{"id":2460,"date":"2025-03-25T13:22:41","date_gmt":"2025-03-25T13:22:41","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/03\/25\/tacos\/"},"modified":"2026-04-30T16:28:38","modified_gmt":"2026-04-30T16:28:38","slug":"tacos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/ensayo\/tacos\/","title":{"rendered":"Tacos"},"content":{"rendered":"<p><em>&ldquo;La verdadera cocina es un arte sedentaria que, nacida con el primer asentamiento humano al borde de un r&iacute;o pesquero o bajo unos &aacute;rboles frutales, fue enriqueci&eacute;ndose y depur&aacute;ndose&hellip;&rdquo;<\/em><\/p>\n<p>Julio Camba<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El t&eacute;rmino cultura es un concepto demasiado amplio y complejo que numerosas corrientes de la antropolog&iacute;a, la filosof&iacute;a y la sociolog&iacute;a intentan definir sin llegar a un acuerdo que deje satisfechas a todas las voces implicadas en la discusi&oacute;n. Y es que la cultura se define desde adentro, por los protagonistas de ella. Por lo tanto, una definici&oacute;n con pretensiones universalistas, o que provenga de un discurso hegem&oacute;nico, ser&aacute; insuficiente para delimitar las particularidades de cada poblaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Sin embargo, en este art&iacute;culo aportaremos una idea general, no definitoria, del concepto. Entendemos cultura mexicana a mediados de la tercera d&eacute;cada del siglo XXI como el conjunto de conductas aprendidas socialmente que, mediante la socializaci&oacute;n durante la primera infancia, y a&uacute;n despu&eacute;s de ella, se convierten en una forma de vida y una visi&oacute;n de mundo compartida por un sector poblacional espec&iacute;fico. La cultura se construye con el idioma, la moral, la tecnolog&iacute;a, las creencias ideol&oacute;gicas imperantes en un momento hist&oacute;rico irrepetible.<a href=\"#_edn1\" name=\"_ednref1\">[1]<\/a>,<a href=\"#_edn2\" name=\"_ednref2\">[2]<\/a> Tales nociones construyen la identidad del individuo que pertenece a dicha sociedad. Los sabores, el tipo de m&uacute;sica, la moda, el arte y el desarrollo de actividades cotidianas est&aacute;n condicionados por el medio en el que se desenvuelve el sujeto, por lo tanto, el significado que le otorgue a cada actividad ser&aacute; una derivaci&oacute;n personal del que le impuso su colectividad.<\/p>\n<p>Pedimos disculpas por nuestra tosca y sin duda superficial noci&oacute;n de cultura. Sin embargo, en descargo de ella dejamos claro que este articulo no se propone definirla, sino dar un ejemplo de c&oacute;mo se vive en un momento hist&oacute;rico irrepetible.<\/p>\n<p>La gastronom&iacute;a es una fuente importante para entender la cultura en su medio. Porque en el sabor de los alimentos podemos indagar sobre la agricultura de una regi&oacute;n, su historia, sus valores econ&oacute;micos, su comercio, su idiosincrasia. Por ejemplo: no es ins&oacute;lito que Puebla, esa ciudad de arquitectura barroca, creara los famosos chiles en nogada, un platillo que combina un n&uacute;mero exagerado de ingredientes que van desde el chile poblano hasta la nuez de castilla, pasando por la carne de cerdo, el durazno, la nogada, la granada y el perejil, como un reflejo gastron&oacute;mico de la cultura recargada donde el platillo naci&oacute;. No es el &uacute;nico manjar con estas caracter&iacute;sticas en la entidad. El mole poblano es una combinaci&oacute;n barroca de ingredientes que van desde el chocolate, el pollo y la vainilla hasta la tortilla quemada y una variada combinaci&oacute;n de chiles; lo mismo ocurre con las cemitas o el pipi&aacute;n. En los platillos poblanos reconocemos la historia religiosa de la ciudad, pues en su mayor&iacute;a fueron creados por monjas en conventos donde surgieron especialidades culinarias deliciosas. Tambi&eacute;n se pueden rastrear los productos ganaderos y agr&iacute;colas que imperaban en la regi&oacute;n antes de que las redes comerciales se tornaran tan eficaces como en la actualidad. Recordemos que Puebla fue edificada a medio camino entre Ciudad de M&eacute;xico y Veracruz y en su origen la urbe estaba rodeada por campos de ma&iacute;z, chile, haba, calabaza y manzana, mismos que a&uacute;n persisten como base en los ingredientes de su cocina. Puebla tiene una gastronom&iacute;a de la combinaci&oacute;n, de la abundancia y el derroche porque as&iacute; fueron sus condiciones originales.<\/p>\n<p>En el extremo opuesto encontramos a Monterrey. Si bien la capital de Nuevo Le&oacute;n en la actualidad goza de todos los beneficios de una ciudad rica y pujante, no siempre fue as&iacute;. Siglos atr&aacute;s la gente que migraba al Nuevo Reino de Le&oacute;n ten&iacute;a muchas dificultades de adaptaci&oacute;n. Entre otras cosas, debido a la poca variedad de productos agr&iacute;colas que pod&iacute;a sembrar y al clima extremo que sube a los 45&deg;C<a href=\"#_edn3\" name=\"_ednref3\">[3]<\/a> en verano y baja a -5&deg;C en invierno. Si bien es cierto que Diego de Montemayor fund&oacute; Monterrey en las inmediaciones del ojo de agua de Santa Luc&iacute;a, cerca de la cuenca del r&iacute;o Santa Catarina,<a href=\"#_edn4\" name=\"_ednref4\">[4]<\/a> tambi&eacute;n es verdad que la resequedad del suelo y las duras condiciones ambientales orillaron a los primeros regiomontanos a subsistir con base en una alimentaci&oacute;n animal. Tampoco es un secreto que familias de origen jud&iacute;o sefardita migraron a Monterrey luego de no encontrar refugio en ning&uacute;n otro rinc&oacute;n de la Nueva Espa&ntilde;a. Quiz&aacute; eso explique que en su origen la gastronom&iacute;a neoleonesa se inclinara m&aacute;s por el consumo caprino que por el de la carne de cerdo, prohibida por la religi&oacute;n jud&iacute;a. En la actualidad reconocemos este rasgo en uno de los platillos regios por excelencia: el cabrito. Ese manjar anta&ntilde;o era la cotidiana merienda pues, seg&uacute;n el informe escrito en 1791 por el te&oacute;logo Gaspar Gonz&aacute;lez de Candamo, Monterrey en aquella &eacute;poca ten&iacute;a las siguientes caracter&iacute;sticas:<\/p>\n<p>El suelo de la ciudad es bastante h&uacute;medo, y el aire caliente en extremo la mayor parte del a&ntilde;o, sin que los vientos del medio d&iacute;a, que son los que m&aacute;s generalmente soplan, impedidos y detenidos por las monta&ntilde;as inmediatas, puedan ba&ntilde;arla y refrescarla ni a&uacute;n por las noches. De esto proviene que las carnes se corrompan al momento, de manera que apenas pueden conservarse frescas el mismo d&iacute;a en que se matan las reses, y lo mismo sucede con todos los dem&aacute;s alimentos, sin que puedan eximirse de la corrupci&oacute;n general los que son menos propensos a ella, como el frijol y el garbanzo que a pocos meses se pican y apolillan por m&aacute;s cuidado que se pongan en preservarlos. (&hellip;) por el poco consumo de su vecindario corto y pobr&iacute;simo no ha habido hasta ahora abasto de carne, y el que se ha puesto en el d&iacute;a, viene a ser como si no lo hubiera. (Rangel Guerra, 43)<\/p>\n<p>Queda claro que la gastronom&iacute;a expone la cultura de una regi&oacute;n. Por lo tanto, en este articulo nos proponemos generar la reflexi&oacute;n del origen culinario de diez delicias, consideradas por nosotros como los m&aacute;s exquisitos tacos del territorio nacional.