{"id":2474,"date":"2025-04-04T13:02:27","date_gmt":"2025-04-04T13:02:27","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/04\/04\/a-donde-vas-barrabas\/"},"modified":"2025-04-04T13:02:27","modified_gmt":"2025-04-04T13:02:27","slug":"a-donde-vas-barrabas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/escribir-para-divulgar\/a-donde-vas-barrabas\/","title":{"rendered":"A dnde vas, Barrabs?"},"content":{"rendered":"<p>Sebasti&aacute;n fue muy callado de ni&ntilde;o. Sin embargo, su maestra de quinto lo reconoci&oacute; con el primer lugar de aprovechamiento. Eso lo conmovi&oacute;, le hizo pensar que lo suyo era estudiar, por lo que se aplic&oacute; lo m&aacute;s que pudo y logr&oacute; llegar a la secundaria.<\/p>\n<p>En primer a&ntilde;o obtuvo el segundo lugar en el concurso interno de matem&aacute;ticas, quedando por debajo de su n&eacute;mesis, Roberto Vald&eacute;s, un chico de primero A que siempre le hac&iacute;a la competencia en todo: Correr, jugar a la pelota, conquistar a las chicas. Sebasti&aacute;n siempre trataba de ganarle y no lo lograba.<\/p>\n<p>El segundo lugar lo puso triste: &eacute;l habr&iacute;a ganado y lo sab&iacute;a. Estaba m&aacute;s triste que cuando se enter&oacute; de que la semana pasada hab&iacute;a muerto John Lennon. Pero lo peor fue que a la hora de las premiaciones su medalla hab&iacute;a desaparecido.<\/p>\n<p>Era un martes y era una ceremonia especial porque el director aprovechaba la visita del supervisor. &mdash;Te daremos tu medalla m&aacute;s adelante &mdash;dijo en el micr&oacute;fono con tono magn&aacute;nimo, y el supervisor asent&iacute;a contento con la soluci&oacute;n.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n estaba enojado y, en un arranque, se prometi&oacute; no volver a concursar en su vida. Sin embargo, la medalla s&iacute; la quer&iacute;a porque se la hab&iacute;a prometido a su abuelita Lolita.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente, mi&eacute;rcoles, durante la ma&ntilde;ana fue a preguntar por la medalla, y en la segunda vuelta, a la salida por la tarde, le dijeron que no la encontraban y que no hab&iacute;a presupuesto para hacer otra.<\/p>\n<p>Y entonces pens&oacute;: &iquest;por qu&eacute; desapareci&oacute;?<\/p>\n<p>Las secretarias de la direcci&oacute;n eran muy poco amigables con los estudiantes, o tal vez solo con &eacute;l. Tampoco eran muy agradables con los padres de familia: parec&iacute;a que le hac&iacute;an un favor a la gente tan solo con estar ah&iacute; sentadas. En ese entonces era muy dif&iacute;cil hacer una queja, por lo que ellas terminaban haciendo de las suyas siempre. Por ah&iacute; no encontr&oacute; ayuda.<\/p>\n<p>Con su prefecto, Jorge &ldquo;el gorras&rdquo;, era otra cosa. Un joven apenas m&aacute;s grande que los de tercero, rondando los veinte a&ntilde;os, y que, seg&uacute;n se enter&oacute; m&aacute;s adelante, ten&iacute;a el trabajo como un favor a su t&iacute;o, el jefe de los prefectos, y como ayuda a sus padres que ya no sab&iacute;an qu&eacute; hacer con &eacute;l.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;A d&oacute;nde vas, Barrab&aacute;s? &mdash;Lo atrap&oacute; Jorge escabull&eacute;ndose hacia el, ba&ntilde;o al final de la ceremonia de la bandera, un lunes de tantos.<\/p>\n<p>Jorge &ldquo;el Gorras&rdquo; lo mir&oacute; con esa sonrisa burlona que reservaba para sus momentos de autoridad.<\/p>\n<p>&mdash;Solo&#8230; necesito ir al ba&ntilde;o, profe &mdash;murmur&oacute; Sebasti&aacute;n, inc&oacute;modo por la atenci&oacute;n repentina.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Profe? Soy prefecto, chamaco. Y en la escuela se respetan los s&iacute;mbolos patrios &mdash;respondi&oacute; Jorge, elevando la voz para que todos escucharan&mdash;. Como Barrab&aacute;s, siempre quieres escaparte de tus responsabilidades.