{"id":2108,"date":"2024-04-30T13:19:52","date_gmt":"2024-04-30T13:19:52","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/04\/30\/la-ninez-abandonada\/"},"modified":"2024-04-30T13:19:52","modified_gmt":"2024-04-30T13:19:52","slug":"la-ninez-abandonada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/la-ninez-abandonada\/","title":{"rendered":"La niez abandonada"},"content":{"rendered":"<p>Para Evan, mi chaval amado<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<pre style=\"text-align: right;\"><em>El s&iacute;ntoma del ni&ntilde;o est&aacute; en posici&oacute;n de responder a lo<br \/>que hay de sintom&aacute;tico en la estructura familiar.<\/em><br \/><br \/>Jacques Lacan<br \/><br \/><br \/><\/pre>\n<p>Para Sigmund Freud, inventor del psicoan&aacute;lisis, la actividad m&aacute;s importante para el ni&ntilde;o es el juego. Resulta incre&iacute;ble que en pleno siglo XXI, una inmensa cantidad de ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes se ven privados de esa actividad prioritaria para dedicarse al trabajo o, peor a&uacute;n, quedar en el abandono o en situaci&oacute;n de guerra. Se trata de las infancias olvidadas y silenciadas. Es evidente que estos ni&ntilde;os se encuentran con frecuencia fuera de la escuela y quiz&aacute; tambi&eacute;n lejos de los cuidados de una familia. Estamos ante el doloroso fen&oacute;meno de la ni&ntilde;ez abandonada, dejada al &ldquo;cuidado&rdquo; de terceros. Y en su abandono, con frecuencia, son reclutados por el crimen organizado. La ni&ntilde;ez abandonada no es un fen&oacute;meno nuevo, m&aacute;s bien ahora se trata de un retroceso al lugar que ten&iacute;a la ni&ntilde;ez en el antiguo r&eacute;gimen: de la Edad Media al Siglo XVIII. Ese punto donde se hace uso y abuso del ni&ntilde;o.<\/p>\n<p>Seg&uacute;n el historiador franc&eacute;s Philippe Ari&egrave;s, en el siglo XVII el arte medieval no trataba de representarse a la infancia. En este momento de la historia no hab&iacute;a lugar y espacio para la infancia: el ni&ntilde;o es representado como un adulto en miniatura. Y no s&oacute;lo ocurre as&iacute; en el arte y la iconograf&iacute;a, sino que, en el terreno de la vida cotidiana medieval, la infancia era una &eacute;poca de transici&oacute;n que pasaba r&aacute;pidamente y de la que no quedaba el m&aacute;s m&iacute;nimo recuerdo.<\/p>\n<p>Paulatinamente el ni&ntilde;o va haciendo su aparici&oacute;n en la escena p&uacute;blica, pero hasta el siglo XIX no es visto sino como comparsa de los adultos, ya sea en escenas de trabajo, juego o vida cotidiana. Hasta finales del siglo XIX los ni&ntilde;os no son sino protagonistas secundarios. Lo que se destacaba de la infancia era su aspecto gracioso o pintoresco.<\/p>\n<p>Las razones que se esgrimen para el hist&oacute;rico olvido de la infancia son muchas y variadas. En principio, la infancia no era sino un pasaje sin importancia y, por tanto, no habr&iacute;a porqu&eacute; darle un lugar en la memoria colectiva, adem&aacute;s, nadie pensaba que el infante que mor&iacute;a tan pronto fuera digno de recordar. La idea se sosten&iacute;a en las muy altas tasas de mortalidad infantil, lo que llevaba a procrear muchos hijos para conservar s&oacute;lo algunos. Las mujeres parturientas sol&iacute;an escuchar de las comadronas y parteras la siguiente sentencia: &ldquo;antes que puedan causarte muchos sufrimientos, habr&aacute;s perdido la mitad, si no todos&rdquo;.<\/p>\n<p>Esta tasa de mortalidad elevada imped&iacute;a que los adultos se apegaran en demas&iacute;a a quien se le consideraba virtualmente como un desecho. Escuchemos a pensadores de la talla de Montaigne diciendo: &ldquo;He perdido dos o tres hijos que se criaban fuera, no sin dolor, pero sin enfado&rdquo;. &Eacute;l mismo dec&iacute;a de la infancia que no se deber&iacute;a &ldquo;reconocerles ni movimiento en el alma, ni forma reconocible en el cuerpo&rdquo;.<\/p>\n<p>Esta indiferencia, por m&aacute;s que afecte a la sensibilidad de nuestra &eacute;poca, obedec&iacute;a directa y fr&iacute;amente a la demograf&iacute;a y condiciones higi&eacute;nicas y de salud del mundo real hasta el siglo XIX. Tal era la indiferencia sobre la infancia que, durante siglos, incluso dentro del cristianismo, a los ni&ntilde;os no bautizados se les enterraba de la misma manera en que hoy se entierra a un gato o perro dom&eacute;stico. El ni&ntilde;o era tan poca cosa que no se tem&iacute;a que despu&eacute;s de su muerte pudiera volver para importunar a los vivos.