<a href=\"#_edn5\" name=\"_ednref5\">[5]<\/a>,<a href=\"#_edn6\" name=\"_ednref6\">[6]<\/a> Aqu&iacute; nuestro Top Diez de valores culturales envueltos en una tortilla y d&oacute;nde encontrarlos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"10\">\n<li><strong> Tacos de chorizo verde (Toluca, Estado de M&eacute;xico)<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Si&eacute;ntense a probar los deliciosos tacos de chorizo. Es claro que en todo el pa&iacute;s hay productos embutidos de diferente calidad. Pero el mejor chorizo es el que se comercia en los puestos y restaurantes de Toluca, Estado de M&eacute;xico. Desde Lerma los puede encontrar el viajero, pero por la tradici&oacute;n y el sabor nos atrevemos a escribir que hay dos lugares donde est&aacute;n los superiores: en la avenida Tollocan, cerca de la Universidad, y en un negocio establecido en los portales, pr&oacute;ximo al Cosmovitral. El chorizo toluque&ntilde;o se degusta en torta o en taco. Adem&aacute;s, viene en dos presentaciones: rojo o verde, y cuando se prepara con salsa picante y se acompa&ntilde;a con un refresco (de dieta, para no engordar) es un manjar digno de ocupar el d&eacute;cimo sitio de nuestro top diez.<\/p>\n<p>El autor de este art&iacute;culo fue a Toluca para dar una charla de literatura a los estudiantes de una universidad mexiquense y al final de aquella perorata que el p&uacute;blico estudiantil afortunadamente toler&oacute; sin dormirse, los organizadores me invitaron a comer chorizo &ldquo;sin albur&rdquo;, fueron sus palabras, aunque yo no hab&iacute;a reparado en el doble sentido. No estoy seguro, pero creo que en el Estado de M&eacute;xico (El Estado, a secas, como lo conocen sus habitantes) pronunciar la palabra chorizo significa que inmediatamente tienes que decir, &ldquo;te sientas&rdquo; o &ldquo;me agarras&rdquo; o &ldquo;sin albur&rdquo;. De cualquier forma, acced&iacute; al convite de los acad&eacute;micos.<\/p>\n<p>Ya en el negocio de chorizo nos sentamos a degustar, sin albur, el embutido m&aacute;s exquisito de M&eacute;xico. Mientras com&iacute;amos, un representante de la sabidur&iacute;a popular relat&oacute; una creencia no comprobada, pero muy difundida entre los toluque&ntilde;os. &iquest;Mito urbano o realidad? Lo cierto es que seg&uacute;n la gente el origen del chorizo se remonta a la cultura Matlazinca, quienes guerreaban contra los <em>Cuauhtecutli<\/em> y <em>Ocelotecutli<\/em> mexicas que pretend&iacute;an someterlos para exigirles tributo. El venerable sabio coment&oacute;, mientras los taqueros confirmaban con movimientos de cabeza (te sientas), que los guerreros mexicas capturados en batalla terminaban embutidos (te doy). Es decir: la carne (te presto) del guerrero enemigo se mol&iacute;a y se le agregaban diferentes chiles (pruebas) y especias para posteriormente convertirlo en salchicha (sobas).<a href=\"#_edn7\" name=\"_ednref7\">[7]<\/a> Ya se sabe, los mexicas eran muy odiados por sus vecinos debido a sus pr&aacute;cticas imperiales por eso los que ca&iacute;an prisioneros de guerra eran cocinados vivos y se los com&iacute;an para mostrarles desprecio. Al saber la historia no perd&iacute; apetito, al contrario, solicit&eacute; otra ronda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"9\">\n<li><strong> Taco envenenado (Zacatecas, Zacatecas)<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>La ciudad m&aacute;s hermosa de M&eacute;xico es Zacatecas. No tiene comparaci&oacute;n en cuanto a deleite arquitect&oacute;nico y trato humano. Quiz&aacute; Campeche y Guanajuato se le acercan, pero dada la oferta cultural de la ciudad del Cerro de la Bufa, y la amabilidad de los zacatecanos, es un imperdible dentro del territorio nacional. Mucho que ver, mucho que recorrer, mucho que comer. La tambora toca entre los callejones mientras la gente se emborracha y se divierte. Tienen el mirador de la Bufa, el parque Sierra de Alica, La Mina, La Alameda Trinidad Garc&iacute;a, etc. Una ciudad espl&eacute;ndida que cuenta con una gastronom&iacute;a a su altura.<\/p>\n<p>Antes de salir del hotel pregunt&eacute; a la recepcionista un lugar para comer y me recomend&oacute; (con ese tono de voz tan suyo: un acento que no se encuentra en ning&uacute;n otro lado, medio norte&ntilde;o, medio cantadito) que fuera directo a los tacos envenenados que est&aacute;n a unas calles de la Casa de Cultura. Segu&iacute; sus consejos y me dirig&iacute; con bastante hambre al lugar. Al llegar me sorprendi&oacute; la sencillez del platillo. Es solo un taco dorado con carne y un chile toreado. Nada m&aacute;s. Pens&eacute; que no dejar&iacute;a satisfecho a mi, a veces, exigente paladar. Incluso estuve tentado a pedir otra cosa para comer, un guisado o una pizza. Pero dicen que lugar a donde vayas haz lo que vieres: observ&eacute; a dos se&ntilde;ores zacatecanos, bigotones y panzones, que devoraban con fruici&oacute;n aquel potaje. &ldquo;<em>Tan buenos, oiga<\/em>&rdquo;, expresaron con la boca llena. Son buena onda los zacatecanos. Siempre sonrientes y con ese aire de sabios provincianos convencen a cualquiera. &ldquo;<em>Pru&eacute;balos, te gustar&aacute;n<\/em>&rdquo;, confirm&oacute; la mesera. La chica ten&iacute;a unos ojazos verdes y una sonrisa a la que no se le niega nada (como la sonrisa de todas las zacatecanas, dicho sea de paso: las mujeres m&aacute;s bellas de M&eacute;xico). Entonces me arriesgu&eacute; a pedir uno, &ldquo;<em>para el antojo<\/em>&rdquo;. El taco envenenado tiene pocos ingredientes: una tortilla de ma&iacute;z, papas, frijol, cebolla, queso y carne de res. Te lo sirven con lim&oacute;n y un chile toreado. Aunque eso s&iacute;, te recomiendan una coca o agua fresca para aguantar el picante. Y hacen bien porque pican que da gusto. La tortilla frita truena en la lengua y el chile libera sus propiedades, mismas que la acidez del lim&oacute;n se encarga de magnificar. Los se&ntilde;ores zacatecanos los com&iacute;an como si nada, pero yo no. Sospecho que fue muy evidente mi malestar cuando empec&eacute; a toser y los zacatecanos rieron mientras repet&iacute;an: <em>&ldquo;&iquest;Est&aacute;n buenos? Ey, &iquest;Te lo comiste a las bravas?