<\/p>\n<p>El apodo cay&oacute; como una sentencia. Para el mediod&iacute;a, hasta los profesores lo llamaban as&iacute;, y para el final de la semana, algunos ya hab&iacute;an olvidado que se llamaba Sebasti&aacute;n. Curiosamente, en vez de molestarlo, ese nombre le dio una nueva identidad. Ya no era el ni&ntilde;o callado que nadie notaba, sino Barrab&aacute;s, alguien con presencia propia.<\/p>\n<p>Con el tiempo, descubri&oacute; que ser Barrab&aacute;s le daba una libertad que Sebasti&aacute;n nunca tuvo: la de cuestionar, de investigar, de meterse donde nadie lo llamaba. Como ahora, con el asunto de la medalla.<\/p>\n<p>&ldquo;El Gorras&rdquo; era alto y con melena ondulada, que contrastaba con el corte de los estudiantes y los peinados ase&ntilde;orados de los profesores. Al igual que su t&iacute;o, usaba gafas oscuras y andaba siempre con atuendo deportivo.<\/p>\n<p>Fue muy comunicativo con Sebasti&aacute;n: las medallas estaban junto a la puerta de la direcci&oacute;n, bajo carpetas de otros documentos que se deb&iacute;an entregar durante esa ceremonia. Hab&iacute;an estado ah&iacute; desde el d&iacute;a anterior porque Conchita, la secretaria del director, pidi&oacute; permiso para el d&iacute;a de la ceremonia y dej&oacute; todo preparado para la misma. Eso daba varias horas para tomarlas, y cualquiera que entrara a la direcci&oacute;n podr&iacute;a haberlo hecho.<\/p>\n<p>Una medalla de esas no es un objeto muy grande, por lo que no era dif&iacute;cil de esconder en el bolsillo. Pero &iquest;a qui&eacute;n le interesaba tomar una medalla que no era suya? No eran muy caras. &iquest;Y por qu&eacute; la de segundo lugar? &iquest;Por qu&eacute; no todas?<\/p>\n<p>No se le ocurr&iacute;a ning&uacute;n sospechoso si usaba la regla de oro de los detectives que hab&iacute;a le&iacute;do en la biblioteca de la escuela: motivo, oportunidad, medio. No conoc&iacute;a el motivo. Ni mucho menos imaginaba cu&aacute;l era el medio, y oportunidades eran demasiadas, tantas como personas que entraran en la direcci&oacute;n antes de la ceremonia.<\/p>\n<p>Jugar al detective no es cosa f&aacute;cil.<\/p>\n<p>El jueves esper&oacute; hasta que la direcci&oacute;n estuviera vac&iacute;a, justo a la hora en que las secretarias salen a desayunar, ya sea escondi&eacute;ndose en alguna sala de juntas o en la fonda de enfrente. Pero no estaba del todo vac&iacute;a, no eran tontas: la se&ntilde;ora de intendencia estaba recogiendo la basura de los botes, quej&aacute;ndose de que el cami&oacute;n de la basura no hab&iacute;a pasado. Pero Sebasti&aacute;n pudo entrar diciendo algo que era media verdad: &ldquo;se me perdi&oacute; mi medalla y quiero ver si no se cay&oacute; abajo del mostrador&rdquo;. Aparte de un par de monedas, l&aacute;pices mordidos e infinidad de basuritas y polvo no encontr&oacute; nada. Fue un callej&oacute;n sin salida, como dec&iacute;an en los cuentos de detectives. Segu&iacute;a igual que antes.<\/p>\n<p>Se pas&oacute; el resto de la ma&ntilde;ana d&aacute;ndole vueltas al asunto. A la hora del receso, cuando estaba comiendo su s&aacute;ndwich bajo la sombra del &uacute;nico &aacute;rbol del patio, not&oacute; que Roberto lo miraba desde lejos. Por un momento pens&oacute; que lo hab&iacute;a descubierto husmeando en la direcci&oacute;n. El coraz&oacute;n le lati&oacute; con fuerza. Roberto se acerc&oacute; con paso decidido.<\/p>\n<p>&mdash;Te estaba buscando &mdash;le dijo sin rodeos.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n trag&oacute; saliva.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;A m&iacute;? &iquest;Por qu&eacute;?<\/p>\n<p>&mdash;Mi mam&aacute; me dijo que fuiste a preguntar por tu medalla. Dice que seguro la robaste t&uacute; mismo para llamar la atenci&oacute;n.