{"id":2428,"date":"2025-02-28T12:52:25","date_gmt":"2025-02-28T12:52:25","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/02\/28\/de-las-analogias-diacronicas-del-poder\/"},"modified":"2025-02-28T12:52:25","modified_gmt":"2025-02-28T12:52:25","slug":"de-las-analogias-diacronicas-del-poder","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/ensayo\/de-las-analogias-diacronicas-del-poder\/","title":{"rendered":"De las analogas diacrnicas del poder"},"content":{"rendered":"<p><em>Paralelismos narrativos entre <\/em>El seductor de la patria<em>, de Enrique Serna, y <\/em>Vida de los doce C&eacute;sares<em>, de Cayo Suetonio Tranquilo.<\/em><\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p><em>&ldquo;Aquellos que nos rigen y gobiernan, <\/em><\/p>\n<p><em>los que tienen al mundo en su mano,<\/em><\/p>\n<p><em>no les basta poseer un entendimiento ordinario, <\/em><\/p>\n<p><em>ni poder lo que nosotros podemos&hellip;&rdquo;<\/em><\/p>\n<p>Michel de Montaigne<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuenta Suetonio en la vida de Julio C&eacute;sar que en la ma&ntilde;ana de los comicios el futuro emperador advirti&oacute; a su madre que no volver&iacute;a a casa si no lo hac&iacute;a ostentando el cargo de pont&iacute;fice. Evidentemente Julio C&eacute;sar pronunci&oacute; estas palabras motivado por la superioridad en que se estimaba frente a los dem&aacute;s, a quienes jam&aacute;s consider&oacute; sus iguales. La vanidad a lo largo de la historia ha sido la marca distintiva de las y los grandes genios del arte, la pol&iacute;tica, la econom&iacute;a y las ciencias. Estos campos podr&iacute;an contener los mayores logros de la humanidad, y sus peores errores. Les debemos, entre muchas cosas, la Historia, escrita precisamente porque las y los genios transformaron a su comunidad. La cultura, la geograf&iacute;a pol&iacute;tica, las innovaciones tecnol&oacute;gicas, as&iacute; como las lenguas, son el resultado de las actividades de estos personajes. Basta ejemplificar con el idioma espa&ntilde;ol resultado del inter&eacute;s por dilatar el territorio del imperio romano que funge como mediador entre un genio pol&iacute;tico y su deseo de expansi&oacute;n. El genio no tiene trabas ling&uuml;&iacute;sticas, topogr&aacute;ficas o morales para cumplir el objetivo de su vida: la legitimaci&oacute;n que le asegura la posteridad.<\/p>\n<p>El humano es el &uacute;nico ser capaz de crear Historia, pues es el &uacute;nico que documenta los hechos pasados, y para ello el poder tiene singular importancia. El af&aacute;n de dominio no es exclusivo del <em>Homo sapiens<\/em>, todos los animales luchan contra otros de su especie para imponerse y ejercer su influencia. Lo que es exclusivo en el l&iacute;der humano es que lo impone con leyes. Esto es lo que conocemos como pol&iacute;tica.<\/p>\n<p>No es extra&ntilde;o que el genio sea (en pol&iacute;tica, ciencia, econom&iacute;a o arte) un tirano. Para ejercer el poder debe acapararlo todo. El genio no admite la mediocridad: es la totalidad o no lo es.<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a> Al respecto, Michel de Montaigne argumenta que &ldquo;<em>la ambici&oacute;n no es un vicio de gente balad&iacute;&rdquo;<\/em>. La ambici&oacute;n del l&iacute;der depende, en gran medida, de superar sus metas y prosperar en poder, creatividad o conocimiento, sin ocuparse de la opini&oacute;n de los dem&aacute;s. En este sentido, la novela <em>El seductor de la patria,<\/em> de Enrique Serna, es la historia de la ambici&oacute;n, expuesta al juicio p&uacute;blico, del hombre que modific&oacute; a todo un pa&iacute;s durante el siglo XIX. Es una novela curiosa pues es la autobiograf&iacute;a epistolar del l&iacute;der Antonio L&oacute;pez de Santa Anna que el autor redacta sin el prejuicio com&uacute;n de los bi&oacute;grafos que imponen la concepci&oacute;n subjetiva que tienen del hombre en cuesti&oacute;n.