{"id":2102,"date":"2024-04-24T12:55:20","date_gmt":"2024-04-24T12:55:20","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/04\/24\/palabras-al-limite-del-tiempo\/"},"modified":"2024-04-24T12:55:20","modified_gmt":"2024-04-24T12:55:20","slug":"palabras-al-limite-del-tiempo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/palabras-al-limite-del-tiempo\/","title":{"rendered":"Palabras al lmite del tiempo"},"content":{"rendered":"<p><em>Durante mi estancia en el manicomio pensaba &ldquo;tienes que superar esto porque tienes que escribirlo&rdquo;<\/em><\/p>\n<p>Cecilia Dom&iacute;nguez Luis<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las cosas se arruinan por falta de mantenimiento, casi todas&hellip; Otras se desmantelan por que s&iacute;, ya que son pocas las cosas que resisten al tiempo y se convierten en algo cl&aacute;sico. El mejor ejemplo es nuestro cuerpo, que se estropea porque est&aacute; destinado a deteriorarse desde el nacimiento. Es un ciclo que se cumple, como el de la locomotora que un d&iacute;a hace su &uacute;ltimo viaje, sin saber que ser&aacute; el &uacute;ltimo. Igual al d&iacute;a en que todos los primos nos reunimos para jugar por &uacute;ltima vez y nadie se percat&oacute; que est&aacute;bamos concluyendo una etapa, que nunca m&aacute;s nos juntar&iacute;amos. Otras veces prometemos para nosotros mismos que ya no seremos parte de tal o cual junte, por diferentes motivos. Y se da. Tengo algunas promesas en la memoria&hellip; Al final se hicieron costumbre y nunca m&aacute;s los vi. Dej&eacute; que el agua del tiempo los llevara.<\/p>\n<p>Pero a lo que iba: era a la certeza de que el camino hacia la decrepitud es inexorable, ya que envejecer es un destino. El destino. Y no hay que pensar en disimular la aridez o aspereza de la palabra viejo con eufemismos que sirven para disfrazar la realidad ante los m&aacute;s dolidos y molestos con el espejo. Pienso eso porque ayer sal&iacute; a caminar por las calles concurridas del centro del peque&ntilde;o pueblo en donde vivo, muchas personas me saludaron con alegr&iacute;a.<\/p>\n<p>Desde la pandemia no anduve por las calles del pueblo, anduve por otros rumbos. Y ahora, despu&eacute;s de cuatro a&ntilde;os de ausencia, nos volvimos a encontrar y era dif&iacute;cil reconocer a la mayor&iacute;a de los que me recordaban. Pasaba algo, pues todos los que me saludaban parec&iacute;an salidos de un viaje al futuro&hellip; Regresaron viejos, en declive, como si hubiese pasado cuarenta a&ntilde;os, no cuatro. Yo s&eacute; que algunas personas vivieron mil cosas, como todo el bien y todo el mal del mundo juntos en un peque&ntilde;o espacio de tiempo, al punto de quedarse irreconocibles. Fue algo sorprendente.<\/p>\n<p>Me obligu&eacute; a pensar en el tiempo que primero fulmina y despu&eacute;s se retira. Es como la explosi&oacute;n de una bomba, as&iacute; es el tiempo, que parece controlado por un reloj, por un control remoto, por un sensor de presi&oacute;n, por un radar o por lo que sea, incluso por los otros&hellip; No s&eacute; por qu&eacute; el tiempo es tan din&aacute;mico para hacerse olvido tan r&aacute;pido y dejar todo perdido en la nebulosa de su memoria. No s&eacute; por qu&eacute; el tiempo hace eso con nosotros.<\/p>\n<p>Pasaron por el vidrio de la ventana los trenes de ida y venida. &iquest;O ser&iacute;a el mismo tren? A trav&eacute;s del vidrio apreci&eacute; la banda y pude ver un cortejo f&uacute;nebre, el desfile de una escuela de samba, unos obreros en marcha de protesta&hellip; Asimismo, vi muchas lluvias que se sucedieron mojando el mundo all&aacute; afuera, mientras cambiaba los colores de los campos de trigo. Por muchos a&ntilde;os vi al mundo detr&aacute;s de los vidrios de la ventana; incluso, algunas veces, acompa&ntilde;&eacute; la danza de los potrillos en la noche, pero nunca pude ver el baile de un elefante solitario en una noche de luna.