{"id":2524,"date":"2025-05-13T15:44:03","date_gmt":"2025-05-13T15:44:03","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/05\/13\/naila\/"},"modified":"2025-05-13T15:44:03","modified_gmt":"2025-05-13T15:44:03","slug":"naila","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/escribir-para-divulgar\/naila\/","title":{"rendered":"Naila"},"content":{"rendered":"<p>El sol se ocult&oacute;, se&ntilde;al de que ten&iacute;an que regresar. La tarde hab&iacute;a sido muy agradable, pero ella deb&iacute;a estar antes de las ocho en casa. Sebasti&aacute;n no se explicaba c&oacute;mo es que ella le hab&iacute;a hecho caso. Se lo hab&iacute;a dicho: venir de otra escuela para terminar la secundaria, muy bonita, y todos los chicos la invitaron a tomar algo o a pasear, pero solo le hab&iacute;a hecho caso a &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Nadie m&aacute;s me dijo un poema &mdash;le confes&oacute;&mdash;, y me gusta que seas curioso y ayudes a los dem&aacute;s. Como ese d&iacute;a que escondieron la libreta de Sonia y la encontraste solo viendo las caras de los compa&ntilde;eros.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Por una mirada, un mundo! &mdash;dijo Sebasti&aacute;n, y se alegr&oacute; de ser el &uacute;nico que le encontrara uso a las clases de espa&ntilde;ol del a&ntilde;o pasado. Sebasti&aacute;n record&oacute; la suave sonrisa y el sonrojo de ella al escuchar sus versos, una sonrisa que solo le dedicaba a &eacute;l.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Era agosto y ya sab&iacute;an la respuesta de las escuelas a las que ir&iacute;an a estudiar: &eacute;l al tecnol&oacute;gico, ella a la prepa. Pero al otro d&iacute;a ella saldr&iacute;a de viaje a visitar a su familia a Oaxaca antes de regresar a clases en septiembre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el parque de La Paz, que est&aacute; a un lado de su casa, ella no puede m&aacute;s; ese paseo era para despedirse por el viaje, pero se volvi&oacute; una ruptura. Ella lo hab&iacute;a enga&ntilde;ado con un compa&ntilde;ero de la escuela. No le iba a decir qui&eacute;n, pero no quer&iacute;a ya seguir con la relaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El &ldquo;te enga&ntilde;&eacute;&rdquo; de ella lo dej&oacute; petrificado. Un shock helado recorri&oacute; su cuerpo, paralizando cualquier reacci&oacute;n inmediata. Solo cuando ella comenz&oacute; a correr, alej&aacute;ndose, la realidad lo golpe&oacute; con la fuerza de un pu&ntilde;o. Un grito silencioso de negaci&oacute;n se ahog&oacute; en su pecho mientras la ve&iacute;a entrar a su casa, cerr&aacute;ndole la puerta en la cara a un mundo que acababa de desmoronarse.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antes de despedirse le iba a dar un casete que le hab&iacute;a grabado con las canciones que a ella le gustaban y las que quer&iacute;a compartir con ella. Ahora el adi&oacute;s era definitivo. Ah&iacute; estaba su coraz&oacute;n, ahora roto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se acerca a su puerta y lo desliza por el buz&oacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&ldquo;Y como hoja seca que vaga en el viento \/ Vuelo imaginario sobre historias de concreto&rdquo;, escucha cantar a Rockdrigo en los aud&iacute;fonos del Walkman que le prest&oacute; Juancho. Los quer&iacute;a para que ella pudiera o&iacute;r la canci&oacute;n que le dedicaba especialmente. Pero no se pudo.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n camina desolado. Cruza como puede la avenida Reforma y se dirige hacia su casa. Al llegar al Cuexcomate se encuentra con To&ntilde;o.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;A d&oacute;nde vas, Barrab&aacute;s? &mdash;le dice en tono de burla. Pero se da cuenta del sentir de Sebasti&aacute;n y no dice m&aacute;s.<\/p>\n<p>Ni el caf&eacute; ni el caldo de habas que tanto le gustan le levantan el &aacute;nimo, y su abuela Lolita se pone triste tambi&eacute;n.