{"id":232,"date":"2021-02-05T17:49:53","date_gmt":"2021-02-05T17:49:53","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/02\/05\/la-arana-teje-en-cuarentena\/"},"modified":"2021-02-05T17:49:53","modified_gmt":"2021-02-05T17:49:53","slug":"la-arana-teje-en-cuarentena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/tinta-insomne\/la-arana-teje-en-cuarentena\/","title":{"rendered":"La araa teje en cuarentena"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Cuando el pescador no puede salir al mar, <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>usa su tiempo reparando las redes.<\/em><\/p>\n<p><em>&nbsp;<\/em><\/p>\n<p>Durante a&ntilde;os escuch&eacute; el nombre de la novela <em>El beso de la mujer ara&ntilde;a<\/em> de Manuel Puig y sent&iacute; mucha curiosidad por leerla. Por desgracia, en ninguna de las bibliotecas p&uacute;blicas a las cuales asist&iacute;a en ese tiempo pude hallarla. Fue hasta apenas hace uno o dos a&ntilde;os que lo compr&eacute; y, &aacute;vida de su interesante historia, la le&iacute; en pocos d&iacute;as. Tuvo en m&iacute; un efecto enorme. Tuve la sensaci&oacute;n de encierro, un fuerte sentimiento y empat&iacute;a por los personajes que se hallaban en esas cuatro paredes y cuyo &uacute;nico escape a la atroz situaci&oacute;n es su dialogo intenso. Molina y Valent&iacute;n, compa&ntilde;eros de mazmorra en aquella prisi&oacute;n argentina, no pueden ser tan opuestos y acertados complementos entre s&iacute;.&nbsp; Luis Alberto Molina, peluquero, y Valent&iacute;n Arregui Paz, revolucionario, comparten la misma celda de septiembre a octubre de 1975. Valent&iacute;n rememora su pasado como agitador y pol&iacute;tico y planea un &nbsp;futuro, mientras que Molina llena la triste y brutal realidad con narraciones rom&aacute;nticas y so&ntilde;adoras, remembranzas de pel&iacute;culas vistas.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La escritora norteamericana Ruth Sawyer defini&oacute; el arte de la narraci&oacute;n &nbsp;como &ldquo;una de las artes tradicionales [&#8230;] que hunde sus ra&iacute;ces en los or&iacute;genes mismos de la expresi&oacute;n articulada&rdquo;. Escuchar una buena historia nos ha reunido desde tiempos inmemoriales con los otros. La palabra viva, expresada con los gestos, el tono y el timbre adecuados es el pretexto exacto para convivir y aproximarnos a los dem&aacute;s miembros de la comunidad. Los narradores siempre han seducido por su arte de contarnos cuentos. Ese arte ef&iacute;mero, como la danza o la m&uacute;sica, se prolonga de alguna manera a trav&eacute;s de la escritura y aunque no tiene la misma espontaneidad que una narraci&oacute;n presencial, de alguna manera tomamos la esencia y el relato recibido de los libros que nos llenan de vida y alegr&iacute;a. Ese mismo j&uacute;bilo es el que podemos ver expresado en el gozo de Valent&iacute;n cuando Alberto Molina le narra:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&mdash;Molina&#8230; &iquest;qu&eacute; hora es?<\/p>\n<p>&mdash;Las siete pasadas. Ya o&iacute; que andan con la cena.<\/p>\n<p>&mdash;No puedo hacer nada&#8230; Y tendr&iacute;a que aprovechar hasta que apaguen, con una hora de luz.<\/p>\n<p>&mdash;Aj&aacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Pero no tengo la cabeza en su lugar.<\/p>\n<p>&mdash;Descans&aacute; entonces.<\/p>\n<p>&mdash;Todav&iacute;a no me terminaste la pel&iacute;cula.<\/p>\n<p>&mdash;No quisiste vos.<\/p>\n<p>&mdash;Me da pena desperdiciarla, si no la puedo saborear.<\/p>\n<p>&mdash;Ni charlar quisiste.<\/p>\n<p>&mdash;Si no s&eacute; lo que digo, no me gusta hablar. No quiero decir cualquier macana, sab&eacute;s&#8230;<\/p>\n<p>&mdash;Entonces descans&aacute;.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Y si me termin&aacute;s la pel&iacute;cula?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Ahora?<\/p>\n<p>&mdash;S&iacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Como quieras.