<\/p>\n<p>El mundo parec&iacute;a complicado de comprender, con sus himnos de guerra y sus palomas de la paz. Despu&eacute;s pens&eacute; en esos a&ntilde;os terribles de la peste en que todo cambi&oacute; radicalmente, ahora ya nada es igual&hellip; S&eacute; de alguien que, por tanta amargura, perdi&oacute; un ojo y ahora va por lo que le resta de su vida, mirando al mundo a trav&eacute;s de su &uacute;nico ojo. Como todos, esa persona no sabe a d&oacute;nde le llevar&aacute; el porvenir, quiz&aacute;s simplemente la lleve al misericordioso olvido.<\/p>\n<p>Todo ocurre, despu&eacute;s todo muere en los anales del olvido. Las palabras tratan de amplificarse en el tiempo, pero se arrugan y menguan porque el tiempo es mayor, el tiempo es infinito y en su vor&aacute;gine se funde al olvido con cualquier excusa, como los a&ntilde;os de peste, por ejemplo.<\/p>\n<p>La peste fue fulminante, retir&oacute; mucha gente joven de escena. Empero, el palco de la vida no se vaci&oacute;, apenas comprob&oacute;, una vez m&aacute;s, que nadie es imprescindible. Qued&oacute; en claro que antes, hace varias d&eacute;cadas, la esperanza de vida promedio en Europa oscilaba entre los 50 y 60 a&ntilde;os y ahora la esperanza de vida es mayor. No obstante, la muerte sigue igual y alcanza a la vida a cualquier momento, a cualquier edad, s&oacute;lo por estar vivo. No hace falta luchar en ning&uacute;n combate naval ni tener una vida agitada. Basta con no desinfectarse las manos y hay motivo suficiente para morir. Las alima&ntilde;as se mueven por doquier&hellip;<\/p>\n<p>Se acerca mi cumplea&ntilde;os, no me asusta cambiar de n&uacute;mero. Tampoco me asustan los n&uacute;meros grandes, precisamente ahora que tengo la seguridad de que invariablemente nos vamos deteriorando. En algunos a&ntilde;os, yo ser&eacute; la que reconoce a los dem&aacute;s en la calle y ellos, como me sucedi&oacute; hoy, no recordaran quien ser&eacute;, ya tan vieja. Es extra&ntilde;o, que sue&ntilde;o con el mes pr&oacute;ximo, pero, jam&aacute;s con el pr&oacute;ximo siglo. Tal vez, no sea tan extra&ntilde;o. No se trata de que hayan envejecido las esperanzas. Con certeza, son mis a&ntilde;os, s&eacute; que, con ellos a cuestas, no alcanzar&eacute; para ver la llegada del nuevo siglo, por eso ni lo sue&ntilde;o.<\/p>\n<p>Recuerdo que comentar los sue&ntilde;os, en algunas &eacute;pocas, fue motivo suficiente para que muchas mujeres terminen sus d&iacute;as en los manicomios; ya que las mujeres, fueron consideradas eternas enfermas mentales para la sociedad machista, que las presupon&iacute;a m&aacute;s proclives que los sujetos del sexo masculino, a padecer trastornos mentales, enajenaci&oacute;n e histeria. Despu&eacute;s, el tiempo tratando de ser justiciero y vengador, se encarg&oacute; de enterrar ciertos perjuicios y permiti&oacute; a las mujeres expresarse un poco m&aacute;s, en muchas partes de &eacute;ste mundo destruido, en d&oacute;nde las palabras nunca alcanzan.<\/p>\n<p>Tal vez, por todo eso escribo sin abrir, de par en par, mis ventanas interiores para no mostrar del todo lo que respira y palpita por los siglos de los siglos. Apenas, escribo para tratar de hacer uso de la palabra casi inalcanzable para expresar todo el dolor que, necesariamente, ser&aacute; engullido por el tiempo&hellip; En realidad, a m&iacute; me gustar&iacute;a que los &aacute;ngeles cantasen, como los gallos, al amanecer e impidiesen que ocurran en la tierra cosas que no deber&iacute;an suceder ni en lo m&aacute;s profundo de los infiernos. S&eacute; que escribo esto con palabras sin tiempo, desde este lugar tan conturbado que, siempre mantendr&aacute; las palabras al l&iacute;mite del tiempo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante mi estancia en el manicomio pensaba &ldquo;tienes que superar esto porque tienes que escribirlo&rdquo; Cecilia Dom&iacute;nguez Luis &nbsp; Las cosas se arruinan por falta de mantenimiento, casi todas&hellip; Otras se desmantelan por que s&iacute;, ya que son pocas las cosas que resisten al tiempo y se convierten en algo cl&aacute;sico. 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