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n repasaba sus recuerdos, buscando una grieta, una se&ntilde;al. No la encontraba. Quiz&aacute;s fue algo tan simple como una conversaci&oacute;n en el momento justo, una broma compartida que cre&oacute; un lazo inesperado. La verdad era que no lo sab&iacute;a y esa incertidumbre solo aumentaba la punzada de la traici&oacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>To&ntilde;o pasa por el puesto de Sebasti&aacute;n, de juguetes y pl&aacute;sticos, y lo anima.<\/p>\n<p>&mdash;Mira, estas cosas pasan. Vamos al gimnasio a hacer un poco de ejercicio.<\/p>\n<p>Otra burla m&aacute;s: Sebasti&aacute;n era m&aacute;s bien un poco bofo. El cuerpo correoso no lo tendr&iacute;a hasta meses despu&eacute;s de entrar a la prepa.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno, no es necesario que hagas ejercicio, pero s&iacute; debes aprender a pelear por si lo llegas a necesitar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una copia del casete sonaba en la grabadora mientras entrenaba con To&ntilde;o:<\/p>\n<p>&ldquo;Peque&ntilde;a \/ Piensa que te quiero \/ Que de pena muero \/ Si te veo llorar&rdquo;. Cantaban Los Temerarios mientras golpeaba con toda su rabia al saco. Todo ese lado ten&iacute;a las canciones que le gustaban a ella: de Bronco, Los Acosta&#8230;<\/p>\n<p>&ldquo;No creas que son solo palabritas \/ Que se dicen nada m&aacute;s \/ Te quiero tanto y tanto que aunque lejos \/ Mi calor recibir&aacute;s&rdquo;. Cerraba Rigo Tovar el lado A y &eacute;l terminaba esa media hora de lanzar golpes como loco, sudado y un poco menos triste.<\/p>\n<p>Dos semanas as&iacute; y To&ntilde;o lo ve&iacute;a un poco m&aacute;s animado.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hay en el otro lado del casete?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antes de la frase que le pondr&iacute;a el apodo de Barrab&aacute;s, el Gorras, su prefecto, le dijo: &mdash;Ven, Sebasti&aacute;n, escucha esto. En la biblioteca de la secundaria ten&iacute;a una grabadora y en ella empezaba Pablo Milan&eacute;s: &ldquo;Todav&iacute;a quedan restos de humedad&rdquo;, y desde entonces se hab&iacute;a prendado de la Trova.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As&iacute; que en el lado B, las canciones que quer&iacute;a que ella conociera: temas de Pablo, Silvio, Mercedes Sosa, Violeta Parra, Oscar Ch&aacute;vez, Joaqu&iacute;n Sabina, Serrat, Mexicanto&#8230;<\/p>\n<p>As&iacute;, m&aacute;s calmado, Sebasti&aacute;n decide investigar. Saca su libreta y anota: &iquest;Qui&eacute;n estuvo cerca las &uacute;ltimas semanas del curso? &iquest;Qu&eacute; cambi&oacute; en esos d&iacute;as? &iquest;Por qu&eacute;?<\/p>\n<p>La &uacute;ltima le record&oacute; la rabia que sent&iacute;a, pero la segunda reson&oacute; m&aacute;s. &Eacute;l mismo ten&iacute;a la respuesta: &iquest;Rigo Tovar? No era como que tan grupero como los otros, por ah&iacute; va la cosa.<\/p>\n<p>Pone el lado B y suena Mercedes Sosa rasp&aacute;ndole sal a la herida:<\/p>\n<p>&ldquo;Para decidir, para continuar \/ Para recalcar y considerar \/ S&oacute;lo me hace falta que est&eacute;s aqu&iacute; \/ Con tus ojos claros&rdquo;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La &uacute;ltima semana de agosto. Debe resolver esto antes de iniciar la prepa. Ha reducido todo a tres sospechosos: Juanelo, Alberto y Manolo.<\/p>\n<p>A Juanelo lo ha encontrado en la tienda donde trabaja de ayudante. Se acerca a &eacute;l canturreando suavemente: &ldquo;Peque&ntilde;a \/ Piensa que te quiero&#8230;&rdquo; &mdash;&iquest;Te acuerdas de esta canci&oacute;n? A ella le gustaba, &iquest;no?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, me acuerdo. &iquest;Por qu&eacute; la mencionas? &mdash;Muestra un tono genuinamente curioso, quiz&aacute; notando la tristeza en la voz de Sebasti&aacute;n.<\/p>\n<p>&mdash;Solo me acord&eacute;&#8230; &uacute;ltimamente he estado escuchando las canciones que le gustaban.<\/p>\n<p>&mdash;Ah&#8230; pues s&iacute;, era buena rola. &iquest;Todo bien, Sebas?