{"id":2454,"date":"2025-03-25T13:11:04","date_gmt":"2025-03-25T13:11:04","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/03\/25\/la-casa-de-las-charitos\/"},"modified":"2025-03-25T13:11:04","modified_gmt":"2025-03-25T13:11:04","slug":"la-casa-de-las-charitos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/la-casa-de-las-charitos\/","title":{"rendered":"La casa de las Charitos"},"content":{"rendered":"<p><em>&ldquo;Hay quienes creen que el destino descansa en las rodillas de los dioses, pero la verdad es que trabaja, como un desaf&iacute;o candente, sobre las conciencias de los hombres.&rdquo;<\/em><\/p>\n<p>Eduardo Galeano<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la tarde tibia, mientras las plantas se balancean ligeramente en el jard&iacute;n, dentro de la casa vetusta los muebles que fueron de la bisabuela, reposan en el mismo sitio en que la bisabuela los acomod&oacute; un siglo antes, luego de su boda. Todo permanece igual, con rar&iacute;simas mudanzas como el televisor y algunos electrodom&eacute;sticos que ganaron un espacio. La porcelana de diario, por ejemplo, parece m&aacute;s delgada y su dibujo de florecillas celestes da la impresi&oacute;n de estar m&aacute;s p&aacute;lido por el uso.<\/p>\n<p>La abuela madre, como siempre repite la bisnieta regordeta, pari&oacute; a sus cuatro hijos en la casa, despidi&oacute; a los tres varones para que vayan a la guerra y tuvo la dicha de ver uno a uno regresar y pasar por el umbral para abrazarla otra vez y devolverle el alma. Empero, la &uacute;nica hija mujer se qued&oacute; para acompa&ntilde;arla en las noches h&uacute;medas de invierno y en los d&iacute;as soleados de verano. Siempre fue una se&ntilde;orita ejemplar, muy cat&oacute;lica que, por un milagro, como si se tratara de la Virgen Mar&iacute;a, un d&iacute;a alumbr&oacute; a una ni&ntilde;a, as&iacute; de la nada, porque la se&ntilde;orita no sal&iacute;a sola ni ten&iacute;a amigos, peor: no tenia enamorados. En verdad, nunca tuvo un enamorado. De manera que la ni&ntilde;a, su nieta Charito, fue una verdadera bendici&oacute;n en la casa que ya estaba silenciosa.<\/p>\n<p>Charito era el nombre de la abuela madre, asimismo de su hija soltera y devota, tambi&eacute;n de la ni&ntilde;a que naci&oacute; por un milagro de Dios, como siempre dec&iacute;a la matriarca due&ntilde;a de la casa. Fue en la misma casa que el bisabuelo muri&oacute; y all&iacute; tambi&eacute;n velaron sus restos mortales. Porque en la casa transcurr&iacute;a la vida. All&iacute; llegaban las visitas para tomar el t&eacute;, los parientes para conmemorar un d&iacute;a festivo, los compadres llegaban del campo con regalos como sacos con manzanas, zapallos, papas y todo lo que produc&iacute;an, como muestra de cari&ntilde;o. En aquella casa creci&oacute;, bajo los cuidados de su madre y abuela, la peque&ntilde;a Charito, quien recibi&oacute; una educaci&oacute;n esmerada desde la m&aacute;s tierna infancia. Su boda fue en la casa y se qued&oacute; a vivir con el marido all&iacute; mismo, para acompa&ntilde;ar a su madre solterona y a su abuela viuda, ya que heredar&iacute;a la casa con sus usos y costumbres.<\/p>\n<p>En una especie de marea que trae y lleva la vida, Charito mantuvo el mismo orden de los muebles y enseres de la casa, tal cual su abuela hab&iacute;a organizado. Asimismo, fue en aquella casa que Charito pari&oacute; y educ&oacute; a sus hijas Mar&iacute;a del Rosario y Rosario de Mar&iacute;a.<\/p>\n<p>Otras dos Charitos, que ya trajeron en su ADN la devoci&oacute;n por la bisabuela, por la abuela solterona, por su madre y por la casa con cada cosa en el lugar que la bisabuela coloc&oacute; luego de su boda. Sin percatarse que las paredes las oprim&iacute;an y que los muebles y otros objetos las esclavizaban.