<\/p>\n<p>La acusaci&oacute;n lo dej&oacute; helado. No solo no ten&iacute;a su medalla, sino que ahora lo acusaban de mentiroso. Sinti&oacute; que las mejillas le ard&iacute;an de rabia.<\/p>\n<p>&mdash;Yo no rob&eacute; nada &mdash;respondi&oacute; conteniendo la ira&mdash;. Y voy a demostrarlo.<\/p>\n<p>Roberto lo mir&oacute; con duda en los ojos antes de alejarse.<\/p>\n<p>&mdash;Como sea. No me importa si ganaste el segundo lugar. Yo gan&eacute; el primero, justamente.<\/p>\n<p>&iquest;Justamente? La palabra reson&oacute; en su cabeza. Si Roberto cre&iacute;a que hab&iacute;a ganado limpiamente, entonces no estaba involucrado en la desaparici&oacute;n de la medalla. El verdadero culpable era otro.<\/p>\n<p>Cuando son&oacute; el timbre de salida, Sebasti&aacute;n ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que lo vigilaban. Al salir del sal&oacute;n, vio al Gorras hablando con Conchita en voz baja. Ambos lo miraron de reojo. Un escalofr&iacute;o le recorri&oacute; la espalda.<\/p>\n<p>Casi todos los ni&ntilde;os se iban caminando a casa. En su caso, su ruta hacia el mercado pasaba por un terreno bald&iacute;o como atajo. Ah&iacute; vio a Roberto discutir con Gaspar, de segundo C. En el suelo yac&iacute;a un chico de primero y Roberto le reclamaba a Gaspar por el maltrato hacia el ni&ntilde;o. Gaspar lanz&oacute; sin aviso un pu&ntilde;etazo que Roberto esquiv&oacute; sin problema, al tiempo que con el mismo impulso giraba completamente y asestaba una patada en el est&oacute;mago que dej&oacute; al oponente sin aire. La pandilla de Gaspar y los dem&aacute;s ni&ntilde;os que hab&iacute;an hecho el corro se quedaron pasmados. Estaban a punto de lanzar un &ldquo;&iexcl;pelea, pelea!&rdquo; cuando el grito de &ldquo;&iexcl;ah&iacute; viene el Gorras!&rdquo; dispers&oacute; como rayo al grupito.<\/p>\n<p>Siempre que pasaba algo, as&iacute; los formaban a la hora de entrada y les soltaban tremendo discurso sobre &ldquo;el buen comportamiento&rdquo;, a la vez que anunciaban el castigo a los infractores. Sin embargo, ese viernes por la ma&ntilde;ana no ocurri&oacute; nada de eso.<\/p>\n<p>&ldquo;Claro &mdash;dec&iacute;a Octavio, el m&aacute;s chismoso del primero B, incluso m&aacute;s que Rosita del A&mdash;, &iquest;c&oacute;mo van a decir algo si Roberto es hijo de Conchita, y dicen que anda con el director?&rdquo;<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n no conoc&iacute;a el pecado, o al menos eso dec&iacute;a su abuelita Lolita cuando sal&iacute;an de misa. &Eacute;l solo iba por las golosinas que le compraban en la salida. No conoc&iacute;a el pecado, pero s&iacute; el amor, pues sab&iacute;a que har&iacute;a cualquier cosa por Lolita, y una de las cosas que quer&iacute;a hacer era darle esa medalla.<\/p>\n<p>En su cabezota se form&oacute; una teor&iacute;a que, en su corta edad, era a la vez fant&aacute;stica y atrevida, pero factible. El s&aacute;bado hab&iacute;a poco movimiento en la escuela: como pagaban solo tres maestros de educaci&oacute;n f&iacute;sica, casi siempre se atend&iacute;a un solo grupo cada semana. Este s&aacute;bado no le tocaba, pero se col&oacute; con unos amigos del grupo C. Con el pretexto de ir al ba&ntilde;o, se despidi&oacute; y fue a la parte trasera de la escuela.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Mira nada m&aacute;s c&oacute;mo vienes, chamaco! &mdash;le dijo la abuela sorprendida.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n le dijo que solo iba para darle la medalla, que ya la hab&iacute;an encontrado y se la hab&iacute;an dado (otra de sus mentiras a medias). Esa medalla estuvo colgada en el puesto del mercado de la abuela hasta que falleci&oacute; y alguien m&aacute;s tom&oacute; el lugar. Le gustaba la sonrisa de la abuela. Ella lo hab&iacute;a criado cuando se qued&oacute; solo en el mundo. Por eso entend&iacute;a lo que el amor de una madre hace por su hijo, sobre todo una madre sola.