{"id":2492,"date":"2025-04-15T15:28:33","date_gmt":"2025-04-15T15:28:33","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/04\/15\/el-cuexcomate\/"},"modified":"2025-04-15T15:28:33","modified_gmt":"2025-04-15T15:28:33","slug":"el-cuexcomate","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/escribir-para-divulgar\/el-cuexcomate\/","title":{"rendered":"El Cuexcomate"},"content":{"rendered":"<p>Casi todos los que conoc&iacute;a de la escuela cumpl&iacute;an 15 a&ntilde;os. Cada fin de semana hab&iacute;a una quincea&ntilde;era y &eacute;l siempre encontraba la manera de estar all&iacute;, a veces invitado, a veces colado. No solo le gustaba el ambiente, sino que las fiestas le ofrec&iacute;an la oportunidad de enterarse de todo lo que pasaba en la escuela y en el pueblo.<\/p>\n<p>Una vez, despu&eacute;s de bailar con la primera festejada, se propuso bailar el vals con todas las quincea&ntilde;eras que pudiera. Estaba despertando al encanto femenino: con el baile pod&iacute;a ce&ntilde;ir la cintura de las chicas y estar muy cerca de ellas sin problemas. Despu&eacute;s del vals, pod&iacute;a bailar con otras, aunque trataba de evitarlo porque no era muy buen bailar&iacute;n. Ese a&ntilde;o, Sebasti&aacute;n no se perdi&oacute; ninguna fiesta.<\/p>\n<p>As&iacute; fue como una noche, sentado en su silla esperando el vals, escuch&oacute; a Dulce contarle a alguien que le hab&iacute;an robado la mochila el d&iacute;a anterior, mientras tomaba una limonada y ve&iacute;a a su actual novio jugar futbolito en El Paraboloide. As&iacute; se llamaba una fuente de sodas que estaba en el parque del Cuexcomate.<\/p>\n<p>El Cuexcomate es conocido como el volc&aacute;n m&aacute;s peque&ntilde;o del mundo, aunque en realidad es un g&eacute;iser inactivo. Su cono, de piedra porosa y amarillenta, parece espuma congelada en el tiempo. A trav&eacute;s de su cr&aacute;ter, la gente puede descender hasta el interior y encontrar un suelo h&uacute;medo y paredes que gotean agua sulfurosa. Se alza en el centro de lo que alguna vez fue el pueblo de La Libertad, ahora una colonia m&aacute;s de la ciudad.<\/p>\n<p>Atr&aacute;s del volc&aacute;n est&aacute; el mercado y, enfrente, la escuela. En una esquina se encuentra El Paraboloide y en la otra la presidencia municipal, con su juez de paz y su comandancia, chiquita pero efectiva. Tan es as&iacute; que siempre tienen en su celda a los que rompen la paz del lugar, ya sea un borrachito escandaloso o un par de rijos que estaban a punto de &ldquo;romperse la crisma.&rdquo;<\/p>\n<p>El s&aacute;bado 16 de octubre Dulce lleg&oacute; con noticias urgentes: Juancho, el novio de su prima Sandra, estaba en la comandancia. Lo acusaban de haber robado la panader&iacute;a &ldquo;El Cuernito&rdquo; la noche anterior, a las 10 en punto. Alguien llam&oacute; a la polic&iacute;a quince minutos despu&eacute;s, asegurando haberlo visto cerca del volc&aacute;n. Para cuando los agentes llegaron, Juancho estaba justo en la esquina y lo arrestaron sin dudar.<\/p>\n<p>Barrab&aacute;s se estaba despertando apenas. Los s&aacute;bados ten&iacute;a la posibilidad de levantarse m&aacute;s tarde porque los fines de semana su abuela abr&iacute;a el local hasta las 11, para darle ese ligero descanso a sus cansados huesos. Eran las 6 de la ma&ntilde;ana, y Dulce hab&iacute;a esperado lo m&aacute;s que pudo, pero ante la insistencia de Sandra, lo hab&iacute;a ido a despertar a esa hora.