{"id":2230,"date":"2024-08-23T12:48:28","date_gmt":"2024-08-23T12:48:28","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/08\/23\/receta-1\/"},"modified":"2024-08-23T12:48:28","modified_gmt":"2024-08-23T12:48:28","slug":"receta-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/tinta-insomne\/receta-1\/","title":{"rendered":"Receta"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>La cocina es alquimia de amor<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Guy de Maupassant<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Cuando mi madre nos daba el pan, repart&iacute;a amor. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Jo&euml;l Robuchon<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Agosto es verano en apogeo, mes exquisito cuando las frutas son abundantes al igual que el calor. Agosto recubre de olores y sabores los mercados, seduce e invita a realizar las m&aacute;s complejas recetas. Es un buen pretexto para colocar un platillo tradicional digno en cualquier mesa con pretexto de reunir a la familia y festejar. Uno de los platillos m&aacute;s tradicionales en M&eacute;xico y Puebla, son los chiles en nogada. Si su familia no es muy grande, con medio kilo de cada ingrediente bastar&aacute;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Ingredientes<\/strong><\/p>\n<p>10 chiles poblanos, 200 gramos de cebolla finamente picada, 2 dientes de ajo, 750 gramos de carne de res molida, 750 gramos de carne de cerdo molida, 250 gramos de acitr&oacute;n picado, 100 gramos de pasitas hidratadas, 200 gramos de almendras peladas, tostadas y picadas, 200 gramos de manteca de cerdo, 500 gramos de durazno, 500 gramos de pera, 500 gramos de manzana, 100 gramos de az&uacute;car, sal y pimienta al gusto, leche. Para la nogada: Un kilo de nuez de castilla pelada, queso crema, vino blanco. 2 granadas rojas y desgranadas. 200 gramos de perejil picado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Preparaci&oacute;n Relleno<\/strong><\/p>\n<p>Madre pon&iacute;a los chiles a fuego directo para quemar la piel, cuidando de que no se quemaran. Los dejaba en una bolsa. Luego limpiaba los chiles y los desvenaba. Madre pelaba y cortaba la fruta en trozos peque&ntilde;os para hacer el relleno. La pera, la manzana y el durazno eran tomados por ella entre sus manos con sumo cuidado, mientras que yo los tomaba con ansia para empezar a comerlos. Los duraznos me daban nervios por su piel, sol&iacute;a omitirlos hasta que ve&iacute;a uno pelado. Lo que m&aacute;s mord&iacute;a eran las peras. Mientras yo com&iacute;a, ella pelaba con cari&ntilde;o cada ajo, cortaba cada cebolla. Coc&iacute;a con la manteca la carne y agregaba las almendras, pasas y frutas picadas.<\/p>\n<p>El olor de sus manos era tranquilidad para m&iacute;. Me sab&iacute;a segura con ese olor. Ella era la casa. Ella era la cocina y la protecci&oacute;n.<\/p>\n<p>Madre, entonces, rellenaba los chiles, con ah&iacute;nco bat&iacute;a los huevos y capeaba cada chile mientras nosotros &iacute;bamos por el abuelo al barrio de La Luz, cerca de la casa, a unas cinco o seis cuadras.<\/p>\n<p>Entr&aacute;bamos a su morada. Piezas peque&ntilde;as repletas de antiguas cosas. Cama de antiguo fierro con adornos de hojalata. Premios de juventud, muebles de olorosa madera, l&aacute;mparas opacas, amarillentos libros dormidos, fotos a&ntilde;ejas en blanco y negro con una vida remota, tan lejana como sus recuerdos que se desvanec&iacute;an con los a&ntilde;os. As&iacute; era su h&aacute;bitat, p&aacute;tina de tiempo cristalizada. &Eacute;l ya estaba arreglado con su ropa humilde y reci&eacute;n planchada, lo pasaba mi padre a su silla de ruedas e &iacute;bamos de regreso a casa, contentos. El viaje siempre era el mismo. A m&iacute; me gustaba ayudar a empujar su silla, las bajadas eran divertidas. Siempre &iacute;bamos platicando. A veces la silla se atoraba con el pasto o rode&aacute;bamos alg&uacute;n charco formado en la banqueta. Recuerdo que lo cargaban para subir los dos umbrales de la casa.