{"id":2260,"date":"2024-09-17T12:14:32","date_gmt":"2024-09-17T12:14:32","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/09\/17\/el-despertar-de-la-primavera\/"},"modified":"2024-09-17T12:14:32","modified_gmt":"2024-09-17T12:14:32","slug":"el-despertar-de-la-primavera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/el-despertar-de-la-primavera\/","title":{"rendered":"El despertar de la primavera"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\">Que lo que Freud delimit&oacute; de lo que &eacute;l llama sexualidad haga un agujero en lo real, es lo que se palpa en el hecho de que al nadie zafarse bien del asunto, nadie se preocupe m&aacute;s por el.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Jacques Lacan<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p>La sexualidad humana, seg&uacute;n lo ha planteado Sigmund Freud en sus <em>Tres ensayos de teor&iacute;a sexual,<\/em> acontece en dos tiempos, y entre ellos se presenta un periodo de latencia. Esta secuencia es justamente lo que va a diferenciar al humano de todas las dem&aacute;s especies y lo va a alejar del circuito de la evoluci&oacute;n biol&oacute;gica.<\/p>\n<p>En el primer tiempo, tambi&eacute;n llamado de la sexualidad infantil (etapa que por lo general queda olvidada), la sexualidad quedar&aacute; marcada por la v&iacute;a que ir&iacute;a del autoerotismo a las elecciones de objeto hasta llegar al complejo de Edipo y sucumbir a la represi&oacute;n. El momento inicial, de car&aacute;cter autoer&oacute;tico, el chupeteo y las pr&aacute;cticas masturbatorias ser&iacute;an muestras de la exteriorizaci&oacute;n de esta sexualidad infantil. S&oacute;lo m&aacute;s tarde se espera alcance el estatus de la primac&iacute;a genital y &eacute;sta sea sofocada por la represi&oacute;n y as&iacute; dar paso al periodo de latencia. Durante este primer momento fundante, el cachorro humano enfrenta sin mayor defensa su primer pasaje al acto normativo: dejarse caer en el campo del Otro, como se&ntilde;ala la psicoanalista Silvia Amigo en su libro <em>Cl&iacute;nica de los Fracasos del fantasma<\/em>. Se trata de la primera alienaci&oacute;n fundante.<\/p>\n<p>En el periodo de latencia se va a constituir (o no) lo que despu&eacute;s ser&aacute;n los diques de la sexualidad: el asco, el sentimiento de verg&uuml;enza y los reclamos ideales en lo est&eacute;tico y lo moral. Aqu&iacute; el flujo de los impulsos sexuales no ha cesado, pero su energ&iacute;a es desviada del uso sexual y aplicada a otros fines. La cultura se convertir&aacute; en la fuente de donde vendr&aacute;n las satisfacciones que antes proven&iacute;an de su propio autoerotismo.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de este periodo de latencia, por cierto cada vez m&aacute;s corto, con la pubertad se van a introducir los cambios que llevan la vida sexual infantil hacia su conformaci&oacute;n definitiva, heteroer&oacute;tica. Se trata de este periodo de la vida que Freud va a llamar <em>Las metamorfosis de la pubertad<\/em>, en el tercero de sus ensayos de teor&iacute;a sexual.<\/p>\n<p>Freud escribe los mencionados ensayos en 1905, y para entonces no existe la palabra &ldquo;adolescente&rdquo;, por lo que usa &ldquo;pubertad&rdquo;. El doctor vien&eacute;s va a se&ntilde;alar dos procesos relevantes en esta etapa, partiendo de la maduraci&oacute;n gen&eacute;sica: las transformaciones corporales propias de la madurez sexual y los cambios psicol&oacute;gicos que le acompa&ntilde;an. Estos dos aspectos son: un marcado desasimiento de la autoridad de los padres y, adem&aacute;s, el hallazgo del objeto exog&aacute;mico a partir de la diferencia de los sexos.<\/p>\n<p>En la pubertad, con la tensi&oacute;n genital que le es propia (la edad de la cosquilla o de la punzada, le dicen, y no sin raz&oacute;n) se re-edita el drama del complejo de Edipo y castraci&oacute;n. Ello presenta una complicaci&oacute;n, dado que ya se est&aacute; en condiciones f&iacute;sicas para hacer posible el incesto y el parricidio.<\/p>\n<p>De tal modo que a esta nueva oleada de sexualidad (en muchos casos resulta devastadora ps&iacute;quicamente hablando, al grado de hacer surgir la psicosis o demencia precoz) habr&aacute; de opon&eacute;rsele una renovada represi&oacute;n que le lleve a abandonar los objetos ed&iacute;picos y posibilitar as&iacute; el hallazgo del objeto exog&aacute;mico y heterosexual (haciendo referencia al &ldquo;hetero&rdquo; como alteridad, como otro, diferente de s&iacute;, sea del otro sexo o del mismo). M&aacute;s a&uacute;n, tambi&eacute;n con la pubertad se abre, con toda su magnitud, el terreno de la fantas&iacute;a donde se desarrollar&aacute;, en principio, el encuentro con el objeto de satisfacci&oacute;n. Un encuentro que en sentido estricto es un reencuentro. No podemos soslayar que muchos cambios se han dado desde que Freud planteaba sus ideas (aunque hay que decir que a los tres ensayos le hizo comentarios hasta incluso 1925) y lo que hoy vivimos con la adolescencia. Por ejemplo, la pubertad inicia cada vez m&aacute;s temprano y se prolonga hasta muy tarde en la vida de los sujetos. As&iacute;, el desasimiento se prolonga y la compleja tarea de construirse un proyecto propio se ve obstaculizado. Adem&aacute;s, en una &eacute;poca socio-hist&oacute;rica marcada por el capitalismo salvaje que impone su mandato de consumo, los adolescentes quedan excluidos de lo social.