<\/p>\n<p>El golpeteo en la ventana lo sac&oacute; de su sue&ntilde;o. Apenas abri&oacute; un ojo cuando escuch&oacute; la voz de Dulce:<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Sebasti&aacute;n, despierta! Es urgente.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;&hellip;? &iquest;Qui&eacute;n se muri&oacute;? &mdash;gru&ntilde;&oacute; Barrab&aacute;s, a&uacute;n con la cara pegada a la almohada.<\/p>\n<p>&mdash;Si no te apuras, el que va a morir es Juancho &mdash;dijo Dulce, con tono impaciente&mdash;. Lo tienen encerrado en la comandancia. Lo acusan de robar la panader&iacute;a.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Juancho? &mdash;Barrab&aacute;s parpade&oacute;, ahora m&aacute;s despierto&mdash;. No puede ser&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;No lo es. Pero si no hacemos algo, el lunes lo mandan a la ciudad.<\/p>\n<p>Eso fue suficiente para que Barrab&aacute;s se espabilara por completo. Mientras la radio reproduc&iacute;a, curiosamente, &ldquo;Hoy no me puedo levantar&rdquo;, de Mecano, Dulce aseguraba que no hab&iacute;a sido Juancho, ya que &eacute;l y Sandra hab&iacute;an subido las escaleras para entrar al volcancito alrededor de las 9:30 y salieron poco despu&eacute;s de las 10. No pod&iacute;a decir con exactitud qu&eacute; estaban haciendo, pero se lo imaginaba, y si el pap&aacute; de Sandra se enteraba, podr&iacute;a matar a Juancho.<\/p>\n<p>Entonces, Sebasti&aacute;n Cuatle Tepox, alias Barrab&aacute;s, deb&iacute;a encontrar al verdadero ladr&oacute;n. Estamos en 1982 y Sebasti&aacute;n est&aacute; en secundaria, en tercer grado. El tiempo apremia, pues el lunes al mediod&iacute;a llevar&aacute;n a Juancho a la ciudad para procesarlo. Sandra pens&oacute; en Sebasti&aacute;n porque todos en la secundaria se hab&iacute;an enterado del caso de la medalla desaparecida y de que &eacute;l la hab&iacute;a encontrado, de c&oacute;mo hab&iacute;a resuelto el caso del ni&ntilde;o llor&oacute;n, y que nunca dudaba en ayudar a quien se lo ped&iacute;a. Dulce le hab&iacute;a contado todo eso a Sandra con un brillo especial en los ojos. Al parecer siempre encontraba una excusa para mencionarlo.<\/p>\n<p>Barrab&aacute;s, acompa&ntilde;ado de Dulce, fue a ver a Beto, el hijo del panadero, y le pidi&oacute; que le permitiera examinar el interior de la panader&iacute;a. El ladr&oacute;n, con pasamonta&ntilde;as negro, hab&iacute;a entrado justo cuando estaban por cerrar, a las 10, los amenaz&oacute; con una navaja y sali&oacute; corriendo. Beto no supo en qu&eacute; direcci&oacute;n huy&oacute; el ladr&oacute;n, porque en ese momento su madre sufri&oacute; un desmayo y tuvo que atenderla.<\/p>\n<p>&mdash;No fue Juancho, te lo juro, Barrab&aacute;s. &iexcl;Yo lo vi! &mdash;dijo Beto, frunciendo el ce&ntilde;o, todav&iacute;a afectado por lo sucedido.<\/p>\n<p>&mdash;Cu&eacute;ntame exactamente qu&eacute; pas&oacute; &mdash;solicit&oacute; Barrab&aacute;s, inspeccionando el suelo cubierto de harina.<\/p>\n<p>&mdash;Eran las diez en punto. Est&aacute;bamos cerrando. Mi jefe estaba en la bodega y yo en el mostrador, cuando de repente entr&oacute; un tipo con un pasamonta&ntilde;as y una navaja grand&iacute;sima.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tan grande?