{"id":2104,"date":"2024-04-24T12:58:51","date_gmt":"2024-04-24T12:58:51","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/04\/24\/la-joven-homosexual-amar-a-una-mujer\/"},"modified":"2024-04-24T12:58:51","modified_gmt":"2024-04-24T12:58:51","slug":"la-joven-homosexual-amar-a-una-mujer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/la-joven-homosexual-amar-a-una-mujer\/","title":{"rendered":"La joven homosexual: amar a una mujer"},"content":{"rendered":"<pre style=\"text-align: right;\"><em>&ldquo;tras esa desilusi&oacute;n hab&iacute;a arrojado de s&iacute;<\/em><br \/><em>el deseo de tener un hijo, el amor por el var&oacute;n y,<\/em><br \/><em>en general, el papel femenino [...], se trasmud&oacute; en<\/em><br \/><em>var&oacute;n y tom&oacute; a la madre en el lugar del padre<\/em><br \/><em>como objeto de amor&rdquo;<\/em><br \/><br \/>Sigmund Freud<br \/><br \/><br \/><\/pre>\n<p>La homosexualidad es un enigma, como lo es la heterosexualidad y la sexualidad humana toda. Pese a que Sigmund Freud ya hab&iacute;a aclarado que la homosexualidad, por no ser una enfermedad, no tiene cura (lo hace en una carta a la madre de un joven homosexual, mucho antes de que en 1973 la Sociedad Psiqui&aacute;trica Americana la haya sacado de sus manuales), no abandona el tema de la homosexualidad femenina. En nuestros d&iacute;as, s&oacute;lo desde los fanatismos m&aacute;s extremos y retr&oacute;gradas puede sostenerse una posible cura de la homosexualidad.<\/p>\n<p>En 1918 Freud escribe un texto que lleva por nombre <em>Sobre la psicog&eacute;nesis de un caso de homosexualidad femenina<\/em>. Se trata de una muchacha de dieciocho a&ntilde;os, Sidonie Csillag, que es tra&iacute;da a la consulta de Freud por su padre, luego de un intento de suicido.<\/p>\n<p>El incidente ocurre despu&eacute;s de un episodio en que se paseaba por el centro de la ciudad de Viena junto a una <em>cocotte<\/em> (dama de mundo) a la que cortejaba. Se trata de la baronesa L&eacute;onie von Puttkamer, a la cual hab&iacute;a conocido un a&ntilde;o antes durante una estancia veraniega. Durante el paseo se acercan por las calles aleda&ntilde;as al trabajo de su padre, se encuentran con &eacute;l quien le lanza una mirada cargada de indignaci&oacute;n a su hija. El padre conoc&iacute;a la fama p&uacute;blica, como prostituta de lujo, de la dama. La mujer interroga a la joven sobre la situaci&oacute;n ocurrida y Sidonie le contesta: <em>&ldquo;mi padre, ah&iacute; enfrente&rdquo;<\/em>. L&eacute;onie la despide fr&iacute;amente dici&eacute;ndole: <em>&ldquo;Todo esto s&oacute;lo me arruina el humor. Ahora vete, adi&oacute;s&rdquo;<\/em>. Ante tal respuesta, la joven se precipita sobre las v&iacute;as del tren. El intento de suicidio no tiene &eacute;xito. Seis meses despu&eacute;s Sidonie le env&iacute;a a la baronesa un ramo de orqu&iacute;deas.<\/p>\n<p>Seis meses despu&eacute;s del intento de suicidio, los padres deciden llevarla con quien era ya considerado el mejor m&eacute;dico de Viena, el doctor Freud. Los padres le piden al profesor que &ldquo;la enderezara&rdquo;, pero Freud decide escucharla por un tiempo (lo que se conoce como entrevistas preliminares) y despu&eacute;s decidir&iacute;a si la atiende o no. La joven comunic&oacute; su deseo de dejar de ver a la baronesa y acudi&oacute; al consultorio de Freud cinco veces por semana. Sin embargo, al salir de la sesi&oacute;n ve&iacute;a a la baronesa, es decir, le ment&iacute;a a Freud como lo hab&iacute;a hecho con el padre.<\/p>\n<p>Para Freud, estos paseos no son otra cosa que desaf&iacute;os al padre, e incluso hace coincidir la consolidaci&oacute;n de la homosexualidad como un modo de venganza respecto al padre. La afrenta que el padre le hace a la joven ocurre cuando ella cuenta con 16 a&ntilde;os y su madre le anuncia un nuevo embarazo, y con ello cancela la fantas&iacute;a femenina de tener ella un hijo del padre. Escribe Freud: &ldquo;sublevada y amargada dio la espalda al padre, y a&uacute;n al var&oacute;n en general&rdquo;.<\/p>\n<p>Los paseos para Freud son tambi&eacute;n &ldquo;artificiales&rdquo; en tanto que su elecci&oacute;n de <em>partinaire<\/em>s nunca eran mujeres que tuvieran fama de homosexuales y con quienes, por tanto, fuese posible alcanzar cierta satisfacci&oacute;n o aceptaci&oacute;n. En el caso de su v&iacute;nculo con la <em>cocotte<\/em>, ya que la posibilidad de contacto sexual est&aacute; cancelada, por m&aacute;s que la joven se conduce como un var&oacute;n a la hora de seducirla, su conducta est&aacute; dirigida al padre, seg&uacute;n nos ha dicho Freud.