<\/p>\n<p>Vali&eacute;ndose de la polifon&iacute;a como recurso literario, Serna convierte al lector en un personaje m&aacute;s de su obra pues es al lector extradieg&eacute;tico a quien remite las cartas. La participaci&oacute;n de Manuel, el hijo del l&iacute;der, es demasiado ambigua si pretendemos concebirlo como receptor de los documentos para escribir la biograf&iacute;a de su padre. La actitud que presenta en las pocas ocasiones que responde a las misivas es la de la curiosidad propia de un bi&oacute;grafo. El lector es testigo indirecto de los actos del l&iacute;der porque es a &eacute;l, bajo la figura de Manuel, a quien est&aacute;n dirigidas las cartas. Por ende, reconstruye la vida del dictador como si fuese &eacute;l quien juzgara con qu&eacute; episodios se queda y cu&aacute;les olvida para relatar las peripecias del siglo XIX mexicano altamente influido por su padre (advi&eacute;rtase a Santa Anna como figura paterna de los mexicanos). De esta manera el lector, hipot&eacute;tico bi&oacute;grafo intradieg&eacute;tico, defiende o desmiente a uno de los personajes m&aacute;s incomprendidos en la historia de M&eacute;xico.<\/p>\n<p>La obra est&aacute; dividida en dos partes, constituidas por las cartas que env&iacute;a a La Habana, durante poco m&aacute;s de dos a&ntilde;os, Manuel Mar&iacute;a Gim&eacute;nez a Manuel L&oacute;pez de Santa Anna. Del 16 de marzo de 1874 al 22 de julio de 1876 Gim&eacute;nez env&iacute;a por correo, previamente dictados por su &ldquo;Alteza Seren&iacute;sima&rdquo;, los recuerdos del presidente (desde su ingreso a las filas del ej&eacute;rcito realista hasta los r&eacute;ditos que cobra el agiotista h&uacute;ngaro) con el objetivo de que el hijo redacte la biograf&iacute;a del padre para desmentir calumnias o corroborar verdades. El discurso se complementa con diarios, cartas entre los allegados al presidente, etc. Este corpus documental muestra que al protagonista no le importa nadie m&aacute;s que &eacute;l. Para &eacute;l la perspectiva de los dem&aacute;s es insignificante. Su ego&iacute;smo proviene de una indiferencia total; el l&iacute;der concibe a los otros como herramientas.<\/p>\n<p>Cabe destacar la cantidad de nombres, hist&oacute;ricamente importantes para la naci&oacute;n, que aparecen en la novela epistolar. No es para menos, Santa Anna se code&oacute; con la gente trascendente de su tiempo.<\/p>\n<p>Por otra parte, n&oacute;tese que el general nunca se dirige directamente al lector; entre sus recuerdos y nuestros ojos siempre hay intermediarios. Excepto en una ocasi&oacute;n en que, obnubilado por el brujo Wolfgang y Dolores Tosta, el genio senil exclama incongruencias. La voz del hombre, y no del mito, nos parece tan vulgar como las palabras que utiliza: &ldquo;estoy cojito&rdquo;. Por ello comprendemos que las leyendas requieren de intermediarios para continuar ejerciendo su influencia luego de mucho tiempo. Y la leyenda detr&aacute;s de un l&iacute;der pol&iacute;tico es coerci&oacute;n colectiva.<\/p>\n<p>Serna cuenta la historia del &ldquo;cojo traidor&rdquo; que gobern&oacute; lo que fue, antes de su llegada, el territorio m&aacute;s extenso de Hispanoam&eacute;rica. En sus &uacute;ltimos a&ntilde;os de vida, reducido a la humillaci&oacute;n y la impotencia, el genio se encierra en su cuarto sin alentar nuevas ambiciones. Es una leyenda con las ventajas que ello implica: la certeza de tener un lugar entre los protagonistas de la Historia. A la par de las desventajas que supone la vida: hambre, pobreza, mediocridad. El general sabe que su tragedia particular consisti&oacute; en morir a destiempo, en sobrevivir a sus &eacute;xitos pret&eacute;ritos, incapaz de superarlos o emularlos, para convertirse en un impotente monumento de su pasado.