{"id":2236,"date":"2024-08-27T12:24:15","date_gmt":"2024-08-27T12:24:15","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/08\/27\/vergueenza-y-desnudez\/"},"modified":"2024-08-27T12:24:15","modified_gmt":"2024-08-27T12:24:15","slug":"vergueenza-y-desnudez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/vergueenza-y-desnudez\/","title":{"rendered":"Vergenza y desnudez"},"content":{"rendered":"<p><em>Creo que uno de los motivos del arte y del pensamiento es una cierta verg&uuml;enza de ser un hombre [&#8230;] cierta verg&uuml;enza de ser un hombre, que hace que el arte consista en liberar la vida que el hombre no cesa de encarcelar.<\/em><\/p>\n<p>Gilles Deleuze&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los seres humanos en nuestros d&iacute;as se han convertido en uno de los objetos privilegiados del mercado. El tratamiento social que el mercado propone darle al cuerpo y a su imagen no se distancia mucho del que recibe cualquier mercanc&iacute;a: se cuida, se embellece, se enaltece y se exhibe s&oacute;lo en funci&oacute;n de su valor de cambio. Desde luego que para poder sostener esta impostura mercantil parece indispensable deshacerse de todo aquello que pueda interferir en el uso del cuerpo, todo aquello que limite y censure su abierta exposici&oacute;n. En tiempos de pornograf&iacute;a social, en tiempos de valoraci&oacute;n medi&aacute;tica, como los que vivimos, lo que se preconiza y valora es el uso desnudo del cuerpo. Para estar a la altura del mandato de gozar sin l&iacute;mites que promueve el <em>capitalismo salvaje<\/em>, hay que desconocer y rechazar, por ejemplo, la existencia del alma (l&eacute;ase aqu&iacute; sin tono religioso, por alma me refiero a la vida interior, m&aacute;s a&uacute;n, a la singularidad de cada sujeto); deshacerse tambi&eacute;n de la vida privada y para ello las redes sociales son el medio. En una palabra, se requiere abandonar toda verg&uuml;enza y pudor.<\/p>\n<p>Los caminos para deshacerse de los diques que impiden gozar del cuerpo son muchos y variados, van desde la anestesia que producen los f&aacute;rmacos o las drogas hasta la exaltaci&oacute;n de una imagen de &eacute;xito a cualquier costo, por ejemplo, y para alcanar el ideal de goce ser&aacute; necesario perder la verg&uuml;enza. En esta tendencia comercial dirigida a convertir la vida, y el cuerpo, en una mercanc&iacute;a, tampoco tiene lugar el pudor: &ldquo;te hace falta ser un poco m&aacute;s malo, no tener pudor&rdquo;, me comentaba con pretendida generosidad un viejo amigo que crey&oacute; haber encontrado d&oacute;nde yo fracasaba en tener &eacute;xito.<\/p>\n<p>El pudor, junto con la verg&uuml;enza y el asco, esencialmente, son propuestos por Sigmund Freud como los diques que ponen l&iacute;mite y organizan lo sexual en los seres humanos. Operan para contener la sexualidad, que en la etapa infantil aparece desbordada en una sexualidad perversa y poliforme. Esos diques son los primeros andamios para adquirir un nuevo orden y normatizaci&oacute;n de la sexualidad en concordancia con las convenciones sociales de una civilizaci&oacute;n determinada. En este sentido, es posible decir que detr&aacute;s de un episodio de asco, verg&uuml;enza o pudor, sin duda, encontramos impulsos o deseos sexuales reprimidos.<\/p>\n<p>Sabemos que el psicoan&aacute;lisis sostendr&aacute; una singular posici&oacute;n con respecto al proceso de sexuaci&oacute;n humana. Rompe con toda idea biol&oacute;gico-anat&oacute;mista de car&aacute;cter evolucionista. La sexualidad humana se instituye en un proceso l&oacute;gico que se despliega en dos tiempos con un intervalo llamado de latencia. Un primer tiempo ocurre en la infancia, donde la sexualidad se encuentra ligada a los padres, que son figuras y funciones que actualizan en cada sujeto el drama de Edipo, y tendr&iacute;a como fin la instauraci&oacute;n y reconocimiento (obediencia a la ley) de una prohibici&oacute;n fundamental y, como resultado, la emergencia del Super yo o conciencia moral. Sobre esta sexualidad desbordada se impondr&aacute; la represi&oacute;n y, con ello, los diques morales que son, ya sabemos, la verg&uuml;enza, el asco y el pudor. Se entra en un periodo de latencia donde la pulsi&oacute;n se vuelca sobre la cultura y el reconocimiento social genera la satisfacci&oacute;n que se perdi&oacute; en el primer momento. El segundo momento vendr&aacute; con la pubertad, donde se vivenciar&aacute; un &ldquo;despertar de la primavera&rdquo;. Ya desde el <em>Manuscrito K<\/em> de 1896, Freud sosten&iacute;a que, con el periodo de la pubertad, se presenta una resignificaci&oacute;n de una potencia sexual que hab&iacute;a estado reprimida: en este momento cr&iacute;tico, la resistencia de los diques morales se pondr&aacute; en cuesti&oacute;n con intensidad.