{"id":2362,"date":"2024-12-24T13:07:41","date_gmt":"2024-12-24T13:07:41","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/12\/24\/la-admiracion-1\/"},"modified":"2024-12-24T13:07:41","modified_gmt":"2024-12-24T13:07:41","slug":"la-admiracion-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/la-admiracion-1\/","title":{"rendered":"La admiracin"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>El comienzo de todos los saberes es la admiraci&oacute;n ante el hecho de que las cosas sean como son.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Arist&oacute;teles (<em>&Eacute;tica para Nicodemo<\/em>)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La admiraci&oacute;n es el pegamento de lo humano. La admiraci&oacute;n opera de sost&eacute;n en el amor y en la amistad. La admiraci&oacute;n es la primera de las pasiones que se&ntilde;ala Ren&eacute; Descartes en su <em>Tratado de las pasiones<\/em>. La m&aacute;s humana y primaria de las pasiones es la admiraci&oacute;n que, junto al asombro y la estupefacci&oacute;n, son colocadas por Plat&oacute;n en el origen de la filosof&iacute;a. Con la admiraci&oacute;n, dice el fil&oacute;sofo griego, nuestros ojos se hacen part&iacute;cipes del espect&aacute;culo de las estrellas, del sol y de la b&oacute;veda celeste. Como los ojos del reci&eacute;n nacido ante el mundo.<\/p>\n<p>Ninguna de las tres instancias se&ntilde;aladas por Plat&oacute;n est&aacute;n desligadas: emparentada con el asombro, la admiraci&oacute;n deja estupefacto a quien la vive, lo deja asombrado ante el espect&aacute;culo del mundo. En este sentido, Arist&oacute;teles nos ense&ntilde;a que la admiraci&oacute;n es lo que impulsa a los hombres a filosofar: empezando por admirarse de aquello que les sorprend&iacute;a por extra&ntilde;o, dice, los hombres avanzaron poco a poco y se preguntaron por las vicisitudes de la luna y del sol, de los astros y por el origen del universo.<\/p>\n<p>Al estado de asombro en que nos sume la admiraci&oacute;n, sin embargo, pronto le sucede la duda. Con la duda, la admiraci&oacute;n se pone en suspenso. La duda es efecto de sospecha sobre lo que se admira; es una puesta en evidencia del enga&ntilde;o que se supone conlleva toda admiraci&oacute;n, dado que se trata, a decir de Descartes, de una percepci&oacute;n y no de un hecho de raz&oacute;n. El <em>cogito<\/em> cartesiano (&ldquo;pienso, luego soy&rdquo;) introduce inevitablemente la duda met&oacute;dica, la duda como m&eacute;todo, como la fuente del examen cr&iacute;tico de todo conocimiento; la duda se pone como condici&oacute;n met&oacute;dica al pensamiento, desterrando as&iacute; a la admiraci&oacute;n. Si el origen del filosofar reside en la admiraci&oacute;n, que no tiene l&iacute;mites, que se mueve en el mar de los excesos, y a &eacute;sta se le impone la duda, entonces el filosofar no puede conducir sino a la conciencia de estar perdido, fuera de lugar. El filosofar ser&iacute;a siempre un retorno al origen, a la causa; y lo que se encuentra en la ra&iacute;z, en la causa, es precisamente la admiraci&oacute;n. A los que se sostienen en la admiraci&oacute;n les llaman locos. A quien practica la contemplaci&oacute;n, se le a&iacute;sla y discrimina.<\/p>\n<p>Plat&oacute;n y Arist&oacute;teles partieron de la admiraci&oacute;n en busca de la esencia del ser. Descartes, por su parte, buscaba la certeza imperiosa en medio de la serie sin fin de lo incierto, busca aquello que no tuviera lugar a duda, lo que est&eacute; alejado de la ilusi&oacute;n, aquello que excluir&iacute;a la admiraci&oacute;n. &iexcl;Pobre de la humanidad sin admiraci&oacute;n, sin pasi&oacute;n!<\/p>\n<p>Sin embargo, la admiraci&oacute;n, en tanto que se mueve sin-l&iacute;mites, como corresponde a toda pasi&oacute;n, deviene en algo de lo que hay que sospechar (dudar). La admiraci&oacute;n tambi&eacute;n tiene su <em>genio maligno<\/em> y se presenta a partir de la duda. Pero no ocurre as&iacute;, hay quienes se aferraron a vivir en la admiraci&oacute;n. Los Estoicos, por ejemplo, buscaban, en medio de los dolores de la existencia, la paz del alma. Esperaban acoplarse a lo que dejaba en suspenso el juicio y que era asequible s&oacute;lo por la v&iacute;a de la admiraci&oacute;n. Rehu&iacute;an de la sospecha.