{"id":2220,"date":"2024-08-13T12:07:53","date_gmt":"2024-08-13T12:07:53","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/08\/13\/el-brillo-falico-de-antigona\/"},"modified":"2024-08-13T12:07:53","modified_gmt":"2024-08-13T12:07:53","slug":"el-brillo-falico-de-antigona","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/el-brillo-falico-de-antigona\/","title":{"rendered":"El brillo flico de Antgona"},"content":{"rendered":"<p>La cuesti&oacute;n femenina est&aacute; en el centro del debate social y tambi&eacute;n resulta as&iacute; para el psicoan&aacute;lisis en tanto que se asuma la indicaci&oacute;n lacaniana de estar a la altura subjetiva de la &eacute;poca. La cuesti&oacute;n femenina: las mujeres brillan y su brillo genera temor e impotencia.<\/p>\n<p>Escuchar al sujeto en lo singular de su sufrimiento es lo propio del psicoan&aacute;lisis. Sabemos que es por la v&iacute;a de las mujeres que se abri&oacute; el camino a la invenci&oacute;n del psicoan&aacute;lisis. Sigmund Freud, el primero, le reconoce valor a su palabra como veh&iacute;culo de su deseo en medio de una &eacute;poca que les condenaba al silencio. Sin embargo, y pese a ello, desde Freud se reconoce que la cuesti&oacute;n femenina se desliza por el <em>lado oscuro<\/em> de la subjetividad. Es ese lado radical, en el brillo tr&aacute;gico del deseo, lo que se muestra en Ant&iacute;gona, la tragedia de S&oacute;focles.<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; encierra Ant&iacute;gona para ser considerada no s&oacute;lo la m&aacute;s excelente de las tragedias griegas sino una obra de arte maestra cercana a la perfecci&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; tiene esta dramaturgia escrita en el a&ntilde;o 441 a.C. para que su eco nos llegue hasta nuestros d&iacute;as con toda su fuerza?<\/p>\n<p>La tragedia griega honra la libertad humana por cuanto hace que sus h&eacute;roes luchen contra esa fuerza que es el <em>fata <\/em>o destino, y que ejerce su poder incluso contra los dioses. Pero en Ant&iacute;gona ocurre a&uacute;n m&aacute;s: es el paradigma de referencia cada vez que un conflicto nos coloca en relaci&oacute;n con una ley cuando se presenta como injusta para un sujeto. Se trata, en Ant&iacute;gona, del choque de la conciencia privada y del bienestar p&uacute;blico. Ant&iacute;gona resulta fascinante, tiene una belleza que seduce y brilla por terrible y tambi&eacute;n tr&aacute;gica. Ant&iacute;gona nos coloca, con su acto, frente a un espacio inasible, m&aacute;s all&aacute; de la vida.<\/p>\n<p>Quien es quiz&aacute;s el mayor cr&iacute;tico literario y un erudito importante en la modernidad, George Steiner, hace un monumental ensayo intitulado <em>Ant&iacute;gonas<\/em>. Ah&iacute; nos recuerda que, con respecto al personaje Ant&iacute;gona, el alem&aacute;n Thomas de Quincey escribe: &ldquo;Santa gentil hija de Dios antes de que Dios fuera conocido, flor del para&iacute;so, despu&eacute;s de haberse cerrado el para&iacute;so&#8230;&rdquo;. La tragedia de Ant&iacute;gona, seg&uacute;n nos dice Steiner, hab&iacute;a conservado durante un siglo su orgulloso lugar en el juicio filos&oacute;fico y po&eacute;tico, hasta que, en 1905, Freud desplaz&oacute; la mirada y el centro interpretativo sobre otra tragedia: <em>Edipo Rey<\/em>.