{"id":2494,"date":"2025-04-15T15:29:34","date_gmt":"2025-04-15T15:29:34","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/04\/15\/la-belleza-y-la-fealdad\/"},"modified":"2025-04-15T15:29:34","modified_gmt":"2025-04-15T15:29:34","slug":"la-belleza-y-la-fealdad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/la-belleza-y-la-fealdad\/","title":{"rendered":"La belleza y la fealdad"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Y yo pienso: Bello es lo que se ama<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Safo<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Probablemente los c&iacute;clopes, que tienen un solo ojo, se sorprenden de los que tienen dos, como nosotros nos maravillamos con aquellas criaturas con tres ojos&#8230;Consideramos feos a los et&iacute;opes negros, pero para ellos el m&aacute;s negro es el m&aacute;s bello.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Giacomo da Vitra<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Para Bayan G&uuml;zul<\/em><\/p>\n<p><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n<p>Umberto Eco fue, esencialmente, un semi&oacute;logo, aunque tambi&eacute;n fue fil&oacute;sofo, nacido en Alessandr&iacute;a Italia. Se trata de un escritor erudito, due&ntilde;o de una narrativa de muy alta hechura. Fue adem&aacute;s un apasionado fil&oacute;sofo y un dedicado estudioso de la Edad Media, e influye en otras &aacute;reas acad&eacute;micas como el campo de la comunicaci&oacute;n. Si en alguna obra da cuenta de estas habilidades es en su novela hist&oacute;rica <em>El nombre de la Rosa<\/em>, de 1980.<\/p>\n<p>Es vasta su obra, muchas son las aristas que aborda, sin embargo, aqu&iacute; propongo acercarnos a Umberto Eco a partir de dos obras que parecen contrastantes sin serlo: me refiero a <em>Historia de la belleza<\/em> (2004) e <em>Historia de la fealdad <\/em>(2007)<em>. <\/em>El inter&eacute;s por definir lo bello y, por tanto, su opuesto, lo feo, no es nuevo. Cada &eacute;poca establece sus criterios y par&aacute;metros para definir uno y otra. En nuestra &eacute;poca, esos criterios est&aacute;n marcados por una ideolog&iacute;a de estereotipos comerciales, es decir, los hilos de estas definiciones se mueven desde el capitalismo y la moda; hay incluso historietas populares que le dan lugar a estas dos dimensiones del ser, como <em>La bella y la bestia<\/em>. Los estereotipos son claros: ella, bella e ingenua; &eacute;l, feo pero rico y culto.<\/p>\n<p>Las obras de Umberto Eco, cargadas de erudici&oacute;n, con tintes e intenciones enciclop&eacute;dicas, hacen un recuento de las formas en que se han concebido la belleza y la fealdad, no s&oacute;lo hist&oacute;ricamente sino tambi&eacute;n desde las diversas disciplinas humanas: el arte, las matem&aacute;ticas, las letras, la m&uacute;sica. No se trata s&oacute;lo de la belleza y fealdad humanas, sino de todo aquello que nos resulta en una experiencia sensible, positiva o negativa. Hay en cada &eacute;poca una concepci&oacute;n al respecto que no se puede separar de la ideolog&iacute;a imperante. Por ejemplo, lo bello, la belleza, siempre ha estado relacionado con lo verdadero, lo bueno, lo justo y lo armonioso, mientras que lo feo ha estado relacionado con lo marginal, lo malo, lo distinto y lo decadente, lo viejo.