<\/p>\n<p><em>El seductor de la patria <\/em>se asemeja<em> <\/em>al trabajo del bi&oacute;grafo de otro l&iacute;der pol&iacute;tico: Julio C&eacute;sar. Las coincidencias en ambas vidas son notables: la toma del poder luego de guerras civiles en sus respectivas &eacute;pocas, la opulencia en su forma de vida, etc. Suetonio escribi&oacute; de Julio C&eacute;sar que:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>sumido en la confusi&oacute;n por el sue&ntilde;o de la pasada noche (pues, mientras dorm&iacute;a, hab&iacute;a so&ntilde;ado que violaba a su madre), lo interpretaron como un presagio del dominio del globo terr&aacute;queo, puesto que la madre que hab&iacute;a visto sometida a &eacute;l no era otra que la tierra, considerada madre de todas las criaturas. (Suetonio, 22)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De la misma forma, en diversas ocasiones Santa Anna concibe a la patria como madre de los mexicanos y declara que &ldquo;se la va a coger&rdquo;, o literalmente la penetra, como en la presentaci&oacute;n del himno nacional donde tiene relaciones sexuales con una mujer disfrazada aleg&oacute;ricamente de la patria. Las analog&iacute;as son recurrentes en una y otra biograf&iacute;a como por ejemplo en las composiciones musicales que cantan sus glorias; as&iacute; como Georg Fridrich H&auml;endel compuso la obra <em>Julio C&eacute;sar en Egipto<\/em>; Francisco Gonz&aacute;lez Bocanegra compuso el <em>Himno Nacional Mexicano <\/em>en honor a Santa Anna.<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a> En el cl&iacute;max de su popularidad el dictador llev&oacute; a cabo innumerables actos p&uacute;blicos que consolidaron su lugar en la Historia tales como embellecer a la Ciudad de M&eacute;xico de la misma forma que el C&eacute;sar embelleci&oacute; Roma (V&eacute;ase Suetonio, p&aacute;g. 64). El genio pol&iacute;tico act&uacute;a similarmente en todas las &eacute;pocas y tienen mas o menos el mismo resultado: la traici&oacute;n. C&eacute;sar asesinado por Bruto; Santa Anna desprestigiado por la opini&oacute;n p&uacute;blica.<\/p>\n<p>Las y los genios pol&iacute;ticos calculan sus acciones para adquirir la legitimaci&oacute;n p&uacute;blica. En los casos que nos ocupan, ambos aprendieron a mover tanto leyes como individuos seg&uacute;n su conveniencia para usarlos como escalones de la jerarqu&iacute;a del poder. El ejercicio de su influencia provoc&oacute; para ambos la aclamaci&oacute;n popular: &ldquo;muy pronto comprend&iacute; que para servir a la corona y servirme de ella, necesitaba escapar de la telara&ntilde;a legal (&hellip;) las leyes son el&aacute;sticas y el poder siempre las utiliza como instrumento para obrar a su antojo&rdquo;. (Serna, 2003: 69). La voluntad del l&iacute;der se impone a la reglamentaci&oacute;n que somete a la masa. Las leyes se modifican para servirlo. El reconocimiento social es indispensable porque significa que la sociedad lo concibe como modelo. La admiraci&oacute;n es una exigencia para trascender ya que admiramos lo que es superior a nosotros, lo que sobrevivir&aacute; a nuestro tiempo. Los genios imponen la conducta y as&iacute; permiten la continuidad de la Historia. El vulgo, al intentar imitarlo, confirma el poder cultural del genio creador.<\/p>\n<p>El protagonista de <em>El seductor de la patria<\/em> se antoja sagaz y oportunista cuando argumenta que: &ldquo;La pol&iacute;tica es el arte de comprar y vender favores. Un pol&iacute;tico tiene poder, o bien cuando los dem&aacute;s le deben muchos favores, o cuando est&aacute; en disposici&oacute;n de hacerlos&rdquo;. (Serna, 2003: 103). Esta visi&oacute;n es compartida por personajes de otras novelas del mismo autor. Antonio L&oacute;pez de Santa Anna y fray Juan de C&aacute;rcamo, de <em>&Aacute;ngeles del Abismo, <\/em>son testimonio de las relaciones de poder entre los agentes de la oligarqu&iacute;a mexicana. Ambos utilizan los favores como impulso para alcanzar las esferas m&aacute;s altas de administraci&oacute;n social.