{"id":2520,"date":"2025-05-13T15:41:49","date_gmt":"2025-05-13T15:41:49","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/05\/13\/una-cita-con-las-amigas\/"},"modified":"2025-05-13T15:41:49","modified_gmt":"2025-05-13T15:41:49","slug":"una-cita-con-las-amigas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/narrativa\/una-cita-con-las-amigas\/","title":{"rendered":"Una cita con las amigas"},"content":{"rendered":"<p>Entraron al &aacute;rea de comida de <em>McDonald&rsquo;s<\/em> seis mujeres que frisaban los 35 a&ntilde;os. Todas ellas muy modernas y vestidas al &uacute;ltimo grito de la moda. Parec&iacute;a incluso que iban a la misma tienda a comprar su ropa y a la misma est&eacute;tica para que les arreglaran su cabello largo, moda &ldquo;belage&rdquo;. Llevaban a sus hijitos de entre cinco y ocho a&ntilde;os, salvo una, que llevaba a uno m&aacute;s peque&ntilde;o. Es posible que fueran todos a la misma escuela, porque algunos comentarios estaban referidos a la &ldquo;zopilota&rdquo;, es decir, la directora que, seg&uacute;n ellas, era una mujer exigente y abusiva. Hab&iacute;an elegido ese lugar para poder platicar mientras sus hijos jugaban en el espacio para los ni&ntilde;os, quienes, tras entrar al establecimiento, corrieron hacia all&aacute; de inmediato y comenzaron a brincar, a subirse a las resbaladillas y a escalar un juego que ten&iacute;a barandillas y sogas. El m&aacute;s peque&ntilde;ito intentaba, tambaleante, subirse al brincol&iacute;n con poco &eacute;xito, porque los brincos de los dem&aacute;s ni&ntilde;os imped&iacute;an que &eacute;l pudiera guardar el equilibrio. Estuvo rebotando de un lado a otro, hasta que por fin pudo asirse en una esquina y levantarse.<\/p>\n<p>El grupo de se&ntilde;oras comenz&oacute; a platicar. Una de ellas, la m&aacute;s <em>fashion, <\/em>cont&oacute; que su esposo se hab&iacute;a ido de viaje la noche anterior.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Saben? Anoche Mauricio se fue a Mazatl&aacute;n. Estar&aacute; all&aacute; por tres semanas porque es el responsable de la implantaci&oacute;n de un sistema de n&oacute;minas en una empresa hotelera. Creo que m&aacute;s bien tiene una aventurilla y, la verdad, a m&iacute; me vale madres. Ya pas&oacute; el tiempo en que lloraba y sufr&iacute;a por sus infidelidades, ahora ya no me interesa. Mientras me d&eacute; todo lo que necesitamos el ni&ntilde;o y yo, lo dem&aacute;s no me importa.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ay! Pero eso no deja nunca de dolerte, o qu&eacute;, &iquest;ya no lo quieres? &mdash;coment&oacute; otra de las se&ntilde;oras, la que parec&iacute;a m&aacute;s sencilla y que iba con su hijita, muy parecida a ella y llevaba un vestido blanco.<\/p>\n<p>La mujer del cabello rojo solt&oacute; una risotada y dijo:<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ay, mi vida! El amor se acaba con el tiempo, por la falta de dinero, por las infidelidades o porque simplemente se acaba.<\/p>\n<p>Entonces las seis mujeres comenzaron a re&iacute;r. Todas, menos la mujer de cabello corto que, al parecer, era amiga de la mujer de cabello rojo. Era soltera y no llevaba ning&uacute;n ni&ntilde;o.<\/p>\n<p>Luego, tres de ellas fueron a hacer el pedido de comida: hamburguesas y malteadas para los ni&ntilde;os, nuguets y ensaladas de pollo para ellas, refrescos <em>ligth <\/em>y botellas con agua. Cuando regresaron con las charolas de comida siguieron la conversaci&oacute;n acerca de sus esposos. Entonces la mujer de cabello corto coment&oacute; t&iacute;midamente:<\/p>\n<p>&mdash;Pues no s&eacute;, las escucho hablar y pienso tantas cosas. Yo creo que el amor y el matrimonio valen mucho la pena. Ser&aacute;, quiz&aacute;, porque no he encontrado al hombre con quien pueda casarme y formar una familia&hellip;<\/p>\n<p>Una rubia de cabello muy largo y piernas bien torneadas le coment&oacute;:<\/p>\n<p>&mdash;Ay, mi chula, cr&eacute;eme, no te pierdes de nada. A pesar de que no me quejo porque mi Carlos es bastante buen hombre y, adem&aacute;s, bueno en la cama, a veces me siento como si me hubieran metido a una botella y le hubieran puesto la tapa. En cambio t&uacute;, &iexcl;eres libre como el viento! Puedes ir y venir a tu antojo, nadie te cuestiona, no tienes que compartir los gastos de la casa ni de los hijos. De verdad, yo creo que el matrimonio y la idea de la familia feliz son s&oacute;lo una quimera.