{"id":2444,"date":"2025-03-21T23:18:14","date_gmt":"2025-03-21T23:18:14","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/03\/21\/el-profesor-del-deseo\/"},"modified":"2025-03-21T23:18:14","modified_gmt":"2025-03-21T23:18:14","slug":"el-profesor-del-deseo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/el-profesor-del-deseo\/","title":{"rendered":"El profesor del deseo"},"content":{"rendered":"<p><em>Me gusta ense&ntilde;ar. Pocas veces me siento tan feliz y contento como cuando estoy aqu&iacute; con mis p&aacute;ginas de anotaciones y mis textos llenos de marcas y con personas como ustedes. En mi opini&oacute;n, no hay en la vida nada que pueda compararse a un aula.<\/em><\/p>\n<p>Philip Roth, <em>El profesor del deseo<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con todo mi reconocimiento a mi querido carnalito, amigo y maestro, Marcel Arvea.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Quiz&aacute;s una de las figuras m&aacute;s entra&ntilde;ables en la sociedad es la del profesor o profesora. El profesor es el eje del proceso ense&ntilde;anza-aprendizaje, sin embargo, lamentablemente su funci&oacute;n se ha reducido a una simple instrumentalizaci&oacute;n. En la actualidad, se ha reducido al maestro a un simple empleado de la instituci&oacute;n. Dej&oacute; de acompa&ntilde;ar al alumno, ya no desencadena afectos ni genera en el disc&iacute;pulo reconocimiento y admiraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Todo proceso educativo implica la presencia del Otro. Incluso el autodidacta aprende de ese Otro que es el libro. Ese Otro est&aacute; representado por el docente y por todo el sistema educativo, este sistema requiere de un mecanismo que haga factible la transmisi&oacute;n.<\/p>\n<p>En la cl&iacute;nica psicoanal&iacute;tica, ese mecanismo se conoce como transferencia. Ah&iacute; se trabaja con la transferencia, sin embargo, es un fen&oacute;meno que tambi&eacute;n aparece en otros &aacute;mbitos, como el educativo. La transferencia se trata, dice Freud, &ldquo;de un fen&oacute;meno universal que gobierna en general los v&iacute;nculos de una persona con su ambiente humano&rdquo;.<\/p>\n<p>El psicoanalista franc&eacute;s Jacques Lacan, en su seminario 8, aborda la tema de la transferencia, y para hacerlo recurre a la lectura de <em>El banquete o sobre la er&oacute;tica<\/em>, de Plat&oacute;n. Nos presenta lo que llama <em>met&aacute;fora del amor<\/em>, la que m&aacute;s adelante nos servir&aacute; a nosotros aqu&iacute;. Si bien es cierto que la relaci&oacute;n analista-analizante es distinta de la relaci&oacute;n profesor-alumno, sin embargo, hay algo en com&uacute;n: ambas tendr&iacute;an que operar desde una posici&oacute;n &eacute;tica respecto al deseo.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; ocurre en el banquete? Agat&oacute;n organiza un banquete, ha ganado un torneo de poes&iacute;a, se re&uacute;nen, comen y se proponen hacer elogios a Eros. S&oacute;crates est&aacute; invitado pero se retrasa. Agat&oacute;n, al verlo entrar, de inmediato le pide que se siente a su lado. Massimo Recalcati, en su libro <em>La hora de ense&ntilde;ar<\/em>, nos muestra en ese hecho algo del eros (del deseo) que se juega en el proceso educativo: &ldquo;alcanzar una proximidad m&aacute;xima con el cuerpo del maestro para absorber todo el saber&rdquo;. Cercan&iacute;a peligrosa si no se opera desde la &eacute;tica.<\/p>\n<p>Pero &iquest;c&oacute;mo se inicia el proceso de ense&ntilde;anza-aprendizaje? El inicio de todo el proceso parte de suponer al Otro (al maestro) un saber. El profesor posee un valioso saber guardado en un joyero.<\/p>\n<p>En el di&aacute;logo, Alcibiades llama &ldquo;Sileno&rdquo; a S&oacute;crates. El sileno es un s&aacute;tiro pero tambi&eacute;n es un joyero, una cajita que guarda un valioso saber. La joya se llama agalma. Eso es el maestro: un joyero que contiene el agalma. Este agalma es el detonador de esa experiencia que vincula al amor con el deseo. La petici&oacute;n del disc&iacute;pulo es recibir el saber del maestro, ah&iacute; se juega su deseo. Desea lo que el maestro posee, el maestro sabe, sin embargo, que no posee al agalma, s&oacute;lo lo transmite.