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tlacotzin no sab&iacute;a qu&eacute; le ofend&iacute;a m&aacute;s: si la insaciable gula de los frailes o sus intrigas por el poder. &iquest;De modo que los cargos se vend&iacute;an al mejor postor dentro de la orden? Con raz&oacute;n C&aacute;rcamo hab&iacute;a abierto la carnicer&iacute;a: necesitaba fondos para seguir ascendiendo. Su futuro depend&iacute;a de que supiera orde&ntilde;ar a los indios de Amecameca, y con el fruto de sus esquilmos, lograra ganarse la voluntad de otros falsos ap&oacute;stoles. (Serna, 2004: 111)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las intrigas y alianzas del fraile auspician el paralelismo de por s&iacute; evidente. El fraile, representaci&oacute;n religiosa del poder, concibe a los fieles como siervos. Para alcanzar un priorato se vale de amistades importantes que lo ayudan a subir los pelda&ntilde;os de la escalera al cielo. Al final de la obra cuando el fraile muere &ldquo;su cuerpo incorrupto difunde un olor a azucenas&rdquo;. Ese es el objetivo del genio: influir a pesar de la muerte.<\/p>\n<p>Sociol&oacute;gicamente entendemos la dictadura de Santa Anna como una creaci&oacute;n jerarquizada basada en las relaciones en las que el l&iacute;der ocup&oacute; una posici&oacute;n privilegiada desde donde transform&oacute; a la naci&oacute;n. En t&eacute;rminos de Pierre Bourdieu, el genio ten&iacute;a &ldquo;peso funcional&rdquo; en el sistema social.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La relaci&oacute;n que un creador sostiene con su obra y, por ello, la obra misma, se encuentran afectadas por el sistema de las relaciones sociales en las cuales se realiza la creaci&oacute;n (&hellip;) por la posici&oacute;n del creador en la estructura del campo intelectual. (Bourdieu, 241)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el ensayo &ldquo;Campo cultural y proyecto creador&rdquo;, Bourdieu sostiene que las relaciones de poder se forman para alcanzar la legitimaci&oacute;n cultural. En <em>El seductor de la patria<\/em> los constantes desfiles con los que agasajan al l&iacute;der consagraron su &ldquo;peso funcional&rdquo; en la historia mexicana. El prestigio asegur&oacute; su influencia en el campo pol&iacute;tico del pa&iacute;s y del extranjero durante un cuarto de siglo. Con su posici&oacute;n privilegiada conserv&oacute; &ldquo;entero&rdquo; el proyecto de la patria luego de la independencia. No obstante, si el seductor convenci&oacute; a propios y extra&ntilde;os de su autoridad pol&iacute;tica, es inexplicable porqu&eacute; despu&eacute;s del apellido Santa Anna solemos leer el ep&iacute;teto &ldquo;traidor&rdquo;. Santa Anna debi&oacute; morir en la batalla de Tampico luego de expulsar definitivamente a la corona espa&ntilde;ola del territorio mexicano. Venciendo a Barradas (que se cre&iacute;a un nuevo Hern&aacute;n Cort&eacute;s; otro genio pol&iacute;tico) los mexicanos lo recordar&iacute;an como un pr&oacute;cer al nivel de Hidalgo o Morelos, ya que ese fue su momento m&aacute;s &ldquo;leg&iacute;timo&rdquo;. Ante la pr&oacute;rroga vital el libertador de M&eacute;xico se volvi&oacute; un traidor repudiado. Algo tiene la muerte para tildar de h&eacute;roe nacional o tirano corrupto al mismo sujeto. Agreguemos a esta circunstancia que la estructura del campo cultural se invirti&oacute; con nuevos &ldquo;l&iacute;deres&rdquo; que actuaron conjuntamente para instaurar una forma de gobierno radicalmente opuesta al genio pol&iacute;tico: la democracia.