<\/p>\n<p>Madre recib&iacute;a a su suegro con gusto. Coloc&aacute;bamos nuestros mejores platos con el chile capeado m&aacute;s grande. Ella lo cubr&iacute;a con la nogada y decoraba con perejil picado y los granos de granada. Contempl&aacute;bamos en silencio por un largo instante. No era comida, era arte y amor reunidos en un plato. La alegr&iacute;a embargaba y luego, entusiasmados, com&iacute;amos los chiles en nogada. Al terminar la comida, los adultos se tomaban alg&uacute;n vino o alcohol de aperitivo. Se extend&iacute;a la pl&aacute;tica hasta que antes de que oscureciera y se dificultara el viaje de regreso, abuelo se desped&iacute;a. Madre preparaba &ldquo;el itacate&rdquo; y &eacute;l se iba m&aacute;s que contento: &iexcl;Qu&eacute; nuera! &iexcl;Qu&eacute; nuera! &mdash;dec&iacute;a&mdash; &iexcl;Hijo, te has sacado la loter&iacute;a!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Preparaci&oacute;n Nogada<\/strong><\/p>\n<p>Para preparar la nogada, Madre remojaba las nueces un d&iacute;a antes, le ayudaba a pelarlas f&aacute;cil. Pon&iacute;a vino blanco, las nueces, el queso y az&uacute;car. Verificaba su consistencia y sabor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A&ntilde;o tras a&ntilde;o era la misma rutina de preparaci&oacute;n y deleite. Pero como todo en esta vida se rige por la impermanencia, un d&iacute;a que se hac&iacute;a como cada a&ntilde;o, mi abuelo se enferm&oacute; de gravedad. Yo no entend&iacute;a muy bien eso, pero ve&iacute;a el rostro de padre desencajado y el ambiente tenso. Padre va a casa del abuelo, est&aacute; ah&iacute; un largo rato. El abuelo est&aacute; en agon&iacute;a, sufriendo, resisti&eacute;ndose a la muerte, a la eterna sombra. Padre no soporta y regresa a casa. Se va con la pena en el rostro. Madre lo consuela, pero no pasa ni media hora cuando tocan la puerta. &iexcl;Venga a ver a su padre! Est&aacute; en su &uacute;ltimo aliento. Nosotras dos, en casa de madrugada, recostadas en la cama. El hijo en el camino que no llega a tiempo cuando su padre ha muerto.<\/p>\n<p>Mis seis a&ntilde;os no permit&iacute;an entender la muerte, cuando apenas si se entiende la vida. Pero juro que vi al abuelo sobre el umbral de mi puerta. Su sonrisa enigm&aacute;tica y sin silla de ruedas. Flotaba y era tan feliz como el joven panadero que era en una de sus fotos color sepia. Yo lo vi, acaso espejismo, acaso sue&ntilde;o. Brevedad y sustancia que se evapora. Me levant&eacute; de la cama, le dije a madre, pero no me hizo caso. Me mand&oacute; a dormir de nuevo. Padre no regres&oacute; esa noche a casa. Al d&iacute;a siguiente fuimos al entierro. Nadie me crey&oacute; que vino de visita antes de morir.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Servir<\/strong><\/p>\n<p>La pala, la tierra y la oraci&oacute;n van al mismo ritmo: El Se&ntilde;or es mi pastor, nada me faltar&aacute;. En lugares de delicados pastos me har&aacute; yacer. Junto a aguas de reposo me pastorear&aacute;. Confortar&aacute; mi alma. Me gu&iacute;a por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temer&eacute; mal alguno porque t&uacute; est&aacute;s conmigo. Nuestra oraci&oacute;n calla. La pala coloca los &uacute;ltimos restos de tierra, la familia es numerosa pero pocos lloran. El sepulcro reposa y siento que las almas se estremecen. &iquest;Qui&eacute;n sabe la fecha de su muerte? &iquest;Qui&eacute;n sabe lo que hay en ella? Las tumbas del pante&oacute;n son silenciosas porque est&aacute;n en espera de un no s&eacute; qu&eacute;. El olor de la pera, manzana y durazno queda suspendido en la nariz y la nuez tiene un extra&ntilde;o olor que se siente como una punzada dolorosa aqu&iacute;, en el centro de mi peque&ntilde;o pecho. La mirada de padre es una granada desgajada que dura meses. Ese a&ntilde;o los chiles en nogada se quedaron a media preparaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para que sus chiles en nogada tengan a&uacute;n m&aacute;s sabor, agr&eacute;guele una reminiscencia y nostalgia por un familiar muerto &mdash;invoque a padres y abuelos&mdash;. Recuerde que no es un simple alimento, es arte y amor reunidos sobre un plato. Evoco con nostalgia las manos de mi madre y su olor; la silla del abuelo y sus fotos. Sobre la mesa mexicana vida y muerte festejan.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Tinta Insomne otorga un peque&ntilde;o pero sentido homenaje a nuestra gastronom&iacute;a mexicana. &iexcl;La casa huele a amor! &iexcl;La casa huele a chile en nogada!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La cocina es alquimia de amor Guy de Maupassant &nbsp; Cuando mi madre nos daba el pan, repart&iacute;a amor. Jo&euml;l Robuchon &nbsp; Agosto es verano en apogeo, mes exquisito cuando las frutas son abundantes al igual que el calor. 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