<\/em>&rdquo;. La muchacha me mir&oacute; preocupada y me puso la coca en la mano mientras me echaba aire con el men&uacute;. &ldquo;<em>Bebe<\/em>&rdquo;, dec&iacute;a medio riendo, medio preocupada. Supongo que ninguna mesera desea que un comensal muera en su turno. Casi no pod&iacute;a respirar. Desesperadamente vaci&eacute; de un trago mi botella de soda y ped&iacute; otra mientras jalaba aire con dificultad. Luego me reestablec&iacute; un poco y segu&iacute; mi personal lucha contra ese taco envenenado. Ignoro el origen de su nombre, pero a m&iacute;, perm&iacute;tanme la met&aacute;fora, me pareci&oacute; morder un alacr&aacute;n cuando el chile toreado me sac&oacute; el sudor de la frente y tal vez humo de las orejas o de alguna otra parte. &iexcl;Qu&eacute; bueno estaba el condenado taquito! Obvio, ped&iacute; otros dos. Desde aquella tarde la sensaci&oacute;n crocante, aunado al sabor de la carne y el saz&oacute;n zacatecano se quedaron grabados en mi coraz&oacute;n. No olviden visitar Zacatecas para probar, entre sus m&uacute;ltiples delicias, estos sencillos tacos que no los dejar&aacute;n indiferentes. Son riqu&iacute;simos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"8\">\n<li><strong> Taco Fish (Los Cabos &ndash; La Paz, Baja California Sur)<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Si est&aacute;s en La Paz debes probar los deliciosos tacos de pescado frito que ofertan peque&ntilde;os y medianos establecimientos a lo largo del malec&oacute;n y cerca del mercado popular. Es toda una experiencia culinaria salir de la bah&iacute;a despu&eacute;s de nadar con un tibur&oacute;n ballena y luego consumir en Taco Fish los productos gourmet que dejar&aacute;n satisfecho a tu paladar, por muy exigente que sea. Hay de todos los sabores del mar: los tacos de pescado empanizado son la especialidad, pero tambi&eacute;n ofertan tacos de camar&oacute;n, de pulpo, de calamar, de jaiba. Pides tu orden y despu&eacute;s, como un buffet, agregas las salsas o ensaladas de tu gusto. Los Taco Fish son representativos de la comida pace&ntilde;a. Afortunadamente son el lado opuesto de los ic&oacute;nicos &ldquo;<em>hates<\/em>&rdquo;<a href=\"#_edn8\" name=\"_ednref8\">[8]<\/a> que no recomendamos consumir. Los jates son una simulaci&oacute;n de hot dog, pero de &iacute;nfima calidad, peores que los que vend&iacute;an en las tiendas de conveniencia de las dos o y las dos x. El jate pace&ntilde;o es un bolillo blando, comprado en un almac&eacute;n de autoservicio, con una salchicha barata ba&ntilde;ada en grasa, un poco de mayonesa y un chile en vinagre. A veces le ponen cebolla y jitomate, pero no siempre. El jate es una aberraci&oacute;n culinaria que los habitantes de La Paz ponderan tanto como Playa Balandra o el Tecolote. Desde aqu&iacute; aconsejamos: vayan a Balandra, pero &iexcl;nunca coman jates! Aparte de su sabor desagradable y su textura corriente, son indigestos. No se arriesguen. Especialmente con los que se ponen en un carrito cerca de la central de autobuses de La Paz. No lo coma. No se arriesgue, compa. Mejor busque los tacos de pescado. Te los sirven con tortilla de ma&iacute;z o harina, como t&uacute; prefieras. Tambi&eacute;n es posible encontrarlos en Los Cabos. El autor de este art&iacute;culo recomienda los que venden cerca de Plaza Mijares, en San Jos&eacute; del Cabo. Ah&iacute; puedes consumir grandes cantidades del manjar a un precio accesible mientras conversas con turistas en traje de ba&ntilde;o acerca del avistamiento de ballenas o la temporada de <em>spring break<\/em>. Ahora ya sabes. En Baja California Sur solo necesitas una cerveza para resistir el calor y un Taco Fish para satisfacer el hambre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"7\">\n<li><strong> Panuchos (M&eacute;rida, Yucat&aacute;n)<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>En Yucat&aacute;n existe una comunidad de gente amable, cuya gastronom&iacute;a se habla al t&uacute; por t&uacute; con la mejor cocina del mundo. Me refiero a Puerto Progreso, un sitio inolvidable por el color turquesa del mar, la playa de fina arena y los atardeceres rojos apreciados desde el muelle. Puerto Progreso es una comunidad que genera muchos ingresos por el turismo que la visita. Y no es para menos: beber una cerveza en esa playa y comer en el mercado los salbutes, panuchos, la cochinita pibil y los machetes con salsa habanera y cebolla morada es una experiencia deliciosa. En el n&uacute;mero siete de nuestro conteo de la mejor cocina nacional encontramos un antojito que si bien no es un taco propiamente dicho se le parece. El panucho es una tortilla de ma&iacute;z tostada y rellena de frijol, a la que se le a&ntilde;ade cochinita pibil, cebolla morada y salsa de chile habanero. Es un placer observar las pac&iacute;ficas olas del mar yucateco mientras se degusta esta delicia culinaria. Recomendamos los panuchos que venden en la playa de Puerto Progreso, pero el platillo es f&aacute;cilmente localizable en la pen&iacute;nsula, lo mismo en el mercado afuera de Chich&eacute;n Itz&aacute; que en las fondas de Izamal o Valladolid. Tambi&eacute;n saben ricos los que venden en M&eacute;rida. Algunos de los m&aacute;s agradables panuchos se localizan en la calle 57, a un costado del parque Santiago. Ah&iacute;, por las noches, una se&ntilde;ora de nombre Jovita Pech prepara bocadillos inolvidables. Si vas a M&eacute;rida no olvides disfrutar su gastronom&iacute;a. Es tan ic&oacute;nica como vestir la tradicional guayabera, ver los bailes de marimba frente a la catedral o escuchar a Manzanero. Hay otros negocios de panuchos y cochinita pibil en el Paseo Montejo que tambi&eacute;n son un placer enorme degustar, incluso recomiendo los puestos de comida que se ubican aleda&ntilde;os al centro de convenciones de Yucat&aacute;n o a la central de autobuses. Hay panuchos para todos los presupuestos. Pero eso s&iacute;, aseg&uacute;rate llevar varias horas de ayuno antes de comerlos porque no te conformar&aacute;s con solo uno.