{"id":2266,"date":"2024-09-20T12:18:35","date_gmt":"2024-09-20T12:18:35","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/09\/20\/la-conexion-perdida\/"},"modified":"2024-09-20T12:18:35","modified_gmt":"2024-09-20T12:18:35","slug":"la-conexion-perdida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/cafe-babel\/la-conexion-perdida\/","title":{"rendered":"La conexin perdida"},"content":{"rendered":"<p>El primer tel&eacute;fono que conoc&iacute; era un aparato negro, pesado, de disco, y se encontraba en una repisa de la sala en la casa de mis abuelos. No recuerdo si lo usaban mucho o no, pero para m&iacute; cobr&oacute; importancia cuando crec&iacute; y tuve la oportunidad de pasar el n&uacute;mero a mis amigos de la secundaria, aunque con la salvedad de que no viv&iacute;amos en casa de mis abuelos, s&oacute;lo iba con mi familia los domingos. por eso yo les dec&iacute;a a mis amigos y pretendientes que me llamaran el domingo a la hora de la comida, para que me pudieran localizar, aunque hoy en d&iacute;a no recuerdo si alguna vez alguien me llam&oacute;.<\/p>\n<p>Ahora, cuando pienso en el tel&eacute;fono, lo identifico siempre con la comunicaci&oacute;n, con acercar a las personas a trav&eacute;s de la distancia. Sin embargo, ese primer aparato telef&oacute;nico me trae tambi&eacute;n recuerdos amargos, porque represent&oacute; un momento dif&iacute;cil para Luz, mi hermana, un poco mayor que yo, y que, me parece, marc&oacute; su vida.<\/p>\n<p>Los que estuvieron presentes aquel domingo quiz&aacute; ya ni recuerden ese momento o tal vez les ocasione risa, porque pareci&oacute; un momento gracioso, aunque fue m&aacute;s bien un momento tr&aacute;gico para mi hermana que era, entonces, una joven que apenas despertaba al amor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Norberto era un jovencito que estaba a punto de terminar la escuela secundaria y su rostro estaba enrojecido por el acn&eacute;, lo cual parec&iacute;a una maldici&oacute;n para un muchacho t&iacute;mido, que m&aacute;s bien trataba de ocultarse del mundo. Su voz era suave, bajita, y su andar un poco desgarbado, con esa inclinaci&oacute;n que tienen los j&oacute;venes cuando de repente les crecen demasiado los brazos o la nariz y ya no caben en el uniforme de la escuela. Viv&iacute;a en un departamento de la planta baja del edificio donde viv&iacute;amos. Todos sus hermanos y nosotros ten&iacute;amos una gran amistad y pas&aacute;bamos la tarde juntos, entretenidos con la bicicleta o con los juegos de aquella &eacute;poca: saltar la cuerda, las traes, stop, avi&oacute;n, y muchos otros juegos de ese estilo. Era una &eacute;poca feliz y despreocupada.<\/p>\n<p>Mi hermana, que a la saz&oacute;n cursaba el primer a&ntilde;o de secundaria, y Norberto se enamoraron. Su relaci&oacute;n consist&iacute;a en cartas, dibujos y poemas que se mandaban a escondidas. Creo que hab&iacute;an definido un lugar secreto en donde dejaban los sobres o las flores secas con los mensajes amorosos. Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s supe que Norberto escond&iacute;a sus valiosos mensajes debajo de su colch&oacute;n, y que fueron descubiertos por su madre, una persona muy autoritaria. Imagino que ha de haber recibido una rega&ntilde;iza por andar de novio, cuando no sab&iacute;a &ldquo;ni lavar sus calzones&rdquo;, como sol&iacute;a decir su mam&aacute;. Debido a su cara enrojecida por el acn&eacute;, mi pap&aacute; le puso el mote de &ldquo;cara de grillo hervido&rdquo;, lo cual caus&oacute; mucha gracia a toda la familia, bueno, a todos menos a mi hermana Luz.<\/p>\n<p>Nadie sab&iacute;a de esta relaci&oacute;n porque tanto mi hermana Luz como Norberto eran muy discretos y sab&iacute;an que no deb&iacute;an comentarla, ya que tanto mi pap&aacute; como mi hermano Jes&uacute;s pegar&iacute;an el grito en el cielo, tambi&eacute;n la mam&aacute; de Norberto era una mujer que daba miedo. Jes&uacute;s, mi hermano, que ten&iacute;a la edad de Norberto, era muy celoso de todos los ni&ntilde;os de la cuadra. Se molestaba much&iacute;simo cuando nos ve&iacute;a jugar o platicar con ellos y nos mandaba a la casa. Era la &eacute;poca en que los ni&ntilde;os varones pod&iacute;an salir y andar de vagos toda la tarde, pero las ni&ntilde;as ten&iacute;amos que ayudar a los quehaceres de la casa, adem&aacute;s de las tareas escolares, aunque yo siempre me las ingeniaba para escaparme y pas&aacute;rmela bien. Mi hermana era m&aacute;s recatada. La pobre siempre tuvo que lidiar con mis travesuras y mis ocurrencias, y con los chistes colorados que me encantaba contarle.