{"id":2488,"date":"2025-04-15T15:25:57","date_gmt":"2025-04-15T15:25:57","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/04\/15\/la-reina-croabita\/"},"modified":"2025-04-15T15:25:57","modified_gmt":"2025-04-15T15:25:57","slug":"la-reina-croabita","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/narrativa\/la-reina-croabita\/","title":{"rendered":"La reina Croabita"},"content":{"rendered":"<p>En el estado de Guerrero, cerca del poblado de Balsas, se encuentra la comunidad de Campo Morado, que antiguamente fue un pueblo minero. Se trata de un lugar pintoresco, muy caliente, que aun conserva el sabor campirano, apacible, donde todav&iacute;a la gente se conoce entre s&iacute;, se saluda con cari&ntilde;o y vive tranquila.<\/p>\n<p>All&iacute; naci&oacute; Valent&iacute;n, un chamaco que, cuando era peque&ntilde;o, preocupaba a sus padres porque le gustaba salir al campo solo. En alguna de aquellas tardes su pap&aacute; lo sigui&oacute; sin que &eacute;l se diera cuenta, para descubrir que Valent&iacute;n se sentaba sobre una gran piedra a orilla del r&iacute;o Balsas, comenzaba a chiflar en un tono especial, y luego gesticulaba, se mov&iacute;a de un lado al otro y re&iacute;a de buena gana, pero no hab&iacute;a nadie. Estaba solo.<\/p>\n<p>Para Valent&iacute;n, tras pocos minutos, llegaba su amigo imaginario, llamado Chaco, con quien platicaba durante un buen rato. En su conversaci&oacute;n, juntos luchaban contra unas iguanas gigantes y enormes mazacuatas, serpientes como de 15 metros que se pueden comer un venado y hasta una vaca. Su misi&oacute;n era eliminar a esos depredadores y para ello contaban con unos rifles que cargaban terciados al hombro y que, en vez de balas, lanzaban un fuego mortal. Cuando sal&iacute;an a cazar lo hac&iacute;an montados sobre unas grandes &aacute;guilas, en las cuales sobrevolaban toda la regi&oacute;n.<\/p>\n<p>Pas&oacute; el tiempo y las charlas entre Valent&iacute;n y Chaco fueron siendo cada vez menos frecuentes hasta que desaparecieron. Sin embargo, ya de adolescente, Valent&iacute;n segu&iacute;a siendo un chico solitario. Ahora ten&iacute;a sus colecciones de insectos y mariposas. Ten&iacute;a preferencia por la mantis religiosa, conocida en el pueblo como ranilla. Tres caracter&iacute;sticas que le llamaban mucho la atenci&oacute;n de la mantis religiosa eran el hecho de que pod&iacute;a mimetizarse en muy poco tiempo: de tener un color verde que se confunde con una hoja, pasaba a un color caf&eacute; profundo como los palitos secos de la madera. Tambi&eacute;n le sorprend&iacute;a que, en los momentos de copulaci&oacute;n, la hembra mataba y se com&iacute;a al macho, y que no solo se alimentaba de insectos, sino que tambi&eacute;n llegaba a cazar colibr&iacute;es. Valent&iacute;n, adem&aacute;s, sab&iacute;a que si una vaca se come una ranilla, &eacute;sta se infla tanto que si no le pican la panza se muere en poco tiempo.<\/p>\n<p>Cierta tarde, andaba en busca de escarabajos, de los cuales ya ten&iacute;a dos de color tornasol y tres de cuerno grande, pero ahora buscaba un ruedacacas que, como su nombre lo dice, lentamente empuja con su cuerno una bolita de caca de alg&uacute;n animal. De repente vio una ranilla que se movi&oacute; para esconderse dentro unas piedras cubiertas de hojarasca. La perdi&oacute; de vista y solo vio saliendo de entre las piedras una varita seca que ten&iacute;a la apariencia de un peque&ntilde;o brazo humano. Le llam&oacute; mucho la atenci&oacute;n, tanto que fue a su casa y regres&oacute; con algo de herramienta para seguir investigando. Con mucho cuidado fue retirando las piedras y escarbando para descubrir que era un grotesco ente petrificado que poco a poco qued&oacute; al descubierto. Era un peque&ntilde;o hombre rana. El descubrimiento no le dio miedo, sigui&oacute; observ&aacute;ndolo y &eacute;ste comenz&oacute; a tomar vida&hellip; Primero abri&oacute; los ojos, luego abri&oacute; mucho la boca como bostezando, comenz&oacute; a balbucear y pronto pudo hablar.