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"6\">\n<li><strong> Tacos de cecina (Yecapixtla, Morelos)<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Si viajas al estado de Morelos no olvides degustar un platillo exquisito para todos los paladares (excepto veganos). Me refiero a la cecina. Los ingredientes de este plato son: carne asada de res, salada y reseca por el sol, aguacate, queso blanco, lim&oacute;n, guacamole, humeantes tortillas de ma&iacute;z hechas a mano, nopales y cebolla. Todo servido de manera abundante. La puedes acompa&ntilde;ar con refresco o cerveza, pues dadas las condiciones de calor suele ser un excelente remedio para aligerar la tarde. La cecina naci&oacute; en el pueblo de Yecapixtla, Morelos, y de ah&iacute; se extendi&oacute; a otras localidades tanto dentro como fuera del estado. Por ello es posible encontrar cecina en Cuautla, Cuernavaca, Tepoztl&aacute;n, e incluso en Iz&uacute;car de Matamoros y Atlixco, estos &uacute;ltimos municipios del estado de Puebla. Generalmente la cecina se consume en puestos de mercado; indiscutiblemente la m&aacute;s sabrosa, aunque el lugar, seamos sinceros, es inc&oacute;modo. Los due&ntilde;os del negocio ofrecen a gritos la famosa &ldquo;prueba&rdquo;, que no es otra cosa que un trozo de cecina caliente que te dan en la mano para que la comas al momento y elijas mediante el empirismo cu&aacute;l es la m&aacute;s rica. Uno puede recorrer los pasillos del mercado y comer al menos 200g de cecina de todas las pruebas que te dan. Ya con eso ser&iacute;a suficiente para salir de ah&iacute; y conseguir una nieve como postre, pero no puedes hacer tal groser&iacute;a porque los comerciantes son amables e intentan atraerte a su negocio y te dan m&aacute;s y m&aacute;s pruebas hasta convencerte de comprarles. En realidad, casi todas las pruebas saben bien as&iacute; que la decisi&oacute;n radica en quien te trata mejor. Una vez eliges lugar, te sientas y los se&ntilde;ores se esmeran por atenderte a cuerpo de rey: sirven trozos de queso y destapan las bebidas en lo que llega el plato fuerte. Mientras tanto el penetrante olor de la comida impregna el mercado y abre el apetito. Es toda una experiencia culinaria. La gente pasa y empuja a los comensales que degustan la cecina en improvisados bancos de pl&aacute;stico y mesas con s&iacute;mbolos de refresco. Algunas marchantas interrumpen la degustaci&oacute;n ofreciendo infinidad de mercanc&iacute;as que van desde hierbas comestibles hasta juguetes de madera o, si te ven muy fiestero, marihuana. No obstante, el poco espacio y el ajetreo de decenas de personas caminando cerca del comensal pasan a segundo plano cuando se sirve el manjar suculento.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n es com&uacute;n que las personas compren cecina para llevar y suelen prepararla en compa&ntilde;&iacute;a de su familia en alguno de los tantos balnearios de la regi&oacute;n.&nbsp; Una imagen com&uacute;n de los centros recreativos acu&aacute;ticos es la familia reunida en torno a un anafre echando humo porque la cecina ya est&aacute; lista. Todos salen de la alberca o de los toboganes y se acercan formando un c&iacute;rculo para prepararse sus tacos agregando al delicioso sabor de la carne los recuerdos de tardes inolvidables en compa&ntilde;&iacute;a de su prole, los amigos o la novia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"5\">\n<li><strong> Burritos (Caborca, Sonora)<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Un taco enorme, una exageraci&oacute;n. Solo comparable a la altura de la poblaci&oacute;n que lo cre&oacute;. Me refiero al burrito. Las y los sonorenses son conocidos por la gran altura corporal que ostentan. Unos verdaderos gigantes cuyos pasos retumban en las calles de Hermosillo, Caborca o Guaymas. Las y los sonorenses miden en promedio 1.90m. Estoy acostumbrado a ver gente alta en el norte del pa&iacute;s, pero esos vatos exageran. Cuando camin&eacute; entre ellos me sent&iacute; un pigmeo. Mis 1.75m me destacaron por enano entre aquellos descendientes de yaquis.<\/p>\n<p>Me dirig&iacute;a a la costa sonorense para lamer la espalda del <em>Bufo alvarius<\/em>. Mi psiquiatra me recomend&oacute; realizar la traves&iacute;a debido a que una terrible depresi&oacute;n oscureci&oacute; mis d&iacute;as. Un l&iacute;o de faldas, algo similar a un divorcio. Para algunas personas, a&ntilde;os de amor no significan nada. Antes de que la tristeza me ahogara el doctor Mar&iacute;n me propuso consumir drogas rituales. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no vas a lamer el sapito LSD?&rdquo;, pregunt&oacute;. Y yo acept&eacute;. Ya no ten&iacute;a nada que perder. Camino a la costa donde se realiza el ritual pas&eacute; por Caborca para comprar unas botas de piel de v&iacute;bora y mientras le&iacute;a el cuento &ldquo;La triste historia del pascola Cenobio&rdquo;, del libro <em>El diosero<\/em>, de Francisco Rojas Gonz&aacute;lez, me lleg&oacute; a la nariz un exquisito aroma a carne. Dice la sabidur&iacute;a popular que &ldquo;<em>Enfermo que come y mea que el diablo se lo crea<\/em>&rdquo;. Me aproxim&eacute; al negocio de burritos. Entre m&aacute;s cerca estaba de los tacos mi cara se relajaba y pude sonre&iacute;r despu&eacute;s de varios d&iacute;as de obstinado mutismo. La comida es vida y la vida tambi&eacute;n es alegr&iacute;a. Me sent&eacute; en un peque&ntilde;o local de burritos donde preparan las ic&oacute;nicas tortillas sobaqueras. Unas piezas enormes que mujeres de cuerpos grandes amasan con los brazos y se las pasaban por los sobacos. Jajaja. No quise pensar en el sudor que la tortilla de harina absorbe de la axila de la cocinera. Solo anhelaba comer, solo ansiaba vivir. Ya ten&iacute;a puestas mis botas de piel de v&iacute;bora, el atardecer rojo del desierto descend&iacute;a como una cuchillada de nostalgia y me urg&iacute;a llenar con algo la barriga para no soltarme a llorar. Los burritos son tacos gigantescos. Tan grandes que te los sirven cortados en dos partes, porque algunos est&oacute;magos no procesan tanta carne, frijol y verdura. Los preparan con cebolla, queso y salsa. Seguro ten&iacute;a los ojos rojos e hinchados de tanto llorar. Todo el camino desde Monterrey ansi&eacute; morir. Pero cuando me sirvieron el burrote y le di la primera mordida algo se activ&oacute; en mi organismo, tal vez un at&aacute;vico sentido de supervivencia, y com&iacute; con alegr&iacute;a, sonriendo, con verdadero placer. Generalmente repito la dosis de los platillos que me gustan, pero no pude hacerlo con el burrito. En ese sentido el burro me venci&oacute;. Quiz&aacute; porque ten&iacute;a d&iacute;as comiendo apenas lo indispensable para mantenerme cuerdo y provoqu&eacute; una involuntaria disminuci&oacute;n de mi apetito y mi est&oacute;mago. Pero cuando el burrito pas&oacute; por mi cogote