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n Cuatle Tepox, m&aacute;s tarde conocido como Barrab&aacute;s, no conoc&iacute;a la palabra corrupci&oacute;n, pero imaginaba a Conchita enojada porque hab&iacute;a ganado algo en el concurso. Lo confirm&oacute; m&aacute;s tarde: ella ten&iacute;a los resultados y vio c&oacute;mo la diferencia entre su hijo y Sebasti&aacute;n era de un punto, que en realidad Sebasti&aacute;n lo hab&iacute;a perdido por error del jurado. Para que no quedara duda de que su hijo hab&iacute;a ganado, tir&oacute; la carpeta con todos los ex&aacute;menes a la basura, donde iba tambi&eacute;n la medalla, tan barata que casi no pesaba, traspapelada.<\/p>\n<p>Afortunadamente, en ese entonces el cami&oacute;n de la basura pasaba un d&iacute;a no y el otro tampoco, por lo que pudo encontrar tanto la medalla como la evidencia del fraude, eso s&iacute;, d&aacute;ndose un ba&ntilde;o de suciedad olorosa por los restos de comida de la escuela. La misma intendente que el jueves le permiti&oacute; entrar a la direcci&oacute;n le hab&iacute;a dado la idea cuando, a la salida del viernes, se quejaba de que la basura pasar&iacute;a hasta el lunes.<\/p>\n<p>En ese entonces Barrab&aacute;s todav&iacute;a ten&iacute;a el coraz&oacute;n muy tierno y pens&oacute; que decir toda la verdad iba a afectar a Roberto, quien en realidad no hizo nada, y hab&iacute;a demostrado ser un digno rival. Eso s&iacute;, deb&iacute;a prepararse en lo de los golpes por si alg&uacute;n d&iacute;a se daba por ah&iacute; la competencia.<\/p>\n<p>El lunes esper&oacute; con paciencia. Vio salir al director a su reuni&oacute;n con el supervisor y not&oacute; que Conchita se hab&iacute;a quedado sola en la direcci&oacute;n. Entr&oacute; sin golpear. Llevaba la medalla en el bolsillo y una carpeta sucia bajo el brazo.<\/p>\n<p>&mdash;Buenos d&iacute;as, se&ntilde;ora Conchita &mdash;dijo Sebasti&aacute;n sin titubear.<\/p>\n<p>La secretaria apenas levant&oacute; la mirada de sus papeles.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres, ni&ntilde;o? Estoy ocupada.<\/p>\n<p>Sebasti&aacute;n sac&oacute; la medalla y la coloc&oacute; sobre el escritorio. El rostro de Conchita cambi&oacute; de inmediato.<\/p>\n<p>&mdash;La encontr&eacute;, ya sabe d&oacute;nde &mdash;dijo se&ntilde;alando discretamente la carpeta que tra&iacute;a&mdash;, con un mont&oacute;n de hojas que luego le muestro.<\/p>\n<p>Conchita mir&oacute; la medalla y luego la carpeta manchada. Reconoci&oacute; los restos de comida pegados al papel. Sus ojos se abrieron como platos.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;De d&oacute;nde sacaste eso? &mdash;pregunt&oacute; bajando la voz.<\/p>\n<p>&mdash;De la basura. La misma donde tir&oacute; los ex&aacute;menes del concurso.<\/p>\n<p>Se miraron un momento. No hizo falta decir m&aacute;s. Sebasti&aacute;n tom&oacute; de nuevo la medalla y la guard&oacute; en su bolsillo.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Vas a decirle al director? &mdash;pregunt&oacute; Conchita con voz apenas audible.<\/p>\n<p>&mdash;No. Roberto no tiene la culpa. Pero usted y yo sabemos la verdad.<\/p>\n<p>Y sali&oacute; de ah&iacute; con una sonrisa, tarareando &ldquo;We Are the Champions&rdquo;, de Queen, satisfecho no tanto por haber ganado, sino por haber descubierto que ser Barrab&aacute;s ten&iacute;a sus ventajas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sebasti&aacute;n fue muy callado de ni&ntilde;o. Sin embargo, su maestra de quinto lo reconoci&oacute; con el primer lugar de aprovechamiento. Eso lo conmovi&oacute;, le hizo pensar que lo suyo era estudiar, por lo que se aplic&oacute; lo m&aacute;s que pudo y logr&oacute; llegar a la secundaria. 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