{"id":2496,"date":"2025-04-22T12:45:22","date_gmt":"2025-04-22T12:45:22","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/04\/22\/guinos-de-las-estrellas\/"},"modified":"2025-04-22T12:45:22","modified_gmt":"2025-04-22T12:45:22","slug":"guinos-de-las-estrellas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/guinos-de-las-estrellas\/","title":{"rendered":"Guios de las estrellas"},"content":{"rendered":"<p>La rueda del tiempo gir&oacute; a la inversa en busca de un pasado que se qued&oacute; en un archivo de la memoria. All&iacute; estaba uno de tus tatarabuelos que fue arriero, viajaba desde el coraz&oacute;n de su pa&iacute;s, subiendo y bajando la cordillera hasta llegar a la costa. Las mulas llevaban ma&iacute;z con algo de oro al medio, como contrabando&hellip; Tra&iacute;a cosas de allende el mar y libras esterlinas ocultas en la carga. Pero tambi&eacute;n cobraba para que algunos j&oacute;venes extranjeros acompa&ntilde;en a su comitiva a pie, gui&aacute;ndolos para que puedan cruzar la cordillera a salvo y siguieran despu&eacute;s su camino a la mina Salvadora, a donde llegaban con su &uacute;nica ropa sucia y rota para empezar una nueva vida en aquellos parajes donde el esta&ntilde;o brotaba sin cesar de las entra&ntilde;as de la tierra.<\/p>\n<p>Era un hombre de mediana estatura que conoc&iacute;a hasta las piedras del camino, siempre llegaba a la cumbre de la cordillera con los o&iacute;dos zumbando y el coraz&oacute;n retumbando como un bombo, que se calmaba seg&uacute;n iba bajando del cielo &ndash;como acostumbraba decir.<\/p>\n<p>De tanto subir hasta casi llegar al cielo y luego bajar hasta el mar, este tatarabuelo muri&oacute; de un infarto agudo al miocardio antes de cumplir cincuenta a&ntilde;os. Dej&oacute; hijas solteras, centenares de mulas y unas tres tinajas de barro llenas de libras esterlinas.<\/p>\n<p>La tatarabuela tom&oacute; las riendas del negocio: contrat&oacute; al marido de la sobrina, que adem&aacute;s era su ahijado, y sigui&oacute; mandando oro en medio de la carga de ma&iacute;z y trayendo libras esterlinas en medio de las novedades llegadas de Par&iacute;s y de otros lares desconocidos para ella. Ella envolv&iacute;a la madrugada en su mantilla negra, sal&iacute;a a despachar a los arrieros y despu&eacute;s se pon&iacute;a en novena en su capilla para que lleguen bien a la playa y regresen sin novedades, cargados de esterlinas a su valle. Hasta el d&iacute;a de hoy, cada domingo hay misa en la capilla de la tatarabuela.<\/p>\n<p>En poco tiempo, ella logr&oacute; ganarse el respeto de unos y otros, ya que mostr&oacute; ser una mujer de car&aacute;cter firme y correcta. Algunos solteros y viudos trataron de persuadirla para casarse otra vez, pero la tatarabuela rechaz&oacute; a gil y mil, porque ten&iacute;a hijas y dinero, tanto dinero que ni pod&iacute;a gastar todo. Segu&iacute;a trabajando y ganando libras esterlinas que ella colocaba en grandes tinajas y enterraba en su patio, tal cual hizo su marido mientras existi&oacute;.<\/p>\n<p>Por otro lado, porque las familias igual que los &aacute;rboles tienen muchas ramas, otro de los bisabuelos ten&iacute;a barcos de carga de mercanc&iacute;as y pasajeros. El bisabuelo miraba serio, con educaci&oacute;n y desconfianza, porque no sabia qu&eacute; diablos llevaban los colonos en tantos sacos pesados. Los recib&iacute;a y cobraba el pasaje por persona y por saco. Despu&eacute;s compr&oacute; otro barco donde su esposa e hijas viajaban. La esposa iba cobrando r&iacute;o abajo, r&iacute;o arriba y &eacute;l la segu&iacute;a en el segundo barco. El tiempo pas&oacute; y &eacute;l compr&oacute; un tercer barco, donde las dos hijas mayores viajaban cobrando por persona y por sacos, r&iacute;o abajo r&iacute;o arriba. Eran tres barcos en fila indiana que llegaban juntos al puerto con la plata cobrada por transportar gente y sacos de carga.<\/p>\n<p>Las madrugadas fr&iacute;as, las noches lluviosas, los percances en los caminos, de muchas maneras se quedaron en la memoria gen&eacute;tica de la familia, que aprendi&oacute; a no alarmarse mucho con los &eacute;xitos o con los fracasos.<\/p>\n<p>Cuando las abuelas se casaron, ellas se dedicaron a bordar manteles, limpiar y ordenar (compulsivamente) sus casas y a cocinar todas las recetas posibles habidas y por haber. Algunos de sus hijos varones no lograron estudiar y uno tuvo un cami&oacute;n y se dedic&oacute; al transporte. Por otro lado, uno de los abuelos fue aventurero y anduvo de un lado a otro en revoluciones armadas. Cuando sent&oacute; cabeza se hizo conductor de tranv&iacute;a y condujo personas durante largos veinticinco a&ntilde;os, rememorando las madrugadas fr&iacute;as sobre el lomo de un caballo rumbo a una guerra que no le pertenec&iacute;a&hellip; En la monoton&iacute;a del trayecto del tranv&iacute;a, el abuelo tuvo tiempo de agradecer a Dios por su vida, ya que no muri&oacute; de un balazo. Tambi&eacute;n tuvo tiempo de perdonarse por los enemigos ca&iacute;dos, que ni siquiera eran sus enemigos de verdad. Fue en la monoton&iacute;a de la rutina y en la repetici&oacute;n del paisaje que &eacute;l pudo entender la estupidez que significa una guerra, asimismo, pudo entender su propio pasado y tal vez, logr&oacute; perdonarse a s&iacute; mismo.<\/p>\n<p>Entonces fue precisamente cuando la rueda del tiempo gir&oacute; ordenada y regular hacia el futuro donde vivi&oacute; la generaci&oacute;n de los que utilizaron corbatas todos los d&iacute;as y se quedaron en sus camas calientes para espantar el fr&iacute;o de las madrugadas y esperar respuestas de las cartas enviadas. Ellos fueron oficiales y profesores, y, sin pensarlo dos veces, enviaron a todos sus hijos a la universidad, porque era imposible pensar que los hijos y nietos no lleguen a ser profesionales universitarios. Sin compasi&oacute;n, ellos ahogaron a todos los artistas de la familia porque no aceptaban nada que no fuera formal y met&oacute;dico como la trayectoria de una flecha que apunta hacia el cielo.<\/p>\n<p>Al surcar los cielos, Aaron Jason, especialmente por las noches, espero que comprendas los gui&ntilde;os de las estrellas como saludos de los abuelos que, a paso de mula o en el tim&oacute;n de un barco, rompieron el fr&iacute;o de las madrugadas para un d&iacute;a poder, desde alg&uacute;n lugar del universo, bendecirte y enorgullecerse de que seas su nieto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La rueda del tiempo gir&oacute; a la inversa en busca de un pasado que se qued&oacute; en un archivo de la memoria. All&iacute; estaba uno de tus tatarabuelos que fue arriero, viajaba desde el coraz&oacute;n de su pa&iacute;s, subiendo y bajando la cordillera hasta llegar a la costa. 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