{"id":2090,"date":"2024-04-17T17:28:38","date_gmt":"2024-04-17T17:28:38","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/04\/17\/desaparecidos\/"},"modified":"2024-04-17T17:28:38","modified_gmt":"2024-04-17T17:28:38","slug":"desaparecidos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/desaparecidos\/","title":{"rendered":"Desaparecidos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>El nombre propio es una sutura de la falta que no la hace faltar. Es porque hay falta que se ejerce el cosido<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Hel&iacute; Morales<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>El derecho a una tumba es el derecho tal vez m&aacute;s elemental de cada ser humano que viene del fondo de los siglos.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Juan Gelman<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El fen&oacute;meno de la desaparici&oacute;n forzada es, sin duda alguna, una cuesti&oacute;n estructural. Sus formas de proceder tienen motivaciones diversas, pol&iacute;ticas esencialmente, pero tambi&eacute;n de trata de personas, de esclavitud y un largo etc&eacute;tera cuyos efectos van m&aacute;s all&aacute; de los y las afectadas de manera directa por tan atroz delito. La desaparici&oacute;n forzada es una herida abierta, un dolor y una rabia que se actualizan en los familiares de los desaparecidos en cada momento, es una pregunta sin respuesta. Se trata de una herida traum&aacute;tica que tiene profundas resonancias subjetivas en quienes lo padecen directa o indirectamente.<\/p>\n<p>En t&eacute;rminos jur&iacute;dicos, la desaparici&oacute;n forzada se tipifica como delito y en la Convenci&oacute;n Interamericana sobre Desaparici&oacute;n Forzada de Personas se puede leer: &ldquo;Para los efectos de la presente Convenci&oacute;n, se considera desaparici&oacute;n forzada la privaci&oacute;n de libertad a una o m&aacute;s personas, cualquiera que fuere su forma, cometida por agentes del Estado o por personas o grupos de personas que act&uacute;en con la autorizaci&oacute;n, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la falta de informaci&oacute;n o de la negativa de reconocer dicha privaci&oacute;n de libertad o de informar sobre el paradero de la persona, con lo cual se impide el ejercicio de los recursos legales y de las garant&iacute;as procesales pertinentes&rdquo;. En M&eacute;xico, sin embargo, no en todos los estados de la Rep&uacute;blica se penaliza la desaparici&oacute;n forzada. La sanci&oacute;n tambi&eacute;n es variante, va de los 10 a los 50 a&ntilde;os.<\/p>\n<p>Quiz&aacute; la parte m&aacute;s dolorosa y tr&aacute;gica de la desaparici&oacute;n forzada sea la incertidumbre sobre el estatus de la persona desaparecida. Mientras dure la condici&oacute;n de desaparici&oacute;n, es una pregunta lacerante: &iquest;est&aacute; viva, est&aacute; muerta?; se trata, en todo caso, de duelos interrumpidos, neg&aacute;ndoles, ante la ausencia de un cuerpo, uno de los derechos ancestrales, el derecho a una tumba, una placa o una cruz con su nombre, como lo se&ntilde;ala el poeta Juan Gelman, a quien le desaparecieron a su hijo Marcelo Ariel. Despu&eacute;s de un doloroso proceso, tras recuperar los restos de su hijo, escribe el poeta y padre: &ldquo;El derecho a una tumba es el derecho tal vez m&aacute;s elemental de cada ser humano que viene del fondo de los siglos&rdquo;. Un duelo no elaborado se vuelve una cuesti&oacute;n transgeneracional, el dolor de la desaparici&oacute;n se pasa de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n. Los ritos funerarios son las formas mediante las cuales todas las sociedades y las culturas se han permitido elaborar el misterio de la muerte, esos ritos son negados en el caso de la desaparici&oacute;n forzada. Quiz&aacute; de los &uacute;nicos recursos que quedan para la elaboraci&oacute;n del duelo es la solidaridad que se gesta entre quienes constituyen los grupos de buscadoras (generalmente mujeres) de sus familiares desaparecidos.