me entraron unas ganas incontenibles de re&iacute;r, de ser feliz, de sentirme vivo. Ese platillo es un <em>vuelvealavida<\/em>. Agradec&iacute; efusivamente a la cocinera y a la mesera por la segunda oportunidad que su platillo me dio en la tierra. Y sal&iacute; del lugar dispuesto a reconstruirme de mis cenizas. Quiz&aacute; las gigantas se quedaron pensativas, quiz&aacute; se sacaron de onda, o tal vez me creyeron loco, pero lo cierto es que al comer me sent&iacute; invadido por una plenitud solo comparable al estado que provoca la espalda del sapito&hellip; &iexcl;Un momento! &iquest;Y si le echaron a mi burrito secreciones de <em>Bufo alvarius<\/em> como ingrediente secreto? Desde aqu&iacute; doy las gracias a ese par de gigantas. Gracias por salvar mi vida con su burro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"4\">\n<li><strong> Tlayudas (Mazunte, Oaxaca)<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Oaxaca es un estado con much&iacute;simas opciones tur&iacute;sticas, culturales, de esparcimiento y gastron&oacute;micas. Sus 570 municipios (m&aacute;s los que se agreguen este mes) guardan sorpresas agradables o no para los turistas. En el lado de las agradables tienen zonas arqueol&oacute;gicas, playa, monte, leyendas, tradici&oacute;n art&iacute;stica, historia y folklore de sobra. Es muy bonito el estado de Oaxaca. En cuanto a las desagradables, y perdone el lector por mencionarlo, pero es necesario ya que m&aacute;s de uno nos hemos sentido ultrajados porque en Oaxaca no hay ba&ntilde;os p&uacute;blicos limpios. Es hasta cultural, me atrevo a pensar que esa suciedad caracter&iacute;stica de sus sanitarios es parte de la idiosincrasia oaxaque&ntilde;a. Ya sea una parada de autob&uacute;s, una gasolinera, un mercado, una tienda de autoservicio, un bar o incluso en las fondas, los ba&ntilde;os est&aacute;n hechos una porquer&iacute;a vomitiva, infame. A muchos excusados tienes que echarle agua con una cubeta. &iexcl;No es posible! No obstante, a pesar del denigrante estado del excusado los oaxaque&ntilde;os tienen la desfachatez de cobrar cinco pesos por su uso. Y te dan dos cuadritos de papel higi&eacute;nico. Es risible, c&oacute;mico. Aunque en ese momento enfada. Muchos no me dejar&aacute;n mentir: solo en restaurantes y hoteles encontrar&aacute; el turista ba&ntilde;os limpios. Pero cambiemos de tema porque de veras es ofensivo, aunque era indispensable expresarlo. &iquest;A qui&eacute;n no le enojan los excusados p&uacute;blicos oaxaque&ntilde;os?<\/p>\n<p>El cuarto platillo es ni m&aacute;s ni menos que la tlayuda. Es una tortilla enorme con aguacate, frijol, queso y un ingrediente peculiar que representa la prote&iacute;na del plato: este puede ser tasajo, chapulines, vegetales, m&aacute;s un largo etc&eacute;tera. Tlayudas hay en toda Oaxaca, pero las mejores, las m&aacute;s grandes y sabrosas est&aacute;n en Mazunte. Ah&iacute;, a unos pasos de la mezcaler&iacute;a se pone una se&ntilde;ora a vender su deliciosa comida. Turistas de todas partes del mundo: griegas, franceses, alemanas, estadounidenses, espa&ntilde;olas y mexicanos, nos congregamos en torno a su comal para saborear esa tortilla doradita, crujiente, que recupera la energ&iacute;a perdida en la playa y da renovado br&iacute;o para continuar la parranda nocturna. Ya sea que quieras subir el monte de <em>Punta cometa<\/em>, nadar en <em>La ventanilla<\/em> o encuerarte en <em>Zipolite,<\/em> donde todo el mundo muestra sus pellejos, lo importante es estar bien alimentado, pero no tan gordo porque as&iacute; no le gustar&aacute;s a nadie. All&aacute; todos andan en pelotas jugando a la pelota, ya sea volley o futbol playero. Es maravilloso. Y las tlayudas son el plato fundamental que no falta en la dieta. Son tan ricas que yo me com&iacute; dos y ped&iacute; la tercera, pero me la tuve que llevar envuelta en papel para comerla m&aacute;s tarde en el hotel, ya que mi ex novia me dijo enojada: &ldquo;No exageres, Isaac. Ya comiste mucho, vas a reventar. M&iacute;rate, pareces una foca&rdquo;. La verdad, s&iacute; me doli&oacute; que me dijera eso porque al d&iacute;a siguiente ir&iacute;amos a presumir nuestros cuerpos a Zipolite en compa&ntilde;&iacute;a de unas griegas que conocimos mientras beb&iacute;amos mezcal en una cantimplora dentro del museo de las tortugas. Solo por eso dej&eacute; de comer la tercera tlayuda, pero a usted, amable lector o lectora, que no le importen los rega&ntilde;os de su pareja porque para degustar ese delicioso platillo bien vale la pena romper la dieta. Amores van y vienen, pero la oportunidad de disfrutar tlayudas no.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li><strong> Tacos de barbacoa (Tulancingo, Hidalgo)<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>&ldquo;No, por favor. Ya no queremos m&aacute;s pastes&rdquo;, berreaban mis sobrinos mientras conduc&iacute;a sobre la carretera de los pastes, en la periferia de Pachuca, Hidalgo. Yo tambi&eacute;n estaba harto de tantos pastes, pero los ni&ntilde;os son peque&ntilde;os y mi hermano me exigi&oacute; alimentarlos con cosas saludables, no solo con papitas y refrescos, como cre&iacute; que se nutr&iacute;an los ni&ntilde;os. &ldquo;Se callan y se los comen&rdquo;. Lo dije m&aacute;s por hacerlos rabiar que porque me interesara que comieran a su hora. Los ni&ntilde;os ten&iacute;an raz&oacute;n. Despu&eacute;s de masticar pastes durante dos d&iacute;as en nuestra estancia en Pachuca era necesario variar. As&iacute; que me desvi&eacute; del camin&oacute; y enfil&eacute; el auto hacia Tulancingo, Hidalgo. Los chicos y mi est&oacute;mago lo agradecieron.<\/p>\n<p>Los campos de Hidalgo son planicies que lucen infinitas, un &aacute;rbol por aqu&iacute;, otro por all&aacute;, algunos cuerpos de agua y a lo lejos el ganado que migra en numerosa procesi&oacute;n. Los campos rebosan de chivos y ovejas. Son la prote&iacute;na de uno de los manjares m&aacute;s exquisitos de la comida nacional. Me refiero a la barbacoa de hoyo.<\/p>\n<p>Este platillo se prepara escarbando un agujero en el piso de tierra y cubriendo las paredes del hoyo con pencas de maguey para conservar el calor de la le&ntilde;a prendida y las piedras calientes arrojadas previamente al fondo del boquete. Se cubre muy bien para que no escape el calor. Posteriormente se arroja un borrego entero, fileteado para que sus trozos sean m&aacute;s f&aacute;ciles de manejar al momento de sacarlos. Ya que est&aacute; cubierto el hoyo, se le arroja tierra encima para cubrir durante al menos seis horas la carne; ese es el tiempo m&iacute;nimo que tarda el proceso de cocci&oacute;n.