{"id":2144,"date":"2024-06-04T12:13:53","date_gmt":"2024-06-04T12:13:53","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/06\/04\/llueve-afuera\/"},"modified":"2024-06-04T12:13:53","modified_gmt":"2024-06-04T12:13:53","slug":"llueve-afuera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/llueve-afuera\/","title":{"rendered":"Llueve afuera"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los a&ntilde;os noventa navegaban por las aguas calmas en el Guiaba y en la &ldquo;Radio Ga&uacute;cha&rdquo;. La canci&oacute;n y voz de Wander Wildner sonaba: <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">&ldquo;Jesus Cristo vai voltar Aleluia! Em Porto Alegre ele vai morar Aleluia!&rdquo;<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\"> Mientras el mundo andaba de cabeza, seg&uacute;n los veteranos de la guerra de la vida, entre ellos mi padre, que siempre protestaba en rechazo a los cambios sociales. &Eacute;l dec&iacute;a que la sociedad estaba perdiendo la moral y las buenas costumbres. En la casa del coronel, su mejor amigo, se recib&iacute;an revistas con noticias y propagandas, cuyo contenido no interesaba a sus hijos ni a ning&uacute;n joven de aquellos a&ntilde;os, ya que parec&iacute;a que la ciencia y la tecnolog&iacute;a llenar&iacute;an las brechas de todo el planeta y la felicidad ser&iacute;a algo sencillo, como abrir un vidrio de mermelada de manzana en la casa de mi t&iacute;a Olga.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La inform&aacute;tica encandilaba el esp&iacute;ritu brioso de aquellos que, con ansias, esperaban la llegada del nuevo siglo con todas las facilidades prometidas, como la soluci&oacute;n para un mundo sin remedio. Los d&iacute;as empezaron a pasar m&aacute;s de prisa, con pantallas a colores en todos los lugares manipulando las mentes, imponiendo ideas y creando necesidades. De tal suerte que, sin que nadie se diera cuenta, todos estaban con un celular en la mano como si fuera una extensi&oacute;n del propio cuerpo. Y sin mayores cuestionamientos, era un&aacute;nime la idea de que los celulares no eran un lujo y s&iacute; una necesidad.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Entonces las necesidades empezaron a ser distintas a las que est&aacute;bamos acostumbrados, alguien dijo que las mermeladas caseras de la t&iacute;a Olga engordaban, tambi&eacute;n hablaron sobre el gluten y de a poco todos los hornos de la familia, de los vecinos y de la ciudad se apagaron. Sin olor a pan casero la vida no es vida, escuch&eacute; al coronel y a mi padre conversando. Sacud&iacute;an la cabeza y se preguntaban d&oacute;nde todo ir&iacute;a a parar&hellip; Mientras el nuevo siglo se posicionaba con millones de contradicciones a cuestas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las movilidades se multiplicaron como hongos y los nuevos j&oacute;venes que llegaron para poblar el nuevo siglo, nacieron con la idea de que quien no tiene dinero para usar ropa de marcas caras es un fracasado. Algunas personas trajeron de sus viajes a la China ejemplares de un virus que diezm&oacute; miles de vidas humanas. La preocupaci&oacute;n, el aislamiento y el bombardeo de informaci&oacute;n cambiaron nuestras vidas. En la soledad del aislamiento, de vez en cuando yo escuchaba en mi mente la antigua canci&oacute;n de Wander Wildner: <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">&ldquo;Mas em que bairro Jesus vai ficar? Em que rua Jesus vai morar? Na Santa Cec&iacute;lia ou na Concei&ccedil;&atilde;o? No Esp&iacute;rito Santo ou na Assun&ccedil;&atilde;o?&rdquo;<\/span><\/em><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">R&aacute;pidamente casi todos asimilamos el nuevo orden. De muchas maneras subliminales, ya est&aacute;bamos listos para someternos a este cruel experimento. En medio del caos de la pandemia, el coronel amigo de mi padre, muri&oacute; a consecuencia de la vacuna y mi padre fue quedando cada d&iacute;a m&aacute;s silencioso, casi mudo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mi t&iacute;a Olga, durante el encierro de la pandemia, comi&oacute; compulsivamente, todas las mermeladas de pera, durazno, frutilla, ciruelo, manzana, membrillo, uva, guayaba, guinda, naranja, papaya, camote, zapallo y sabe Dios qu&eacute; dulces m&aacute;s que ella guardaba en su enorme alacena. El caso es que despu&eacute;s del encierro mi t&iacute;a Olga estaba con diabetes. Un d&iacute;a experiment&oacute; un coma y fue a los brazos de Dios. Tal vez ahora ya no se encuentre tan sola&hellip; S&oacute;lo, tal vez.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Un gur&uacute; que vino de un pa&iacute;s del Oriente me cont&oacute; que el mundo agoniza y que, en siete a&ntilde;os, empezando por el 2024, va a cambiar para peor todo el orden del planeta y, mientras tanto, vamos a observar tragedias clim&aacute;ticas horribles que destruir&aacute;n a muchas ciudades en muchos pa&iacute;ses, no en donde vivo, porque aqu&iacute; existen otros fen&oacute;menos que se encargar&aacute;n del caos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Afuera no para de llover y vi a mi padre mirando a trav&eacute;s del vidrio de la ventana. Sin esperar respuesta le pregunt&eacute; en qu&eacute; pensaba,<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">parado all&iacute; en los confines de su enorme pa&iacute;s. Para mi sorpresa, sin mirarme, &eacute;l contest&oacute;: &ldquo;pienso en &iquest;por qu&eacute; el patr&oacute;n del cielo me escogi&oacute; para ver el nuevo diluvio?&rdquo; Hac&iacute;a mucho que yo no escuchaba su voz y pregunt&eacute; c&oacute;mo se sent&iacute;a, sin saber si &eacute;l segu&iacute;a experimentando un momento de lucidez. Sin mayor espera, respondi&oacute;:<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">&ldquo;Ni feliz, ni triste. Apenas soportando&rdquo;. Y otra vez volvi&oacute; a su mudo silencioso, excepto que tarare&oacute; por un breve momento la vieja canci&oacute;n:<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">&ldquo;Jesus Cristo vai voltar Aleluia! Em Porto Alegre ele vai morar Aleluia!&rdquo;&hellip;<\/span><\/em><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las noticias muestran la guerra de la naturaleza en contra de mi Rio Grande Do Sul que soporta inclemencias jam&aacute;s imaginadas, excepto por el gur&uacute; que lleg&oacute; de un pa&iacute;s del Oriente para predecir &eacute;sta y otras miserias. Mi tristeza se hace cada vez m&aacute;s grande y cuando est&aacute; por rebalsar y aumentar las aguas del Guiaba, la vieja canci&oacute;n viene a mi mente, tal vez, para detener mis l&aacute;grimas: <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">&laquo;Todos querem que ele fique na sua rua. Mam&atilde;e quer que ele fique l&aacute; em casa&raquo; &hellip;<\/span><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los a&ntilde;os noventa navegaban por las aguas calmas en el Guiaba y en la &ldquo;Radio Ga&uacute;cha&rdquo;. La canci&oacute;n y voz de Wander Wildner sonaba: &ldquo;Jesus Cristo vai voltar Aleluia! 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