<\/p>\n<p>Las referencias, tanto para lo belleza como para la fealdad, para Eco est&aacute;n el arte, fundamentalmente la pintura, pero no s&oacute;lamente, tambi&eacute;n la literatura, en especial la novela y la poes&iacute;a. En <em>La historia de la belleza<\/em>, su mirada y erudici&oacute;n se pasean por la Grecia antigua (lo Apol&iacute;neo y lo Dionis&iacute;aco), pero tambi&eacute;n por la belleza de la proporci&oacute;n y la armon&iacute;a (combina el estudio del n&uacute;mero y la m&uacute;sica, lo mismo que lanza su mirada al cosmos y la naturaleza), sin duda se detiene en esa &eacute;poca que tanto le interesa, la Edad Media, vista desde la luz como signo de Dios y el color en la m&iacute;stica. Tambi&eacute;n puede ver elementos de belleza en los monstruos. En la mitolog&iacute;a griega, por ejemplo, abundan figuras como faunos, c&iacute;clopes, quimeras y minotauros, incluso divinidades como Pr&iacute;apo, todos ellos considerados monstruos seg&uacute;n el canon de belleza de la &eacute;poca, sin embargo, algo de bello hay en ellos, una cualidad, un atributo que le genera brillo. Lo mismo escrutina la belleza en las Damas y los h&eacute;roes que la belleza en la raz&oacute;n y las pasiones, lo mismo la belleza de lo cruel, la belleza tenebrosa.<\/p>\n<p>La pregunta est&aacute; abierta: &iquest;c&oacute;mo discenir entre lo bello y lo feo? Lo cierto es que no hay consenso. Cada &eacute;poca, como hemos dicho, genera sus criterios y jueces. El arte y lo est&eacute;tico no siempre coinciden en los c&aacute;nones de belleza y, en consecuencia, lo que queda por fuera es la fealdad. Con respecto a la fealdad, hay un sin&oacute;nimo que permite pensarla: se trata de lo grotesco. Aunque, dado que los criterios van cambiando, ser&iacute;a posible que &iquest;lo que ahora es grotesco, o rid&iacute;culo y de mal gusto, pudo y puede ser en otro momento algo est&eacute;tico? &iquest;Lo est&eacute;tico s&oacute;lo se tendr&iacute;a que pensar en el arte con respecto a lo bello? En otras palabras: &iquest;ser&aacute; el arte la v&iacute;a para darle un lugar en la est&eacute;tica a lo feo y lo grotesco? Si hay un artista que haga conjunci&oacute;n est&eacute;tica de lo grotesco y lo feo, teniendo al cuerpo humano como <em>leitmotiv <\/em>es Francis Bacon.<\/p>\n<p>La obra de Francis Bacon nos hace visible <em>la gruta <\/em>que es propia de lo humano, &ldquo;hiancia&rdquo; se le llama en psicoan&aacute;lisis. Nos muestra lo grotesco, rid&iacute;culo, y amorfo que es el cuerpo humano, todo cuerpo humano. Pero al mismo tiempo nos hace ver la sensualidad que habita lo amorfo, lo discolocado del cuerpo. Los cuerpos desmembrados y desfigurados de Bacon nos dejan ver lo m&aacute;s oscuro del fantasma de lo humano. &Eacute;l mismo buscaba &ldquo;que la pintura pase directamente al sistema nervioso&rdquo; y lo consigue. Nos conmueve, sin duda. Observar su propuesta pl&aacute;stica produce una gruta en el espectador, nos muestra lo grotesco que nos habita.<\/p>\n<p>En su <em>Teor&iacute;a de la est&eacute;tica<\/em>, Theodor Adorno escribe que: &ldquo;El arte tiene que convertir en uno de sus temas lo feo y lo proscrito&rdquo;, pero adem&aacute;s nos dice en qu&eacute; sentido preciso tendr&iacute;a que ser: &ldquo;pero no para integrarlo, para suavizarlo o para reconciliarse con su existencia [&hellip;] tiene que apropiarse de lo feo para denunciar en ello a un mundo que lo crea y reproduce a su propia imagen&rdquo;. La historia del arte, quiz&aacute;, tambi&eacute;n pueda ser una historia de lo grotesco o de lo feo.