{"id":228,"date":"2021-02-01T22:06:33","date_gmt":"2021-02-01T22:06:33","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2021\/02\/01\/noche-y-niebla-nunca-mas\/"},"modified":"2021-02-01T22:06:33","modified_gmt":"2021-02-01T22:06:33","slug":"noche-y-niebla-nunca-mas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/noche-y-niebla-nunca-mas\/","title":{"rendered":"Noche y Niebla: nunca ms!"},"content":{"rendered":"<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">&iquest;Y me hablas de felicidad? Los otros hablan de justicia, universal o no, de libertad, de fraternidad, de progreso.<\/span><\/em><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">No saben que el planeta est&aacute; vac&iacute;o y que un tren inmenso se ha llevado todo al cielo<\/span><\/em><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Elie Wiesel<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El lunes pasado se conmemor&oacute; en el mundo el 75&ordm; aniversario de la liberaci&oacute;n del campo de Auschwitz por parte del Ej&eacute;rcito Rojo. Desde entonces, las voces de los sobrevivientes a la Shoah no dejan de contar la atrocidad, el horror inefable que vivieron, y lo hacen con una sola intenci&oacute;n: desean que las nuevas generaciones se enteren del mayor crimen que la humanidad ha cometido y que no se repita nunca m&aacute;s. Ojal&aacute; nunca m&aacute;s se vuelvan a utilizar la ciencia y la tecnolog&iacute;a, los productos de la raz&oacute;n, para el crimen. Mucho menos por el delirio de la supremac&iacute;a racial.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por fortuna, son varias y significativas las voces y las plumas de los sobrevivientes que dan testimonio del horror vivido en los campos de concentraci&oacute;n y exterminio nazi. De entre ellas destaca la de Elie Wiesel, premio Nobel de literatura, quien hace una desgarradora narraci&oacute;n de lo ocurrido a los jud&iacute;os de Sighet, una peque&ntilde;a ciudad de Transilvania. Escribe la trilog&iacute;a <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">La noche, el alba y el d&iacute;a<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">, donde destaca la ceguera de sus habitantes ante un destino al que ten&iacute;an tiempo de escapar, pero se cerraron a escuchar las advertencias y s&uacute;plicas de un testigo sobreviviente que, sin embargo, ante lo inconcebible de lo que les dice lo toman por loco. El narrador de las tres novelas es el autor mismo siendo un ni&ntilde;o devoto jud&iacute;o entregado en cuerpo y alma al estudio del Talmud y quien anhelaba ser iniciado en la C&aacute;bala, y lo vuelven testigo de la peor de las abominaciones para &eacute;l: la muerte de Dios. Ese ni&ntilde;o devoto descubre de golpe el mal absoluto. Escribe Wiesel: &ldquo;Jam&aacute;s olvidar&eacute; esa noche, esa primera noche en el campo que hizo de mi vida una sola larga noche bajo siete vueltas de llave. Jam&aacute;s olvidar&eacute; esa humareda. Jam&aacute;s olvidar&eacute; las caritas de los chicos que vi convertirse en volutas bajo un mudo azur. Jam&aacute;s olvidar&eacute; ese silencio nocturno que me quit&oacute; para siempre las ganas de vivir. Jam&aacute;s olvidar&eacute; esos instantes que asesinaron a mi Dios y a mi alma, y a mis sue&ntilde;os que adquirieron el rostro del desierto. Jam&aacute;s lo olvidar&eacute;, aunque me condenaran a vivir tanto como Dios. Jam&aacute;s&rdquo;.<\/span><\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">Noche y Niebla<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\"> es un documental realizado en 1955 por el cineasta franc&eacute;s Alain Resnais a partir de material incautado a los nazis. El texto es de Jean Cayrol y la m&uacute;sica de Hanns Eisler. El documental nos sumerge en el denso ambiente de los campo de Auschwitz, Foreningburg, Belsen, por medio de un recorrido visual devastador por los diversos momentos de la explotaci&oacute;n, experimentaci&oacute;n, degradaci&oacute;n, humillaci&oacute;n y exterminio de los prisioneros, jud&iacute;os en su mayor&iacute;a pero no solamente. <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Noche y niebla<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\"> (<\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Nuit et Brouillard<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">) hace referencia al <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Decreto Nacht und Nebel<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\"> que determinaba el traslado de los prisioneros al campo donde se aplicar&iacute;a la Soluci&oacute;n final o exterminio. En vagones de tren cerrados, sin ventilaci&oacute;n ni agua, trasladaban a cientos de prisioneros en medio de la noche y la niebla, al llegar a su destino ya la muerte hab&iacute;a hecho su primera selecci&oacute;n. Se escucha en el gui&oacute;n: &ldquo;1933. La maquinaria se pone en marcha. Es necesaria una Naci&oacute;n sin errores. Sin huelgas, se ponen a trabajar. Un campo de concentraci&oacute;n se construye como un estadio o un gran hotel, con inversores, competencia, sin lugar a dudas un gran negocio. No tienen un estilo preconcebido, quedan librados a la imaginaci&oacute;n: estilo alpino, estilo japon&eacute;s, estilo garaje, sin estilo. Los arquitectos inventan diferentes ingresos destinados a ser cruzados s&oacute;lo una vez. Mientras tanto, Berger, obrero alem&aacute;n; Stern, estudiante jud&iacute;o de &Aacute;msterdam; Schmursky, comerciante de Cracovia; Annette, estudiante secundaria de Bordeaux, transcurren su vida normalmente, sin saber que, a mil kil&oacute;metros de su lugar de residencia, ya tienen un lugar asignado. Y llega el d&iacute;a en que sus moradas ya est&aacute;n terminadas y faltan nada m&aacute;s que ellos. Arrastrados de Varsovia, deportados de Lobtsch, Praga, Bruselas, Odessa, Zagreb o Roma. Internados de Pitivie, arreados de Belgier, partisanos de Compieu. La muchedumbre arrastrada en el lugar por error, al azar, se pone en marcha hacia los campos. Trenes repletos, atestados de deportados. De a cientos por vag&oacute;n. Ni d&iacute;a ni noche, sed o hambre. La asfixia, la locura. De vez en cuando, pasan alg&uacute;n mensaje. La muerte es la primera elecci&oacute;n. De inmediato se pasa a la noche y a la niebla.