{"id":2232,"date":"2024-08-27T12:20:55","date_gmt":"2024-08-27T12:20:55","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/08\/27\/tres-ninas-y-un-poco-de-polvo\/"},"modified":"2024-08-27T12:20:55","modified_gmt":"2024-08-27T12:20:55","slug":"tres-ninas-y-un-poco-de-polvo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/tres-ninas-y-un-poco-de-polvo\/","title":{"rendered":"Tres nias y un poco de polvo"},"content":{"rendered":"<p>Las tres ni&ntilde;as viv&iacute;an en una aldea peque&ntilde;a, en el Departamento de Oruro, all&aacute; donde el viento azota y deja la cara agrietada, a una altitud de 4,210 metros sobre el nivel del mar. Estaban lejos de todo el mundo y no conoc&iacute;an otras poblaciones. En ocasiones ve&iacute;an que llegaban algunos chilenos para hablar con los hombres de la aldea. Escuchaban que ellos ven&iacute;an de las aldeas de Chinchillani y Panzuta.<\/p>\n<p>Celia era la mayor, un a&ntilde;o menor que ella eran Brisa y Clara, que ten&iacute;an la misma edad y la segu&iacute;an a todas partes. Las ni&ntilde;as siempre ten&iacute;an una gran sonrisa estampada en sus caritas, sab&iacute;an que estaban emparentadas con los pocos vecinos, a todos dec&iacute;an t&iacute;o, no sab&iacute;an leer y no contaban el tiempo porque viv&iacute;an en un eterno presente, jugando al llevar la tropa de llamas y de ovejas para pastear, comiendo y durmiendo juntitas en la cocina, cerca del fuego, con la abuela que las cuidaba cuando los padres viajaban. Mientras los adultos, en un mundo paralelo, trabajaban, viajaban y contaban la plata durante una semana, dinero que llegaba en bolsas en gran cantidad.<\/p>\n<p>Ellas sab&iacute;an que eran hermanitas y no sab&iacute;an por qu&eacute; la abuela part&iacute;a una fruta para Celia y Clara, mientras que Brisa recib&iacute;a la fruta entera. Tuvieron que crecer para entender la filosof&iacute;a aimara de la abuela, que siempre dec&iacute;a que Brisa estaba partida, por eso tiene que recibir todo entero para no sufrir en la vida. Ellas no sab&iacute;an que Brisa era hija de la hermana mayor que viv&iacute;a en la ciudad, que fue violada y la entreg&oacute; a su madre para que la criara con Celia y le amamantara con Clara.<\/p>\n<p>La abuelita les dec&iacute;a cada ma&ntilde;ana que lleven las llamas para el otro lado, que nunca vayan a donde trabajaban los hombres, para que no se acerquen all&aacute; a los corrales donde estaban secando la cosa mala. Los hombres trabajaban, las t&iacute;as cocinaban, sus padres viajaban constantemente a Chile, tra&iacute;an frutas, galletas y en la carrocer&iacute;a del cami&oacute;n tra&iacute;an bolsas y bolsas de dinero que llevaban a la casa de uno de los t&iacute;os para contar.<\/p>\n<p>En las ma&ntilde;anas fr&iacute;as se escuchaba que los hombres cargaban la tropa de burros con la cosa mala, luego algunos de los t&iacute;os se iban rumbo a Chinchillani y Panzuta. Tardaban una noche en regresar. Siempre llegaban con la tropa sin carga al final de la tarde, siempre llegaban con el viento que azota y deja la cara agrietada.<\/p>\n<p>En la aldea todos los adultos se ayudaban. Algunas veces fueron juntos a Oruro y a Cochabamba, compraron casas lindas, para cambiar de vida, dec&iacute;an.<\/p>\n<p>Una tarde las ni&ntilde;as llegaron con la tropa de llamas y la abuela no las esperaba con la comida caliente. No la encontraron en la casa. Brisa dijo que ten&iacute;a hambre. Celia, en su inocencia, dijo que en el corral de m&aacute;s all&aacute; hab&iacute;a mucha harina de haba. Entonces las tres ni&ntilde;as entraron a la cocina, alzaron cucharas y vasos, corrieron al corral. R&aacute;pidamente saltaran la muralla de piedra y llenaron sus vasos hasta la mitad, volvieran corriendo a la cocina para colocar az&uacute;car a los vasos y poder degustar el manjar.<\/p>\n<p>Cuando entraron a la cocina, la abuela, que ya hab&iacute;a llegado, pregunt&oacute; qu&eacute; tra&iacute;an en sus vasos. En su ingenuidad, Clara le respondi&oacute; que tra&iacute;an haba molida para comer con az&uacute;car, que tra&iacute;an del corral donde hab&iacute;a tanta harina de haba secando&hellip; R&aacute;pidamente la abuela les arrebat&oacute; los vasos, empez&oacute; a gritar, rompiendo el silencio de la aldea, chillando tan fuerte que silenciaba el silbido del viento azota y deja la cara agrietada.<\/p>\n<p>Todos corrieron, pensando que alguien hab&iacute;a muerto&hellip; Por suerte, por mucha suerte, las ni&ntilde;as no comieran el polvo blanco con az&uacute;car pensando que era harina de haba, me cont&oacute; Brisa, con los ojos brillantes, a sus cincuenta a&ntilde;os de edad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las tres ni&ntilde;as viv&iacute;an en una aldea peque&ntilde;a, en el Departamento de Oruro, all&aacute; donde el viento azota y deja la cara agrietada, a una altitud de 4,210 metros sobre el nivel del mar. 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