{"id":2314,"date":"2024-11-05T12:24:20","date_gmt":"2024-11-05T12:24:20","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/11\/05\/albert-camus-la-in-diferencia\/"},"modified":"2024-11-05T12:24:20","modified_gmt":"2024-11-05T12:24:20","slug":"albert-camus-la-in-diferencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/albert-camus-la-in-diferencia\/","title":{"rendered":"Albert Camus: la in-diferencia"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Nunca se colmar&aacute; el foso entre la certeza que de mi experiencia tengo y el contenido que intento dar a esa seguridad. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Ser&eacute;, por siempre, extra&ntilde;o para m&iacute; mismo<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Albert Camus.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>El hombre es la &uacute;nica criatura que se niega a ser lo que es.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Albert Camus<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Hoy ha muerto mam&aacute;. O quiz&aacute; ayer. No lo s&eacute;. Recib&iacute; un telegrama del asilo: &laquo;Falleci&oacute; su madre. Entierro ma&ntilde;ana. Sentidas condolencias.&raquo; Pero no quiere decir nada. Quiz&aacute; haya sido ayer.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Albert Camus<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Una de las muchas gratificaciones que el psicoan&aacute;lisis nos proporciona es un despertar de la curiosidad, una disposici&oacute;n a la interrogaci&oacute;n. Esta disposici&oacute;n a la interrogaci&oacute;n llev&oacute; a Sigmund Freud, inventor del psicoan&aacute;lisis, a mantener un di&aacute;logo constante y fecundo con la literatura y la filosof&iacute;a. Mismo dialogo que aqu&iacute; nos proponemos con quien representa magn&iacute;ficamente estos dos discursos, el escritor franc&eacute;s nacido en Argelia, Albert Camus.<\/p>\n<p>Albert Camus es considerado como uno de los mejores escritores del siglo XX. Su obra literaria y de ensayo filos&oacute;fico se caracteriza por la forma vigorosa en que plantea el desencanto de la condici&oacute;n humana, fundamentalmente expresada en sus concepciones sobre la <em>Filosof&iacute;a del absurdo<\/em>.<\/p>\n<p>Nacido en Argelia el 7 de noviembre de 1913, el futuro escritor emigr&oacute; con su familia a Francia. Se trata de un exilio que oper&oacute; en Camus como una desgarradura, una ruptura que deja un rasgo, un trazo que explica el hecho de que, en casi toda su obra literaria, su nativa Argelia quedar&aacute; siempre como un nost&aacute;lgico tel&oacute;n de fondo. Muy joven a&uacute;n, debi&oacute; interrumpir sus estudios de filosof&iacute;a, hecho que no le impidi&oacute; erigirse m&aacute;s tarde como el <em>fil&oacute;sofo de lo absurdo<\/em> (por m&aacute;s que Jean Paul Sartre le llam&oacute; &ldquo;<em>fil&oacute;sofo amateur<\/em>&rdquo;, y el mismo rechaz&oacute; siempre que se le ubicara como existencialista).<\/p>\n<p>De su muy extensa obra, es en su primera novela <em>El extranjero<\/em> donde Camus nos muestra el absurdo encarnado en un personaje, Monsieur Meursault, un extra&ntilde;o de s&iacute; mismo, que en algo se trata de Camus mismo. La novela nos narra la historia de un gris trabajador de oficina que un d&iacute;a recibe la noticia de que su madre ha muerto, abandonada en un m&iacute;sero asilo de Argelia. El inicio de la novela es magistral: &ldquo;Hoy ha muerto mam&aacute;. O quiz&aacute; ayer. No lo s&eacute;. Recib&iacute; un telegrama del asilo: &laquo;Falleci&oacute; su madre. Entierro ma&ntilde;ana. Sentidas condolencias.