<\/p>\n<p>&mdash;Yo estudi&eacute; un poco y ni s&eacute; lo que estudi&eacute;.<\/p>\n<p>&mdash;Ya no s&eacute; ni d&oacute;nde est&aacute;bamos, &iquest;d&oacute;nde era que &iacute;bamos?<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute;, Molina?<\/p>\n<p>&mdash;De la pel&iacute;cula.<\/p>\n<p>&mdash;Que la chica est&aacute; sola en la selva, y oye los tambores.<\/p>\n<p>&mdash;Ah, s&iacute;&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Molina forja una relaci&oacute;n estrecha con Valent&iacute;n a trav&eacute;s de sus narraciones mientras yacen uno al lado del otro compartiendo un desafortunado destino en prisi&oacute;n. El pr&aacute;ctico comunista, al inicio, desprecia las obsesiones rom&aacute;nticas de Molina pues las considera fantas&iacute;as en comparaci&oacute;n con sus lecturas pol&iacute;ticas y activistas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&mdash;No, en serio, est&aacute; bien, es cierto que ac&aacute; te pod&eacute;s llegar a volver loco, pero te pod&eacute;s volver loco no s&oacute;lo desesper&aacute;ndote&hellip; sino tambi&eacute;n alien&aacute;ndote, como hac&eacute;s vos. Ese modo tuyo de pensar en cosas lindas, como dec&iacute;s, puede ser peligroso.<\/p>\n<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;?, no es cierto.<\/p>\n<p>&mdash;Puede ser un vicio escaparse as&iacute; de la realidad, es como una droga. Porque esc&uacute;chame, tu realidad, tu realidad, no es solamente esta celda. Si est&aacute;s leyendo algo, estudiando algo, ya trascend&eacute;s la celda, &iquest;me entend&eacute;s? Yo por eso leo y estudio todo el d&iacute;a.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Conforme avanza la historia, Valentin se ve atra&iacute;do por las narraciones de cine hasta sucumbir por completo a un mundo fant&aacute;stico que le permite solventar su mundo de encierro. Entonces, &iquest;de qu&eacute; nos puede servir leer tanto libro? &iquest;Para qu&eacute; sirve la lectura? Constantino B&eacute;rtolo, en su ensayo <em>La cena de los notables<\/em>, propone la existencia de cinco tipos de lectura: la inocente, la adolescente, la sectaria, la letraherida y la civil (B&eacute;rtolo, 2008: 85-98). Se puede a&ntilde;adir una sexta: la cr&iacute;tica literaria. Cada forma de lectura se define a partir de la distancia que marca el lector con el texto que se dispone a leer, y se basa en el lugar donde se coloca el foco de atenci&oacute;n en el ejercicio de&nbsp; lectura.&nbsp; Un lector adolescente ser&iacute;a aquel que tiende a la identificaci&oacute;n con el texto, estableciendo correspondencias entre el texto y su propia experiencia personal. Un lector inocente es aquel que usa la lectura como un veh&iacute;culo de evasi&oacute;n. Un lector civil, prueba mayor desapego del texto, distanci&aacute;ndose de &eacute;l y extraer de la lectura un aprovechamiento para intervenir en el contexto pol&iacute;tico, social o cultural en el que habita. Un lector sectario focaliza la lectura en su ideolog&iacute;a y discrimina las obras que no comulgan con su visi&oacute;n del mundo. El lector letraherido es coleccionista y se acerca a la lectura colocando la relaci&oacute;n las lecturas atesoradas a lo largo de su vida y privilegiando los aspectos formales, estrictamente est&eacute;ticos, sobre otros elementos presentes en toda obra literaria, como las cuestiones pol&iacute;ticas o sociales, que de inmediato rechaza.