<\/p>\n<p>Cada pasi&oacute;n, cada uno de los estados de turbaci&oacute;n humana, tiene su verdad, su m&aacute;s all&aacute; de la raz&oacute;n y est&aacute; marcada por el exceso. Cada &eacute;poca viste de diversas maneras a las pasiones. Cada revestimiento tiene como finalidad determinar el lugar de <em>la verdad<\/em> (la Raz&oacute;n) y desde ah&iacute; sostener un discurso dominante de las pasiones.<\/p>\n<p>Sin embargo, dentro de las seis pasiones cartesianas (la admiraci&oacute;n, el amor, el odio, la alegr&iacute;a, la tristeza y el deseo), quiz&aacute; sea la admiraci&oacute;n, que se expresa en el arrobamiento y el pasmo ante el espect&aacute;culo del mundo, lo que nos hace retener el aliento, lo que nos tienta a sustraernos de la raz&oacute;n, y nos incita a caer presos de los hechizos de una metaf&iacute;sica o nos sumerge en el mar de la creaci&oacute;n.<\/p>\n<p>El discurso de la ciencia ha buscado limitar la admiraci&oacute;n, lo sin-l&iacute;mites, para &ldquo;hacer entrar en raz&oacute;n&rdquo; al mundo. La ciencia avanza a partir de limitar las pasiones, deshace el hechizo que produce la admiraci&oacute;n. Pero la admiraci&oacute;n es terca y no se permite descanso, se vale incluso de las certezas que el saber cient&iacute;fico produce para recrearse, es decir, en el mundo de la ciencia, incluso en la llamada ciencia dura, la admiraci&oacute;n juega su papel.<\/p>\n<p>Para terminar, demos el lugar que se debe a Descartes al abordar las pasiones y en particular la admiraci&oacute;n en su &uacute;ltimo libro, publicado en 1649, cuando el inventor del <em>cogito<\/em> aun contaba con vida (muri&oacute; en 1654), <em>Las pasiones del alma<\/em>.<\/p>\n<p>Analiz&aacute;ndolo detenidamente, podemos observar que este libro est&aacute; sostenido por la l&oacute;gica de las cuatro normas de su m&eacute;todo: en tres partes y doscientos doce art&iacute;culos se efect&uacute;a una exhaustiva sistematizaci&oacute;n de las pasiones. Resulta interesante, en primer t&eacute;rmino, considerar la definici&oacute;n de pasi&oacute;n en el pensador franc&eacute;s, y las seis pasiones fundamentales de las cuales, seg&uacute;n su opini&oacute;n, derivan todas las dem&aacute;s: &ldquo;las pasiones del alma pueden definirse en general como percepciones, sentimientos o emociones que se refieren particularmente a ella, que son causadas, mantenidas por alg&uacute;n movimiento de los esp&iacute;ritus [&hellip;] en todas las pasiones tiene lugar una agitaci&oacute;n particular de los esp&iacute;ritus que provienen del coraz&oacute;n&rdquo;.<\/p>\n<p>Para Descartes, el alma es concebida como la &ldquo;sede&rdquo; de los actos emotivos, de los afectos, sentimientos, cuyo sitio, a su vez, es el coraz&oacute;n; mientras que el esp&iacute;ritu es definido como la &ldquo;sede&rdquo; de ciertos actos racionales, que permiten formular juicios objetivos. Alma <em>versus<\/em> Esp&iacute;ritu. En el apartado XL se pregunta: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;l es el principal efecto de las pasiones?&rdquo;, y plantea que &eacute;stas &ldquo;incitan y predisponen su alma (de los hombres) a querer las cosas para las que preparan su cuerpo, de suerte que el sentimiento del miedo incita a querer huir, el del arrojo a querer combatir, y lo mismo los dem&aacute;s&rdquo;.<\/p>\n<p>Deja en claro adem&aacute;s que &ldquo;nuestras pasiones tampoco pueden excitarse directamente ni suprimirse por la acci&oacute;n de nuestra voluntad&rdquo;. Se insiste una y otra vez que las pasiones son en todo algo que se emparenta con el exceso.<\/p>\n<p>Descartes definir&aacute; a la admiraci&oacute;n como &ldquo;una sorpresa s&uacute;bita del alma, que hace que se dirija a considerar con atenci&oacute;n los objetos que le parecen infrecuentes y extraordinarios&rdquo;, lo contrario de la admiraci&oacute;n es el h&aacute;bito.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El comienzo de todos los saberes es la admiraci&oacute;n ante el hecho de que las cosas sean como son. Arist&oacute;teles (&Eacute;tica para Nicodemo) &nbsp; La admiraci&oacute;n es el pegamento de lo humano. La admiraci&oacute;n opera de sost&eacute;n en el amor y en la amistad. 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