<\/p>\n<p>Un proceso complicado y laborioso pero con un final delicioso, pues la barbacoa se sirve en tacos con cebolla, lim&oacute;n y salsa picosa. Todo humeante. Acompa&ntilde;ado del respectivo consom&eacute;. Es un platillo exquisito, digno de reyes y reinas, pero no se recomienda su ingesta frecuente pues la alta cantidad de grasa animal eleva los niveles de acn&eacute; en la piel, provocando la aparici&oacute;n de granos y espinillas. Adem&aacute;s, la panza crece imparable a sus asiduos comedores.<\/p>\n<p>La barbacoa, o barbacha, es un platillo parecido a los mixiotes de carnero, ambos suculentos, pero la diferencia entre una y otro radica en que la carne de la barbacoa es m&aacute;s suave y por lo tanto su consistencia m&aacute;s f&aacute;cil de digerir. Literalmente se deshace en la lengua. La consumen los borrachos para aliviar su cruda, pues la creencia popular indica que es un platillo necesario para recuperar el control luego de una noche de copas. Se ha difundido a tal grado esta creencia que es posible encontrar barbacoa en varios estados de la rep&uacute;blica. Pero la original es de Tulancingo. Tal vez sea el paisaje k&aacute;rstico, o el olor a animal, lo cierto es que apenas pones un pie fuera del coche el aroma de la barbacoa penetra la nariz ordenando literalmente a la lengua a empezar a babear. Si no me creen compru&eacute;benlo en Hidalgo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><strong> Tacos &Aacute;rabes (Puebla, Puebla)<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Un imperdible si visitas Puebla es asistir a las luchas. Cerca de la zona centro se encuentra la arena de lucha libre donde los lunes gladiadores oriundos de todo el pa&iacute;s se rajan la madre y exponen sus vidas para dar un espect&aacute;culo inolvidable, muy apreciado por la grader&iacute;a poblana, ruidosa, salvaje y grosera como solo la Arena M&eacute;xico suele ser.<a href=\"#_edn9\" name=\"_ednref9\">[9]<\/a> Unas cervezas, unas cemitas y a gritar como desaforado durante dos horas y media en las que los insultos, las mentadas de madre y las amenazas de muerte, tanto a los luchadores como entre el p&uacute;blico, est&aacute;n permitidas. Tal como en la era romana, los poblanos tienen su Circo M&aacute;ximo, con peleadores que no dudan en partirse la madre y el padre (hasta la abuela se rompen), en descalabrarse, en derramar sangre por la nariz, los ojos y la boca. Gladiadores hiperpesados pero con una gracia excelsa al arrojarse de la tercera cuerda; parecen tremendas moles, bueyes, bisontes, cayendo con la elegancia de una grulla sobre su contrincante. Un espect&aacute;culo maravilloso acompa&ntilde;ado de la cemita de milanesa, quesillo, aguacate, chipotle, p&aacute;palo y papas; en fin, una delicia culinaria como la mayor&iacute;a de comida poblana. Pero ese manjar no es m&aacute;s que un potaje si lo comparamos con el plato fuerte de la gastronom&iacute;a pipope<a href=\"#_edn10\" name=\"_ednref10\">[10]<\/a> en la categor&iacute;a de antojito. Me refiero al taco &aacute;rabe.<\/p>\n<p>La historia del taco &aacute;rabe se remonta a mediados del siglo XX, cuando una ola de emigrados libaneses lleg&oacute; a Puebla para afincar negocios en la industria textil, manufacturera, hotelera y cultural. Puebla es una ciudad que aloja grandes colonias de migrantes, como la Humboldt, donde se concentran los alemanes que habitan la urbe. La Angel&oacute;polis (y pueblos aleda&ntilde;os como Chipilo<a href=\"#_edn11\" name=\"_ednref11\">[11]<\/a>) se beneficiaron con la migraci&oacute;n de espa&ntilde;oles, estadounidenses, alemanes y libaneses, entre otros. En ese orden, los nuevos habitantes trajeron los sabores de la gastronom&iacute;a de su pa&iacute;s de origen, que posteriormente combinaron con la cocina virreinal y las especialidades culinarias de los pueblos ind&iacute;genas, de mayor&iacute;a n&aacute;huatl, que terminaron por hacer de la gastronom&iacute;a de Puebla un patrimonio inmaterial.&nbsp;<\/p>\n<p>La cultura &aacute;rabe tiene predilecci&oacute;n por la carne de cordero debido a que la religi&oacute;n isl&aacute;mica, como la jud&iacute;a, no ve con buenos ojos el consumo de cerdo. No obstante, una vez que los libaneses se afincaron en Puebla, para prosperar tuvieron que adaptarse a las exigencias del medio. As&iacute; entendieron que la gastronom&iacute;a deb&iacute;a transformarse si quer&iacute;an utilizarla como sustento. Abrieron negocios de comida donde serv&iacute;an la carne de cordero en el famoso <em>mezz&eacute;<\/em>.<a href=\"#_edn12\" name=\"_ednref12\"><em><strong>[12]<\/strong><\/em><\/a><em> <\/em>No obstante, era muy caro debido al precio del cordero, as&iacute; que los nuevos poblanos decidieron adaptar su receta a la carne de cerdo, que es m&aacute;s barata y por lo tanto m&aacute;s accesible para el p&uacute;blico.<\/p>\n<p>La receta original consist&iacute;a en pan &aacute;rabe, carne de cordero, or&eacute;gano, ajo, aceite de oliva, tomillo, laurel, que se serv&iacute;a en una vianda al centro de la mesa. Pero paulatinamente la costumbre del <em>mezz&eacute;<\/em> liban&eacute;s se &ldquo;mexicaniz&oacute;&rdquo; por el taco individual<a href=\"#_edn13\" name=\"_ednref13\">[13]<\/a> y se cambi&oacute; la carne de cordero por la de cerdo, el pan &aacute;rabe que se corta en cachitos y se toma con &eacute;l la carne directamente del <em>mezz&eacute;<\/em>, por una tortilla de harina gruesa. Adem&aacute;s, como buenos mexicanos, si no pica no sabe: se agreg&oacute; salsa de chipotle y, otro rasgo mexicano, a&ntilde;adimos lim&oacute;n para que asiente. El &eacute;xito es rotundo. Hoy los tacos &aacute;rabes se encuentran en toda Puebla junto a los tacos al pastor. Pero el autor de este articulo recomienda su consumo en la peque&ntilde;a taquer&iacute;a llamada <em>Beirut<\/em>, a calle y media del Paseo Bravo, donde los sirven con la receta original del jocoque, tambi&eacute;n hay un negocio llamado &ldquo;El Fogoncito&rdquo;, de la 23 norte y 2 poniente. Bautizado por mi como &ldquo;Tacos ricos&rdquo;, los mejores de todos. Incluso la cadena de taquer&iacute;as m&aacute;s famosa de Puebla es una digna representante de este platillo intercultural. Pru&eacute;benlos y enam&oacute;rense del segundo lugar del conteo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol>\n<li><strong> Piratas (Santa Catarina, Nuevo Le&oacute;n)<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Los mejores tacos de todo M&eacute;xico, los m&aacute;s exquisitos, nutritivos y recomendables se encuentran a los pies de la sierra madre oriental