{"id":2350,"date":"2024-12-10T13:52:23","date_gmt":"2024-12-10T13:52:23","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/12\/10\/dominio-apoderamiento-crueldad\/"},"modified":"2024-12-10T13:52:23","modified_gmt":"2024-12-10T13:52:23","slug":"dominio-apoderamiento-crueldad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/dominio-apoderamiento-crueldad\/","title":{"rendered":"Dominio, apoderamiento, crueldad"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>El coraz&oacute;n tiene razones que la raz&oacute;n no conocen. Se sabe esto por mil cosas&#8230;<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Blaise Pascal<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para Mel, por los encuentros y los estremecimientos<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El mundo se nos muestra convulso, se hace cada vez m&aacute;s visible aquella vieja sentencia de que todo pueblo est&aacute; en guerra con todo pueblo, toda naci&oacute;n en guerra con toda naci&oacute;n, toda ciudad en conflicto con toda ciudad, toda familia enemistada con otra familia y todo sujeto vive en conflicto consigo mismo. El conflicto, el Mal, la guerra, han sido protagonistas de la historia de la humanidad. El mismo fundador del psicoan&aacute;lisis, Sigmund Freud, sin duda el mayor escrutador del alma humana, se&ntilde;ala que &ldquo;el odio es m&aacute;s antiguo que el amor&rdquo;.<\/p>\n<p>En este sentido, tendr&iacute;a que ser reconocible el lugar que el psicoan&aacute;lisis le ha dedicado al estudio del odio y la agresividad en el funcionamiento del ser humano. No le da vuelta al tema, no tendr&iacute;a que hacerlo si se quiere estar a la altura de la &eacute;poca.<\/p>\n<p>Si algo se cuestion&oacute; Freud a lo largo de su obra fue con respecto a preguntarse sobre qu&eacute; es aquello que mueve la vida en los seres humanos. Propuso un concepto fundamental para dar cuenta de las formas de relaci&oacute;n entre el sujeto y el objeto y las formas de satisfacci&oacute;n, se trata del t&eacute;rmino alem&aacute;n <em>Trieb<\/em>, que se traduce como pulsi&oacute;n y que, sin embargo, con frecuencia es traducido err&oacute;neamente como instinto. <em>Trieb<\/em> no es instinto, es m&aacute;s bien deriva. Los animales en estado salvaje (no pasa del todo igual con los animales humanizados) siempre saben a lo que van, saben cu&aacute;l es el objeto que necesitan y para qu&eacute;, lo cual siempre tiene que ver con la conservaci&oacute;n; los humanos, en cambio, con respecto al objeto andamos siempre a la deriva, nunca sabemos lo que deseamos y por tanto cada encuentro viene acompa&ntilde;ado de su fracaso. &ldquo;El suicidio (dice Jacques Lacan) es el &uacute;nico caso de &eacute;xito sin fracaso&rdquo;.<\/p>\n<p>Dicho de otra manera, el instinto se mueve por la b&uacute;squeda de la adecuaci&oacute;n al objeto, es instinto de conservaci&oacute;n, apunta a la vida, es gu&iacute;a en la vida; por otro lado, y en sentido contrario, la pulsi&oacute;n apunta al exceso, es una fuerza que desconcierta al sujeto, se expresa como algo que apunta al displacer, a la anulaci&oacute;n, a la destrucci&oacute;n, a la muerte. Se trata de una fuerza indome&ntilde;able. Ah&iacute;, en el exceso, la pulsi&oacute;n se convoca. As&iacute; ocurre justamente con las adicciones, por ejemplo.<\/p>\n<p>Ya Arist&oacute;teles hablaba de una<em> facultad apetitiva <\/em>como un<em> <\/em>componente del alma (junto con otras tres: la nutritiva, la sensitiva, la imaginativa) que, sin embargo, va en contra de lo entendible, va m&aacute;s all&aacute; del principio del placer, si lo decimos en t&eacute;rminos del psicoan&aacute;lisis. En ese sentido, Emmanuel Kant plantea en su texto <em>Enfermedades de la cabeza<\/em>, que la pasi&oacute;n es aquello que va en contra de lo entendible, lo mismo que ocurre con la pulsi&oacute;n propuesta por Freud.<\/p>\n<p>La pulsi&oacute;n es una fuerza que proviene del soma (el cuerpo) y se expresa en la psique (alma) del sujeto. La pulsi&oacute;n es tambi&eacute;n una fuerza constante que, si se le compara con el hambre y la sed, como ocurre con frecuencia, entonces se le tendr&iacute;a que a&ntilde;adir el adjetivo insaciable. Las pulsiones se equiparan con el hambre y con la sed, s&iacute;, pero insaciables. Pero &ldquo;la pulsi&oacute;n se alimenta&#8230;&rdquo;, como escribe N&eacute;stor Braunstein en <em>Las pulsiones y la muerte<\/em>, &ldquo;Se alimenta. De olores, de miradas, de aplausos, de mucosas, de palabras, de rimas y ritmos, de golpes dados y recibidos, de humillaciones. de culpas y verg&uuml;enzas, de contratos cumplidos e incumplidos, de espejos y retratos[&#8230;] A veces, tambi&eacute;n, de besos y orgasmos [&#8230;] M&aacute;s con la invitaci&oacute;n a comer que con la comida. Se alimenta, no se satisface con todo esto&rdquo;.