{"id":2086,"date":"2024-04-17T17:19:25","date_gmt":"2024-04-17T17:19:25","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/04\/17\/acapulcazo\/"},"modified":"2024-04-17T17:19:25","modified_gmt":"2024-04-17T17:19:25","slug":"acapulcazo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/narrativa\/acapulcazo\/","title":{"rendered":"Acapulcazo"},"content":{"rendered":"<p>Durante el periodo de vacaciones de Semana Santa, &Aacute;lvaro, a sus dieciocho a&ntilde;os, estaba ansioso por irse a Acapulco con tres de sus amigos: el G&uuml;ero Pachas y Jorge Jaques, que eran vecinos de la colonia, adem&aacute;s de Jordi, un estilista de la N&aacute;poles que era seis o siete a&ntilde;os mayor que todos. Se hab&iacute;a hecho amigo de ellos por ser cu&ntilde;ado de Mario, uno de sus mejores amigos, quien estaba dispuesto a ir a la playa, pero que a &uacute;ltima hora no pudo por cuestiones de su esposa y su beb&eacute; reci&eacute;n nacido. A &Aacute;lvaro le hab&iacute;an dado permiso para salir de viaje llevando el carro de su pap&aacute;, con la condici&oacute;n de que lo acompa&ntilde;ara Javier, su hermano menor, pues la mam&aacute; de ambos supon&iacute;a que Javier, aunque un a&ntilde;o menor, era m&aacute;s sensato, y que &Aacute;lvaro se comportar&iacute;a mejor siendo vigilado. A &Aacute;lvaro no le pareci&oacute; la idea, pero no le qued&oacute; m&aacute;s remedio que aceptar a su hermano en el viaje.<\/p>\n<p>Lo importante era aprovechar al m&aacute;ximo las vacaciones. Salieron a primera hora de su casa, pasaron a recoger al G&uuml;ero Pachas y a Jorge Jaques, pero la salida se demor&oacute; porque al pasar por Jordi tuvieron que esperarlo, pues antes de salir, &eacute;l ten&iacute;a que dejar todo listo en su est&eacute;tica y hacer varios encargos a sus empleados.<\/p>\n<p>&iexcl;Uy, qu&eacute; g&uuml;eva! Se est&aacute; haciendo tard&iacute;simo por tener que esperar al cu&ntilde;adito de Mario. Nos va agarrar la noche en la carretera &mdash;reclamaba enfadado el G&uuml;ero Pachas, mientras Jaques cabeceaba, molesto tambi&eacute;n, con un s&aacute;ndwich mordisqueado en la mano.<\/p>\n<p>Ni modo, el beb&eacute; de Mario se enferm&oacute;, por eso no va. Adem&aacute;s, recuerden que Jordi se porta muy muy bien con nosotros. Gracias a &eacute;l, hemos podido ir a las pachangas de sus clientas y amigas ricachonas. Acu&eacute;rdense lo padre que se puso la &uacute;ltima a la que fuimos, en el Pedregal. Adem&aacute;s, como siempre, &eacute;l paga casi todo. Para empezar, en cuanto salgamos, iremos a llenar el tanque de gasolina &mdash;comentaba &Aacute;lvaro tratando de justificar a Jordi.<\/p>\n<p>Ya en la carretera libre a Acapulco, pasaron a comer en Las Tres Mar&iacute;as. Despu&eacute;s de comer unas quesadillas y tomarse varias cervezas, el G&uuml;ero Pachas convenci&oacute; a &Aacute;lvaro para tomar el volante. Dijo que al anochecer &eacute;l tendr&iacute;a mejor visi&oacute;n por no necesitar lentes y que a su ritmo no llegar&iacute;an nunca a Acapulco. Adem&aacute;s de que &eacute;l era dos o tres a&ntilde;os mayor y con m&aacute;s experiencia para manejar.<\/p>\n<p>El &uacute;nico consciente era Javier, y tal vez Jordi pues se tom&oacute; solo una cerveza. Hab&iacute;a oscurecido, llevaban otras cervezas para tomar por el camino, contaban chistes, cantaban y re&iacute;an felices durante el trayecto. En esa &eacute;poca se hac&iacute;an ocho horas desde el Distrito Federal hasta Acapulco, pues a&uacute;n no se constru&iacute;a la autopista del Sol.