{"id":2374,"date":"2025-01-07T13:07:18","date_gmt":"2025-01-07T13:07:18","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2025\/01\/07\/don-florencio-y-sus-dos-esposas\/"},"modified":"2025-01-07T13:07:18","modified_gmt":"2025-01-07T13:07:18","slug":"don-florencio-y-sus-dos-esposas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/don-florencio-y-sus-dos-esposas\/","title":{"rendered":"Don Florencio y sus dos esposas"},"content":{"rendered":"<p>Le Cimeti&egrave;re du Sud fue creado en las afueras de la ciudad de Paris en 1824, como muchos otros cementerios que reemplazaron al Cimeti&egrave;re des Innocents, que estaba dentro de la ciudad y fue cerrado en 1786 por motivos de salubridad. Le Cimeti&egrave;re du Sud es un cementerio ubicado en el barrio de Montparnasse, Par&iacute;s, Francia, en el n&uacute;mero 3 del bulevar Edgar Quinet; ocupa 19 hect&aacute;reas. Se sit&uacute;a en el barrio de Montparnasse, por eso, pas&oacute; a ser conocido con el nombre de Cimeti&egrave;re du Montparnasse. Con el tiempo, la necr&oacute;polis reuni&oacute; tanto las huellas de personajes p&uacute;blicos como las de personas desconocidas. Cabe notar que en el centro del cementerio de Montparnasse se encuentra el &uacute;nico molino que se conserva de los treinta que hab&iacute;a en la llanura de Montrouge. Fue construido a mediados del siglo XVII por los hermanos de Saint-Jean-de-Dieu o de la Charit&eacute;. Durante la Revoluci&oacute;n, el molino se transform&oacute; en una sala de baile al aire libre. En 1824 pas&oacute; a formar parte del cementerio ampliado de Montparnasse y a albergar la residencia del guardi&aacute;n. Hoy el molino est&aacute; vac&iacute;o. El cementerio en sus inicios, era una necr&oacute;polis privada de los monjes de Saint-Jean-de Dieu, s&oacute;lo a principios del siglo XIX se convirti&oacute; en un cementerio p&uacute;blico, la primera inhumaci&oacute;n tuvo lugar en 1824.<\/p>\n<p>En el Cementerio de Montparnasse est&aacute;n los restos de muchos intelectuales y artistas franceses y extranjeros, entre ellos Philippe Noiret, actor franc&eacute;s de teatro y cine; la actriz de Hollywood dominicana Mar&iacute;a Montez &ldquo;La Reina del Technicolor&rdquo;; Julio Ruelas, artista y grabador simbolista; Jes&uacute;s Soto, artista cin&eacute;tico venezolano; &Oacute;scar Dom&iacute;nguez, pintor surrealista espa&ntilde;ol; Pierre-Joseph Proudhon, pensador anarquista; Tristan Tzara, poeta y representante del dada&iacute;smo; Charles Baudelaire, autor de <em>Las flores del mal<\/em>; Samuel Beckett, escritor irland&eacute;s ganador del Premio Nobel de Literatura; y cerca de &eacute;l, Georges Schehad&eacute;, poeta y dramaturgo liban&eacute;s; Eug&egrave;ne Ionesco, dramaturgo rumano; y el artista argentino Sergio de Castro. Asimismo, se encuentran en este cementerio parisino los fil&oacute;sofos existencialistas franceses Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir; Marguerite Duras, escritora francesa; C&eacute;sar Vallejo, poeta peruano; Carlos Fuentes, escritor mexicano. Junto a varios pol&iacute;ticos tanto internacionales como Santiago Casares Quiroga, presidente del Consejo de Ministros de Espa&ntilde;a al comienzo de la guerra civil o Porfirio D&iacute;az, presidente de M&eacute;xico; pol&iacute;ticos nacionales como Jacques Chirac, presidente de la Rep&uacute;blica Francesa, el pol&iacute;tico y banquero Rapha&euml;l Bischoffsheim entre otros. Adem&aacute;s, de Julio Cort&aacute;zar, escritor argentino nacido en B&eacute;lgica y naturalizado franc&eacute;s.<\/p>\n<p>Si, all&iacute; est&aacute; enterrado don Florencio, el mismo que escribi&oacute; que: &ldquo;And&aacute;bamos sin buscarnos, pero sabiendo que and&aacute;bamos para encontrarnos&rdquo;. Fallecido en un domingo de invierno, el d&iacute;a 12 de febrero de 1984, cuando hac&iacute;a un fr&iacute;o insufrible bajo los cielos de Paris. Don Florencio dejaba el cuerpo, las camisas guayaberas, los discos de Parker, Louis Armstrong, Bessie Smith y Monk. Dejaba atr&aacute;s los libros de Arist&oacute;teles, Plat&oacute;n, Kant, Cassirer y otros. Llevaba consigo algunos gustos como el de espectador de boxeo. Dejaba el h&aacute;bito de escribir cartas (su primera esposa, Aurora Bern&aacute;rdez, recopil&oacute; m&aacute;s de 1000 misivas en cinco vol&uacute;menes). Dejaba, otra vez, a Aurora Bern&aacute;rdez, su primera esposa que le acompa&ntilde;&oacute; hasta el &uacute;ltimo suspiro y lo enterr&oacute; a lado de su segunda esposa, Carol Dunlop.