<\/p>\n<p>El alumno, una vez que supone un saber en el maestro, buscar&aacute;, dice Recalcati, &ldquo;abrevar en el saber ya constituido del maestro o de los maestros, considerados como objetos amados, como <em>er&oacute;menoi<\/em>&rdquo;. El disc&iacute;pulo pretende recibir <em>todo<\/em> el saber del maestro.<\/p>\n<p>Sin embargo, en <em>El banquete<\/em> S&oacute;crates hace <em>un gesto<\/em>:<em> <\/em>se niega a encarnar el lugar de er&oacute;menos, niega tener el saber todo, se presenta como un vac&iacute;o de saber. Escribe Recalcati: &ldquo;un vac&iacute;o de saber, como un no-saber, como una carencia de saber, es decir, como un erast&eacute;s, un puro amante&rdquo;.<\/p>\n<p>S&oacute;crates sabe que en el centro del conocimiento del maestro hay un vac&iacute;o, algo que falta, el se mueve desde la imposibilidad de saberlo todo, de explicarlo todo.<\/p>\n<p>Lacan, en el seminario sobre <em>La transferencia<\/em>, dir&aacute;: &ldquo;Su esencia, la esencia de S&oacute;crates es -de hecho- ese vac&iacute;o, esa cavidad&rdquo;.<\/p>\n<p>El trabajo inicial del profesor es hacer vac&iacute;o, desmarcarse del lugar de quien lo sabe todo, negarse a quedarse en el papel de objeto amado. Su trabajo es abrir las mentes y los ojos y el alma, abrir el mundo. Y es este deslizamiento el n&uacute;cleo de la er&oacute;tica de la ense&ntilde;anza.<\/p>\n<p>Este vac&iacute;o generado en el deslizamiento de lugar que ejecuta el profesor es lo que hace posible que el proceso educativo sea creativo, l&uacute;dico; sin este vac&iacute;o no hay posibilidad de generar nada vivo.<\/p>\n<p>Pero &iquest;qu&eacute; es esta met&aacute;fora del amor? La met&aacute;fora es una sustituci&oacute;n del er&oacute;menos por el erast&eacute;s, del amado por el amante. Cumple esa condici&oacute;n de, dice Lacan, &ldquo;met&aacute;fora, la sustituci&oacute;n del erast&eacute;s al er&oacute;menos que constituye en s&iacute; misma la met&aacute;fora del amor&rdquo;<em>.<\/em><\/p>\n<p>La met&aacute;fora del amor es la operaci&oacute;n necesaria para abrir el proceso de la cura en psicoan&aacute;lisis.<\/p>\n<p>Y propongo que esta met&aacute;fora del amor es necesaria para que inicie el proceso de ense&ntilde;anza, y esto s&oacute;lo se posibilita por el trabajo del docente, que es deslizarse, moverse del saber todo.<\/p>\n<p>La met&aacute;fora del amor permite pasar al disc&iacute;pulo de objeto que ha de llenarse de conocimiento a un sujeto que buscar&aacute; lo que le falta. Recalcati dice que se trata de la emergencia de un sujeto, el alumno, que se siente &ldquo;arrebatado, atra&iacute;do, capturado hac&iacute;a un saber nuevo.<\/p>\n<p>Y hace una puntualizaci&oacute;n adicional que no debe escandalizarnos: &ldquo;ese arrebato er&oacute;tico hacia el saber es, sin duda alguna, un nombre verdadero, en absoluto postizo, del amor. No hay ense&ntilde;anza posible sin el erotismo de la transferencia, sin la transformaci&oacute;n del estatuto inerte del <em>er&oacute;menos<\/em> en el activo y deseante del <em>erast&eacute;s<\/em>&rdquo;.<\/p>\n<p>Freud se&ntilde;alaba que hay tres pr&aacute;cticas vinculadas con lo imposible: gobernar, psicoanalizar y educar. El profesor, al someterse a lo imposible de su profesi&oacute;n, introduce una falta, algo que no se alcanza y, con ello, posibilita una relaci&oacute;n que no vincula al disc&iacute;pulo a obediencia alguna; el profesor no ocupa a tomar la posici&oacute;n de amo.<\/p>\n<p>No es Amo pero, sin embargo, el profesor no puede prescindir de la autoridad: la p&eacute;rdida de autoridad del maestro es la enfermedad m&aacute;s grave de la educaci&oacute;n en nuestros d&iacute;as.<\/p>\n<p>Pero &iquest;qu&eacute; es la autoridad en pedagog&iacute;a? La autoridad es el eje de la escuela, est&aacute; fuera y dentro del aula. El maestro ocupa siempre el centro entre la instituci&oacute;n y el alumno.<\/p>\n<p>Lamentablemente, la autoridad del docente est&aacute; pr&aacute;cticamente evaporada, tiene una autoridad de caricatura, la instituci&oacute;n los instrumentaliza y a los alumnos no les genera respeto alguno. Estamos en la &eacute;poca del maestro humillado, vapuleado, y ahora tambi&eacute;n por los padres; se ha roto el pacto generacional entre padres y maestros.<\/p>\n<p>El maestro que conocemos es uno cada vez m&aacute;s solo. Las disposiciones pol&iacute;ticas, morales y sociales con respecto a la educaci&oacute;n lo han dejado en una situaci&oacute;n de precariedad social y econ&oacute;mica, e incluso es criminalizado. En estas condiciones, resulta todo un misterio c&oacute;mo el profesor podr&iacute;a mantener viva la er&oacute;tica como la esencia de su pr&aacute;ctica.