<\/p>\n<p>Las dos ni&ntilde;as crecieron con un gran sentimiento de que eran mejores que otras personas porque viv&iacute;an en la casa de la abuela madre. Ninguna quiso casarse en la juventud. Despu&eacute;s de que cumplieron treinta a&ntilde;os ya nadie pens&oacute; en casarse con una de ellas, excepto un bueno para nada que no ten&iacute;a d&oacute;nde caer muerto y un gitano que un d&iacute;a apareci&oacute; en la puerta con la intenci&oacute;n de vender peroles. Fueron rechazados de buenas a primeras y nunca m&aacute;s nadie quiso cortejarlas. Ni por inter&eacute;s por la casa, por m&aacute;s saltimbanqui que fuera, nadie quiso casarse con una de ellas.<\/p>\n<p>Mar&iacute;a Charito, la mayor, fue adelgazando como si los muebles o las s&aacute;banas blancas con encaje le sacasen la belleza y la gracia, y le dejaban con la nariz m&aacute;s aguile&ntilde;a y los labios m&aacute;s delgados y apretados, bajo los cabellos blancos e hirsutos, recordando a un ave por su mirada astuta. Mientras que Charito de Mar&iacute;a redoblaba de tama&ntilde;o de tiempos en tiempos. Como si estuviera hinchada, cada vez m&aacute;s hinchada.<\/p>\n<p>Los quehaceres de la casa se transformaron en rutinas perversas, que alargaban las ma&ntilde;anas sin piedad.<\/p>\n<p>Por la tarde, Mar&iacute;a Charito la mayor, le&iacute;a un libro impreso en papel, con peso y olor a libro. Mientras que su hermana menor, Charito de Mar&iacute;a, recib&iacute;a instrucciones para ser feliz del ordenador que hab&iacute;a recibido de presente de un primo lejano: &ldquo;expresa lo que sientes, di lo que sientes sin palabras. Usa stickers y GIF&hellip; Comparte momentos cotidianos o los recuerdos de tus muertos en el estado. Graba un mensaje de voz para saludar a alguien o contarle algo que te ocurri&oacute; y etc&eacute;tera&rdquo;.<\/p>\n<p>Por las noches, despu&eacute;s de cenar, siempre llegaban las otras Charitos para conversar y entretenerlas. Hasta que el sue&ntilde;o las venc&iacute;a conversaban con la abuela madre o bisabuela que se llamaba Charito, platicaban con la abuela solterona que se llamaba Charito y con su madre que tambi&eacute;n se llamaba Charito. Entre muertas y vivas siempre conclu&iacute;an que el destino quiso que todo ocurriera as&iacute;, lejos del mar, sin viajes, dentro la casa con el mismo nombre y sin posibilidad de cambiar nada, ni de mover una silla de un lugar a otro&hellip;<\/p>\n<p>El mi&eacute;rcoles de carnaval, un primo medio lejano pas&oacute; con su auto frente a la casa y decidi&oacute; visitarlas. Toc&oacute; a la puerta y nadie le abri&oacute;. Llam&oacute; la polic&iacute;a y, al entrar, encontraron a las cinco Charitos momificadas, sentadas en la sala peque&ntilde;a de diario, porque la otra sala, la grande, era s&oacute;lo para las visitas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&ldquo;Hay quienes creen que el destino descansa en las rodillas de los dioses, pero la verdad es que trabaja, como un desaf&iacute;o candente, sobre las conciencias de los hombres.&rdquo; Eduardo Galeano &nbsp; En la tarde tibia, mientras las plantas se balancean ligeramente en el jard&iacute;n, dentro de la casa vetusta los muebles que fueron de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":131,"featured_media":2455,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[],"class_list":["post-2454","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-desde-el-sur"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2454","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/131"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2454"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2454\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2455"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2454"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2454"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2454"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}