{"id":2432,"date":"2025-03-04T13:13:58","date_gmt":"2025-03-04T13:13:58","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/03\/04\/la-docencia-como-una-practica-erotica\/"},"modified":"2025-03-04T13:13:58","modified_gmt":"2025-03-04T13:13:58","slug":"la-docencia-como-una-practica-erotica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/la-docencia-como-una-practica-erotica\/","title":{"rendered":"La docencia como una prctica ertica"},"content":{"rendered":"<p><em>No hay comunidad, credo, disciplina o artesan&iacute;a que no tenga sus Maestros y disc&iacute;pulos, sus profesores y aprendices. El conocimiento es transmisi&oacute;n. En el progreso, en la innovaci&oacute;n, por radicales que sean, est&aacute; presente el pasado. Los maestros protegen y e imponen su memoria.<\/em><\/p>\n<p>George Steiner<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Durante m&aacute;s de treinta a&ntilde;os en mi vida laboral he recorrido &uacute;nicamente dos territorios, los dos son territorios amorosos: el psicoan&aacute;lisis y la educaci&oacute;n. Sigmund Freud, el inventor del psicoan&aacute;lisis, se&ntilde;al&oacute; que hay tres actividades humanas marcadas como imposibles: gobernar, educar y psicoanalizar. Tambi&eacute;n se&ntilde;ala que en estas tres actividades &ldquo;se puede dar anticipadamente por cierta la insuficiencia del resultado&rdquo;. En estas tres actividades el fracaso est&aacute; garantizado. Entre ellas hay algo que no se obtiene, hay algo que queda no logrado, no terminado. Dos de estas tres actividades, gobernar y educar, son funciones ejercidas y reguladas por los Estados Naci&oacute;n mediante dispositivos espec&iacute;ficos; la tercera, el psicoan&aacute;lisis, por fortuna, s&oacute;lo se regula por el amor.<\/p>\n<p>En el caso de la educaci&oacute;n, lo mismo en la formal como en la informal, se trata de un dispositivo puesto en operaci&oacute;n para lograr el &ldquo;gobierno de las infancias&rdquo; y su preparaci&oacute;n para el mundo del trabajo. En nuestros d&iacute;as, la educaci&oacute;n opera de acuerdo con un modelo capitalista de producci&oacute;n que hace del consumo su horizonte, el enga&ntilde;o es este: vale el que tiene. Ya pr&aacute;cticamente no se oculta que en el horizonte de las pr&aacute;cticas educativas en nuestro tiempo se encuentran el control y la explotaci&oacute;n.<\/p>\n<p>M&aacute;s all&aacute; de lo que podr&iacute;a ser un an&aacute;lisis profundo sobre los resortes que mueven las maquinarias educativas, lo que nos interesa aqu&iacute; es el ejercicio de la docencia, por lo que en principio es necesario tener una visi&oacute;n global sobre d&oacute;nde estamos parados en el &aacute;mbito de la educaci&oacute;n; hay que preguntarse en qu&eacute; condiciones se realiza hoy d&iacute;a la relaci&oacute;n maestro-alumno, es decir, c&oacute;mo se viven los procesos ense&ntilde;anza-aprendizaje en nuestros d&iacute;as.<\/p>\n<p>Sin duda alguna, ya no vivimos en las escuelas esa &eacute;poca donde bastaba que el docente entrara al sal&oacute;n de clase para que se hiciera el silencio y se prestara atenci&oacute;n. Ya no son los tiempos, salvo excepciones, donde la palabra del docente estaba dotada de autoridad, con independencia de sus capacidades de transmisi&oacute;n o de los conocimientos que trajera consigo, su sola presencia se hac&iacute;a valer. Ahora, lo sabemos, cuando un profesor entra al aula tendr&aacute; que ganarse en todo momento el silencio y atenci&oacute;n de los alumnos. La docencia se encuentra en una &eacute;poca marcada por el debilitamiento generalizado de toda autoridad simb&oacute;lica. Vivimos una &eacute;poca in&eacute;dita, una &eacute;poca donde hay una crisis de credibilidad generalizada. En nuestros d&iacute;as las creencias son d&eacute;biles. En estas condiciones, la pr&aacute;ctica de la ense&ntilde;anza est&aacute; amenazada con quedar reducida a la fr&iacute;a transmisi&oacute;n de informaci&oacute;n. La enfermedad de la escuela en nuestros d&iacute;as es el automatismo y la burocracia a la que se ve reducida la actividad docente. Lamentablemente la educaci&oacute;n se ha reducido a una pr&aacute;ctica que recicla un saber siempre id&eacute;ntico a lo ya sabido, lo ya visto, lo ya hecho, lo que conduce a reducir el amor por el conocimiento, que tendr&iacute;a que ser su motor, a simple administraci&oacute;n del conocimiento. La pr&aacute;ctica docente se ha reducido a una simple burocracia intelectual.<\/p>\n<p>Estando en este &aacute;mbito, podemos sumarnos a esta tendencia sobre la burocracia educativa o bien reflexionar sobre las coordenadas que nos permitan devolver a la pr&aacute;ctica docente esa vivencia que mantenga activa la relaci&oacute;n er&oacute;tica del sujeto con el saber. Esta &uacute;ltima opci&oacute;n, que es la que aqu&iacute; nos proponemos, como se&ntilde;ala Massimo Recalcati en su libro <em>La hora de clase<\/em>, se funda en la necesidad de que el profesor, ense&ntilde;ante o docente pueda preservar el lugar de lo imposible. Dice Recalcati: &ldquo;El maestro no es aquel que posee el conocimiento, sino aquel que sabe entrar en una relaci&oacute;n &uacute;nica con la imposibilidad que recorre el conocimiento, que es <em>la imposibilidad de saber de todo saber&rdquo;<\/em>. El saber no puede llegar a saberse todo, en su misma estructura es un no-todo, un imposible.