<\/p>\n<p>Su acto &mdash;arrojarse al vac&iacute;o&mdash; es, propiamente dicho, un pasaje al acto en tanto que ella, sin previo aviso, sale de la escena. As&iacute; responde a la angustia que le produce el abandono de su amada al enterarse de que se trata del padre. Como plantea Lacan en el seminario 10 sobre <em>La Angustia<\/em>, el <em>pasaje al acto<\/em> no es una actuaci&oacute;n, es decir, un <em>acting out<\/em>, donde se har&iacute;a un llamado o demanda para que el que el Otro (tesoro de los significantes, lugar de la cultura) la incluya en la escena.<\/p>\n<p>Ante esto es posible formular una cuesti&oacute;n: &iquest;este desaf&iacute;o es uno de tipo hist&eacute;rico o m&aacute;s bien se trata de un desaf&iacute;o propio de la homosexualidad femenina? Obviamente, Freud va a buscar los elementos que le permitan &ldquo;leer&rdquo; el acto en la historia infantil.<\/p>\n<p>De inicio Freud destaca un dato relevante en todo an&aacute;lisis, la advertencia de la diferencia anat&oacute;mica de los sexos en el sujeto. Escribe el maestro vien&eacute;s que &ldquo;la comparaci&oacute;n de los genitales de su hermano mayor con los propios, ocurrida al comienzo del periodo de latencia (hac&iacute;a los cinco a&ntilde;os o algo antes), le dej&oacute; una fuerte impresi&oacute;n&rdquo;. Esto nos puede dar p&iacute;e a pensar que en ella se presenta una de las tres salidas: el complejo de masculinidad. Podr&iacute;amos pensarla como una identificaci&oacute;n viril de la muchacha y desde ah&iacute; busca a la <em>cocotte<\/em>. Este tipo de identificaci&oacute;n es, desde luego, imaginaria y se constituye como una respuesta ante la pregunta &iquest;qu&eacute; es ser una mujer para un hombre? Freud nos describe de la siguiente manera la relaci&oacute;n entre la joven y su amada: &ldquo;si esta muchacha bella y bien formada exhib&iacute;a la alta talla del padre y, en su rostro, rasgos m&aacute;s marcados que los suaves de las ni&ntilde;as, quiz&aacute;s en eso puedan discernirse indicios de una virilidad som&aacute;tica&rdquo;. Y m&aacute;s adelante escribir&aacute;: &ldquo;A un ser viril pod&iacute;an atribuirse tambi&eacute;n algunas de sus cualidades intelectuales, como su tajante inteligencia y la fr&iacute;a claridad de su pensamiento cuando no la dominaba su pasi&oacute;n. [&hellip;] M&aacute;s importante, sin duda, es que en su conducta hacia su objeto de amor hab&iacute;a adoptado del todo el tipo masculino, vale decir, la humildad y la enorme sobreestimaci&oacute;n sexual que es propia del var&oacute;n amante, la renuncia a toda satisfacci&oacute;n narcisista. [&hellip;] Por tanto, no s&oacute;lo hab&iacute;a elegido un objeto femenino; tambi&eacute;n hab&iacute;a adoptado hacia &eacute;l una actitud masculina.&rdquo; Aunque Jacques Lacan, en el seminario 8: <em>La transferencia<\/em>, nos va a aclarar que la identificaci&oacute;n masculina nada tiene que ver con adoptar una actitud masculina.<\/p>\n<p>As&iacute; describe el inventor del psicoan&aacute;lisis la posici&oacute;n masculina en la joven homosexual: &ldquo;Su humillaci&oacute;n y su tierna falta de pretensiones [&hellip;] su felicidad cuando le era permitido acompa&ntilde;ar a la dama un poquito m&aacute;s y besarle la mano [&hellip;] su peregrinaci&oacute;n a los lugares donde la amada hab&iacute;a residido alguna vez&hellip;&rdquo;<\/p>\n<p>Para la joven homosexual, la p&eacute;sima reputaci&oacute;n de las amadas era un rasgo destacado, &ldquo;sus primeras exaltaciones estuvieron dirigidas a mujeres que no ten&iacute;an fama de una moralidad particularmente acendrada [&hellip;] la p&eacute;sima fama de la &lsquo;dama&rsquo; era directamente para ella una condici&oacute;n de amor&rdquo;.<\/p>\n<p>En relaci&oacute;n a este &uacute;ltimo punto, es que tambi&eacute;n podr&iacute;a apreciarse cierta dimensi&oacute;n del car&aacute;cter mostrativo de la joven homosexual. Es decir, no le muestra al padre su v&iacute;nculo con cualquier mujer sino justamente con aquella que, por su mala fama, ser&iacute;a absolutamente abominable para &eacute;l. Antes que a la <em>cocotte<\/em>, es al padre a quien Sidonie buscar&iacute;a ense&ntilde;ar c&oacute;mo amar a una mujer, a la peor mujer.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&ldquo;tras esa desilusi&oacute;n hab&iacute;a arrojado de s&iacute;el deseo de tener un hijo, el amor por el var&oacute;n y,en general, el papel femenino [&#8230;], se trasmud&oacute; envar&oacute;n y tom&oacute; a la madre en el lugar del padrecomo objeto de amor&rdquo;Sigmund Freud La homosexualidad es un enigma, como lo es la heterosexualidad y la sexualidad humana toda. 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