{"id":2378,"date":"2025-01-10T12:24:59","date_gmt":"2025-01-10T12:24:59","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/01\/10\/rabia\/"},"modified":"2025-01-10T12:24:59","modified_gmt":"2025-01-10T12:24:59","slug":"rabia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/narrativa\/rabia\/","title":{"rendered":"Rabia"},"content":{"rendered":"<p>Lleg&oacute; en octubre, era de color blanco y negro como el yin y el yang. Le pusieron como nombre Speedy. Naci&oacute; de una perra del mismo color que &eacute;l, la cual tambi&eacute;n hab&iacute;a parido unos perritos caf&eacute;s, cuyas orejitas s&iacute; estaban paradas, a diferencia de Speedy, que las ten&iacute;a como ca&iacute;das. Por eso los dos chicos de la familia le pon&iacute;an Diurex en las orejas para que se le quedaran paradas, porque aseguraban que era un perro de raza chihuahua. La familia que lo adopt&oacute; estaba conformada por El&iacute;as, Mar&iacute;a y sus dos hijos: Lucas y Mirna.<\/p>\n<p>A los cuatro meses lo llevaron a una fiesta y all&iacute; una amiga de la familia, conocedora de perros, les dijo que le quitaran el Diurex de sus orejas, pues nunca se le iban a parar y su tama&ntilde;o era m&aacute;s grande que el de un perro chihuahua. Todos se rieron de los due&ntilde;os del perrito y durante mucho tiempo fue la historia que la amiga contaba cada vez que los ve&iacute;a.<\/p>\n<p>Y as&iacute; fue: a Speedy nunca se le pararon las orejas y creci&oacute; lo doble que un perro de raza pura chihuahua.<\/p>\n<p>Trataron de entrenarlo para que aprendiera a hacer sus necesidades con un pa&ntilde;al especial &ldquo;entrenador&rdquo;, que colocaban en el piso en un lugar determinado. Lo dejaban un rato en la azotea, encerrado, para que aprendiera a hacer sus evacuaciones en dicho pa&ntilde;al, pero nunca aprendi&oacute;, as&iacute; que utilizaba cualquier lugar de la azotea para orinar o defecar.<\/p>\n<p>Como buen perro macho, empez&oacute; a marcar toda la casa. Se le quer&iacute;a mucho, dorm&iacute;a siempre con alguno de los miembros de la familia, se acurrucaba como bolita. En ciertas ocasiones, s&iacute; desesperaba a la familia el hecho de que marcara con orines en lugares impensables de la casa, como las esquinas de las camas, las patas de cualquier mesa, hasta la punta de las colchas de las camas si estas colgaban.<\/p>\n<p>Un d&iacute;a, cuando Speedy todav&iacute;a era un cachorro, orin&oacute; la mochila de Mirna. Ella, en un arranque de enojo, lo avent&oacute; de forma impulsiva por haber orinado su mochila preferida. Speedy se puso a gemir. Rega&ntilde;aron a la joven y se hizo una reuni&oacute;n familiar para decidir si se iba a aceptar a Speedy o se le daba en adopci&oacute;n nuevamente. La joven abraz&oacute; a Speedy, llor&oacute; arrepentida, record&oacute; que fue ella la que m&aacute;s insisti&oacute; en que lo adoptaran, por eso les prometi&oacute; que pasara lo que pasara, lo aceptaba para siempre. Speedy, sin embargo, continu&oacute; con su instinto de marcar territorio, incluso orinaba los zapatos de las visitas. Por ello tomaban medidas preventivas: cuando llegaban visitantes a la casa, lo sub&iacute;an a la azotea y all&aacute; lo dejaban un rato.<\/p>\n<p>Les dijeron que ser&iacute;a bueno castrarlo despu&eacute;s del a&ntilde;o de edad y que se les quitaba mucho esa tendencia a marcar, pero, por otro lado, se volv&iacute;an menos activos.<\/p>\n<p>Prefirieron no castrarlo y quererlo tal como era. En el fraccionamiento donde viv&iacute;a Speedy, hab&iacute;a una pradera como de dos kil&oacute;metros. Cuando lo sacaban a pasear y lo dejaban sin correa era impresionante la forma como corr&iacute;a, mejor que una gacela. Fue entrenado por las ratas, s&iacute;, hab&iacute;a ratas que no se sab&iacute;a de d&oacute;nde sal&iacute;an y &eacute;l iba detr&aacute;s de ellas. Muchas hu&iacute;an, pero Speedy atrapaba una que otra y la tra&iacute;a como premio a sus due&ntilde;os, moviendo la cola. Esos trofeos no les agradaban mucho, pero lo entend&iacute;an porque hab&iacute;an investigado que era un perro de raza ratonero espa&ntilde;ol cruzado con chihuahua.