<\/p>\n<p>Umberto Eco se&ntilde;ala, en <em>Historia de la fealdad, que<\/em> los criterios para distinguir lo bello y lo feo no son estrictamente est&eacute;ticas. Se trata de una construcci&oacute;n pol&iacute;tica, cultural y social. Con frecuencia tienen un sentido pol&iacute;tico o, como es claro en nuestros d&iacute;as, econ&oacute;mico. Ya&nbsp; Marx dec&iacute;a que en el capitalismo, &ldquo;el dinero suple a la fealdad&rdquo;. El dinero embellece al feo y al tullido lo hace bello.<\/p>\n<p>Para Eco, hay una distinci&oacute;n de la fealdad en tres fen&oacute;menos distintos: la fealdad en s&iacute; misma, la fealdad formal y la representaci&oacute;n art&iacute;stica de ambos. Se&ntilde;ala que de esas representaciones, en la historia del arte se ha dado un lugar recurrente al v&iacute;nculo entre la fealdad y lo femenino. Entre la Edad Media y la &eacute;poca barroca, dice Eco, prospera el tema del vituperio (<em>vituperatio<\/em>) contra la mujer cuya fealdad, se dec&iacute;a, manifiesta dos cosas: la maldad interior y el poder de seducci&oacute;n. Por ello, la mujer tendr&aacute; que recurrir al maquillaje o cosm&eacute;ticos para ocultar la fealdad propia de su ser mujer. Se maquillaba para enmascarar sus defectos f&iacute;sicos y el alma. Eco cita el trabajo de Patricia Betella quien distingue tres fases para el desarrollo del tema de la mujer y la fealdad: a) en la Edad Media, con la representaci&oacute;n de la vieja, s&iacute;mbolo de la decadencia tanto f&iacute;sica como moral, en oposici&oacute;n al elogio o exaltaci&oacute;n de la juventud y la belleza; b) en el Renacimiento, donde la fealdad femenina se vuelve objeto de diversi&oacute;n burlesca; y c) en la &Eacute;poca Barroca, donde hay una revalorizaci&oacute;n positiva de las imperfecciones femeninas como elemento de atracci&oacute;n.<\/p>\n<p>La &ldquo;est&eacute;tica de lo feo&rdquo;, si la podemos pensar as&iacute;, nos muestra de la manera m&aacute;s clara la descolocaci&oacute;n que el cuerpo tiene en su constituci&oacute;n misma. No es de extra&ntilde;ar que sea el cuerpo femenino el que sea hist&oacute;ricamente considerado como fuente de esa descolocaci&oacute;n, lo fuera de orden, lo excesivo. Se trata de esa condici&oacute;n del cuerpo propio de ser nuestro mayor desconocido, portador de malestares indecibles, que el psicoan&aacute;lisis pudo conceptualizar. El cuerpo es para el psicoan&aacute;lisis un cuerpo que habla.<\/p>\n<p>En el dispositivo psicoanal&iacute;tico se nos muestran las grutas (grotto, lo grotesco), las desgarraduras propias de un cuerpo fragmentado, desfigurado, amorfo, por efectos del significante. Ah&iacute; se escuchan los residuos de una fragmentaci&oacute;n del cuerpo y las desgarraduras de la existencia. Posiblemente la escucha en an&aacute;lisis, la escritura del sujeto que ah&iacute; se genera, sea tambi&eacute;n, como en la pintura, una forma est&eacute;tica darle lugar a lo feo y lo grotesco de la existencia, como una v&iacute;a otra para acceder al brillo de lo bello, es decir, el Agalma, para darle lugar al deseo de lo bello.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Y yo pienso: Bello es lo que se ama Safo &nbsp; Probablemente los c&iacute;clopes, que tienen un solo ojo, se sorprenden de los que tienen dos, como nosotros nos maravillamos con aquellas criaturas con tres ojos&#8230;Consideramos feos a los et&iacute;opes negros, pero para ellos el m&aacute;s negro es el m&aacute;s bello. 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