{"id":2410,"date":"2025-02-11T13:17:46","date_gmt":"2025-02-11T13:17:46","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/02\/11\/la-carta\/"},"modified":"2025-02-11T13:17:46","modified_gmt":"2025-02-11T13:17:46","slug":"la-carta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/la-carta\/","title":{"rendered":"La carta"},"content":{"rendered":"<p>Hace fr&iacute;o, como en casi todas las noches en el altiplano. Mientras escucho <em>Pat&eacute;tica<\/em>, de Tchaikovsky, las palabras, casi congeladas, salen entrecortadas de la carta, muy despacio porque no quieren relatar lo que en verdad vinieron a decir&hellip; Nunca s&eacute; explicar los mecanismos de cada instante&hellip; Las cartas son como la vida: nadie sabe lo que se trae en la pr&oacute;xima palabra, como en el pr&oacute;ximo d&iacute;a o en la pr&oacute;xima esquina. Pero la vida es m&aacute;s importante que una carta. Lo malo es que muchas veces las cartas cortan el aire, como si por un instante robasen la vida. En la noche aqu&iacute;, a m&aacute;s de tres mil metros de altura sobre el nivel del mar, sopla un viento fr&iacute;o que traspasa el abrigo, el tu&eacute;tano y el alma. Es una especie de congelador. El viento, sin pedir permiso, suele traer historias y dolores, al igual que las misivas que siempre son un espacio para su propio desahogo. Vienen de alg&uacute;n lugar con mar, con un lenguaje adecuado para expresar un no s&eacute; qu&eacute;, que al final siempre duele&hellip;<\/p>\n<p>En el mundo globalizado, caracterizado por la aceleraci&oacute;n del tiempo y la rapidez de los nuevos medios de comunicaci&oacute;n, no es normal que env&iacute;en una carta en un sobre, como lo hac&iacute;an en el tiempo de mi bisabuela Ontilinia. Por eso, la misiva en papel es una especie de fr&iacute;o en el est&oacute;mago, como una bala que se aloja en el vientre y hace que se desangre de a poco. El primer impacto trae la conciencia de c&oacute;mo pasa el tiempo, que de pronto son a&ntilde;os sin palabras, en silencio. El segundo impacto se adentra en los recuerdos y abre una puerta al pasado: el cruce tiene muchas sendas y, en cada incursi&oacute;n, el trayecto elegido es siempre muy distinto. Despu&eacute;s, no existen palabras que puedan volver a unir. Ya nada costura aquello que se rompi&oacute; con la distancia y el tiempo, cuando unos abandonaron su lugar para ir a hacer historia en un no-lugar, eternamente, desconocido para los que se quedaron en su terreno y ajeno al que se fue.<\/p>\n<p>No queda otra que tomar una bocanada del aire g&eacute;lido que envuelve la noche altipl&aacute;nica para tomar conciencia sobre la vida que es apenas el c&uacute;mulo de la p&eacute;rdida y del abandono de lugares y de personas. Al final, siempre somos pasajeros en tr&aacute;nsito para otro lugar. Entonces dejo que las palabras fluyan del papel, que se alojen en mi retina y dejen a mi mente saber qui&eacute;n muri&oacute;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace fr&iacute;o, como en casi todas las noches en el altiplano. 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