<\/p>\n<p>El dolor ps&iacute;quico (tambi&eacute;n llamado <em>dolor de existir <\/em>o<em> dolor de amar<\/em>) que aqueja a los deudos de la desaparici&oacute;n forzada, va acompa&ntilde;ado de la incertidumbre constante y de una profunda alteraci&oacute;n de la vida cotidiana y que incluso en ocasiones se ve detenida en seco. La memoria generacional se ve bruscamente rota. Pero &iquest;qu&eacute; es el dolor ps&iacute;quico o dolor de amar? El psicoanalista argentino radicado en Par&iacute;s, Juan David Nasio, se&ntilde;ala que el dolor ps&iacute;quico o dolor de amar &ldquo;es el afecto que resulta de la ruptura brutal del lazo que nos vincula con el ser o la cosa amados. Esta ruptura, violenta y s&uacute;bita, suscita inmediatamente un sufrimiento interior vivido como un arrancamiento del alma, como un grito mudo que emana de las entra&ntilde;as&rdquo;. El dolor de amar se vive fundamentalmente en la p&eacute;rdida mortal del ser amado o en la separaci&oacute;n amorosa. Podemos ver que el muy doloroso fen&oacute;meno de la desaparici&oacute;n forzada encaja a la perfecci&oacute;n y de manera agravada con esta definici&oacute;n. Efectivamente, se trata de una ruptura violenta y s&uacute;bita con la persona amada, el lazo se ve radicalmente roto, se vive un desgarramiento del alma y adem&aacute;s con una agravante: aqu&iacute; no hay cuerpo que permita la elaboraci&oacute;n del duelo. El duelo es la reacci&oacute;n que se espera ante la p&eacute;rdida de un objeto amado. Y si pensamos que realizar el duelo, como ense&ntilde;a Freud en su texto <em>Duelo y melancol&iacute;a<\/em>, consiste en una retirada paulatina y dolorosa de las investiduras de objeto, en el caso que nos ocupa, en la desaparici&oacute;n forzada, en tanto que no hay cuerpo ni decisi&oacute;n expresa de retirada, el proceso queda interrumpido. Se vuelve un duelo patol&oacute;gico en tanto que el yo no puede desprenderse de la identificaci&oacute;n con la persona desaparecida. Si entendemos que la principal tarea del proceso del duelo es desprenderse de los recuerdos vinculados a la persona que se ha perdido, y si el dolor que el proceso implica est&aacute; vinculado al desprendimiento del objeto perdido, en el caso de la desaparici&oacute;n forzada ese proceso de duelo queda suspendido, por tanto, el dolor se prolonga en la medida en que se prolonga la sobreinvestidura de la persona desaparecida.<\/p>\n<p>En M&eacute;xico, y en otros pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina que vivieron las crueldades de las dictaduras militares, las <em>madres buscadoras<\/em> han encontrado una salida ante la imposibilidad del duelo por la v&iacute;a de convertir su dolor en activismo pol&iacute;tico: deciden no guardar silencio a&uacute;n a costa de sus vidas. Van al encuentro de la realidad traum&aacute;tica y suplen las acciones que las instituciones de gobierno no realizan, se vuelven as&iacute; expertas forenses o investigadoras policiales para poder encontrar los restos que les permitan honrar la memoria de sus amados desaparecidos.<\/p>\n<p>La otra salida desesperada ante la desaparici&oacute;n es el silencio. El dolor ps&iacute;quico que produce la desaparici&oacute;n forzada es tal que, sin que necesariamente sea una prohibici&oacute;n expl&iacute;cita, los familiares y amigos de la persona desaparecida se cuidan de pronunciar el nombre del o la desaparecida. La cuesti&oacute;n no es nueva, diversos pueblos se proh&iacute;ben pronunciar el nombre de los difuntos (lo que ahora se aplicar&iacute;a con los desaparecidos), y Sigmund Freud, en <em>T&oacute;tem y Tab&uacute;<\/em>, nos da una explicaci&oacute;n para tal conducta en el sentido de una defensa contra un peligro. Escribe: &ldquo;Se extiende tambi&eacute;n en el sentido de evitar la menci&oacute;n de todo aquello en que ese difunto desempe&ntilde;&oacute; un papel; y de este proceso sofocador resulta la importante consecuencia de que esos pueblos no tengan tradici&oacute;n ni reminiscencias hist&oacute;ricas, y que las m&aacute;ximas dificultades se opongan a una exploraci&oacute;n de su prehistoria&rdquo;. No decir su nombre difumina su historia, su inscripci&oacute;n en el linaje, y con ello se evita el dolor ps&iacute;quico, es decir, se busca que no se actualice el dolor de la ausencia. El olvido, o mejor a&uacute;n el silencio, se auto-impone como ant&iacute;doto contra el insoportable dolor de la memoria ausente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El nombre propio es una sutura de la falta que no la hace faltar. Es porque hay falta que se ejerce el cosido. 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