<\/p>\n<p>Parad&oacute;jicamente, es a partir del surgimiento del retrato del ni&ntilde;o muerto, durante el siglo XVI, que el ni&ntilde;o empieza a tener un lugar en lo social. Los ni&ntilde;os salen del anonimato en el que se les hab&iacute;a mantenido dada su fragilidad de sobrevivencia. Philippe Ari&egrave;s escribe en <em>El ni&ntilde;o en el antiguo r&eacute;gimen<\/em>: &ldquo;Es extraordinario, en efecto, el que en una &eacute;poca de despilfarro demogr&aacute;fico se haya sentido el deseo de fijar, para conservar su recuerdo, los rasgos de un ni&ntilde;o que sobrevivir&aacute; a los de un ni&ntilde;o muerto&rdquo;. Para el extraordinario historiador, el retrato del ni&ntilde;o muerto, en particular, prueba que ya se considera a este ni&ntilde;o como una p&eacute;rdida inevitable.<\/p>\n<p>Otra representaci&oacute;n del ni&ntilde;o que resultaba desconocida en la Edad Media es la figura del <em>Putto<\/em>, es decir, el ni&ntilde;o desnudo. Tambi&eacute;n se usa el nombre de <em>marmosetes<\/em> para referirse a las im&aacute;genes de ni&ntilde;os desnudos. Su aparici&oacute;n ocurre a finales del siglo XIV y bien puede ser considerado en &eacute;l al Eros helenista. El tema del <em>putto<\/em> caus&oacute; furor en el Renacimiento. Se cuenta que el Conde de Berry pose&iacute;a un &ldquo;cuarto de los ni&ntilde;os&rdquo;, una sala decorada con tapices de ni&ntilde;os desnudos. Ser&iacute;a un antecedente de pornograf&iacute;a infantil, la trata y abuso de infantes. Durante los siglos XV y XVI estos decorados con <em>puttis<\/em> se pod&iacute;an apreciar ya sin ning&uacute;n recato y por todos lados. As&iacute; podemos apreciarlo en Tiziano y su <em>Ofrenda a Venus<\/em>, de 1518-19, con esa imagen de Venus rodeada de ni&ntilde;os-&aacute;ngeles desnudos.<\/p>\n<p>En la pintura e iconograf&iacute;a de la &eacute;poca del Renacimiento, la desnudez del <em>putto<\/em> se extiende incluso al Ni&ntilde;o Jes&uacute;s, aunque con frecuencia se le cubre la zona genital con velos. As&iacute; entonces, no se puede representar a la ni&ntilde;ez sin evocar la desnudez. Esta representaci&oacute;n del ni&ntilde;o desnudo se volvi&oacute; un convencionalismo que ha perdurado por mucho tiempo. Incluso ya muy entrado el siglo XX se manten&iacute;a la costumbre de fotografiar al ni&ntilde;o sin ropajes o semidesnudo para conservar la evidencia en el &aacute;lbum familiar.<\/p>\n<p>El inter&eacute;s real y sostenido por el ni&ntilde;o s&oacute;lo ocurre en el siglo XVIII, aun cuando no se reconocen sus derechos. Son llamativos los nombres nuevos que se les dan: <em>bambin<\/em> (nene), <em>pitchoun<\/em> (chaval), <em>fanfan<\/em> (chiquillo). El lenguaje de los ni&ntilde;os se imitaba, especialmente por las madres y nodrizas.<\/p>\n<p>A lo largo de la historia, dos figuras han sido relevantes en el cuidado y educaci&oacute;n de la ni&ntilde;ez: las nodrizas y las institutrices. Ambas hacen el trabajo que corresponder&iacute;a a los padres y a la escuela. Las referencias al sistema de amas de cr&iacute;as o nodrizas son antiqu&iacute;simas. Ya hay referencias en el C&oacute;digo de Hammurabi y Jerem&iacute;as, en la Biblia, se lamenta que las mujeres de la &eacute;poca sean peor que chacales por no amamantar a sus hijos. En la Grecia cl&aacute;sica, las nodrizas eran preferidas a las madres para amamantar y cuidar a sus hijos. Ambroise Par&eacute;, el m&eacute;dico franc&eacute;s, destaca el valor de las nodrizas para procurar una buena crianza debido a la poca disposici&oacute;n de la madre para hacerlo.<\/p>\n<p>En este sentido, ante la poca o nula importancia que tiene la ni&ntilde;ez (ya sea por exceso o por escases de recursos) por parte de la sociedad y el sistema pol&iacute;tico actual, las consecuencias son graves. Una, muy dolorosa, es que entonces el crimen organizado opera como nodriza: amamanta y procura a los ni&ntilde;os; adem&aacute;s los educa por imitaci&oacute;n, al estilo de la &ldquo;formaci&oacute;n&rdquo; que como adultos ten&iacute;an los ni&ntilde;os en el antiguo r&eacute;gimen en los talleres y oficios. El crimen organizado hace lo que la sociedad se niega a hacer: darle un lugar a la ni&ntilde;ez, a la singularidad de la ni&ntilde;ez.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para Evan, mi chaval amado &nbsp; El s&iacute;ntoma del ni&ntilde;o est&aacute; en posici&oacute;n de responder a loque hay de sintom&aacute;tico en la estructura familiar.Jacques Lacan Para Sigmund Freud, inventor del psicoan&aacute;lisis, la actividad m&aacute;s importante para el ni&ntilde;o es el juego. 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