{"id":2258,"date":"2024-09-17T12:13:11","date_gmt":"2024-09-17T12:13:11","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/09\/17\/viejo-cuento\/"},"modified":"2024-09-17T12:13:11","modified_gmt":"2024-09-17T12:13:11","slug":"viejo-cuento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/viejo-cuento\/","title":{"rendered":"Viejo cuento"},"content":{"rendered":"<p><em>&hellip;Ved que un poco de fuego basta para quemar todo un gran bosque.<\/em><\/p>\n<p>Carta de Santiago, cap&iacute;tulo 3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El fuego, en una carrera imparable, alumbra noches y d&iacute;as del continente del sur, anunciando un futuro de hambruna en el nuevo orden social que se avecina. Los gobiernos dieron visto bueno para que empiecen a quemar, con cuidado, para preparar la tierra de forma ancestral para sembrar y ahora, despu&eacute;s de un descuido, no hay Dios que acuda a apagar el incendio que se extiende a galope matando la Madre-Tierra.<\/p>\n<p>Es aterrador ver la bi&oacute;sfera ardiendo en llamas por obra de manos asesinas que, incre&iacute;blemente, son humanas. Las flamas ganan una fuerza tit&aacute;nica que las hacen imparables y avanzan sin piedad por extensiones inimaginables, destruyendo todo a su paso, cubriendo el suelo de dolor y desesperanza, dejando una vibraci&oacute;n de miedo en el aire.<\/p>\n<p>La triste y cobarde quema que est&aacute;n sufriendo los animales de las llanuras es imperdonable. El Estado, con su engranaje burocr&aacute;tico oxidado, con centenas de funcionarios ineptos que no logran caminar y mascar chicle a la vez, tard&oacute; tanto en tomar cartas en el asunto que el fuego creci&oacute; de manera incalificable e incontrolable. Ahora, como se si tratara de damiselas indefensas, los funcionarios gritan al mundo, rogando por socorro.<\/p>\n<p>Los incendios van de la mano de gobiernos que no cumplen ni hacen cumplir las leyes. En una constante despreocupaci&oacute;n con el medio ambiente, acompa&ntilde;ada con una mirada soberbia de indiferencia y complicidad&hellip; Es as&iacute; de sencillo y doloroso el destino de las naciones en el triste continente del sur, donde lo &uacute;nico que importa es gobernar, mismo que sea a un pueblo fam&eacute;lico, con la vista perdida sobre un mar de holl&iacute;n y cenizas.<\/p>\n<p>Hace mucho que est&aacute; comprobado que monte y ganado pueden ser simbi&oacute;ticos. Sin embargo, en pleno siglo XXI, siguen quemando para renovar el pasto y por descuido o criminal negligencia, una y otra vez, queman todo, hasta la madre que los pari&oacute;.<\/p>\n<p>El viento lleva el fuego que carboniza los animales y todo ser vivo a su paso. Nadie se ocupar&aacute; de la reposici&oacute;n ambiental, se ocupar&aacute;n del cambalache y distribuir&aacute;n la tierra quemada a cambio de votos en las pr&oacute;ximas elecciones. Todo tan desvergonzado y conocido a la vez.<\/p>\n<p>Una imagen del biocidio que tiene lugar en Sudam&eacute;rica en los d&iacute;as actuales me trajo a la memoria la imagen de mi madre, en mi ni&ntilde;ez, all&aacute; por los a&ntilde;os setenta, leyendo un libro que, por el color de la tapa y por el t&iacute;tulo, parec&iacute;a arder: <em>Mo&ccedil;ambique &ndash; Terra Queimada<\/em>, de Jorge Jardim. En una ocasi&oacute;n, cuando ella dej&oacute; la lectura y el libro descansaba en la mesita de m&aacute;rmol blanco a lado de la poltrona, yo le&iacute;:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Los incendios forestales africanos son imparables y aterradores. Comienza en la hierba seca que arde en llamas altas. Corre r&aacute;pido cuando el viento sopla a su favor. Domina los tandos y asalta los bosques, escalando las laderas de las monta&ntilde;as. La quema, esta fiesta africana del fuego, dura d&iacute;as y puede durar semanas. Visto de lejos, de noche, enga&ntilde;a f&aacute;cilmente a los ojos que no est&aacute;n acostumbrados a reconocerlo. Toma la apariencia de una gran ciudad y parece resaltar la presencia civilizadora del hombre sobre la tierra. [&hellip;] Hombres que convirtieron Mozambique en una tierra abrasada que tardar&aacute; a&ntilde;os en volver a ser f&eacute;rtil. Hombres que &Aacute;frica tendr&aacute; que olvidar para luego perdonarlos.<\/em><\/p>\n<p>Nunca m&aacute;s me atrev&iacute; a tocar ese libro porque no me gustan los incendios. Obvio est&aacute; que yo no sab&iacute;a que el libro trataba sobre la descolonizaci&oacute;n de Mozambique y el siniestro proceso socialista que el pa&iacute;s vivi&oacute;. Tuvieron que pasar casi cincuenta a&ntilde;os para que yo volviera a abrir el libro otra vez, cuando la mesa de m&aacute;rmol blanco ya no estaba, ni mi madre.<\/p>\n<p>Tal vez Ray Bradbury logr&oacute; describir algo tan aterrador como un &aacute;rbol retorci&eacute;ndose en llamas de manera po&eacute;tica, en su relato &ldquo;Las doradas manzanas del sol&rdquo;: <em>&ldquo;&hellip;A veces el sol es un &aacute;rbol en llamas&rdquo;, <\/em>pero<em> <\/em>aun as&iacute; no me gustan los incendios. Mi madre no quer&iacute;a ser cremada&hellip; Total. Intento dormir, me invento un viejo cuento:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>&Eacute;rase una vez un bosque y muchos animales que viv&iacute;an felices en &eacute;l. Vino el hombre con muchos bidones de combustible&hellip; Ahora no hay m&aacute;s bosque, ni animales para que habiten felices en &eacute;l.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&hellip;Ved que un poco de fuego basta para quemar todo un gran bosque. Carta de Santiago, cap&iacute;tulo 3. &nbsp; El fuego, en una carrera imparable, alumbra noches y d&iacute;as del continente del sur, anunciando un futuro de hambruna en el nuevo orden social que se avecina. 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