquello que ocurre cuando algo de lo familiar se nos muestra como desconocido. 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