<\/p>\n<p>En el seminario 7 de Jacques Lacan, titulado <em>La &eacute;tica del psicoan&aacute;lisis,<\/em> hay tres cap&iacute;tulos dedicados a Ant&iacute;gona. Para este autor, no hay otra &eacute;tica tr&aacute;gica que la del psicoan&aacute;lisis. Resulta ser as&iacute; en tanto que en la tragedia se presenta un conflicto y todo conflicto supone divisi&oacute;n, y divisi&oacute;n de uno mismo, divisi&oacute;n subjetiva como se conoce en psicoan&aacute;lisis. Ah&iacute;, en Ant&iacute;gona, para el psicoanalista franc&eacute;s, la tragedia tiene como meta la catarsis, la purgaci&oacute;n de las pasiones, del temor y de la compasi&oacute;n. Ant&iacute;gona representa el punto nodal de la &eacute;tica, en una palabra, se convierte en paradigma de la &eacute;tica del psicoan&aacute;lisis en tanto que ella es quien encarna el deseo, el deseo puro que es el deseo de muerte.<\/p>\n<p>Conocemos el argumento de la tragedia de S&oacute;focles: ante la muerte mutua de los hermanos Et&eacute;ocles y Polinice (el primero defendiendo la ciudad, el otro atac&aacute;ndola), Creonte, el nuevo soberano de Tebas y hermano de Yocasta, proh&iacute;be dar sepultura al cad&aacute;ver de Polinice, decretando que el cuerpo quede expuesto para ser comido por las aves y los perros. Ant&iacute;gona, hermana de los fallecidos, va en contra del decreto del tirano y, obedeciendo a sus sentimientos y amor fraternal, se propone ir a sepultar a Polinice y as&iacute; se lo hace saber a su hermana Ismena. Esta se reh&uacute;sa a acompa&ntilde;arla y Ant&iacute;gona decide realizarlo sola. Sin embargo, es detenida y conducida ante el cruel Creonte, quien la condena a muerte. Hem&oacute;n, hijo de Creonte y prometido de Ant&iacute;gona, pide a su padre que derogue la sentencia que le parece injusta. El padre no se conmueve y no accede a la solicitud. Entonces, Hem&oacute;n se va a la celda donde ha sido encerrada Ant&iacute;gona, pero cuando llega ella ya se hab&iacute;a suicidado. El adivino Tiresias anuncia a Creonte los tristes acontecimientos que se avecinan y, junto con el Coro, reclaman que el rey derogue la sentencia, perdone a Ant&iacute;gona y d&eacute; sepultura a Polinice. Creonte, de mala manera, accede, aunque ya es tarde. Hem&oacute;n, en su desesperaci&oacute;n por encontrar a Ant&iacute;gona muerta, se suicida frente a su padre. Un mensajero llega con la reina Eur&iacute;dice para anunciarle la muerte de su hijo Hem&oacute;n. Ella, enloquecida de dolor se retira y dentro del palacio se hunde una espada y muere increpando a Creonte por la muerte de su hijo. Creonte se ve castigado, tal y como el Coro lo se&ntilde;ala: &ldquo;&iexcl;qu&eacute; tarde parece que vienes a entender lo que es justicia!&rdquo;<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; mueve a Ant&iacute;gona a desafiar el mandato de Creonte? Ant&iacute;gona misma se lo dice a Ismena, su hermana: &ldquo;S&eacute;panlo, no hab&iacute;a desafiado la ley de los ciudadanos por un marido o por un hijo a los que se les hubiera negado la sepultura, porque despu&eacute;s de todo, si hubiese perdido un marido en esas circunstancias hubiese podido adquirir otro, incluso si hubiese perdido junto con el marido a un hijo, habr&iacute;a podido tener otro hijo con otro marido. Pero se trata aqu&iacute; de mi propio hermano, <em>aut&aacute;delphos<\/em>, nacido del mismo padre y de la misma madre&rdquo;. La hermana se niega a ayudarle. Ant&iacute;gona reclama el socorro filial en tanto que es conocedora, como ella, de las desdichas del linaje de Edipo. Reclama, pero no obtiene respuesta positiva, dej&aacute;ndola sola ante su deseo, su deseo puro, en esa posici&oacute;n que es propia del h&eacute;roe tr&aacute;gico. Para