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ahora s&iacute;, Jesusito, a ver si eres tan salsa y me castigas al agarrar la curvita que sigue! &mdash;Dijo El G&uuml;ero Pachas en el momento en que, acelerando como a cien kil&oacute;metros por hora, apagaba las luces del auto, haciendo que rechinaran las llantas y el carro se patinara en la curva. Todos gritaron del susto, pero continuaron el viaje entre reclamos y carcajadas. Javier no sab&iacute;a si re&iacute;r o si quer&iacute;a regresarse ya con su mam&aacute;. Se divert&iacute;a, pero al mismo tiempo se sent&iacute;a un intruso en aquel grupo, no sab&iacute;a c&oacute;mo actuar.<\/p>\n<p>Llegaron a Acapulco en la madrugada. De inmediato estacionaron el carro por la costera, a orillas de la playa. El primero en desnudarse totalmente fue el G&uuml;ero Pachas, a la luz de la luna. Se trataba de un chico esbelto, pero fuerte, su complexi&oacute;n contrastaba con los dem&aacute;s. &Aacute;lvaro y Jaques luc&iacute;an regordetes. Jordi tard&oacute; en meterse. Antes de hacerlo se puso un diminuto short, con su piel tan blanca y su delicado cuerpo tambi&eacute;n resaltaba frente a los dem&aacute;s. Javier hizo lo mismo, tom&oacute; su traje de ba&ntilde;o y se meti&oacute; al agua. Jugaron caballazos y chacotearon felices hasta que amaneci&oacute;. Javier se sinti&oacute; integrado al grupo por primera vez. Poco despu&eacute;s llegaron a descansar al bungalow que hab&iacute;an alquilado.<\/p>\n<p>Pasado el mediod&iacute;a, ya estando en la playa de Hornos, &Aacute;lvaro, Jaques y Jordi se encontraban felices tomando cerveza bajo la sombra de una palapa. El G&uuml;ero Pachas se aburr&iacute;a y decidi&oacute; alquilar una tabla de Paddle, tipo kayak, e invit&oacute; a Javier a subirse con &eacute;l, quien acept&oacute; encantado, no le gustaba tomar cerveza ni le interesaban en especial los comentarios de Jordi sobre sus amistades y cosas de su est&eacute;tica.<\/p>\n<p>Ya en el mar, yendo los dos sobre esa especie de canoa, Javier se dio cuenta que el sol estaba en su apogeo y no se hab&iacute;a puesto suficiente protector solar. Ya ten&iacute;a la experiencia de lo terrible que pueden llegar a ser las quemaduras de sol cuando son agudas. Siendo ni&ntilde;os, ah&iacute; en Acapulco, jugaron el primer d&iacute;a toda la ma&ntilde;ana bajo el sol y se quemaron a tal grado que por la noche la sangre les escurr&iacute;a por la espalda. Al d&iacute;a siguiente tuvieron que regresar a la capital. En el momento en que pasaron frente al lugar en el que se encontraba &Aacute;lvaro y sus dos amigos en la playa, a una distancia de, seg&uacute;n &eacute;l, unos veinte o treinta metros, le dijo al G&uuml;ero Pachas que mejor se regresar&iacute;a con su hermano y salt&oacute; sin tomar en cuenta que no sab&iacute;a nadar lo suficiente.