<\/p>\n<p>Freud en 1905, aunque lo intenta, no se puede desprender de cierto tufo evolucionista, por m&aacute;s que marque diversas l&iacute;neas en torno a la constituci&oacute;n del sujeto que lo van a distanciar de lo biol&oacute;gico (como ubicar la sexualidad en dos tiempos). Por lo tanto, ser&aacute; Jacques Lacan quien vendr&aacute;, desde el psicoan&aacute;lisis, a marcar la ruptura con la idea de una psicog&eacute;nesis o desarrollo psicol&oacute;gico. Llamar&aacute; a estas posturas, enmarcadas en los discursos cient&iacute;ficos e incluso filos&oacute;ficos y humanistas, &ldquo;psicolog&iacute;a general&rdquo;.<\/p>\n<p>Lacan nos recuerda que en la reuni&oacute;n de la Sociedad Psicoanal&iacute;tica de Viena del mi&eacute;rcoles 13 de febrero de 1907 se abord&oacute; el tema del <em>Despertar de la primavera<\/em>, obra de teatro del dramaturgo Frank Wedekind presentada en 1891. Esta obra de teatro fue titulada en principio <em>Eine Kindertrag&ouml;die<\/em> (<em>La tragedia de los ni&ntilde;os<\/em>) y narra la tragedia que viven tres adolescentes (Moritz, Melchior y Wendla), de entre 13 y 14 a&ntilde;os, en su segundo despertar a la sexualidad en la adolescencia. Justamente, se utiliza el significante &ldquo;primavera&rdquo; para aludir a la primavera, donde despierta lo que se encontraba latente. El argumento, que se puede leer en las actas, es tan intenso como simple y pleno de actualidad: los estudiantes Melchior y Wendla encuentran respuestas a sus preguntas sobre la sexualidad en una granja. Wendla le pregunta a su madre: &iquest;c&oacute;mo nacen los ni&ntilde;os? La respuesta es el silencio de la madre. Wendla busca a Melchior y queda embarazada. Su madre la obliga a practicarse un aborto, algo sale mal y antes de morir, la adolescente vuelve a preguntar: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; nunca me hablaste de estas cosas?&rdquo; Por otro lado, Moritz, amigo de Melchior, se suicida porque ha tenido malas notas en la escuela. El perturbado padre, revisando la habitaci&oacute;n de Moritz, encuentra un escrito obsceno sobre el coito. La letra le resulta desconocida y luego descubre que es de Melchior, que le hab&iacute;a dado a leer lo que hab&iacute;a escrito sobre sus interrogantes sexuales. Melchior es expulsado de la escuela y, al huir del reformatorio al que lo llevaron sus padres, llega a un cementerio. Lee la inscripci&oacute;n en la tumba de Wendla, que reza: &ldquo;Muri&oacute; de anemia. Bienaventurados los que tienen puro el coraz&oacute;n&rdquo; (vemos a una madre que se niega reiteradamente a reconocer a su hija como sexuada). Repentinamente ve a Moritz, que se ha levantado de su tumba y se le acerca llevando la cabeza en las manos. Moritz intenta seducir a su amigo vivo para que se una a &eacute;l en el reino de la muerte, donde no hay soledad ni sufrimiento. Sin embargo, en medio de esta escena de mort&iacute;fera seducci&oacute;n, aparece un misterioso &ldquo;hombre enmascarado&rdquo;, quien obliga al fantasma a volver a su tumba y lleva a Melchior consigo, ofreci&eacute;ndole un plato de sopa caliente, dejando de culparse por el disgusto de sus padres. Este hombre enmascarado, al poner en juego el falo significante, hace un agujero en lo real de la muerte y, por tanto, hace un lugar a la vida, a la sexualidad. Lacan, en un texto de 1974, sintetiza este argumento diciendo que el dramaturgo&hellip; De este modo aborda el asunto de qu&eacute; es para los muchachos hacer el amor con las muchachas, marcando que no pensar&iacute;an en ello sin el despertar de sus sue&ntilde;os. Pero tambi&eacute;n se presenta en la adolescencia lo que Lacan se&ntilde;ala como la irrupci&oacute;n de lo real del cuerpo que se presenta con los cambios som&aacute;ticos o caracteres sexuales secundarios.<\/p>\n<p>El despertar de la primavera ser&aacute; entonces una irrupci&oacute;n de lo real del sexo. En ella, se enfrenta el adolescente a la ausencia de un saber sobre el sexo. Es un encuentro brusco, despertante con lo real que hace que el sujeto se vea obligado a bordear con significantes esa masa que irrumpe. Se requiere, desde lo simb&oacute;lico, un intento de anudamiento con lo imaginario que podr&iacute;a apartar de lo real su tendencia inercial a la muerte.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Que lo que Freud delimit&oacute; de lo que &eacute;l llama sexualidad haga un agujero en lo real, es lo que se palpa en el hecho de que al nadie zafarse bien del asunto, nadie se preocupe m&aacute;s por el. 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