<\/p>\n<p>Lucas se juntaba con otros ni&ntilde;os de su edad, quienes tambi&eacute;n ten&iacute;an perros que eran casi todos del mismo tama&ntilde;o. Y como viv&iacute;an en fraccionamiento cerrado, sal&iacute;an en las tardes a jugar con sus perros. Adem&aacute;s, la mayor&iacute;a de ellos eran compa&ntilde;eros en la primaria, iban en quinto. Un buen d&iacute;a, a alguno de ellos se le ocurri&oacute; organizar competencias de carreritas con los perros y empezaron a apostar 5 pesos por carrera, luego aumentaron a 10 pesos. Se entregaba el dinero al ni&ntilde;o cuyo perro ganara. La mayor&iacute;a de las carreras las ganaba Speedy. A los amiguitos de Lucas comenz&oacute; a disgustarles que siempre Speedy ganara, pero ni c&oacute;mo negar que era el perro m&aacute;s r&aacute;pido de todos. Mientras los ni&ntilde;os ya se sent&iacute;an molestos y algunos ya se negaban a salir, la mesa directiva del fraccionamiento envi&oacute; un aviso sobre la decisi&oacute;n que se hab&iacute;a tomado de colocar cajas con veneno para las ratas, y que mantuvieran a sus perros lejos de la malla que separaba el fraccionamiento de la carretera. Los padres acordaron salir a pasear a sus perros con correas y no permitir que los ni&ntilde;os lo hicieran, porque pod&iacute;an descuidarse y entonces sus perros podr&iacute;an olisquear las cajas de veneno para las ratas.<\/p>\n<p>El&iacute;as disfrutaba salir con Speedy a caminar, el amor era rec&iacute;proco entre ambos. Incluso, si la esposa se acercaba a besar a su esposo, Speedy le ladraba y era capaz de intentar morderla, pero si no estaba &eacute;l en la casa, era muy cari&ntilde;oso con Mar&iacute;a.<\/p>\n<p>El&iacute;as y Speedy, caminaban mucho, hasta dos o tres horas, por cerros cercanos. Esto hab&iacute;a hecho que Speedy desarrollara una muy buena condici&oacute;n. El&iacute;as, que siempre hab&iacute;a sido muy deportista, estaba orgulloso de Speedy. En el fraccionamiento, los due&ntilde;os de los perros ten&iacute;an un comportamiento peculiar: se sent&iacute;an como &uacute;nicos en la pradera, la mayor&iacute;a cre&iacute;a que pose&iacute;a el mejor perro del mundo. &ldquo;Dicen que todos los perros se parecen a su due&ntilde;o hasta en lo f&iacute;sico muchas veces&rdquo;.<\/p>\n<p>Speedy, siempre que sal&iacute;a, no med&iacute;a su peque&ntilde;ez: les ladraba a los perros grandes y se les aventaba, pero con la correa se le deten&iacute;a. Hab&iacute;a otros perros que pasaban indiferentes, vi&eacute;ndolo hacia abajo. Otros s&iacute; se le quer&iacute;an aventar a pelear, pero generalmente los due&ntilde;os deten&iacute;an a sus perros con la correa.<\/p>\n<p>Una ma&ntilde;ana, El&iacute;as sac&oacute; a pasear a Speedy, y se encontraron en la pradera del fraccionamiento a un perro de raza American Pitbull Terrier, que se llamaba Goliat. Speedy se lanz&oacute; contra &eacute;l, los due&ntilde;os de cada uno de los perros los deten&iacute;an con sus correas. El&iacute;as tom&oacute; una piedra para amedrentar al Pitbull, pero se acerc&oacute; m&aacute;s el perro a Speedy y El&iacute;as termin&oacute; tir&aacute;ndole la piedra con tanta fuerza que hasta gimi&oacute; el Pitbull. El due&ntilde;o de Goliat se encoleriz&oacute;, se hicieron de palabras, pasaron a los golpes a pu&ntilde;o limpio, los perros corrieron, el Pitbull corri&oacute; detr&aacute;s de Speedy, quien hizo uso de toda su velocidad y logr&oacute; escapar de su perseguidor. Se fue a resguardar detr&aacute;s de un &aacute;rbol de pirul cuyo tronco era enorme. All&iacute; se mantuvo quietecito, mientras Goliat olfateaba a su alrededor. En ese momento salt&oacute; una rata y Goliat se fue persigui&eacute;ndola. Speedy, vi&eacute;ndose fuera de peligro, husme&oacute; entre la hojarasca y encontr&oacute; una rata agonizante, movi&eacute;ndose a&uacute;n. La tom&oacute; con su hocico para llev&aacute;rsela como trofeo a su due&ntilde;o, tal como acostumbraba hacerlo. Los guardias del fraccionamiento separaron a los due&ntilde;os y les pidieron que guardaran la cordura o iban a llamar a una patrulla. Ambos, se calmaron y se pidieron disculpas, el perro American Pitbull Terrier hab&iacute;a regresado y se lo llev&oacute; su due&ntilde;o, pero Speedy no apareci&oacute;.