<\/p>\n<p>&mdash;Gracias por encontrarme. No soy ning&uacute;n genio ni voy a cumplirte ning&uacute;n deseo. Soy el resultado de un terrible conjuro, del cual fui v&iacute;ctima hace m&aacute;s de 200 a&ntilde;os. Solo tu voluntad y tu buen coraz&oacute;n podr&aacute;n ayudarme para recobrar mi estado natural de humano.<\/p>\n<p>Aunque no ten&iacute;a miedo, Valent&iacute;n estaba muy sorprendido. Record&oacute; las interminables pl&aacute;ticas que ten&iacute;a cuando era ni&ntilde;o con su amigo Chaco, pero ahora era distinto: estaba frente a un ser muy raro que med&iacute;a unos 30 cent&iacute;metros. Su cabeza era de rana, sus brazos y sus piernas muy largos y desproporcionados. Cuando lo mir&oacute;, sinti&oacute; que aquel hombrecillo ten&iacute;a un poder sobre &eacute;l: deb&iacute;a obedecerlo; sin embargo, regres&oacute; corriendo a casa y le platic&oacute; a sus padres lo que hab&iacute;a encontrado, pero no le creyeron, al contrario: pensaron que hab&iacute;a vuelto a tener conversaciones imaginarias, pero que por su edad ahora ya no eran tan normales&#8230;<\/p>\n<p>Pas&oacute; muchas horas sin saber qu&eacute; hacer. Por un lado, sent&iacute;a la obligaci&oacute;n de ayudarlo, pero por otro ten&iacute;a la duda de si lo estaba enga&ntilde;ando. &iquest;Y si se trata de un duende malvado?, pens&oacute; Valent&iacute;n.<\/p>\n<p>Al siguiente d&iacute;a regres&oacute; al lugar, ahora con mucho temor y curiosidad, pero con &aacute;nimo de ayudar a ese extra&ntilde;o ser. Cuando lo vio, el hombrecillo le grit&oacute;:<\/p>\n<p>&mdash;Sab&iacute;a que regresar&iacute;as. S&eacute; que eres un buen muchacho y que me ayudar&aacute;s, porque ahora que me has descubierto, sin tu ayuda solo tendr&eacute; dos d&iacute;as m&aacute;s de vida. Te contar&eacute; por qu&eacute; estoy aqu&iacute;, para que me ayudes&hellip;<\/p>\n<p>Me llamo Joamet, vengo de un reino desconocido donde se venera a la Reina Croabita, quien por medio de un rayo del divino sol cre&oacute; todo el universo. En ese lugar las ranas son sagradas. En la gran plaza hay un enorme charco rodeado de bellas flores donde habitan cientos de ranas de todas clases. Cuando toca la gran campana, todo el pueblo se re&uacute;ne alrededor para venerarlas. A lo largo de todas las calles hay canales para que vivan a gusto estos batracios y en la cima del cerro picudo, mirando hacia el valle, se encuentra el templo sagrado, all&iacute; est&aacute;n las gigantescas estatuas donde se veneran las otras diosas, hijas de Croabita: Mirla, diosa de la salud; Rami, de la fertilidad; Turla, de la lluvia; y otras siete que por no cumplir con las peticiones de los feligreses se encuentran tapadas, sin mencionar su nombre, hasta que la santa Madre Croabita levante su castigo. Yo trabajaba como artesano en el castillo del reino. Me enamor&eacute; profundamente de la princesa Filina, ella era inalcanzable para m&iacute;, por eso solo me conformaba con verla pasar todos los d&iacute;as. Ella se daba cuenta y, cierto d&iacute;a, al pasar volte&oacute; a verme y me sonri&oacute;, pero con tan mala suerte para m&iacute; que la vio el brujo Cambujo, que la acompa&ntilde;aba. Se lo comunic&oacute; al rey, quien, encolerizado, mand&oacute; que me apresaran y me ahorcaran. Pero el brujo le dijo que tendr&iacute;a un castigo peor para m&iacute;: convertirme en rana y enviarme a este lugar para vivir petrificado una eternidad. Pasaron 100 a&ntilde;os hasta que el brujo Cambujo record&oacute; que hab&iacute;a sido muy cruel conmigo, que la falta no era tal como para ese castigo, por lo que invoc&oacute; a los esp&iacute;ritus del terror y la maldad para un nuevo juicio. En medio de una gran cueva oscura, mi esp&iacute;ritu se encontr&oacute; rodeado de siete esp&iacute;ritus malignos, quienes discut&iacute;an si me levantaban el castigo. Despu&eacute;s