<\/p>\n<p>&mdash;Pues&hellip; yo sent&iacute; que era un machete, pero qui&eacute;n sabe, con el miedo todo se ve m&aacute;s grande &mdash;coment&oacute; Beto, encogi&eacute;ndose de hombros&mdash;. Mi mam&aacute; se desmay&oacute; del susto y, cuando la levant&eacute;, el tipo ya se hab&iacute;a ido.<\/p>\n<p>Barrab&aacute;s asinti&oacute;, repasando la escena en su mente. Sac&oacute; una libretita del bolsillo y anot&oacute; algunos detalles: la hora, la descripci&oacute;n del arma y la reacci&oacute;n de Beto. Luego mir&oacute; las huellas en la harina y supo que ah&iacute; estaba la clave. En el suelo de la panader&iacute;a, la harina reci&eacute;n asentada revelaba pistas. Los bultos de harina a&uacute;n estaban en la entrada, sin ser acomodados en el almac&eacute;n, lo que permiti&oacute; que las pisadas quedaran marcadas con claridad. Adem&aacute;s, encontraron un poema dedicado a Sandra, lo que incriminaba a Juancho, ya que todo el pueblo conoc&iacute;a su noviazgo.<\/p>\n<p>Barrab&aacute;s entr&oacute; a la comandancia y, por suerte, encontr&oacute; a To&ntilde;o, quien estaba sentado en una esquina, tomando un respiro. En la radio sonaba, de fondo, &ldquo;Te he prometido&rdquo;, de Leo Dan. Con To&ntilde;o se llevaba bien, pues lo hab&iacute;a visto leer el peri&oacute;dico en la biblioteca del pueblo. Barrab&aacute;s iba a hacer sus tareas y lo encontraba cuando se daba una escapada del sol y de sus deberes.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tal, To&ntilde;o? &mdash;salud&oacute; Barrab&aacute;s, acerc&aacute;ndose a la mesa.<\/p>\n<p>To&ntilde;o, con una sonrisa, dej&oacute; de leer el peri&oacute;dico y lo mir&oacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; haces por aqu&iacute;, Barrab&aacute;s?<\/p>\n<p>&mdash;Nada, vine a preguntarte sobre lo que sucedi&oacute; anoche. &mdash;Barrab&aacute;s se sent&oacute; en una silla, sacando su libretita azul.<\/p>\n<p>&mdash;No mucho m&aacute;s de lo que seguro ya sabes &mdash;To&ntilde;o se ajust&oacute; los lentes y suspir&oacute;&mdash;. Bueno, cuando atend&iacute; la llamada me di cuenta de que la hac&iacute;an desde un tel&eacute;fono p&uacute;blico, porque escuch&eacute; el sonido de una bici que unos perros empezaron a perseguir y como el ciclista mentaba madres.<\/p>\n<p>Luego le mostr&oacute; el poema, que dej&oacute; copiar en su libretita a Barrab&aacute;s, y que Dulce reconoci&oacute; como uno que le hab&iacute;a dado su novio, pero con el nombre cambiado.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Entonces qu&eacute; piensas, Barrab&aacute;s? &mdash;pregunt&oacute; To&ntilde;o, inclin&aacute;ndose un poco hacia &eacute;l.<\/p>\n<p>Barrab&aacute;s no respondi&oacute; de inmediato. En su lugar, sac&oacute; nuevamente la libretita del bolsillo y pas&oacute; las hojas con el pulgar, repasando sus notas. Hab&iacute;a visto en las pel&iacute;culas de detectives que siempre anotaban detalles clave, y aunque al principio lo hac&iacute;a por imitaci&oacute;n, ahora le resultaba realmente &uacute;til.<\/p>\n<p>&mdash;Todav&iacute;a hay cosas que no me cuadran &mdash;dijo finalmente, levantando la vista.<\/p>\n<p>Barrab&aacute;s sab&iacute;a que en el pueblo solo hab&iacute;a dos tel&eacute;fonos p&uacute;blicos lo suficientemente cerca como para que alguien llamara y dijera que hab&iacute;a visto a Juancho robar y dirigirse hacia el volc&aacute;n. To&ntilde;o comentaba que pensaban que Juancho hab&iacute;a ido al Cuexcomate a esconder el dinero robado, por lo que lo buscaban en su interior y en los huecos de la &ldquo;olla&rdquo;, como llamaban al cono volc&aacute;nico.