<\/p>\n<p>En el corpus te&oacute;rico del psicoan&aacute;lisis, el lugar conceptual de las pulsiones es abstracto y complejo; hay pulsiones yoicas y pulsiones sexuales, hay pulsi&oacute;n de vida y tambi&eacute;n de muerte, hay pulsiones de conservaci&oacute;n y pulsiones parciales, las hay tambi&eacute;n narcisistas. Las pulsiones se expresan en relaci&oacute;n con el cuerpo, en particular concentradas en las llamadas zonas er&oacute;genas, ah&iacute; donde la pulsi&oacute;n queda siempre condenada a la insatisfacci&oacute;n.<\/p>\n<p>Dentro de todas las expresiones de la pulsi&oacute;n, que a lo largo de la teor&iacute;a freudiana van construy&eacute;ndose, variando, hay una muy especial, se le conoce como pulsi&oacute;n de apoderamiento o de dominio.<\/p>\n<p>Considero necesario detenernos en ella si queremos acercarnos a la pregunta sobre &iquest;qu&eacute; lleva a ciertos sujetos a querer dominar a otros seres humanos?<\/p>\n<p>Esta pulsi&oacute;n de apoderamiento es tambi&eacute;n poco referenciada en la literatura psicoanal&iacute;tica. <em>Bem&auml;chtigunstrieb<\/em> es traducida tambi&eacute;n como pulsi&oacute;n de sometimiento, lo mismo que de dominio o apoderamiento. Es la pulsi&oacute;n que pone el acento en la fuerza con la que la pulsi&oacute;n busca apoderarse, gozar, del propio cuerpo en el Otro. Esta pulsi&oacute;n de dominio o apoderamiento tambi&eacute;n la encontramos vinculada con la agresividad. Ese n&uacute;cleo constitutivo del sujeto en el Otro.<\/p>\n<p>En <em>Tres ensayos para una teor&iacute;a sexual<\/em>, texto de 1905, Freud define a la pulsi&oacute;n como un concepto l&iacute;mite entre lo ps&iacute;quico y lo som&aacute;tico, y que consta de cuatro elementos: una fuerza, un empuje, una meta, y un objeto. Pero adem&aacute;s plantea la existencia en la pulsi&oacute;n de un componente de crueldad primitiva. Tengamos en cuenta que la crueldad es el acto que no tiene en cuenta el dolor del otro, no le importa el sufrimiento, simplemente ocurre que el sufrimiento del otro no existe.<\/p>\n<p>Sigmund Freud escribe en 1915 un texto dedicado exclusivamente a la pulsi&oacute;n, le llama justamente <em>Pulsiones y destinos de pulsi&oacute;n<\/em>. Ah&iacute; dar&aacute; un viraje doble: por una parte, transforma la pulsi&oacute;n de apoderamiento en sadismo, y por la otra, el fin del sadismo ya no es el apoderamiento sexualizado sino la humillaci&oacute;n y el dominio por la violencia.<\/p>\n<p>La crueldad que se ejerce en el apoderamiento, el dominio, la humillaci&oacute;n del otro, tiene que ver con lo crudo, lo sangriento; seg&uacute;n la etimolog&iacute;a crueldad deriva de Crudelitas, &ldquo;f, inhumanidad, fiereza de &aacute;nimo, impiedad&rdquo;, y se mencionan como sin&oacute;nimos &ldquo;brutalidad, atrocidad, ferocidad, impiedad, insensibilidad, sadismo, salvajismo, truculencia, barbaridad&rdquo;.<\/p>\n<p>La pulsi&oacute;n de apoderamiento, de dominio o de agresividad se manifiesta como sadismo, y su presencia es constante en los pensamientos y hallazgos de Freud. Esta presencia pulsional, que ya era mencionada desde antes de 1919, y algo de ella se expresa en el texto freudiano llamado <em>Lo siniestro<\/em>, pero es en 1920, con <em>M&aacute;s all&aacute; del principio del placer<\/em>, que adquiere su nombre definitivo y le llama <em>Pulsi&oacute;n de muerte<\/em>. Ah&iacute; Freud se&ntilde;ala, en definitiva, la presencia de la pulsi&oacute;n de muerte en el placer de la agresi&oacute;n y la destrucci&oacute;n (multiplicidad de crueldades hist&oacute;ricas certifican la propuesta) tan propia de la condici&oacute;n humana. Esta ganancia de satisfacci&oacute;n por la v&iacute;a de la crueldad para Freud se manifiesta en la conjunci&oacute;n de &ldquo;las aspiraciones destructivas con otras, er&oacute;ticas e ideales, facilita desde luego su satisfacci&oacute;n&rdquo;. De esta expresi&oacute;n podemos deducir que los deseos de car&aacute;cter er&oacute;tico no son ajenos a una pulsi&oacute;n de destrucci&oacute;n para beneficio del yo, como se puede ver expresada en el sadismo. El sadismo es primero, una pulsi&oacute;n de muerte que, en el mejor de los casos, entrar&aacute; al servicio de la pulsi&oacute;n sexual, es decir, del amor.<\/p>\n<p>De lo contrario, si la represi&oacute;n no hiciera su funci&oacute;n, entonces se cumplir&iacute;a la sentencia freudiana dada en <em>El malestar en la cultura <\/em>de 1930, donde el pr&oacute;jimo &ldquo;no es solamente un posible auxiliar y objeto sexual, sino una tentaci&oacute;n para satisfacer en &eacute;l la agresi&oacute;n, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infligirle dolores, martirizarlo y asesinarlo&rdquo;. Vivir en la cultura exige un sacrificio, una renuncia pulsional, hacer lazo implica una renuncia a todo intento de apoderamiento, dominio o destrucci&oacute;n del otro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El coraz&oacute;n tiene razones que la raz&oacute;n no conocen. 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