<\/p>\n<p>En eso llegaron sus dos hijos, ni&ntilde;o y ni&ntilde;a, que parec&iacute;an gemelos y ven&iacute;an vestidos igual: una camisa verde floreada y unos pantalones cortos verdes tambi&eacute;n, pero lisos. Calzaban unos tenis Adidas, tambi&eacute;n verdes. Ven&iacute;an sedientos, tomaron agua y le dieron unos mordiscos a sus hamburguesas. Despu&eacute;s, toda la bola de ni&ntilde;os lleg&oacute; corriendo y se sentaron en la mesa de al lado, todos apretados, sudorosos, con las mejillas rosadas. Empezaron a arrebatarse las hamburguesas y las malteadas. Las mam&aacute;s ni caso les hicieron. Dejaron que los ni&ntilde;os se hicieran bolas con la comida y las bebidas. La ni&ntilde;a del pantal&oacute;n corto derram&oacute; sobre la mesa el contenido de su refresco de naranja. Su mam&aacute;, molesta, le dijo que fuera por un pu&ntilde;o de servilletas del mostrador. La ni&ntilde;a, sin acongojarse, alz&oacute; los hombros y puso el mont&oacute;n de servilletas sobre el refresco, para hacer m&aacute;s cochinero en la mesa. Eso no le preocup&oacute; a los ni&ntilde;os, que regresaron corriendo a los juegos. El m&aacute;s peque&ntilde;&iacute;n de todos se hab&iacute;a quedado solo en el t&uacute;nel amarillo, sin supervisi&oacute;n, y ni su mam&aacute; ni nadie se ocuparon de ir por &eacute;l para que comiera algo. El ni&ntilde;o se hab&iacute;a encontrado una pelotita roja, peque&ntilde;a, y estaba muy entretenido meti&eacute;ndosela a la boca.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de que los ni&ntilde;os arrasaron con las hamburguesas y las malteadas, las se&ntilde;oras retomaron su pl&aacute;tica sobre su vida matrimonial. Otra de las se&ntilde;oras, bonita de cara, pero subida de peso, dijo:<\/p>\n<p>&mdash;Pues yo, despu&eacute;s de que me divorci&eacute; de David, hace tres a&ntilde;os, tuve una depresi&oacute;n muy severa, hasta al psiquiatra fui a dar. David dijo que, claro, siempre hab&iacute;a sabido que yo estaba loca, pero lo que &eacute;l nunca quiso reconocer es que mi locura me la caus&oacute; &eacute;l. Es cierto que tuve depresi&oacute;n posparto y que no pude estar cerca de mi peque&ntilde;o durante sus primeros seis meses de vida, porque les confieso que cuando el ni&ntilde;o lloraba me daban ganas de asfixiarlo. No soportaba sus llantos ni sus gritos, ni el olor a caca, y amamantarlo era una tortura, por lo que decid&iacute; mejor darle f&oacute;rmula. Tener que cambiarle el pa&ntilde;al era un suplicio. Fue entonces cuando mi mam&aacute; decidi&oacute; irse a vivir con nosotros y hacerse cargo del beb&eacute;. Creo que ese fue el principio del fin de la relaci&oacute;n entre David y yo. Imag&iacute;nense: yo, muy subida de peso, toda hist&eacute;rica con los berridos del ni&ntilde;o, mi mam&aacute; de metiche todo el tiempo y David con su eterna mirada de reproche. &Eacute;l nunca pudo comprender porqu&eacute; yo no era capaz de cuidar a nuestro hijo. &iexcl;Claro, un hombre nunca sabr&aacute; lo que es cargar con una panza nueve meses, y luego los dolores de parto, y despu&eacute;s hacerte cargo de un ser humano toda la vida! Por cierto, &iquest;d&oacute;nde est&aacute; Davichin?<\/p>\n<p>Corri&oacute; despavorida al &aacute;rea de juegos y vio que el ni&ntilde;o estaba intentando subirse a un tunel amarillo. Entonces regres&oacute; con una gran sonrisa y dijo:<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Uf!&hellip; est&aacute; bien, est&aacute; jugando con los dem&aacute;s ni&ntilde;os.<\/p>\n<p>Las dem&aacute;s se&ntilde;oras la miraron con ojos de reproche, pensando que en todo ese tiempo el peque&ntilde;&iacute;n no hab&iacute;a tomado ni siquiera agua, pero no le dijeron nada, y ella ni cuenta se dio de esa actitud. La mam&aacute; del peque&ntilde;o Davichin sigui&oacute; diciendo:<\/p>\n<p>&mdash;Yo soy una mujer joven, y creo que tengo derecho a ser feliz. A&uacute;n sigo con el medicamento psiqui&aacute;trico y espero poder dejarlo pronto, porque es lo que me est&aacute; subiendo tanto de peso.