<\/p>\n<p>Uno de los tel&eacute;fonos estaba justo enfrente de la comandancia y el otro en el parque, a tres calles del Cuexcomate y a una de la panader&iacute;a.<\/p>\n<p>As&iacute; que fue al parque. Eran casi las ocho de la ma&ntilde;ana y, aunque pregunt&oacute; a todos los que se encontraban cerca de sus locales si hab&iacute;an visto algo, nadie le pudo dar una pista. Regres&oacute; a donde estaba la cabina, frente a los juegos infantiles, y se sent&oacute; en una de las bancas. Entonces Dulce vio una sombra en una de las jardineras, atr&aacute;s de la cancha de b&aacute;squet. Era el teporocho del pueblo.<\/p>\n<p>&mdash;Oiga, don, &iquest;vio algo anoche? &mdash;pregunt&oacute; Barrab&aacute;s. El hombre levant&oacute; la vista con ojos vidriosos. Su aliento apestaba a pulque agrio.<\/p>\n<p>&mdash;Vi muchas cosas, muchachito&hellip; estrellas, sombras, la cara de Dios en el poste de luz&hellip;<\/p>\n<p>&mdash;Pero &iquest;vio a alguien en la cabina telef&oacute;nica? El borracho frunci&oacute; el ce&ntilde;o, como si le costara recordar.<\/p>\n<p>&nbsp;&mdash;Un chavo&hellip; con sudadera oscura&hellip; se fue corriendo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Hacia d&oacute;nde?<\/p>\n<p>&mdash;Hacia all&aacute; &mdash;dijo, se&ntilde;alando una casa convertida en vecindad. Dulce se qued&oacute; helada.<\/p>\n<p>&mdash;Esa&hellip; esa es la casa de Norberto &mdash;susurr&oacute;.<\/p>\n<p>Barrab&aacute;s apret&oacute; los labios. Ahora todo ten&iacute;a sentido. Sab&iacute;a que deb&iacute;a actuar r&aacute;pido, as&iacute; que se dirigi&oacute; directamente a la casa de Norberto. En la entrada, su madre desped&iacute;a a un cobrador sin darle lo de la letra de la estufa. Cansada de los problemas de su hijo, lo dej&oacute; pasar sin hacer preguntas. Probablemente ni siquiera hab&iacute;a notado su regreso la noche anterior: no era la primera vez que llegaba tarde y ebrio. Norberto dorm&iacute;a la mona despu&eacute;s de haber vaciado una botella para celebrar&hellip; qui&eacute;n sabe qu&eacute;.<\/p>\n<p>Barrab&aacute;s entr&oacute;, observando con atenci&oacute;n. Mientras Norberto dorm&iacute;a, borracho y desorientado, no pudo evitar notar algo que lo hizo detenerse: la mochila de Dulce estaba tirada sobre una mesa. Reconoci&oacute; el color y la forma de inmediato. Era la mochila de Dulce, la misma que le hab&iacute;an robado d&iacute;as antes. Ella la reconoci&oacute; al verla por la ventana.<\/p>\n<p>Con discreci&oacute;n, Barrab&aacute;s la abri&oacute; y encontr&oacute; dentro varios objetos que no pertenec&iacute;an a Norberto, pero s&iacute; a Dulce: cuadernos forrados con galanes de telenovelas, l&aacute;pices adornados con corazones e incluso un par de libros que la chica hab&iacute;a mencionado. En ese momento, tuvo la confirmaci&oacute;n de que Norberto estaba involucrado en m&aacute;s asuntos de lo que parec&iacute;a.<\/p>\n<p>Sali&oacute; r&aacute;pidamente de la casa de Norberto, con la mochila en mano, y se dirigi&oacute; a la comandancia. Estaba decidido a poner fin al asunto de una vez por todas. Cuando lleg&oacute;, explic&oacute; detalladamente las pruebas que hab&iacute;a encontrado, casi sin necesidad de leer su libretita. Primero, las huellas en la harina de la panader&iacute;a: las marcas de Juancho, quien llevaba zapatos de vestir, eran muy diferentes a las de Norberto, que usaba zapatos deportivos ligeros y presentaban restos de harina.