{"id":2512,"date":"2025-05-06T15:30:12","date_gmt":"2025-05-06T15:30:12","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/05\/06\/el-uso-erotico-del-enojo\/"},"modified":"2025-05-06T15:30:12","modified_gmt":"2025-05-06T15:30:12","slug":"el-uso-erotico-del-enojo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/el-uso-erotico-del-enojo\/","title":{"rendered":"El uso ertico del enojo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Canta oh, diosa la c&oacute;lera funesta del p&eacute;lida Aquiles<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Homero. <em>Iliada<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Hablando de la c&oacute;lera: <em>&ldquo;es el afecto que surge cuando lo real atraviesa las empresas del deseo&rdquo;.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Colette Soler.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hace un tiempo le&iacute; un texto de un excelente te&oacute;rico del psicoan&aacute;lisis, Gerard Pommier, se llama <em>Del buen uso er&oacute;tico de la c&oacute;lera<\/em>. Un libro de lo m&aacute;s interesante sobre ese afecto que se piensa oscuro, el enojo o la c&oacute;lera, y sus incidencias en el cuerpo. El enojo (la ira, la c&oacute;lera, el berrinche en el ni&ntilde;o), toma al cuerpo como su caja de resonancia. Con el enojo, el cuerpo muestra enrojecimiento, tensi&oacute;n, crispaci&oacute;n, llanto, dolor. El diccionario de la RAE dice que el enojo es un movimiento del &aacute;nimo que suscita ira contra alguien, sus sin&oacute;nimos son, enfado, irritaci&oacute;n, exasperaci&oacute;n, alteraci&oacute;n, enfurecimiento, indignaci&oacute;n, c&oacute;lera, furia, mosqueo, cabreo, bronca, calentura, rebote.<\/p>\n<p>Sigmund Freud, el inventor del psicoan&aacute;lisis, dec&iacute;a en alg&uacute;n momento que hab&iacute;a un indicio de que el ni&ntilde;o ser&iacute;a un futuro obsesivo. Dec&iacute;a que en un momento dado el ni&ntilde;o experimenta un profundo apego a un objeto o lugar, si su fijaci&oacute;n pon&iacute;a en predicamento a los adultos, entonces ah&iacute; se manifestaba el germen de la patolog&iacute;a obsesiva; pues bien, los berrinches en los ni&ntilde;os son expresi&oacute;n de un desborde de ira o enojo. Se trata de un incremento de excitaci&oacute;n, un efecto agudo, algo que &ldquo;hace perder el sentido de las cosas&rdquo;, dec&iacute;a Breuer, el amigo, colega m&eacute;dico, y muchas veces mecenas de Freud, con quien publica <em>Escritos sobre la histeria<\/em> entre 1893 y 1895.<\/p>\n<p>En el enojo, las emociones (afectos) se desbordan y las asociaciones se suspenden. En un cuadro matricial de 1926, que Freud nos muestra en <em>Inhibici&oacute;n, S&iacute;ntoma y Angustia<\/em>, propone, en la l&iacute;nea del movimiento, que a las emociones, cuando se desbordan, le suceden las conmociones y lo acerca a la angustia. El enojo es un afecto habitado por aquello que Freud llamaba &ldquo;pensamientos querellantes&rdquo; y que Erasmo de Rotterdam menciona como aquello que aqueja a los &ldquo;discutidores empedernidos&rdquo;, en su <em>Elogio de la estulticia<\/em>. De la ira, de esa pasi&oacute;n que nos aplasta, es algo de lo que hay que curarse. Pinel llamaba a la ira &ldquo;locura breve&rdquo; y Esquirol dec&iacute;a que la ira o c&oacute;lera estaba vinculada con la furia maniaca.