&raquo; Pero no quiere decir nada. Quiz&aacute; haya sido ayer&rdquo;.<\/p>\n<p>Meursault toma la tr&aacute;gica noticia con una sombr&iacute;a indiferencia, y con esa misma actitud participa del entierro. En todo momento se comporta como un extra&ntilde;o de su sentir, un extranjero de s&iacute; mismo, envuelto en una nada tan c&aacute;lida y desolada como la escena des&eacute;rtica donde se encuentra, como si aquello no le estuviera ocurriendo a s&iacute; mismo.<\/p>\n<p>De los muchos rasgos con que Camus nos dibuja a su personaje, rasgos todos ligados de alguna manera con el absurdo, se destaca la torpeza: se muestra con gestos mec&aacute;nicos, sensibilidad elemental, con deshacimiento de s&iacute;, pasajes de despersonalizaci&oacute;n, etc. Sin embargo, en el personaje se mantiene algo de lo seductor que resulta la estulticia. La torpeza sin malicia conmueve. Hay sin embargo un rasgo m&aacute;s que me gustar&iacute;a destacar y ya se ha mencionado: se trata de la indiferencia, misma que en Meursault cuenta como un rasgo de su particular locura y, por extensi&oacute;n, de la locura del hombre moderno.<\/p>\n<p>Albert Camus nos presenta el drama de su personaje (&iquest;acaso es &eacute;l mismo?) y con ello, al mismo tiempo, nos dibujar&aacute; el drama propio de lo humano en la modernidad, ah&iacute; donde las esperanzas parece que terminaron por morir. En suma, con Meursault, Camus nos muestra el desarraigo de s&iacute; del hombre contempor&aacute;neo, alienado en una relaci&oacute;n simbi&oacute;tica imposible de romper. Meursault es la viva imagen de <em>El hombre sin atributos<\/em>, como dir&iacute;a Robert Musil, un hombre enfermo de lo <em>Mismo<\/em>. Nos muestra aqu&iacute; a un sujeto despojado de sus ideales, alejado del ideal del yo, para quedar alienado en el yo-ideal freudiano. Es decir, en la indiferencia.<\/p>\n<p>La novela nos deja ver a alguien que se pasea como un muerto por los temas esenciales de su vida: la madre muerta, el matrimonio con Marie, el encuentro con la religi&oacute;n, un asesinato&hellip; y la imposibilidad de justicia. Ante estos hechos no se pronuncia, se auto-exculpa asumiendo que lo hace &ldquo;como todo el mundo&rdquo;. Frente a estos acontecimientos encuentra el escudo de &ldquo;lo honesto&rdquo; para no tomar posici&oacute;n; con el matrimonio, por ejemplo, dice simplemente que no ama a su compa&ntilde;era, pero si a ella le hace feliz, aceptar&iacute;a casarse.<\/p>\n<p>Su signo es la gris ambivalencia, insisto, la de &eacute;l y la del hombre moderno: lo mueven un amor m&aacute;s bien opaco y un odio m&aacute;s bien profundo, oscuro e insidioso. En su trabajo da muestras claras de no querer (o no poder) poner en juego su deseo: est&aacute; fr&iacute;o ante la vida. Una actitud melanc&oacute;lica acompa&ntilde;a a Meursault: sabe que no hay raz&oacute;n para creer en Dios, para sostener los edificios morales y civiles, como lo muestra con un Juez de Instrucci&oacute;n. Tambi&eacute;n es indiferente ante lo religioso, como lo hace ver ante el capell&aacute;n en la c&aacute;rcel. Agazapado en la soberbia, hace de la indiferencia el caparaz&oacute;n de su particular locura.<\/p>\n<p>Sin embargo, hay en la novela un acto que lo saca de este <em>no-lugar<\/em> en donde Meursault se hab&iacute;a refugiado. Se trata del pasaje donde Meursault le dispara cinco balazos a un &aacute;rabe y con ese acto, vaya paradoja, reacciona. Mata, y con ello rompe el adormecimiento de la indiferencia.