ella el Otro (representado aqu&iacute; por su hermana) no responde, se encuentra abandonada a su deseo. Ant&iacute;gona toma la decisi&oacute;n tr&aacute;gica de rendirle honores f&uacute;nebres a su hermano. Una decisi&oacute;n de esta envergadura no es sino revelaci&oacute;n de que Polinice, o mejor a&uacute;n, el cuerpo de su hermano representa el objeto que causa el deseo de Ant&iacute;gona. Ismene le recuerda la condena a muerte a la que se har&aacute; acreedora por su acci&oacute;n, ante lo cual Ant&iacute;gona responde: &ldquo;habiendo obrado as&iacute;, ser&aacute; deleitosa la muerte, pues amada yacer&eacute; junto a quien me es amado&rdquo;. Ant&iacute;gona no se conduce ni por el temor ni por la compasi&oacute;n, mostrando as&iacute; el <em>h&iacute;meros<\/em>, el reflejo de su deseo.<\/p>\n<p>Ant&iacute;gona arrastra la desdicha de su padre Edipo, de quien es hija y media hermana a la vez, y de su madre Yocasta, quien es su madre y su abuela a la vez, es decir, tiene un pasado que la condena. La muerte encarna su deseo, su deseo puro, ya sola, sin sus hermanos, ella se encuentra <em>mono&uacute;menoi<\/em> (dejada aparte, aislada) o <em>&aacute;philoi<\/em> (sin amigos). Pese a todo esto, ella mantiene una posici&oacute;n inflexible, es aquella que no cede a su deseo y ha traspasado los l&iacute;mites de lo humano y est&aacute; sola. Aunque ella apela a la ley divina y al amor a su hermano como el motor de su actuar, Creonte le asegura que ser&aacute; castigada por los dioses por faltar a las leyes de la ciudad. Ella, por su parte, no est&aacute; segura de c&oacute;mo los dioses responder&aacute;n. Dice ante Creonte: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n sabe si en Hades ocurra lo que t&uacute; dices?&rdquo;<\/p>\n<p>Jacques Lacan, en el seminario referido, <em>La &eacute;tica en psicoan&aacute;lisis<\/em>, se pregunta: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;l es la superficie que permite el surgimiento de la imagen de Ant&iacute;gona en tanto que imagen de la pasi&oacute;n?&rdquo; Se&ntilde;ala que Ant&iacute;gona, en todo momento, act&uacute;a sin temor ni compasi&oacute;n. Cuando Ant&iacute;gona se explica ante Creonte acerca de lo que hizo afirma que un <em>es as&iacute; porque es as&iacute;<\/em>. No es Zeus quien le orden&oacute; hacer eso, tampoco es Dik&eacute;, la diosa Justicia; lo hizo porque su hermano es su hermano, <em>es lo que es<\/em>. Su acto tiene valor s&oacute;lo en el lenguaje, su pasi&oacute;n est&aacute; puesta al servicio del corte que instaura en la vida del hombre la presencia misma del lenguaje. Lacan se&ntilde;ala: &ldquo;Ant&iacute;gona sabe que est&aacute; condenada a jugar un juego cuyo resultado es conocido de antemano&rdquo;. La iluminaci&oacute;n violenta, el brillo de su belleza se ubican en el momento del franqueamiento de la muerte en Ant&iacute;gona: &ldquo;estoy muerta y quiero la muerte&rdquo;, fue el canto que Ant&iacute;gona no se guard&oacute; desde que dej&oacute; ver el brillo de su deseo puro. Ant&iacute;gona se da vida yendo a la muerte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La cuesti&oacute;n femenina est&aacute; en el centro del debate social y tambi&eacute;n resulta as&iacute; para el psicoan&aacute;lisis en tanto que se asuma la indicaci&oacute;n lacaniana de estar a la altura subjetiva de la &eacute;poca. La cuesti&oacute;n femenina: las mujeres brillan y su brillo genera temor e impotencia. 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