de unas horas de discusi&oacute;n, los jueces, por votaci&oacute;n dividida, dieron su veredicto: me dar&iacute;an una oportunidad de vivir nuevamente, con la condici&oacute;n de que si en un futuro remoto alguien encontrara mi cuerpo, podr&iacute;a regresar a la vida bajo ciertas condiciones, pero solo servir&iacute;an por el escaso tiempo de tres d&iacute;as. Espero que conf&iacute;es en m&iacute; para que pueda regresar a la vida. Como el tiempo ya est&aacute; corriendo, en cuanto puedas, prepara un ramo con laurel, ruda y hojas de la mala mujer, lo mojas en un charco donde haya huevos de rana y limpiar&aacute;s con ello todo mi cuerpo.<\/p>\n<p>Era &eacute;poca de lluvias, as&iacute; que fue f&aacute;cil encontrar charcos para mojar el ramo m&aacute;gico, aunque Valent&iacute;n ten&iacute;a un poco de dudas al identificar cu&aacute;les eran las hojas de la mala mujer, sin embargo estaba cumpliendo con la primera tarea. Gran sorpresa tuvo Valent&iacute;n cuando, conforme iba limpiando los miembros de aquel hombrecillo, comenzaba a temblar cambiando, poco a poco, de un aparente aspecto de rama seca a la textura de carne humana.<\/p>\n<p>Ambos rieron con felicidad por lo que estaba sucediendo, anim&aacute;ndose para eliminar el horrible conjuro.<\/p>\n<p>&mdash;Debes conseguir un escarabajo tornasol, quitarle cuidadosamente su cuerno que tiene al frente. Ese cuerno, con mucho cuidado, lo clavar&aacute;s en mi frente mientras pronuncias las palabras m&aacute;gicas: &ldquo;Que el poder de este cuerno acabe con el aspecto que tengo y vuelva a ser como un humano&rdquo;.<\/p>\n<p>Al realizar el segundo requisito y clavar el cuerno en la frente de Joabet, &eacute;ste grit&oacute; de dolor. Valent&iacute;n dud&oacute; sobre si segu&iacute;a empujando, pero cuando vio que cambiaba de color y de aspecto, se sinti&oacute; tranquilo. Un rato despu&eacute;s, Joabet re&iacute;a a carcajadas y Valent&iacute;n brincaba y aplaud&iacute;a sin cesar. La felicidad de ambos ya era incontrolable, el horrible aspecto de rana hab&iacute;a desaparecido y el rostro sonriente de Joabet estaba a la vista.<\/p>\n<p>Pero faltaba lo principal: recobrar el tama&ntilde;o y la movilidad para salir de ese agujero donde se encontraba, ya quedaba poco tiempo, solo unas horas de la tarde y la &uacute;ltima condici&oacute;n era m&aacute;s complicada.<\/p>\n<p>&mdash;Le cortar&aacute;s la cola a una iguana verde, tomar&aacute;s un pu&ntilde;ado de huevos de rana del charco m&aacute;s cercano, los huevos los colocar&aacute;s sobre mi vientre. Una vez colocados no podr&aacute;s tocarlos, pero con la cola de la iguana que traer&aacute;s contigo, los ir&aacute;s separando uno a uno de ese pu&ntilde;ado gelatinoso, hasta formar un c&iacute;rculo alrededor de mi ombligo diciendo: &ldquo;Este conjuro ha terminado&rdquo;.<\/p>\n<p>Ahora Valent&iacute;n s&iacute; ten&iacute;a un gran problema, porque era amante de los animales y no quer&iacute;a dejar mutilada a una iguana. Sab&iacute;a perfectamente donde encontrar una, pero su dilema era decidir si ayudar a Joabet o no, y el tiempo segu&iacute;a corriendo: ya solamente quedaban unas cuantas horas. Antes de que Valent&iacute;n decidiera si hacerlo o no, la tarde se torn&oacute; oscura, un gran viento comenz&oacute; a soplar, los techos de las casas se desprendieron de los muros, empez&oacute; a llover cada vez m&aacute;s fuerte y no dej&oacute; de llover hasta que todo el pueblo desapareci&oacute; arrastrado por el agua.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el estado de Guerrero, cerca del poblado de Balsas, se encuentra la comunidad de Campo Morado, que antiguamente fue un pueblo minero. Se trata de un lugar pintoresco, muy caliente, que aun conserva el sabor campirano, apacible, donde todav&iacute;a la gente se conoce entre s&iacute;, se saluda con cari&ntilde;o y vive tranquila. 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