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&nbsp;Un sobreviviente m&aacute;s, el qu&iacute;mico jud&iacute;o italiano Primo Lev&iacute;, se&ntilde;ala en <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Los hundidos y los salvados <\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">que &eacute;l, siendo un prisionero &ldquo;privilegiado&rdquo; por sus conocimientos, descubri&oacute; que s&oacute;lo sobreviv&iacute;an quienes no dejaban de so&ntilde;ar. Primo Lev&iacute; en su libro <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Esto es el hombre<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\"> acu&ntilde;a la expresi&oacute;n: &ldquo;La verg&uuml;enza de ser hombres&rdquo;, con la que resume el hecho tr&aacute;gico del nazismo y los campos de concentraci&oacute;n, el que hayan sido posibles, el que no hayan podido ni se haya sabido impedirlos. Su apuesta es radical: los campos de concentraci&oacute;n nos habr&iacute;an inoculado esa &ldquo;verg&uuml;enza de ser hombres&rdquo;.&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El fil&oacute;sofo franc&eacute;s Gilles Deleuze, en su <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Cr&iacute;tica y cl&iacute;nica<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">, es quien nos devuelve a la realidad del presente y nos pone ante esa misma verg&uuml;enza de ser hombres, que causan no s&oacute;lo las inmensas tragedias de los campos nazis, sino la cotidianidad de nuestras vidas acomodadas, la verg&uuml;enza ante &ldquo;una gran vulgaridad del pensar, ante una emisi&oacute;n de variedades, el discurso de un ministro o las proposiciones de los bont-vivants&rdquo;. Y abunda: &ldquo;no hay Estado democr&aacute;tico que no est&eacute; comprometido hasta el alma en esta fabricaci&oacute;n de la miseria humana. Lo que nos averg&uuml;enza es que no tengamos ning&uacute;n medio seguro para preservar, ni tampoco fuertes razones para liberar devenires, incluso en nosotros mismos&hellip;&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">&ldquo;Morir de verg&uuml;enza&rdquo; es el significante con el que el psicoanalista franc&eacute;s Jacques Lacan comenzaba su &uacute;ltima lecci&oacute;n del <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Seminario 17. El reverso del psicoan&aacute;lisis<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">. &ldquo;Es preciso decirlo, morir de verg&uuml;enza es un efecto que rara vez se consigue.&rdquo; Lacan va a cerrar esta &uacute;ltima lecci&oacute;n de este modo: &ldquo;si hay en vuestra presencia aqu&iacute;, tan numerosa, razones poco menos que innobles, es porque llego a darles verg&uuml;enza&rdquo;. Para el psicoan&aacute;lisis, la verg&uuml;enza es un afecto que forma parte de la serie de la culpabilidad; sin embargo, no se confunden. Lacan hab&iacute;a elegido puntualizar la verg&uuml;enza antes que la culpabilidad, agregando tambi&eacute;n que ese &ldquo;dar verg&uuml;enza&rdquo;, &ldquo;hacer verg&uuml;enza&rdquo; no supon&iacute;a un perd&oacute;n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">As&iacute; como Deleuze, en la filosof&iacute;a, y Primo Levi, desde la vivencia y sobrevivencia a los campos de concentraci&oacute;n, hablan de la &ldquo;verg&uuml;enza de ser hombre&rdquo; y hacen referencia a la tragedia del nazismo y la tragedia que se repite en la vida cotidiana bajo la instauraci&oacute;n de las &ldquo;sociedades de control&rdquo;, Lacan elige la verg&uuml;enza para concluir su <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Seminario 17. El reverso del psicoan&aacute;lisis<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">, donde quiso situar el discurso anal&iacute;tico en el contexto del momento entonces actual de la civilizaci&oacute;n contempor&aacute;nea.&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De alguna manera, Lacan hace en este seminario una nueva edici&oacute;n impl&iacute;cita de <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">El malestar en la cultura<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">. En este seminario se puede decir, con Lacan, &ldquo;ya no hay verg&uuml;enza&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; sucede cuando la civilizaci&oacute;n tiende a disolver, a hacer desaparecer la verg&uuml;enza? Quiz&aacute;, como dice Giorgio Agamben, si el prisionero es reducido al mero cuerpo, <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">homo sacer<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">, la <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Nuda vita<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\"> (en los campos de concentraci&oacute;n se les llamaba <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Musulman<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\"> a los hombres que llegaban a ese estado casi inanimado), no es ya una persona sino una cosa, su maltrato o exterminio no produce culpabilidad alguna, no se mata a ning&uacute;n ser humano sino a una cosa. Quiz&aacute; la verg&uuml;enza ante s&iacute; mismo y ante el otro nos hace responsables y eso nos salve de que el horror del nazismo se repita.&nbsp;<\/span><\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&iquest;Y me hablas de felicidad? Los otros hablan de justicia, universal o no, de libertad, de fraternidad, de progreso. 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