<\/p>\n<p>Posible descarte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Manolo jugando futbolito en el paraboloide. De pasada, Barrab&aacute;s le pregunta sobre los gustos musicales de su ex.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, le gustaba el grupero. Me acuerdo de que en la fiesta de Sonia estuvo cantando a todo pulm&oacute;n una de Los Acosta. &iexcl;Sab&iacute;a la letra completita!<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;l canci&oacute;n era?<\/p>\n<p>&mdash;Creo que era &ldquo;Te amo tanto&rdquo;. &iquest;Por? &mdash;Sin mostrar incomodidad.<\/p>\n<p>Tachado.<\/p>\n<p>Solo quedaba Alberto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, bailamos esa canci&oacute;n de Rigo Tovar en la fiesta de Sonia a la que no pudiste ir &mdash;dice bajando la voz. Estaban en el parque. Como todos los d&iacute;as, desde que ten&iacute;a memoria, la parroquia de enfrente tocaba las campanas a las tres de la tarde y luego pon&iacute;a un par de canciones. Sonaba entonces Leo Dan: &ldquo;C&oacute;mo te extra&ntilde;o, mi amor, &iquest;por qu&eacute; ser&aacute;? \/ Me falta todo, en la vida, si no est&aacute;s&rdquo;.<\/p>\n<p>Alberto entonces levant&oacute; la mirada mientras cerraba los pu&ntilde;os.<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, yo estuve con ella. La acompa&ntilde;&eacute; a su casa, pero en el jard&iacute;n antes de llegar me atrev&iacute; y ella no se neg&oacute; a mis besos y caricias. &mdash; Con mirada hosca agrega: &mdash;Aqu&iacute; estoy para lo que se te ofrezca.<\/p>\n<p>Barrab&aacute;s estaba listo; todos estos d&iacute;as de entrenamiento le hac&iacute;an no temer ni dudar.<\/p>\n<p>Pero Alberto fue el que lanz&oacute; el primer golpe. Fall&oacute; porque To&ntilde;o le hab&iacute;a ense&ntilde;ado a esquivar, no solo a atacar. La imagen de To&ntilde;o movi&eacute;ndose &aacute;gilmente en el gimnasio cruz&oacute; por su mente. &ldquo;Una pelea se puede ganar sin un solo golpe&rdquo;, le dijo una vez. Y ahora, al ver la torpeza de Alberto, lo entendi&oacute;.<\/p>\n<p>Alberto fall&oacute; y trastabill&oacute;, cayendo en el pasto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al verlo en el suelo, una calma inesperada inund&oacute; a Barrab&aacute;s. No era la satisfacci&oacute;n de la venganza, sino una especie de claridad repentina. La rabia que lo hab&iacute;a consumido durante semanas se disip&oacute;, reemplazada por una sensaci&oacute;n de que esto no era realmente la respuesta.<\/p>\n<p>Entonces Barrab&aacute;s entendi&oacute; lo que su abuela le dijo d&iacute;as antes: &ldquo;Si un hombre te roba una mujer, el peor castigo que le puedes dar es dej&aacute;rsela&rdquo;.<\/p>\n<p>Mir&oacute; a Alberto, quien a&uacute;n respiraba agitado en el suelo. No val&iacute;a la pena. Se dio la vuelta y se alej&oacute;, era hora de volver al puesto del mercado, donde su abuela lo esperaba.<\/p>\n<p>En el Walkman, el casete segu&iacute;a girando, la cinta se hab&iacute;a roto. Ya no sonaban ni los gruperos ni la trova. Era como si la m&uacute;sica tambi&eacute;n hubiera entendido que esta historia hab&iacute;a terminado.<\/p>\n<p>Caminando por la manchega llanura de las calles de su barrio, Sebasti&aacute;n descubri&oacute; que la figura de Don Quijote ya no era ajena. &Eacute;l mismo hab&iacute;a estado luchando contra molinos imaginarios, buscando venganza donde solo hab&iacute;a que encontrar paz.<\/p>\n<p>&ldquo;Los detectives resuelven casos&rdquo;, pens&oacute; mientras guardaba la libreta en su bolsillo, &ldquo;pero no todas las respuestas traen satisfacci&oacute;n.&rdquo;<\/p>\n<p>Tarareando bajito &ldquo;por la manchega llanura&#8230;&rdquo;, con una nueva serenidad en el pecho, Barrab&aacute;s cruz&oacute; la calle. Este caso estaba cerrado, pero hab&iacute;a muchos otros misterios esperando por &eacute;l en las calles.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El sol se ocult&oacute;, se&ntilde;al de que ten&iacute;an que regresar. 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