<\/p>\n<p>Creo que no tenemos que profundizar mucho para darnos cuenta de que nuestra &eacute;poca est&aacute; marcada por una crisis generalizada de la educaci&oacute;n. La escuela ha perdido su potencia, ha dejado de ser un mecanismo de control social, no es ya la instancia donde se generen vidas ordenadas, en suma, la escuela se encuentra extraviada, ha dejado de ser un <em>Aparato Ideol&oacute;gico de Estado<\/em>. La escuela en nuestros d&iacute;as ve debilitado su prestigio simb&oacute;lico, por un lado, los alumnos son depositarios de un conocimiento est&eacute;ril que no los implica y los docentes son humillados social y econ&oacute;micamente, se les ha despojado de la autoridad que ten&iacute;an. La escuela es una instituci&oacute;n que se transform&oacute; en un lugar de socializaci&oacute;n, un centro de consumo y un espacio de inmensa frustraci&oacute;n, como dice Giovanni Battiroli.<\/p>\n<p>En la escuela de nuestros d&iacute;as, la palabra est&aacute; perdiendo peso, la referencia ya no es el libro sino la tecnolog&iacute;a, ya no la palabra sino la inform&aacute;tica, ya no la inteligencia sino la inteligencia artificial. Si la escuela es un reflejo de las sociedades, entonces la educaci&oacute;n en nuestros d&iacute;as cumple precisamente con la funci&oacute;n de moldear el yo de los sujetos, conforme al principio de realidad que una sociedad determinada estima como v&aacute;lida. Dig&aacute;moslo ya: la escuela se ha convertido en una productora de consumidores y una gestor&iacute;a de fuerza de trabajo acr&iacute;tico y despolitizado.<\/p>\n<p>Sigmund Freud, en <em>Psicolog&iacute;a de las masas y an&aacute;lisis del yo<\/em>, establece una conexi&oacute;n en la relaci&oacute;n que se entabla entre educador y educando, con lo que ocurre con el hipnotizador y el hipnotizado, lo mismo que entre el l&iacute;der y la masa. El maestro ocupa para el alumno el lugar del ideal del yo, esto le otorga al maestro un poder de sugesti&oacute;n, dado que, dice Freud: &ldquo;El proceso educativo requiere que el educador tome el lugar del ideal del yo de manera que el educando se someta a sus exigencias y, por otra parte, por identificaci&oacute;n con algunos rasgos del educador, el ideal mismo del educando sufra su influencia&rdquo;. Dado que ense&ntilde;ar es fundamentalmente influir sobre el yo y el ideal del yo de otro, vale entonces preguntarse sobre la profesi&oacute;n de &ldquo;Profesor&rdquo;.<\/p>\n<p>Hay tantas formas de ser profesor como relaciones humanas existen. Nos encontramos con una gradiente de la profesi&oacute;n de profesor casi infinita, pero bien podr&iacute;amos colocar los polos entre el maestro destructor de almas y vidas, esos profesores que quebrantan el esp&iacute;ritu de sus alumnos, aquellos que con su abuso de poder provocan la deserci&oacute;n del alumno y, en el peor de los casos, hasta el suicidio; en el otro polo est&aacute; el profesor carism&aacute;tico que, si no le da un sentido &eacute;tico a su carisma, se hace Uno con el alumno, el maestro buena ondita que renuncia la transmisi&oacute;n para quedarse en el convivio, se hace uno m&aacute;s de los educandos.<\/p>\n<p>George Steiner, en un extraordinario libro que se llama &ldquo;<em>Lecciones de los maestros<\/em>&rdquo;, nos hace ver que en esas diversas &aacute;reas de la ense&ntilde;anza (elemental, t&eacute;cnica, human&iacute;stica, moral, filos&oacute;fica) hay un algo del orden del <em>misterio de la transmisi&oacute;n<\/em>, se pregunta sobre ese misterio que es inherente a la dial&eacute;ctica educativa, se pregunta: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es lo que confiere a un hombre o una mujer el poder de ense&ntilde;ar a otro ser humano? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la fuente de su autoridad?&rdquo;<\/p>\n<p>Ante el enigma de ese <em>misterio<\/em> que se juega en la transmisi&oacute;n, hay que reconocer que la docencia se trata de una pr&aacute;ctica er&oacute;tica. Entre el maestro destructor de almas, el que arrebata todo, y el maestro buena ondita, el que da todo, Steiner propone una tercera v&iacute;a para la transmisi&oacute;n, se trata de la v&iacute;a del intercambio, vuelvo a citarlo: &ldquo;el eros de la mutua confianza e incluso amor&#8230; en un proceso de interrelaci&oacute;n, de &oacute;smosis el Maestro aprende de su disc&iacute;pulo cuando le ense&ntilde;a. La intensidad del di&aacute;logo genera amistad en el sentido m&aacute;s elevado de la palabra. Puede incluir tanto la clarividencia como la sinraz&oacute;n del amor&rdquo;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No hay comunidad, credo, disciplina o artesan&iacute;a que no tenga sus Maestros y disc&iacute;pulos, sus profesores y aprendices. El conocimiento es transmisi&oacute;n. En el progreso, en la innovaci&oacute;n, por radicales que sean, est&aacute; presente el pasado. Los maestros protegen y e imponen su memoria. 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