{"id":2218,"date":"2024-08-13T12:06:07","date_gmt":"2024-08-13T12:06:07","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/08\/13\/el-ultimo-condenado\/"},"modified":"2024-08-13T12:06:07","modified_gmt":"2024-08-13T12:06:07","slug":"el-ultimo-condenado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/el-ultimo-condenado\/","title":{"rendered":"El ltimo condenado"},"content":{"rendered":"<p><em>Ah, ya sab&iacute;a siempre esto. Anoche me he so&ntilde;ado que he entrado al lago. Ya no estoy aqu&iacute;, ya me he despedido.<\/em><\/p>\n<p>Melquiades Suxo<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Como si hubiese le&iacute;do la Biblia antes de acostarme para dormir, despert&eacute; en los dominios de Hades, en medio de sus martirios. Levant&eacute; los ojos y vi de lejos a un ind&iacute;gena analfabeto junto a un militar que muri&oacute; de c&aacute;ncer despu&eacute;s de ser dictador y llegar a la presidencia democr&aacute;ticamente. As&iacute; que alc&eacute; la voz y lo llam&eacute;:<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Hey! S&eacute; que no estamos en el Evangelio de San Lucas, tampoco soy L&aacute;zaro para que moje la punta del dedo en agua y te refresque la lengua, pero traje agua porque s&eacute; que est&aacute;s sufriendo mucho en este fuego.<\/p>\n<p>El ind&iacute;gena alz&oacute; la mirada, sonri&oacute; y me contest&oacute; con humildad:<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Gracias, se&ntilde;orita! Le cuento que no tengo sed. Se conserva en mi boca el sabor de la botella de singani Tres Estrellas que me invitaron los guardias. Me dijeron que no ten&iacute;a que venir aqu&iacute;. Pero vine a esperar al general. Mientras esperaba, aprend&iacute; a hablar castellano. Antes yo era aimara cerrado. Esto no me permiti&oacute; defenderme a cabalidad. De cualquier manera, mi destino estaba sellado. Era una decisi&oacute;n pol&iacute;tica: yo y mi familia fuimos utilizados como chivos expiatorios. Pero, mire usted, estoy vivo en medio de tantos muertos&hellip;<\/p>\n<p>Ya sin las marcas de las heridas del cuerpo, estaba ah&iacute;, ante m&iacute;, el hombre que marc&oacute; una &eacute;poca al ser el &uacute;ltimo sentenciado a pena de muerte en Bolivia. Despu&eacute;s de &eacute;l, muchos otros fueron fusilados, pero no por orden judicial. De repente, record&eacute; la &uacute;ltima entrevista a &eacute;l, realizada por el periodista Guido Pizarroso, antes de enfrentar el pelot&oacute;n de fusilamiento. Dejaba claro que &eacute;l era consciente de su inocencia y ten&iacute;a esperanza de que se hiciera justicia:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&mdash;&iquest;Qu&eacute; piensas de la decisi&oacute;n del Presidente para no perdonarte? &mdash;le preguntan.<\/em><\/p>\n<p><em>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; se va a hacer! Le voy a mandar otra carta pidi&eacute;ndole perd&oacute;n.<\/em><\/p>\n<p><em>&mdash;&iquest;Qu&eacute; cree que es morir?<\/em><\/p>\n<p><em>&mdash;Yo no s&eacute;, no me doy cuenta.<\/em><\/p>\n<p><em>&mdash;&iquest;C&oacute;mo crees que es la muerte?<\/em><\/p>\n<p><em>&mdash;S&oacute;lo Dios sabe, yo no. Que vengan los doctores a verme. Yo no tengo huevos, por eso mi mujer me dej&oacute;.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mientras record&eacute; las palabras que quedaron escritas en la prensa nacional, el hombre me dijo sonriente:<\/p>\n<p>&mdash;El mal, se&ntilde;orita, destruy&oacute; a aquella ni&ntilde;ita que mi hija encontr&oacute; en la calle. Tambi&eacute;n destruy&oacute; a mis hijos y a m&iacute; mismo. En un momento, como en un sue&ntilde;o que no sabemos por qu&eacute; so&ntilde;amos. El mal viene, maltrata, juzga y condena. Despu&eacute;s se disfraza de persona de bien y sale en las fotos de la historia de los limpios. Pero, cuando uno muere, es muy distinto. Aqu&iacute; en la muerte nos volvemos a encontrar&hellip; Cuando el general lleg&oacute;, le esperaban los 98 muertos de los tres primeros d&iacute;as del golpe. Los 150 desaparecidos&hellip; Y ah&iacute;, en el final de la fila, estuve yo esperando tranquilo para darle su merecido.<\/p>\n<p>Record&eacute; que el d&iacute;a del fusilamiento el hombre estuvo en la capilla de la penitenciar&iacute;a con el hijo, hasta el momento que lo llamaron para ir al lugar de la ejecuci&oacute;n. Un periodista registr&oacute; sus &uacute;ltimas palabras para el hijo:<\/p>\n<p><em>&mdash;Chau, me estoy yendo, pero voy a volver. Te lo voy a pedir ayuda del m&aacute;s all&aacute;, te vas a portar bien&hellip; Toma esto &mdash;le alcanz&oacute; a su hijo cuatro pesos. Y finalmente le dio dos besos en ambas mejillas.<\/em><\/p>\n<p>En ese momento el hombre me sorprendi&oacute; diciendo:<\/p>\n<p>&mdash;Mis hijos. Usted est&aacute; pensando en mis peque&ntilde;os hijos, que sufrieron mil martirios sin pecado. Eran tan ni&ntilde;os&hellip; Hasta hoy, no entienden la maldad y la calumnia. Los voy a esperar en un lugar mejor, cuando les corresponda morir, para cumplir lo que promet&iacute; de volver a abrazarlos. Estoy esperando para volver a vernos. Pero yo le dec&iacute;a, se&ntilde;orita, que el mal, cuando llega, asola todo. Destruye al que puede. Yo pensaba, se&ntilde;orita, que como ese general no hay dos iguales, lo hac&iacute;an y romp&iacute;an el molde. Pero, no. No es como yo pensaba. El diablo los caga a montones.<\/p>\n<p>El hombre estaba triste pero siempre sonriente, tratando de ser agradable. Me agradeci&oacute;, otra vez, por el agua. Sin m&aacute;s comentarios se fue alejando, siempre de frente hacia m&iacute;. Cuando ya estaba cerca del general yo le pregunt&eacute; su nombre y &eacute;l dijo sonriendo:<\/p>\n<p>&mdash;Ese nombre no lo escog&iacute;, pero vino con su carga, una marca de dolor y sufrimiento. Cuando despiertes no te vas a olvidar, se&ntilde;orita: en gallego mi apellido significa &ldquo;sucio&rdquo;. Sucio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ah, ya sab&iacute;a siempre esto. Anoche me he so&ntilde;ado que he entrado al lago. Ya no estoy aqu&iacute;, ya me he despedido. Melquiades Suxo &nbsp; Como si hubiese le&iacute;do la Biblia antes de acostarme para dormir, despert&eacute; en los dominios de Hades, en medio de sus martirios. 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