<\/p>\n<p>El enojo o la ira no pueden existir sino como ese resto que implica la relaci&oacute;n del sujeto con el Otro, se manifiesta cuando se rompe la trama simb&oacute;lica que se teje entre ambos. Y, sin duda, la ira tambi&eacute;n est&aacute; vinculada con la agresividad. Ocurre cuando algo en la relaci&oacute;n con el Otro reporta <em>pura p&eacute;rdida<\/em>, absoluto caos.<\/p>\n<p>Se han mencionado a lo largo de la historia dos vertientes de la ira, es un afecto bifronte: una cara es la ira ardiente y la otra la ira fr&iacute;a. La primera se presenta ante la p&eacute;rdida de cualquier posibilidad, en la &ldquo;sin remedio&rdquo; como se dice, la ira se presenta cuando, ante una situaci&oacute;n, se est&aacute; perdido y s&oacute;lo prevalece el impulso presente. La otra, la ira fr&iacute;a, por el contrario, implota, se retiene, se contiene, se agazapa, acecha en espera de la oportunidad de descargarse sobre el objeto con el que mantiene una identificaci&oacute;n m&oacute;rbida. Ya sea por la v&iacute;a de la implosi&oacute;n o explosi&oacute;n, el enojo es un afecto de gatilleo, formaci&oacute;n reactiva; el odio no, el odio genera estrategias de destrucci&oacute;n; la ira, el enojo, destruye y ya.<\/p>\n<p>La ira, el enojo, sin embargo, aunque convocado a la destrucci&oacute;n, tambi&eacute;n tiene una cara vivificante: es un llamado a la renovaci&oacute;n. Incluso, en griego enojo o ira se dice <em>Thymos<\/em>, y significa inspiraci&oacute;n. El enojo es un buen aditivo para la renovaci&oacute;n, se trata del buen uso er&oacute;tico de la c&oacute;lera. Siempre ha despertado curiosidad el afecto del enojo. En la teor&iacute;a de los humores, planteada por Hip&oacute;crates y desarrollada por Galeno, se propone que estamos conformados por cuatro humores o l&iacute;quidos: la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra. Y estos se corresponden o generan predisposici&oacute;n hacia un tipo de temperamento: el sangu&iacute;neo, el flem&aacute;tico, el col&eacute;rico y el melanc&oacute;lico. Tenemos aqu&iacute; el temperamento col&eacute;rico relacionado con la bilis amarilla. Dec&iacute;an que es en la juventud cuando esta sustancia, la bilis amarilla, predomina y es lo que nos hace irritables y violentos.<\/p>\n<p>Hay diversas expresiones literarias o m&iacute;ticas que revelan la existencia e incidencia de la ira, por ejemplo, la ira de Dios; existen m&uacute;ltiples expresiones bibl&iacute;cas al respecto, como se puede leer en Isa&iacute;as 13-9: &ldquo;He aqu&iacute;, el d&iacute;a del Se&ntilde;or viene, cruel, con furia y ardiente ira, para convertir en desolaci&oacute;n la tierra y exterminar de ella sus pecadores&rdquo;. La ira como respuesta ante la falta, el pecado, se trata de una ira justiciera. Tambi&eacute;n se sabe de la ira en Aquiles, en la <em>Il&iacute;ada<\/em>, esta ira est&aacute; basada en la venganza. Desde el primer verso de la<em> Il&iacute;ada <\/em>sabemos que se trata de la c&oacute;lera de Aquiles. Ocurre que Agamen&oacute;n le arrebata a su esclava Briseida, Aquiles, siendo un semidios, reacciona cegado de furia y, justo antes de desenvainar su espada, la diosa Atenea lo detiene. Tenemos entonces, por un lado, a la ira como una acci&oacute;n de justicia y, por el otro, la venganza, en Aquiles, como impulsoras del enojo y su arrebato destructivo.