y el cerro de las Mitras, espec&iacute;ficamente en la Av. Manuel Ordo&ntilde;ez, del municipio de Santa Catarina, Nuevo Le&oacute;n. El puesto de tacos es un lugar sencillo, pobremente decorado (solo tiene tres mesas y menos de seis sillas). Es la cochera de una casa pintada de verde menta. Ah&iacute;, en ese pesebre, naci&oacute; el dios de los tacos. La gente que conduce por la carretera federal de Saltillo a Monterrey<a href=\"#_edn14\" name=\"_ednref14\">[14]<\/a> ver&aacute;, en la entrada de Santa Catarina, un monumento rojo llamado <em>La puerta<\/em>. Se recomienda que tome la avenida de la derecha y maneje todav&iacute;a un kil&oacute;metro hasta encontrar una colonia llamada Zimix. No se metan entre sus calles, es peligrosa. Solo estacionen su carro frente a la casa verde de un piso a pie de carretera y pidan lo mejor que puede ofrecer la gastronom&iacute;a mexicana. El negocio vende piratas (&eacute;ste es, se&ntilde;oras y se&ntilde;ores, el taco n&uacute;mero uno), campechanas (otra delicia), volcanes (una tostada de carne y salsa que parece hacer erupci&oacute;n de tanto saz&oacute;n y buen gusto), tacos de trompo (un deleite que de tan solo recordarlos se me hace agua la boca), trompoburguers (sincretismo gastron&oacute;mico entre la cocina mexicana y las bondades de las hamburguesas norteamericanas) y papas asadas (una papa envuelta en papel aluminio con carne, queso fundido, variados vegetales y salsas variopintas. De rechupete). El negocio lo atiende un sujeto de mediana edad, amable y servicial, llamado <em>El Compi<\/em>, <em>Mi Compi,<\/em> o simplemente <em>Compi,<\/em> quien con una imborrable sonrisa limpia la mesa y te pregunta &ldquo;&iquest;Qu&eacute; te sirvo, compi?&rdquo; He probado los piratas en numerosos negocios de Monterrey, desde taquer&iacute;as de barrio como &eacute;sta (que por cierto no tiene nombre y no me atrevo, porque no soy blasfemo, a llamarla <em>La cochera<\/em>), a restaurantes est&uacute;pidamente caros donde tres tacos cuestan el incomprensible precio de 620 pesos y que los ricos que desprecian su dinero van a tirarlo por pura pose, porque se los sirven literalmente en bandeja de plata. Com&iacute; los piratas en la zona Tec, cerca de la avenida Eugenio Garza Sada, tambi&eacute;n en San Pedro de los Garza y en un negocio familiar en el mercado Ju&aacute;rez. No importa d&oacute;nde los consumas. El sabor es delicioso, pero los del <em>Compi<\/em> son los mejores.<\/p>\n<p>El pirata es un taco grande, por lo general del tama&ntilde;o de una quesadilla (con queso) de la capital. El cuerpo es una tortilla de harina gruesa y el alma de este fest&iacute;n se compone de carne asada de res, humeante y jugosa (si tiene carne de trompo el pirata se convierte en campechana), salsa, cebollas, cilantro, queso y lim&oacute;n. Gente, es el mejor taco de M&eacute;xico. Su majestad. No queda m&aacute;s que inclinarse ante &eacute;l y repetir la dosis. En Apodaca los encuentras, en Pesquer&iacute;a o en San Nicol&aacute;s, la mayor&iacute;a de ellos muy apetitosos, pero ninguno iguala, ni siquiera se acerca a los que comercia <em>El compi<\/em>.<\/p>\n<p>El &aacute;rea conurbada de Monterrey ofrece una gastronom&iacute;a taqu&iacute;stica muy variada. El ingrediente m&aacute;gico es la carne. Seamos sinceros. La carne del norte del pa&iacute;s es m&aacute;s deliciosa que la que se comercia en el centro. No solo son los cortes m&aacute;s gruesos o el modo de preparaci&oacute;n. Algo tiene la carne norte&ntilde;a que supera con creces a la del resto de la rep&uacute;blica. El &aacute;rea metropolitana de Monterrey deleita su paladar con los ic&oacute;nicos tacos de carne asada que los regios elaboran con sus propias manos en el ritual de s&aacute;bado por la tarde cuando en compa&ntilde;&iacute;a de su familia o amigos se disponen a ver el futbol. Sacan el asador, las cheves, visten la playera de su equipo favorito y realizan una proeza culinaria. Tambi&eacute;n est&aacute;n los tacos de cabrito que se comercian en muchos puntos, pero recomiendo para su degluci&oacute;n el m&aacute;s ic&oacute;nico de ellos, pues no tienen comparaci&oacute;n: <em>El monarca del cabrito<\/em>, llam&eacute;mosle as&iacute; pero todos saben que me refiero al rey indiscutible de este platillo. Un restaurante pintoresco con leones disecados y una parafernalia digna de un palacio churrigueresco donde exponen los cabritos abiertos en canal sobre el carb&oacute;n (aunque despu&eacute;s de comerlos aparece acn&eacute; por el exceso de grasa de esas tiernas criaturas). Tambi&eacute;n hay tacos de ex drogadictos rapados que se suben a vender en el <em>Metrorrey<\/em> mientras predican la palabra de dios y que, la verdad sea dicha, no saben nada mal, quiz&aacute; les agregan droga porque una vez que los consumes repetir&aacute;s la dosis. No obstante, ninguno le hace sombra a nuestro pirata. No es de extra&ntilde;ar que gente de todo Monterrey viaje kil&oacute;metros para comprarle a <em>El Compi<\/em>. Cuando yo viv&iacute;a en Los Cabos viaj&eacute; hasta Santa Catarina para comer una vez m&aacute;s este glorioso antojito. En realidad, fui a Monterrey para ver las pruebas de imprenta de mi segundo libro, pero aprovech&eacute; para volver a sentir en la lengua las bondades del pirata y termin&eacute; comiendo seis. Hay gente que viaja desde Garc&iacute;a, Nuevo Le&oacute;n, o desde Saltillo, Coahuila, para comprarle al <em>Compi<\/em> los productos de su limitado, pero nunca suficientemente loado, men&uacute;. Gente fresa de universidades privadas, gente humilde que sale de la f&aacute;brica, viejos, j&oacute;venes, industriales, taxistas&hellip; todos se dan cita en la cochera de Av. Manuel Ordo&ntilde;ez para, nuevos reyes magos, ofrecer sus monedas de oro a cambio de las bendiciones del divino taco.