<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a><\/p>\n<p>La segunda parte de la biograf&iacute;a del seductor se caracteriza por el cambio en la postura del l&iacute;der frente a la masa. Despu&eacute;s de la campa&ntilde;a de Texas, se percat&oacute; que &ldquo;este pa&iacute;s naci&oacute; de rodillas&rdquo; y sus habitantes jam&aacute;s se levantar&iacute;an. Quiz&aacute; el estigma de M&eacute;xico sea el auto desprecio. La indolencia con la que ignoraron al l&iacute;der cuando busc&oacute; apoyo para la guerra contra los norteamericanos fue la verdadera causa de que el territorio nacional quedara (como su l&iacute;der) incompleto. Pese a su tendencia a la exageraci&oacute;n, Santa Anna marcha al norte con un rid&iacute;culo ej&eacute;rcito de individuos malcomidos, sin paga ni instrucci&oacute;n, diezmado por las enfermedades y el cambio abrupto del clima des&eacute;rtico; la guerra estaba perdida antes de comenzar. Despu&eacute;s de la previsible derrota, el genio vuelve a un pa&iacute;s que a&uacute;n no nace, un aborto de Espa&ntilde;a que en el siglo XIX no se desarroll&oacute;. 170 a&ntilde;os despu&eacute;s a&uacute;n percibimos algunas limitaciones propias de una colonia.<\/p>\n<p>Por otra parte, Montaigne coment&oacute; de Julio C&eacute;sar lo que bien pudo comentar de Santa Anna pues ambos eran objeto de las intrigas de sus aduladores para derrocarlos del poder y ambos reprend&iacute;an las conspiraciones an&aacute;logamente, el uno en su palacio romano el otro en su hacienda veracruzana.<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a><\/p>\n<p>Los excesos de Santa Anna no se limitaban a campa&ntilde;as militares o peleas de gallos; se extend&iacute;an a las pr&aacute;cticas con sus subordinados. Recordemos el fragmento en que el dictador promulga leyes para reglamentar la indumentaria de los l&eacute;peros que asist&iacute;an a sus banquetes. Las insignias con las que condecoraba a sus soldados y los uniformes que mand&oacute; hacer a Francia corresponden al lujo con el que Julio C&eacute;sar visti&oacute; a sus legiones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>pon&iacute;a en ellos tanto cuidado que los equipaba con armaduras guarnecidas de plata y oro, tanto para ostentaci&oacute;n como para conseguir que su firmeza en el combate fuera mayor por miedo de perderlas (&hellip;) con este m&eacute;todo los hizo muy adictos a &eacute;l. (Suetonio, 85)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Este parecer ratifica la hip&oacute;tesis: los genios pol&iacute;ticos act&uacute;an de manera parecida, salvo diferencias accidentales, como en este caso donde la voluntad era la misma pero el resultado fue opuesto por la intercesi&oacute;n de causas ajenas al genio: Mientras Roma era un imperio en apogeo, M&eacute;xico se ca&iacute;a a pedazos por las luchas internas. El ej&eacute;rcito romano estaba bien adiestrado, era fiel a Julio C&eacute;sar e incluso com&iacute;a, en contraste con el ej&eacute;rcito que reclutaba su &ldquo;Alteza Seren&iacute;sima&rdquo;, mismo que intentaba realzar su indumentaria militar con balines colgados como medallas. Estos personajes recuerdan una herencia hisp&aacute;nica: la dignidad de hidalgos a pesar del hambre.<\/p>\n<p>No cabe duda de que la picaresca ejerce gran influencia en Enrique Serna cuando crea a sus personajes (el l&iacute;der era un criollo orgulloso que gobernaba un pa&iacute;s de hambrientos). En oposici&oacute;n a la moralidad anglosajona en la que la econom&iacute;a, as&iacute; como las relaciones interpersonales, depende de la frugalidad, encontramos el derroche de la cultura hisp&aacute;nica, secuela de la cultura heredada.