<\/p>\n<p>El G&uuml;ero Pachas continu&oacute; remando en el kayak, al parecer no le import&oacute; si el chico sab&iacute;a nadar o no. Javier se dirigi&oacute; rumbo a la palapa donde se encontraba su hermano, pero por m&aacute;s que nadaba, parec&iacute;a que se encontraba en el mismo lugar o tal vez m&aacute;s lejos de donde se lanz&oacute;. Con mucho esfuerzo sigui&oacute; nadando, a veces s&oacute;lo pataleaba flotando boca arriba para descansar un poco. Lloraba mientras hac&iacute;a un recuento de lo que estaba en juego. En primer lugar, no volver a ver a su madre ni a sus amigos, su futuro en general. Lleg&oacute; el momento en que no soportaba el dolor en los brazos, pero el miedo a morir ahogado lo obligaba a continuar y gracias a ello pudo acercarse a la playa, pero a&uacute;n le faltaba un gran tramo para alcanzar la arena. Con esfuerzo sobrehumano pudo seguir avanzando, en el momento en que consideraba que pod&iacute;a alcanzar la orilla de la playa se soltaba, pero se hund&iacute;a sin que la punta de sus pies pudiera tocar el piso arenoso del borde costero. Lo &uacute;nico que lograba era tragar m&aacute;s y m&aacute;s agua salada.<\/p>\n<p>Por fin, con inmensa felicidad logr&oacute; tocar la ansiada arena. Dio sus &uacute;ltimas braceadas y dej&oacute; que las olas lo arrastraran a la orilla. Todo estaba pleno de luz y descolorido. Completamente d&eacute;bil pas&oacute; entre la gente que se encontraba jugando sin que se dieran cuenta de su situaci&oacute;n. Se tir&oacute; en la orilla y se qued&oacute; medio dormido.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de un buen rato, a&uacute;n mareado, se levant&oacute;. Se sent&iacute;a quemado por el sol y al mismo tiempo con escalofr&iacute;os. Se dirigi&oacute; a la palapa donde se encontraban ellos, pero no estaba ninguno. Supuso que lo estar&iacute;an buscando, se envolvi&oacute; en una toalla y se recost&oacute; entre las mochilas tras los respaldos de las sillas playeras.<\/p>\n<p>&mdash;Si le hubiera pasado algo malo al pendejo de mi hermano, ya lo sabr&iacute;amos, de un momento a otro llegar&aacute;n el G&uuml;ero Pachas y Jaques con &eacute;l. Lo importante es c&oacute;mo le vamos a hacer para estar t&uacute; y yo en la noche sin que se enteren los dem&aacute;s. Venimos a pasarla bien y debemos ponernos de acuerdo para estar sin que nos molesten, ya bastante tenemos con estarnos cuidando de mis vecinos Jaques y el G&uuml;ero Pachas, sino que adem&aacute;s, tambi&eacute;n tengo que hacerlo con el chismoso de Javier, que por m&iacute; ojal&aacute; que se haya ahogado comentaba &Aacute;lvaro, enfadado.<\/p>\n<p>Medio dormido, Javier escuch&oacute; lo que comentaba su hermano a Jordi. Ellos no se percataron de que &eacute;l se encontraba a sus espaldas. En ese momento, llegaron a su memoria diferentes hechos respecto a la relaci&oacute;n con su hermano. Record&oacute; lo que en ocasiones su madre lleg&oacute; a comentar, en el sentido de que el mal genio de &Aacute;lvaro se deb&iacute;a a que cuando naci&oacute; se utilizaron f&oacute;rceps. Memoriz&oacute; las muchas ocasiones en que &eacute;l y su hermano se encontraron en pugna, sobre todo cuando llegaron a la adolescencia. &Aacute;lvaro no soportaba la afinidad que ten&iacute;a Javier con su madre. Pretextaba y reclamaba a su madre que los trataba por igual y no se le daba el lugar que le correspond&iacute;a como primog&eacute;nito. Desde peque&ntilde;os nunca se marc&oacute; ninguna diferencia, se les compraba todo por igual, las cosas se diferenciaban solo por el color. Quienes s&iacute; mostraban evidente preferencia por Javier, eran los familiares del lado paterno, pues consideraban que Javiercito era id&eacute;ntico a su padre, blanco, de pelo casta&ntilde;o, sus mismos ojos, en pocas palabras, dec&iacute;an, que hab&iacute;a vuelto a nacer&hellip; para &Aacute;lvaro, su hermano Javier resultaba el hijo consentido, el g&uuml;erito, el ni&ntilde;o fr&aacute;gil, quien deb&iacute;a ser protegido por todos.