<\/p>\n<p><strong>Top diez de los mejores tacos de M&eacute;xico<\/strong><\/p>\n<ol>\n<li>Piratas (Santa Catarina, Nuevo Le&oacute;n)<\/li>\n<li>Tacos &Aacute;rabes (Puebla, Puebla)<\/li>\n<li>Tacos de barbacoa (Tulancingo, Hidalgo)<\/li>\n<li>Tlayuda (Mazunte, Oaxaca)<\/li>\n<li>Burritos (Caborca, Sonora)<\/li>\n<li>Tacos de cecina (Yecapixtla, Morelos)<\/li>\n<li>Panuchos (M&eacute;rida, Yucat&aacute;n)<\/li>\n<li>Taco Fish (Los Cabos &ndash; La Paz, Baja California Sur)<\/li>\n<li>Taco envenenado (Zacatecas, Zacatecas)<\/li>\n<li>Tacos de chorizo verde (Toluca, Estado de M&eacute;xico)<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Desde un restaurante de tacos de carne asada,<\/em><\/p>\n<p><em>Parras de la Fuente, Coahuila<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Bibliograf&iacute;a<\/strong><\/p>\n<p>BARNFIELD, Thomas (2000) <em>Diccionario de antropolog&iacute;a<\/em>. M&eacute;xico. Ed. Siglo XXI Editores<\/p>\n<p>CAMBA, Julio (1943) <em>La casa de L&uacute;culo. O el arte de comer<\/em>. Argentina. Ed. Espasa-Calpe<\/p>\n<p>RANGEL GUERRA, Alfonso (2017) <em>Una ciudad para vivir. Variaciones sobre un mismo tema<\/em>. M&eacute;xico. Ed. UANL&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p>ROJAS GONZ&Aacute;LEZ, Francisco (2010) <em>El diosero<\/em>. M&eacute;xico. Ed. FCE<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref1\" name=\"_edn1\">[1]<\/a> &ldquo;El primero que le dio un uso antropol&oacute;gico al t&eacute;rmino &ldquo;cultura&rdquo; fue Edward B. Taylor (1871) quien la defini&oacute;, memorablemente, como un todo complejo que incluye conocimientos, creencias, arte, moral, derecho, costumbres y cualesquiera otras capacidades y h&aacute;bitos as&iacute; adquiridos por el hombre (y la mujer) como miembro de la sociedad&rdquo;. La definici&oacute;n de Taylor puede seguir sirviendo en la actualidad para expresar las opiniones de los antrop&oacute;logos. Primero, la cultura comprende esos rasgos humanos que son aprendidos y aprendibles y que por lo tanto se transmiten social y mentalmente, m&aacute;s que biol&oacute;gicamente. Segundo, la cultura es, en cierto sentido, &ldquo;un todo complejo&rdquo;. Aunque se la debate con gran ardor, la idea fundamental de que todas esas &ldquo;capacidades y h&aacute;bitos&rdquo; pueden y deben ser consideradas en su conjunto. Significa que grandes &aacute;reas de la vida humana, que lo abarcan todo, desde las t&eacute;cnicas de producci&oacute;n de alimentos hasta las teor&iacute;as sobre el m&aacute;s all&aacute;, tienen cierta coherencia y una l&oacute;gica caracter&iacute;stica.&rdquo; (Barnfield, 2000; 138)<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref2\" name=\"_edn2\">[2]<\/a> Cultura es todo proceso humano que transforma el estado natural de la materia, construye significado y tiene un fin utilitario bajo un marco de comunicaci&oacute;n social y un sistema de s&iacute;mbolos que lo legitiman.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref3\" name=\"_edn3\">[3]<\/a> Y un chingo de cerveza<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref4\" name=\"_edn4\">[4]<\/a> Seco la mayor parte del a&ntilde;o<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref5\" name=\"_edn5\">[5]<\/a> M&eacute;xico no solo es la Ciudad de M&eacute;xico, aunque algunas personas y medios de comunicaci&oacute;n insistan en centralizar y resumir la riqueza cultural y gastron&oacute;mica de nuestro pa&iacute;s a los referentes de CDMX y su &aacute;rea conurbada, fomentando una mirada pobre y resumida de la pluralidad que existe en la naci&oacute;n.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref6\" name=\"_edn6\">[6]<\/a> Omitimos la birria tapat&iacute;a (11), los tacos de carnitas de Michoac&aacute;n (12), las pellizcadas de huevo (con o sin huevo) veracruzanas (13), los tacos de &ldquo;bist&eacute;&rdquo; de la plaza Santo Domingo, en CDMX (14), o los Bocoles de San Luis Potos&iacute; (15) porque el top diez lo integran los mejores tacos. Lo sentimos. Tienen un lugar en nuestro paladar, pero no en nuestro coraz&oacute;n. &Eacute;chenle ganas.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref7\" name=\"_edn7\">[7]<\/a> Los par&eacute;ntesis reproducen fielmente los comentarios que repiten los amigos toluque&ntilde;os mientras degustan sus chorizos.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref8\" name=\"_edn8\">[8]<\/a> Pron&uacute;nciese &ldquo;jates&rdquo;<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref9\" name=\"_edn9\">[9]<\/a> El autor del articulo conoce varias arenas de lucha libre alrededor del pa&iacute;s y la poblana es ruidosa y grosera como ella sola. La Coliseo de Monterrey, por ejemplo, no le llega ni en decibeles ni en desmadre a la poblana<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref10\" name=\"_edn10\">[10]<\/a> Seg&uacute;n la etimolog&iacute;a popular el acr&oacute;nimo significa Pieza Poblana Perfecta<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref11\" name=\"_edn11\">[11]<\/a> Lugar ubicado entre Cholula y Atlixco; se habla espa&ntilde;ol y una variante del v&eacute;neto.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref12\" name=\"_edn12\">[12]<\/a> El autor del art&iacute;culo tuvo la oportunidad de comer carne de cordero con pan de harina en un restaurante liban&eacute;s de San Antonio, Texas, y el sabor y el olor fue demasiado similar al del taco &aacute;rabe poblano, quiz&aacute; un poco m&aacute;s fuerte el primero que el segundo, como un antepasado y su nieto.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref13\" name=\"_edn13\">[13]<\/a> Ya se sabe que los mexicanos hacemos tacos de lo m&aacute;s exquisito. No es una degradaci&oacute;n, al contrario, es el premio que nuestros paladares brindan a los alimentos elegidos.<\/p>\n<p><a href=\"#_ednref14\" name=\"_edn14\">[14]<\/a> La misma que se menciona en el corrido &ldquo;El troquero y la muerta&rdquo;, de Los Terribles del Norte, disponible en youtube: <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=mBcr6-wvoBY\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=mBcr6-wvoBY<\/a>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&ldquo;La verdadera cocina es un arte sedentaria que, nacida con el primer asentamiento humano al borde de un r&iacute;o pesquero o bajo unos &aacute;rboles frutales, fue enriqueci&eacute;ndose y depur&aacute;ndose&hellip;&rdquo; Julio Camba &nbsp; El t&eacute;rmino cultura es un concepto demasiado amplio y complejo que numerosas corrientes de la antropolog&iacute;a, la filosof&iacute;a y la sociolog&iacute;a intentan definir [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":198,"featured_media":2461,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-2460","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2460","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/198"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2460"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2460\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3242,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2460\/revisions\/3242"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2461"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2460"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2460"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2460"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}