<\/p>\n<p>Las mujeres se voltearon a ver unas a otras. Y entonces, la se&ntilde;ora subida de peso continu&oacute; diciendo:<\/p>\n<p>&mdash;Aunque amo profundamente a mi peque&ntilde;o Davich&iacute;n, s&eacute; que &eacute;l har&aacute; su vida cuando crezca y yo no me quiero quedar sola.<\/p>\n<p>La mujer de cabello corto le dijo:<\/p>\n<p>&mdash;Y tienes raz&oacute;n, es importante que veas por ti y seas feliz, aunque eso no impide que atiendas a tu hijo y seas una madre amorosa con &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;Bueno &mdash;contest&oacute; la mam&aacute; de Davich&iacute;n&mdash;, los hijos son ingratos, s&eacute; de tantos casos en que los padres ya ancianos quedan totalmente solos y abandonados por hijos que se van y los dejan a su suerte&hellip;<\/p>\n<p>La mujer de cabello corto replic&oacute;:<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;, de acuerdo, y as&iacute; es la vida, aunque pienso que si yo tuviera un hijo, dar&iacute;a mi vida por &eacute;l y por su bienestar.<\/p>\n<p>Los ni&ntilde;os segu&iacute;an gritando euf&oacute;ricos en los juegos. Uno de ellos, el m&aacute;s grande de todos, vio que el peque&ntilde;o Davich&iacute;n quer&iacute;a subirse al carrusel y lo ayud&oacute;, dej&aacute;ndolo sobre un caballito color caf&eacute;. El peque&ntilde;&iacute;n estaba feliz dando vueltas en el juego pero, poco a poco, se fue cansando de sus manitas y su sonrisa se convirti&oacute; en un puchero. Les grit&oacute; a los ni&ntilde;os, aunque algo apag&oacute; su voz y ya no fue capaz de seguir gritando para pedir que lo bajaran del carrusel. Finalmente, Davich&iacute;n se llev&oacute; las manos al cuello y, al soltarse, sali&oacute; volando y cay&oacute;, golpe&aacute;ndose con el tubo del juego. La ni&ntilde;a del vestido blanco escuch&oacute; el chillido del ni&ntilde;o y corri&oacute; a la mesa de las se&ntilde;oras gritando:<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Se cay&oacute; Davich&iacute;n! &iexcl;Se cay&oacute; Davich&iacute;n! &iexcl;Se peg&oacute; en la cabeza!<\/p>\n<p>La madre de Davich&iacute;n corri&oacute; al &aacute;rea de juegos, lo encontr&oacute; tirado, inconsciente y vio con horror que el ni&ntilde;o comenzaba a ponerse azul. Un hombre que estaba sentado en una mesa cercana, comiendo una hamburguesa, se acerc&oacute; corriendo, gritando que era param&eacute;dico y que abrieran paso. Se agach&oacute; junto al peque&ntilde;o Davich&iacute;n, le abri&oacute; la boquita y sac&oacute; r&aacute;pidamente un objeto que ten&iacute;a atorado en la garganta: la pelotita roja con la que el ni&ntilde;o hab&iacute;a estado jugando momentos antes. El hombre se inclin&oacute; hacia el ni&ntilde;o, puso su oreja en el pecho del peque&ntilde;o, grit&oacute; que llamaran a una ambulancia y comenz&oacute; a darle respiraci&oacute;n de boca a boca y a golpear el pecho del peque&ntilde;o. Por fin llegaron unos camilleros y se llevaron a Davich&iacute;n, gritando a todos que abrieran paso.<\/p>\n<p>El ni&ntilde;o continuaba con el rostro color p&uacute;rpura. La madre del peque&ntilde;o Davich&iacute;n corri&oacute; detr&aacute;s de los camilleros hacia la ambulancia. Metieron al ni&ntilde;o en la unidad, su madre y otra mujer tambi&eacute;n subieron.<\/p>\n<p>Todas las dem&aacute;s tomaron r&aacute;pidamente sus bolsos y los juguetes de los ni&ntilde;os, dejaron solo un sweater peque&ntilde;o de color azul en uno de los asientos. Salieron apresurados, gritando y llorando. La ni&ntilde;a del vestido blanco jalaba la falda de su mam&aacute; pregunt&aacute;ndole a gritos por Davich&iacute;n. Su mam&aacute; la tir&oacute; de la mano sin explicarle nada.<\/p>\n<p>Las dos mesas quedaron solas, llenas de hamburguesas a medio comer, las castups y las mostazas apachurradas y las maltedas con los popotes arrugados. Y un par de moscas revoloteaban por encima de aquel fest&iacute;n&hellip;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entraron al &aacute;rea de comida de McDonald&rsquo;s seis mujeres que frisaban los 35 a&ntilde;os. Todas ellas muy modernas y vestidas al &uacute;ltimo grito de la moda. Parec&iacute;a incluso que iban a la misma tienda a comprar su ropa y a la misma est&eacute;tica para que les arreglaran su cabello largo, moda &ldquo;belage&rdquo;. 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