<\/p>\n<p>En un d&iacute;a as&iacute;, con un fr&iacute;o as&iacute;, alz&oacute; su &uacute;ltimo vuelo, a consecuencia de una leucemia, Julio Florencio Cort&aacute;zar, escritor, profesor y traductor argentino, que renunci&oacute; a su nacionalidad argentina en protesta contra la dictadura militar en su pa&iacute;s.<\/p>\n<p>El Cementerio de Montparnasse alberga la tumba que Don Florencio ide&oacute; en vida para que contenga su cuerpo en la larga noche de la muerte. Su sepulcro contiene una l&aacute;pida de m&aacute;rmol blanco con la losa dividida en dos, as&iacute; lo ha ideado el propio autor de <em>Rayuela<\/em>, que encarg&oacute; a sus amigos, Luis Tomasello y Julio Silva, el dise&ntilde;o. Es curioso ver la cabecera de la l&aacute;pida donde, usualmente se coloca una cruz, emerge all&iacute; un t&oacute;tem de un Cronopio realizado con varios c&iacute;rculos de piedra verdosa, coronada por un peque&ntilde;o rostro blanco que se inclina amoroso sobre la tumba. Recordemos que, un cronopio, es uno de esos seres que son &ldquo;un dibujo fuera del margen, un poema sin rimas&rdquo; en palabras del Grand&iacute;simo Cronopio. En el sector superior de la l&aacute;pida se encuentra tallado el nombre de Carol Dunlop, quien fuera su segunda esposa enterrada all&iacute; en 1982. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, en la otra mitad depositaron el Cronopio Mayor, Julio Florencio Cort&aacute;zar, tendido en su caja de caoba.<\/p>\n<p>Don Florencio dividi&oacute; la especie humana en tres bandos: los cronopios, que son poqu&iacute;simos, son exponentes de la libertad del esp&iacute;ritu, de la creaci&oacute;n, del goce, del deleite y la improvisaci&oacute;n; los esperanzas son escasos, pasivos, t&iacute;midos pero candorosos; los famas son almidonados, estrictos, cuidadores del orden y de la seguridad, viven r&iacute;gidos y generalmente amargados y son tantos y tantos que no se podr&iacute;a se&ntilde;alar a los principales, pero es f&aacute;cil descubrirlos en las noticias de la televisi&oacute;n y los diarios, en las oficinas, en las colas del supermercado siempre fastidiosos.<\/p>\n<p>3a divisi&oacute;n, 2a secci&oacute;n, 17 oeste, son las coordenadas en el cementerio parisino de Montparnasse para llegar a la tumba de Julio Florencio Cort&aacute;zar y de su segunda esposa Carol Dunlop. Julio Florencio Cort&aacute;zar le pidi&oacute; a Aurora Bern&aacute;rdez que lo enterrara junto a Carol Dunlop.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de 30 a&ntilde;os, Aurora Bern&aacute;rdez decidi&oacute; que las cenizas de ella se colocar&iacute;an en la mitad de la tumba que le correspond&iacute;a a Cort&aacute;zar, porque se sent&iacute;a la viuda o porque ella sent&iacute;a que &eacute;l fue el gran amor de su vida, adem&aacute;s, estaba segura que nada pudo separarlos, ni siquiera su propio divorcio.<\/p>\n<p>En fin, como heredera y albacea de su obra, Aurora Bern&aacute;rdez pod&iacute;a decidir sobre la tumba del escritor, independientemente de la voluntad de &eacute;ste, as&iacute; que Don Florencio y sus dos esposas descansan juntos bajo una l&aacute;pida de m&aacute;rmol blanco, en cuyo extremo final sobresale una serie de c&iacute;rculos de piedras que conforman una especie de gusano, rematada por una carita blanca: la escultura del cronopio realizado por su amigo Julio Silva. Una tumba que alberga a un Esperanza, un Fama y un Cronopio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Le Cimeti&egrave;re du Sud fue creado en las afueras de la ciudad de Paris en 1824, como muchos otros cementerios que reemplazaron al Cimeti&egrave;re des Innocents, que estaba dentro de la ciudad y fue cerrado en 1786 por motivos de salubridad. 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