{"id":2242,"date":"2024-09-03T12:38:56","date_gmt":"2024-09-03T12:38:56","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/09\/03\/desproposito\/"},"modified":"2024-09-03T12:38:56","modified_gmt":"2024-09-03T12:38:56","slug":"desproposito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/desproposito\/","title":{"rendered":"Despropsito"},"content":{"rendered":"<p>Parece que los p&aacute;jaros en bandada son m&aacute;s r&aacute;pidos. Pero es apenas una impresi&oacute;n, algo de lo cual nadie tiene certeza. Como tantas cosas, que nadie tiene convicci&oacute;n y piensa que son, cuando realmente no lo son. Nadie pregunta nada, es una manera de ser, por lo menos, un poco delicadito. Despu&eacute;s, piensan que debieron hacer preguntas, por lo menos algunas, en voz baja y t&iacute;midamente. Total, se percatan de que lo que no fue ya no tendr&aacute; oportunidad de ser.<\/p>\n<p>En la mente del condenado hablan sus diversas personalidades, en una pelea interna sin precedentes. Uno se arrepiente de todo lo que no fue, mientras el otro le dice que por lo menos fueron felices y es interrumpido por otros convivientes que estuvieron callados, medio melanc&oacute;licos, de manera que la bulla se instaura en la cabeza del hombre que dec&iacute;a que era feliz y otras cosas m&aacute;s. Todo pasa en los d&iacute;as viernes, ellos tienen una pelea campal. Es uno s&oacute;lo, pero parece un club de hombres ebrios, todos se refieren a la misma mujer amada. Algunos la defienden, otros la acusan. No logran consenso. La discusi&oacute;n dura toda la noche. Cuando canta el primer gallo, el condenado no puede o&iacute;rlo, tal es la bulla que hace eco en su &uacute;nica mente de m&uacute;ltiples personalidades.<\/p>\n<p>Al levantarse de su cama, el condenado est&aacute; con los pocos cabellos, literalmente, erizados. La fatiga y el cansancio hacen que sus ojos se vean m&aacute;s oscuros, especialmente los p&aacute;rpados arrugados, que recuerdan los de un ebrio fumat&eacute;rico.<\/p>\n<p>Las hormigas diminutas, forman una caravana en el desierto del piso del ba&ntilde;o, suben por el porcelanato de la pared y salen por una imperceptible fisura en la ventana, seguramente, camino a La Meca. Antes, las hormigas, al igual que los perros, viv&iacute;an en el jard&iacute;n o en el patio. Ahora las hormigas, en fila india, invaden las casas desafiando los productos de limpieza que desinfectan y dan brillo a los pisos y paredes. Tampoco temen al aerosol que puede fulminarlas en un instante, antes de que vuelvan y sean millones, como dijo alguien por ah&iacute;.<\/p>\n<p>Nadie sabe si el condenado es hu&eacute;rfano o fantasma, ya que, por un lado, &eacute;l siempre evoca la familia, con padre, madre y hermanos &ndash;las hermanas no las menciona, no le gustan-; por otro lado, habla de la muerte certera, como si esa ya hubiera llegado y &eacute;l fuera un fantasma con muchos recuerdos de tiempos ajenos.<\/p>\n<p>El amigo muerto, se sum&oacute; a la lista de los amigos muertos y de un sinf&iacute;n de recuerdos que se amontonaban entre los aros de bicicletas, las zapatillas deportivas, los naranjos en flor, el libro de Karl Marx, la locomotora del metro, el agua del r&iacute;o que se fue hasta el mar y algunas nostalgias interminables que se ahogan en las copas de un bar.<\/p>\n<p>Los p&aacute;jaros en bandada son m&aacute;s r&aacute;pidos que los perros en jaur&iacute;a. Pero, una jaur&iacute;a es m&aacute;s feroz y puede destrozar a los que se cruzan por su camino, especialmente si es alguien con diversas personalidades, con sentimientos encontrados sobre perros o amores y que no disfruta del canto del gallo al amanecer. Adem&aacute;s, que en las peleas consigo mismo jala los propios pelos hasta dejarlos erizados y prefiere matar a las hormigas aplast&aacute;ndolas con sus manos, como se si tratara del cuello de la mujer amada.<\/p>\n<p>El condenado se victimiza como si fuera un ni&ntilde;o hu&eacute;rfano, despu&eacute;s, aflora su personalidad sensata y &eacute;l habla sobre la importancia de la familia, los paseos en bicicleta, el libro de Karl Marx que &eacute;l se olvid&oacute; en el metr&oacute;. Luego cede paso al hombre frustrado que se mueve como un fantasma por las sombras, que no le gusta los r&iacute;os y no conoce el mar.<\/p>\n<p>Nadie sabe lo que pasa. El juez, pregunta si el condenado tiene algo que a&ntilde;adir y &eacute;l sin tardanza cierra un ojo y habla:<\/p>\n<p>&#8211; Viernes, cuando el gallo cant&oacute;, vislumbr&eacute; una bandada en cielo y a lo lejos vi a una jaur&iacute;a. El amigo muerto, paseaba con la mujer amada bajo el naranjo en flor, destruyendo un instante de nuestras vidas que fue hermoso mientras dur&oacute;. Entonces, le ahorque con los huatos de las zapatillas deportivas, para que &eacute;l se transforme en fantasma. Despu&eacute;s, como si fuera una hormiga, fue la vez de la mujer amada&hellip;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Parece que los p&aacute;jaros en bandada son m&aacute;s r&aacute;pidos. Pero es apenas una impresi&oacute;n, algo de lo cual nadie tiene certeza. Como tantas cosas, que nadie tiene convicci&oacute;n y piensa que son, cuando realmente no lo son. Nadie pregunta nada, es una manera de ser, por lo menos, un poco delicadito. 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