<\/p>\n<p>Sin duda, en ambas tramas se cumple aquello que el psicoanalista franc&eacute;s Jacques Lacan dec&iacute;a de la c&oacute;lera como un afecto que ocurre cuando las cosas no ocurren como se espera, las clavijas no encajan en los hoyitos. Otra relevante psicoanalista Colette Soler, al hablar de los afectos, se&ntilde;ala a la c&oacute;lera como un afecto que surge cuando lo real (lo imposible) atraviesa las empresas del deseo. El enojo es una respuesta ante lo imposible, es una reacci&oacute;n ante lo real. Cuando el Otro falta o no responde, uno de los posibles afectos es el enojo. Cuando el Otro falta en el sujeto se actualiza la condici&oacute;n original de desamparo (<em>Hilflosigkeit<\/em>) que le precede. El enojo se manifiesta con frecuencia con el malhumor, que aparece tambi&eacute;n cuando el sujeto no puede hacer otra cosa con aquello que se presenta como disruptivo.<\/p>\n<p>La ira se muestra en una acci&oacute;n de descarga inmediata, no ocurre as&iacute; con la angustia ni con el terror, seg&uacute;n escribe Breuer en <em>Estudios sobre la histeria<\/em>. En el caso del terror, la tendencia no es a la acci&oacute;n motriz sino a la par&aacute;lisis, se suspenden las asociaciones, como ya se dec&iacute;a.<\/p>\n<p>Cuando la c&oacute;lera, el enojo o la ira no se pueden tramitar en acciones motrices se transmuta en palabras surgiendo <em>el dicho c&oacute;lerico<\/em>, expresi&oacute;n que desborda el control de lo que se dice y que escapa a la voluntad. Sigmund Freud ubica a la obsesi&oacute;n como el principal portador de la ira (junto con la duda y el remordimiento). Se trata de un enojo recurrente con intenciones agresivas, en particular contra aquel o aquella que ubica como quien imposibilita su goce, con frecuencia el padre. Se trata de una defensa frente a la angustia que se traduce en otro afecto, como la ira o el enojo. Freud nos se&ntilde;ala que la angustia tiene valor de cambio, escribe: &ldquo;es la moneda corriente por la cual se cambian o pueden cambiarse todas las mociones afectivas cuando el correspondiente contenido de representaci&oacute;n ha sido sometido a represi&oacute;n&rdquo;.<\/p>\n<p>Jacques Lacan nos ilustra a&uacute;n m&aacute;s con respecto a este afecto del enojo o la ira, se trata de un afecto que est&aacute; en relaci&oacute;n con lo simb&oacute;lico, pero no es ni significante ni representaci&oacute;n. La c&oacute;lera, la ira, el enojo, son efectos an&aacute;logos que se&ntilde;alan la irrupci&oacute;n de lo real y con ello la ruptura de una trama simb&oacute;lica, escribe Lacan: &ldquo;&#8230; lo real que llega en el momento en que hemos hecho una bella trama simb&oacute;lica, en que todo va muy bien, el orden, la ley, nuestro m&eacute;rito y nuestra buena voluntad. De repente nos damos cuenta que las clavijas no entran en los agujeritos. Ese es el origen del afecto de la c&oacute;lera&rdquo;. La c&oacute;lera es la respuesta que se nos impone cuando las cosas no salen como esperamos, se trata de una agresividad hacia el otro o consigo mismo, como producto de que la emergencia de lo real rompe las ilusiones y produce una herida narcisista, y sabemos que la agresividad es la respuesta ante una herida narcisista. Una cuesti&oacute;n complicada en una &eacute;poca que nos mandata gozar a toda costa, bajo el slogan de &ldquo;todo se puede&rdquo;.<\/p>\n<p>Quiz&aacute;s el psicoan&aacute;lisis, ese &uacute;ltimo oasis para la subjetividad, sea una posibilidad de hacer un uso er&oacute;tico (de vida) al promover un movimiento del goce que en el enojo se juega al a la construcci&oacute;n de un otro lazo con el Otro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Canta oh, diosa la c&oacute;lera funesta del p&eacute;lida Aquiles Homero. 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