<\/p>\n<p>El&iacute;as no lograba encontrarlo.<\/p>\n<p>Anduvo busc&aacute;ndolo cerca de la malla, entre la hierba y los &aacute;rboles, hasta que escuch&oacute; gemidos detr&aacute;s de un &aacute;rbol de pirul. All&iacute; estaba Speedy, con la rata todav&iacute;a en su hocico, vomitando sangre y gimiendo. Lo carg&oacute; en sus brazos y de inmediato lo llev&oacute; al veterinario, pero en el camino muri&oacute; Speedy. Con la esperanza de que solo se hubiera desmayado, lleg&oacute; El&iacute;as al veterinario, quien le dijo que Speedy hab&iacute;a ingerido el veneno de la rata que hab&iacute;a atrapado y ya no se pod&iacute;a hacer nada. Desesperado, le pidi&oacute; que hiciera algo por su perro, que no pod&iacute;a morir. Era para &eacute;l y su familia una mascota muy importante. El veterinario le dijo que lo comprend&iacute;a, que a diario ve&iacute;a familias que lloraban a sus mascotas porque ten&iacute;an que dormirlas porque sufr&iacute;an mucho por diversos padecimientos. Le aconsej&oacute; que mejor llamara al resto de los miembros de su familia para que se despidieran de Speedy y lo incineraran.<\/p>\n<p>Los tres acudieron sorprendidos de la muy mala noticia que El&iacute;as les hab&iacute;a dado y se despidieron de su gran perro Speedy. Todos lloraron. Esperaron a que terminaran de incinerarlo y se llevaron las cenizas en una urna especial para perros.<\/p>\n<p>Sus hijos y su esposa preguntaban a El&iacute;as una y otra vez c&oacute;mo hab&iacute;a ocurrido la muerte de Speedy, si &eacute;l era tan cuidadoso con el perro. El&iacute;as tuvo que mentirles, les dijo que se le hab&iacute;a soltado en una distracci&oacute;n y que Speedy, por alcanzar la rata, se perdi&oacute; de su vista.<\/p>\n<p>Mirna lo consolaba, porque su padre terminaba llorando en los interrogatorios que ellos le hac&iacute;an. Y durante varios d&iacute;as despu&eacute;s de la muerte de Speedy andaba cabizbajo, pensativo, sin entusiasmo por hacer deporte. Su hija habl&oacute; con su padre, le pidi&oacute; que ya no llorara, le dijo que Speedy hab&iacute;a sido muy feliz con ellos, y que ella, cuando hab&iacute;a azotado en el suelo a Speedy por orinar su mochila, crey&oacute; haberlo matado, que no se explicaba de d&oacute;nde le hab&iacute;a salido tanto enojo, si quer&iacute;a mucho a Speedy, ese enojo la hab&iacute;a dejado sin pensar en las consecuencias de haber podido matar a Speedy y que hasta el d&iacute;a de hoy se sent&iacute;a culpable, pero al contarlo se sent&iacute;a ya tranquila.<\/p>\n<p>El&iacute;as le agradeci&oacute; a su hija por darle &aacute;nimos y por la confesi&oacute;n que le hab&iacute;a hecho, pues lo hizo sentirse un buen padre, porque pens&oacute; que eso hab&iacute;a liberado a su hija adolescente de una culpa. Sin embargo, &eacute;l no olvidaba que la muerte de Speedy hab&iacute;a sido el resultado de la rabia de dos adultos defendiendo a sus perros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lleg&oacute; en octubre, era de color blanco y negro como el yin y el yang. Le pusieron como nombre Speedy. Naci&oacute; de una perra del mismo color que &eacute;l, la cual tambi&eacute;n hab&iacute;a parido unos perritos caf&eacute;s, cuyas orejitas s&iacute; estaban paradas, a diferencia de Speedy, que las ten&iacute;a como ca&iacute;das. 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