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el libro <em>Qu&eacute; hacemos para construir un discurso disidente y transformador con aquello que hoy sirve para enmascarar la realidad y transmitir ideolog&iacute;a: la literatura<\/em>, se describe la importancia de la Literatura como trasmisora de ideolog&iacute;a y plantea que, lejos de una concepci&oacute;n idealista de literatura aut&oacute;noma y al margen de las relaciones hist&oacute;ricas, no hay escritura inocente, pues toda literatura contiene ideolog&iacute;a. Los autores de este libro hacen una reflexi&oacute;n sobre la b&uacute;squeda de una lectura y escritura que devele las relaciones de dominaci&oacute;n. La literatura, a trav&eacute;s de las historias que se narran, nos muestra c&oacute;mo el sistema con sus diferentes formas de violencia nos afecta. Tambi&eacute;n la literatura, como una interpretaci&oacute;n del mundo, debe &ldquo;tratar de visibilizar los mecanismos ideol&oacute;gicos invisibles que determinan nuestras vidas, esto es, mostrar c&oacute;mo se produce nuestra explotaci&oacute;n y c&oacute;mo la terminamos asumiendo. Porque solamente tomando conciencia de ella podremos enfrentarla&rdquo;.(55)<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lejos de pensar que la literatura no sirve para nada, o s&oacute;lo es un medio de escape, como Molina lo hace al narrar historias a Valent&iacute;n en <em>El beso de la mujer ara&ntilde;a<\/em>, hay que se&ntilde;alar que la literatura, como todo arte, nos obsequia la libertad. Sirve para otorgarnos a trav&eacute;s de las palabras el uso de la transformaci&oacute;n social. Nosotros como lectores debemos aflorar nuestra mirada cr&iacute;tica sobre el mundo en que vivimos, debemos buscar &mdash;como el revolucionario Valentin sugiere al narrador de pel&iacute;culas rom&aacute;nticas&mdash; trascender la celda, buscar algo que no s&oacute;lo nos forme dentro del sistema, sino que nos despierte y conciba el origen y causa de la explotaci&oacute;n a la que todos estamos sometidos.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La literatura, el cine (y en general todo el arte), como lo narra h&aacute;bilmente Manuel Puig en <em>El beso de la mujer ara&ntilde;a<\/em>, lejos de no servir o constituir algo inofensivo o evasivo son una experiencia transformadora. El libro, lejos de permitirnos evadir nuestro encierro y nuestra propia c&aacute;rcel interna, es una valiosa herramienta que nos conduce a liberarnos, tiene una capacidad emancipadora. &iquest;Qu&eacute; hacemos con nuestros libros y lecturas? Seguir leyendo, hacer un ejercicio de reflexi&oacute;n y conciencia. La ara&ntilde;a teje a&uacute;n en cuarentena, y no se pregunta el por qu&eacute; o para qu&eacute; lo hace, simplemente se vale de su trabajo, una vez terminado, para otros objetivos m&aacute;s trascendentes como es la misma supervivencia. Nosotros, a diferencia de las ara&ntilde;as, que meditamos un poco m&aacute;s sobre nuestras labores rutinarias, deteng&aacute;monos a pensar, a seleccionar qu&eacute; llega a nuestra mente: conviene aprender a elegir nuestras lecturas, aspiremos a conseguir de los libros la conciencia de lo que somos. Busquemos obtener los medios intelectuales para explicarnos el mundo; ser m&aacute;s felices o libres, vendr&aacute; por a&ntilde;adidura, tal vez terminemos como el subversivo Valent&iacute;n Arregui entendiendo que esta vida es un sue&ntilde;o corto pero feliz.<\/p>\n<p><strong>REFERENCIAS<\/strong><\/p>\n<ol>\n<li>Puig, Manuel. <em>El beso de la mujer ara&ntilde;a<\/em>. Penguin Radom House, M&eacute;xico, 2017.<\/li>\n<li>B&eacute;rtolo, Constantino. <em>La cena de los notables<\/em>, Perif&eacute;rica, Espa&ntilde;a, 2008<\/li>\n<li>Becerra, David, Raquel Arias, Julio Rodr&iacute;guez, Marta Sanz. <em>Qu&eacute; hacemos para construir un discurso disidente y transformador con aquello que hoy sirve para enmascarar la realidad y transmitir ideolog&iacute;a: La literatura<\/em>, Ediciones Akal, Espa&ntilde;a, 2013.<\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando el pescador no puede salir al mar, usa su tiempo reparando las redes. &nbsp; Durante a&ntilde;os escuch&eacute; el nombre de la novela El beso de la mujer ara&ntilde;a de Manuel Puig y sent&iacute; mucha curiosidad por leerla. Por desgracia, en ninguna de las bibliotecas p&uacute;blicas a las cuales asist&iacute;a en ese tiempo pude hallarla. 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