<\/p>\n<p>En conclusi&oacute;n, para las bellas artes es indispensable el genio, pero la pol&iacute;tica no es un arte. El genio pol&iacute;tico har&aacute; de su poder una tiran&iacute;a que irremediablemente conducir&aacute; a sus gobernados a la desdicha y la desigualdad. Por muy calculador que sea el tirano, la masa en alg&uacute;n momento advertir&aacute; con rencor el saqueo y la imposici&oacute;n a la que est&aacute; sometida por culpa de la vanidad del engre&iacute;do. Para que la &ldquo;polis&rdquo; funcione es necesario el equilibrio. La democracia &uacute;nicamente es posible con la moderaci&oacute;n del poder, los genios son incompatibles con esta idea.<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a> La noci&oacute;n de rep&uacute;blica es un proceso colectivo en el que personas promedio se organizan con otras como ellas para beneficio de una naci&oacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>BIBLIOGRAF&Iacute;A<\/strong><\/p>\n<p>AN&Oacute;NIMO. (1997). <em>El lazarillo de Tormes. <\/em>Porr&uacute;a, M&eacute;xico<\/p>\n<p>BOURDIEU, Pierre (1995) <em>Las reglas del arte. G&eacute;nesis y estructura del campo literario. <\/em>Espa&ntilde;a. Ed. Anagrama<\/p>\n<p>DAL&Iacute;, Salvador. (2010) <em>Diario de un genio. <\/em>Tusquets Editores, M&eacute;xico<\/p>\n<p>MONTAIGNE, Michel de. (1997). <em>Ensayos escogidos<\/em>. UNAM, M&eacute;xico<\/p>\n<p>SERNA, Enrique (2004) <em>&Aacute;ngeles del abismo.<\/em> Joaqu&iacute;n Mortiz, M&eacute;xico<\/p>\n<p>_____. (2003) <em>El seductor de la patria.<\/em> Booket, Espa&ntilde;a.<\/p>\n<p>SUETONIO. (1992) <em>Vida de los doce C&eacute;sares.<\/em> Planeta-De Agostini, Espa&ntilde;a<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> &ldquo;Esta noche, por primera vez despu&eacute;s de por lo menos un a&ntilde;o, contemplo el cielo estrellado. Lo encuentro peque&ntilde;o. &iquest;Ser&eacute; yo el que crece o es el universo el que se encoge? &iquest;O las dos cosas a la vez?&rdquo; (Dal&iacute;, 85)<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Estrofas silenciadas del Himno Nacional Mexicano: &ldquo;Del guerrero inmortal de Zempoala \/ te defienda la espada terrible, \/ y sostiene su brazo invencible \/ tu sagrado pend&oacute;n tricolor. \/\/ &Eacute;l ser&aacute; el feliz mexicano \/ en la paz y en la guerra el caudillo, \/ porque &eacute;l supo sus armas, de brillo, \/ circundar en los campos de honor.&rdquo;<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> &ldquo;ya ni siquiera el pueblo estaba contento con la situaci&oacute;n presente, sino que, a escondidas y a las claras, rechazaba la tiran&iacute;a y reclamaba libertadores&rdquo;. (Suetonio, 98)<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> &ldquo;intentaba, vali&eacute;ndose de la clemencia, hacerse amar hasta de sus propios enemigos, conform&aacute;ndose en las conjuraciones que le eran conocidas con declarar simplemente que de ello estaba ya advertido&rdquo; (Montaigne)<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> V&eacute;ase el comportamiento del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Paralelismos narrativos entre El seductor de la patria, de Enrique Serna, y Vida de los doce C&eacute;sares, de Cayo Suetonio Tranquilo. &nbsp; &nbsp; &ldquo;Aquellos que nos rigen y gobiernan, los que tienen al mundo en su mano, no les basta poseer un entendimiento ordinario, ni poder lo que nosotros podemos&hellip;&rdquo; Michel de Montaigne &nbsp; Cuenta [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":2429,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-2428","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2428","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2428"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2428\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2429"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2428"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2428"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2428"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}