<\/p>\n<p>La verg&uuml;enza es un afecto profundo vinculado con el quedar expuesto ante el otro. En el se&ntilde;alado Manuscrito K, Sigmund Freud le escribe a su amigo Fliess definiendo la verg&uuml;enza. Le dice que se concentra en &ldquo;el miedo a que la gente sepa&rdquo;. En <em>El malestar en la cultura<\/em>, escrito por Freud en 1930, la verg&uuml;enza ser&aacute; asociada con el pudor para se&ntilde;alar que, en los or&iacute;genes de la cultura humana, en el momento en que el hombre se pone en pie, cuando asume la posici&oacute;n erecta, sus &oacute;rganos sexuales quedan expuestos y requieren ser defendidos. La postura b&iacute;peda trae consecuencias en el psiquismo, dado que deja al hombre en una situci&oacute;n de exposici&oacute;n y vulnerablidad, lo que hace que el pudor sea una respuesta de defensa ante estas dos condiciones. El psicoanalista franc&eacute;s Jacques Lacan, en el seminario 11, lo formula as&iacute;: &ldquo;La mirada es ese objeto perdido y, de pronto, reencontrado, en la conflagaci&oacute;n de la verguenza, gracias a la introducci&oacute;n del otro&rdquo;.<\/p>\n<p>La verg&uuml;enza es, entonces, un dique ps&iacute;quico esencial para poder hacer y sostener el lazo social, existencial y sexual. Se edifica en el periodo de latencia, as&iacute; lo sabemos desde 1905 en <em>Tres ensayos para una teor&iacute;a sexual<\/em>, donde Freud sostiene que &ldquo;Durante este per&iacute;odo de latencia total o meramente parcial se edifican los poderes an&iacute;micos que m&aacute;s tarde se presentar&aacute;n como inhibidores en el camino de la pulsi&oacute;n sexual y angostar&aacute;n su curso de manera de unos diques (el asco, el sentimiento de verg&uuml;enza, los reclamos ideales en lo est&eacute;tico y en lo moral)&rdquo;. A partir de esta afirmaci&oacute;n de Freud podr&iacute;amos decir que lo que orienta o determina la posici&oacute;n del sujeto en sus dimensiones &eacute;ticas y est&eacute;ticas est&aacute; directamente vinculado con la instalaci&oacute;n o no de este dique moral que es la verg&uuml;enza. Se trata de una instalaci&oacute;n inconsciente, no programada ni factible de ser ordenada de manera consciente. La educaci&oacute;n no har&aacute; sino darle su modulaci&oacute;n imaginaria.<\/p>\n<p>La verg&uuml;enza, entonces, implica la represi&oacute;n de potentes mociones sexuales. Es un dique creado a partir de una energ&iacute;a sexual que se quiere dome&ntilde;ar, lo que es imposible en tanto que algo de ella se habr&aacute; de preservar y ser&aacute; desviada del uso sexual y aplicada a otros fines, la sublimaci&oacute;n por ejemplo.<\/p>\n<p>Antes de estos diques, un ni&ntilde;o puede mostrarse desnudo sin el menor inconveniente. Esto cambiar&aacute; con el llamado periodo de latencia donde se cubrir&aacute; la desnudez y adem&aacute;s vivir&aacute; periodos de asco ante ciertos alimentos u olores. Dicho de otra manera, el sujeto no nace con verg&uuml;enza con respecto a su desnudez, &eacute;sta es aprendida como un requisito para ingresar al universo de los otros, se modular&aacute; de acuerdo a las costumbres y cultura donde se desenvuelve. Lo decente e indecente se mueve en un mosaico muy variado en el mundo.<\/p>\n<p>Ahora bien, la desnudez del cuerpo no se refiere al acto de despojar de las vestimentas sino el despojar de lo que el sujeto se vale para sostenerse ante la mirada del otro, producirle la verg&uuml;enza de verse desnudo de su singularidad, de verse exhibido, humillado. &ldquo;Quedar desnudo&rdquo; implica que ya no hay nada que medie en la relaci&oacute;n con la potencia destructiva del Otro, es una confrontaci&oacute;n salvaje con lo real. Con la desnudez, el sujeto queda expuesto y vulnerable.<\/p>\n<p>Quiz&aacute;s una crudel&iacute;sima forma posmoderna de producir esta desnudez, y donde se expone al sujeto a la verg&uuml;enza radical, es el linchamiento medi&aacute;tico que son aut&eacute;nticos juicios sumarios. Ahora se hace medi&aacute;ticamente lo que en la Edad Media se hac&iacute;a en la plaza p&uacute;blica. Con el sue&ntilde;o de felicidad y completud, los tiempos que corren, los del <em>capitalismo salvaje<\/em>, nos exigen la desnudez, nos mandatan a que nos movamos sin verg&uuml;enza, sin pudor, sin arte, silenciados, sin alma&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Creo que uno de los motivos del arte y del pensamiento es una cierta verg&uuml;enza de ser un hombre [&#8230;] cierta verg&uuml;enza de ser un hombre, que hace que el arte consista en liberar la vida que el hombre no cesa de encarcelar. 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