<\/p>\n<p>Pese a todo lo dicho, resulta vigente que el encuentro con un profesor puede cambiar de manera radical una vida, puede favorecer una transformaci&oacute;n singular.<\/p>\n<p>Para Massimo Recalcati, lo esencial de la ense&ntilde;anza estriba en movilizar el deseo de saber. Lo esencial de la ense&ntilde;anza es, hay que decirlo, el placer de saber. Sin embargo, uno de los padecimientos del cuerpo enfermo de la educaci&oacute;n, tal como lo vemos en la cotidianidad de las pr&aacute;cticas de ense&ntilde;anza, es que los docentes se ven sobrecargados de trabajos que no tienen nada que ver con su &ldquo;profesi&oacute;n&rdquo;: se le carga de trabajo administrativo o de representaci&oacute;n gremial. Cuando la educaci&oacute;n queda sometida a la dictadura de lo medible y lo evaluable, y los criterios son cognitivos y productivos, el profesor se reduce a un mero bur&oacute;crata de la educaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Ante esto hay que decir que, en la escuela, en el escenario de la instituci&oacute;n escolar, hay un espacio y un tiempo que, al recuperarse y hacerse valer, hace posible romper el <em>automatom<\/em> de la repetici&oacute;n para devolver, como hemos visto, la er&oacute;tica de la ense&ntilde;anza, a ese espacio tiempo, Recalcati le llama <em>La hora de clase<\/em>.<\/p>\n<p>En esa hora de clase podemos encontrarnos con otros mundos. En alguna medida es como una c&aacute;psula del tiempo: nos podemos encontrar con lo in&eacute;dito, con lo maravilloso. En una hora de clase, como una sesi&oacute;n con el psicoanalista, se puede cambiar una vida. Lo que puede ocurrir en una hora de clase puede ocurrir si se produce ese fen&oacute;meno que hemos llamado <em>Transferencia<\/em>, necesaria para que se realice ah&iacute; la <em>met&aacute;fora del amor<\/em>.<\/p>\n<p>El maestro es el director del proceso de ense&ntilde;anza, as&iacute; como el psicoanalista conduce la cura, pero lo hace asumiendo lo imposible del proceso de ense&ntilde;anza, lo hace haciendo lugar en su acto al vac&iacute;o, opera la met&aacute;fora al colocarse en el no-todo-saber.<\/p>\n<p>Para que la magia de la transmisi&oacute;n se produzca, la hora de clase requiere de la palabra del maestro. El maestro aporta su deseo, que se materializa en la palabra viva, ese es su aporte, es la palabra (no s&oacute;lo el conocimiento) habitada de deseo. Cuando <em>la palabra viva<\/em> se presenta, se verifica esa experiencia aut&eacute;ntica, se genera el encuentro con lo nuevo, <em>tyche<\/em> se dice en griego. El aceite de la docencia justo en <em>la hora de clase<\/em> es el eros, la experiencia que ah&iacute; se hace viva, no puede prescindir del eros, no le teme jam&aacute;s.<\/p>\n<p>Un enorme escritor, Philip Roth, escribe <em>El profesor del deseo<\/em>, donde dibuja lo esencial de la profesi&oacute;n de profesor:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&ldquo;Me gusta ense&ntilde;ar. Pocas veces me siento tan feliz y contento como cuando estoy aqu&iacute; con mis p&aacute;ginas de anotaciones y mis textos llenos de marcas y con personas como ustedes. En mi opini&oacute;n, no hay en la vida nada que pueda compararse a un aula. A veces, en mitad de un intercambio verbal -digamos, por ejemplo, cuando alguno de ustedes acaba de penetrar, con una sola frase, hasta lo m&aacute;s profundo de un libro-, me viene el impulso de exclamar: <\/em><em>&laquo;<\/em><em>&iexcl;Queridos amigos, graben esto a fuego en sus memorias!<\/em><em>&raquo;<\/em><em> Porque una vez que salgan de aqu&iacute;, raro ser&aacute; que alguien les hable o los escuche del modo en que ahora se hablan y se escucha entre ustedes, incluy&eacute;ndome a m&iacute;, en esta peque&ntilde;a habitaci&oacute;n&rdquo;<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me gusta ense&ntilde;ar. Pocas veces me siento tan feliz y contento como cuando estoy aqu&iacute; con mis p&aacute;ginas de anotaciones y mis textos llenos de marcas y con personas como ustedes. En mi opini&oacute;n, no hay en la vida nada que pueda compararse a un aula. 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