<\/p>\n<p>No s&eacute; cu&aacute;ndo, Luz tuvo la feliz ocurrencia de pasarle el n&uacute;mero telef&oacute;nico de la casa de mis abuelos a Norberto o, ahora que lo pienso, m&aacute;s bien se lo dio mi hermano Jes&uacute;s. La cosa es que un domingo que est&aacute;bamos como de costumbre en la casa de mis abuelos, el tel&eacute;fono repiquete&oacute; alegremente y mi t&iacute;o Sim&oacute;n lo contest&oacute;. Con voz fuerte y clara le grit&oacute; a mi hermana, que estaba en el jard&iacute;n: &ldquo;Luz, Luz, te habla tu novio&rdquo;. Mi pap&aacute; gir&oacute; la cabeza hacia Luz y en una marcha fren&eacute;tica se dirigi&oacute; al tel&eacute;fono. Luz y yo corrimos a escondernos en un cuarto que estaba junto a la sala, detr&aacute;s de un sill&oacute;n, para escuchar lo que mi pap&aacute; le dir&iacute;a al pobre Norberto. La voz de mi pap&aacute; era fuerte, dura, aunque se contuvo de los muchos insultos que le hubiera gustado decirle a aquel pobre muchacho porque sus pap&aacute;s eran amigos de los m&iacute;os y se hubiera armado tama&ntilde;a bronca si el rega&ntilde;o hubiera escalado a m&aacute;s. Lo que s&iacute; escuchamos claramente fue que le aclar&oacute; que mi hermana era muy joven para andar de novia de nadie y que, por favor, se abstuviera de volverla a llamar. Toda la familia se qued&oacute; en silencio, preocupada, pensando quiz&aacute; que mi pap&aacute; hab&iacute;a actuado con demasiada dureza, sin pensar que luego vendr&iacute;a lo peor.<\/p>\n<p>Tras colgar el tel&eacute;fono, mi pap&aacute; llam&oacute; a mi hermana:<\/p>\n<p>&mdash;Luuuuuz, Luuuuuz, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;s?<\/p>\n<p>Mi pobre hermana me mir&oacute; con ojos de espanto. Por fin sali&oacute; de su escondite y se acerc&oacute; a &eacute;l. Yo iba caminando detr&aacute;s de ella en un af&aacute;n de que se sintiera menos espantada, aunque con un poco de distancia, pensando que tambi&eacute;n yo podr&iacute;a salir raspada. Mi pap&aacute; le grit&oacute; que c&oacute;mo era posible que tuviera novio, que a su edad su &uacute;nico inter&eacute;s ten&iacute;a que ser por la escuela y que no permitir&iacute;a que ning&uacute;n chamaco baboso interfiriera en su vida. Que por qu&eacute; andaba loqueando con los ni&ntilde;os. Y Jes&uacute;s, haci&eacute;ndose el importante como hermano mayor, particip&oacute; en el rega&ntilde;o, diciendo que por eso no le gustaba que sali&eacute;ramos a jugar ni que tuvi&eacute;ramos amigos. Lo m&aacute;s triste es que nadie acudi&oacute; en ayuda de Luz: ni mi mam&aacute; ni mis t&iacute;os, ni mi abuela, bueno, ni siquiera yo.<\/p>\n<p>Luz soport&oacute; el rega&ntilde;o feroz de mi pap&aacute; sin pronunciar ninguna palabra, no se defendi&oacute;, no se disculp&oacute;, tampoco reclam&oacute;. Miraba a mi pap&aacute; con cierto aire de rebeld&iacute;a que creo que nadie pudo ver, s&oacute;lo yo me di cuenta porque la conoc&iacute;a mucho.<\/p>\n<p>Recuerdo que el domingo se nubl&oacute;, al menos para mi hermana y para m&iacute;. El amor de juventud de Luz y Norberto muri&oacute; cuando ni siquiera hab&iacute;a comenzado. Incluso el contacto amistoso entre ellos se termin&oacute;. Luz nunca coment&oacute; el evento. Desde ese d&iacute;a se dedic&oacute; a estudiar y dej&oacute; de asistir a las tardeadas. Y a pesar de lo bonita que era y de los m&uacute;ltiples pretendientes que se acercaron a ella durante su juventud, no volvi&oacute; a tener novio nunca m&aacute;s y tampoco se cas&oacute;. Lo que s&iacute; creo que sucedi&oacute; es que sus sentimientos amorosos hacia mi padre disminuyeron hasta el punto de dejar de quererlo. Incluso, cuando mi padre agonizaba, Luz jam&aacute;s se acerc&oacute; a besarlo ni a decirle palabras amorosas.<\/p>\n<p>No supe si Norberto y Luz hablaron de lo ocurrido, supongo que no. Estaban en un tiempo de su vida en que los j&oacute;venes son vulnerables ante los juicios de los adultos, y m&aacute;s de las figuras de autoridad como mi hermano y mi padre. Con los a&ntilde;os, mi pap&aacute; comprendi&oacute; que no pod&iacute;a evitar el proceso de la vida y permiti&oacute; que sali&eacute;ramos a fiestas y que tuvi&eacute;ramos amigos y novios. Sin embargo, creo que para Luz algo se rompi&oacute;, porque ella ya no quiso salir, tal vez lo hizo para castigar a mi pap&aacute;. En fin, nunca sabr&eacute; si fue el destino, el desinter&eacute;s o la falla en la conexi&oacute;n en la vida amorosa de mi hermana, la que ya no se pudo restablecer.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El primer tel&eacute;fono que conoc&iacute; era un aparato negro, pesado, de disco, y se encontraba en una repisa de la sala en la casa de mis abuelos. 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