<\/p>\n<p>Camus hace del absurdo la tragedia de la vida. En su obra toda nos expone, desde la filosof&iacute;a y la literatura, las expresiones del absurdo como una constante de lo que el psicoan&aacute;lisis conoce como <em>el dolor de existir, <\/em>al que David Nasio llama tambi&eacute;n<em> dolor de amar. <\/em>La existencia condenada a una persistente extra&ntilde;eza de s&iacute; mismo, una vida condenada al absurdo. Malestar en la cultura le dir&iacute;a Freud.<\/p>\n<p>En <em>El mito de S&iacute;sifo, <\/em>Camus plantea: &ldquo;Ese malestar ante la inhumanidad del hombre, esa incalculable ca&iacute;da ante la imagen de lo que somos, esa &laquo;n&aacute;usea&raquo;, como le llama un autor de nuestros d&iacute;as. E igualmente el extra&ntilde;o que, en ciertos segundos, nos sale al encuentro en un espejo, el hermano familiar y sin embargo inquietante que encontramos en nuestras fotograf&iacute;as, es tambi&eacute;n el absurdo&rdquo;. Este pasaje, adem&aacute;s, hace eco con lo que Freud plantea como lo ominoso o lo siniestro, aquello que ocurre cuando algo de lo familiar, que debiendo quedar oculto, se hace presente.<\/p>\n<p>Si algo podemos tomar como rasgo del hombre moderno y su absurda locura cotidiana, es su huida, su insidiosa negaci&oacute;n y fuga de la realidad, ya sea mediante la creaci&oacute;n de realidades alternas (mediante las drogas, o la virtualidad, la inteligencia artificial), o bien, como ocurre con Meursault, mediante la indiferencia.<\/p>\n<p>Esta actitud ante la muerte, de aplanamiento afectivo o indiferencia nos hace pensar en un quiebre psic&oacute;tico, aunque tambi&eacute;n podemos encontrarla como una reacci&oacute;n neur&oacute;tica conocida: la negaci&oacute;n de la realidad ante la muerte. La indiferencia se muestra en coordenadas diferentes en las psicosis y en las neurosis: en la primera, como ense&ntilde;a Freud, no s&oacute;lo se niega la realidad, como ocurre en la neurosis, sino que adem&aacute;s se construye una realidad alterna que nos libra de lo no admitido en la realidad, aunque sea mediante un estado delirante.<\/p>\n<p>Sabemos, por Camus mismo, tal como lo recrea en <em>El primer hombre<\/em>, que con su propia madre vivi&oacute; una suerte de distanciamiento emocional debido a que ella era sorda, melanc&oacute;lica, como una figura casi inanimada, con ciertos rasgos de retraso mental. Nuestro autor escribe en <em>El primer hombre<\/em>: &ldquo;escribir es crear un mundo o limitar el propio, que es lo mismo&rdquo;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s del suceso inicial de la novela <em>El extranjero<\/em>, la noticia de la muerte de la madre, Meursault va a relacionarse con los dem&aacute;s personajes de manera alienada, con lo que tambi&eacute;n, de alguna manera, busca recrear lo que el propio autor vivi&oacute;: una relaci&oacute;n con una madre que se muestra casi ausente, cargada con una fr&iacute;a presencia debido a su sordera y su mutismo, y con un padre que le abandon&oacute;, dificultando as&iacute; ser incluido en el juego de los intercambios propios de la cultura.<\/p>\n<p>Camus nos muestra en <em>El extranjero<\/em> a un hombre imposibilitado de salir de s&iacute; ante la angustia que le produce lo absurdo del porvenir, y con ello nos muestra algunos rasgos de la locura del hombre moderno, ese irredento extra&ntilde;o de s&iacute; mismo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nunca se colmar&aacute; el foso entre la certeza que de mi experiencia tengo y el contenido que intento dar a esa seguridad. 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