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s, present&oacute; la mochila de Dulce, explicando que el poema encontrado en la panader&iacute;a, aunque un poco modificado, era de ella y hab&iacute;a sido robado d&iacute;as antes; mostr&oacute; el original con toda la dedicaci&oacute;n. Esto, sin duda, vinculaba a Norberto con el crimen. Barrab&aacute;s detall&oacute; c&oacute;mo, seg&uacute;n su teor&iacute;a, Norberto hab&iacute;a aprovechado el robo para incriminar a Juancho, de quien ten&iacute;a celos porque Sandra nunca le hab&iacute;a hecho caso. Y sab&iacute;a que el chico no pod&iacute;a explicar qu&eacute; hac&iacute;a a la hora del robo, para no perjudicar a Sandra.<\/p>\n<p>La polic&iacute;a, convencida con las pruebas, fue a la casa de Norberto. Cuando llamaron a la puerta, su madre sali&oacute;, nerviosa. Norberto escuch&oacute; el alboroto y sali&oacute; tambale&aacute;ndose de su cuarto. Al ver a la polic&iacute;a, intent&oacute; correr.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ni lo intentes, Norberto! &mdash;grit&oacute; Barrab&aacute;s.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Chinga tu madre! &mdash;respondi&oacute; el ladr&oacute;n, intentando escabullirse por la parte trasera. Pero los zapatos deportivos, los mismos que le permitieron huir la noche del robo, ahora le jugaron en contra. Al saltar sobre unos escombros en el patio, resbal&oacute; y cay&oacute; de bruces.&mdash; &iexcl;Carajo! &mdash;gru&ntilde;&oacute;, pero antes de que pudiera levantarse, ya ten&iacute;a a un polic&iacute;a encima.<\/p>\n<p>&mdash;Se acab&oacute;, muchacho &mdash;dijo el agente mientras le aseguraba las manos con las esposas.<\/p>\n<p>Dentro de su cuarto encontraron la navaja con restos de harina en la hoja. No hab&iacute;a m&aacute;s dudas: &eacute;l era el ladr&oacute;n.<\/p>\n<p>Barrab&aacute;s mir&oacute; a Norberto mientras era subido a la patrulla. El ladr&oacute;n a&uacute;n estaba aturdido, pero cuando sus ojos se encontraron, hubo un destello de furia en la mirada de Norberto.<\/p>\n<p>&mdash;Esto no se queda as&iacute;, pendejo &mdash;murmur&oacute;. La puerta se cerr&oacute; con un golpe y la patrulla arranc&oacute;, alej&aacute;ndose por la calle polvorienta.<\/p>\n<p>Barrab&aacute;s exhal&oacute;, cansado. Hab&iacute;a ganado esta vez. Pero en ese pueblo, los problemas nunca se quedaban resueltos por mucho tiempo.<\/p>\n<p>&mdash;Eres incre&iacute;ble &mdash;dijo Dulce de pronto.<\/p>\n<p>Antes de que &eacute;l pudiera reaccionar, sinti&oacute; sus labios tibios en la mejilla. Un beso r&aacute;pido, apenas un roce, pero suficiente para hacerle olvidar todo por un instante.<\/p>\n<p>Cuando Dulce se alej&oacute; con una sonrisa, Barrab&aacute;s se qued&oacute; inm&oacute;vil. De ni&ntilde;o hab&iacute;a so&ntilde;ado con ese momento. Ahora que hab&iacute;a ocurrido, no supo si se sent&iacute;a feliz o simplemente confundido. Suspir&oacute;. Ya lo pensar&iacute;a despu&eacute;s. Por ahora ten&iacute;a suficiente con un misterio resuelto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Casi todos los que conoc&iacute;a de la escuela cumpl&iacute;an 15 a&ntilde;os. Cada fin de semana hab&iacute;a una quincea&ntilde;era y &eacute;l siempre encontraba la manera de estar all&iacute;, a veces invitado, a veces colado. 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