<\/p>\n<p>Javier se sent&iacute;a d&eacute;bil, abrumado y deprimido. Se durmi&oacute; de nuevo. Al llegar el G&uuml;ero Pachas y Jaques, se dieron cuenta de su presencia, lo despertaron, les coment&oacute; lo que hab&iacute;a sucedido, pero fingi&oacute; no haber escuchado lo que su hermano hab&iacute;a dicho.<\/p>\n<p>Jorge Jaques propuso llevar a Javier a comer mariscos a la playa de Puerto Marqu&eacute;s con el objeto de que se recuperara. Se sent&iacute;a un tanto comprometido, pues su madre y la de los dos hermanos eran muy amigas. As&iacute; lo hicieron, Javier se sinti&oacute; reconfortado y arropado, comi&oacute; a reventar y se qued&oacute; dormido de nuevo. Ya en la noche, decidieron ir a la llamada &ldquo;Zonaja&rdquo;, es decir a la zona roja. En realidad, quer&iacute;an ir a la famosa <em>Huerta de Acapulco<\/em>, un cabaret en el que se presentaban vedettes, prostitutas y ficheras. En ese tiempo se viv&iacute;an los llamados a&ntilde;os dorados de Acapulco, durante los cuales el puerto llamado &ldquo;La Perla del Pac&iacute;fico&rdquo; era frecuentado por numerosas personalidades de la pol&iacute;tica y la cultura, especialmente por las estrellas de Hollywood. Resultaba el lugar ideal para una espl&eacute;ndida zona de tolerancia.<\/p>\n<p>Javier contaba con apenas diecisiete a&ntilde;os. Siendo menor de edad, no le era permitido ingresar al lugar, pero de alguna manera se las ingeniaron para pasarlo al antro. Todos coincidieron en que deber&iacute;a estrenarse en ese mundo, le compraron unas cuantas fichas de diez pesos para sacar a bailar a algunas ficheras. Les parec&iacute;a divertida su timidez y se burlaban del trato tan decente que les daba a las suripantas. &Aacute;lvaro y Jordi dijeron que se sent&iacute;an muy cansados y se regresaron a la caba&ntilde;a. Despu&eacute;s de haberse tomado algunas copas, Javier aun recordaba lo dicho por &Aacute;lvaro en la playa, pero no era momento para sentimentalismos, pues todo era divertido y novedoso para &eacute;l.<\/p>\n<p>Pasadas dos o tres horas, a todos se les hab&iacute;an subido las copas, decidieron cooperarse y pagarle a Javiercito el cuarto y una de las chicas para compensar el susto que se hab&iacute;a llevado en la playa. A Javier nunca se le olvidar&iacute;a su primera experiencia, aunque lo &uacute;nico que pudo recordar ser&iacute;a a la mujer con las piernas abiertas, leyendo una revista y que lo apuraba dici&eacute;ndole que lo hiciera m&aacute;s r&aacute;pido, que no la hiciera perder tanto su tiempo. En tanto que &eacute;l, borracho y nervioso, ni siquiera encontraba la manera de acomodarse.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente, todos se encontraban durmiendo la mona. A eso de la una de la tarde se despertaron por el estruendo que provocaron al golpear la puerta con desesperaci&oacute;n. Se trataba de un tal Juan, al que Javier hab&iacute;a visto una vez en una fiesta que hizo en su casa. C&oacute;mo olvidar el enorme vitral con la figura de Napole&oacute;n que abarcaba los dos niveles de su mansi&oacute;n, su familia ten&iacute;a grandes bodegas en el mercado de la Merced. Tom&aacute;s, el seductor del grupo con su largo copete que constantemente le ca&iacute;a sobre los ojos y que se lo retiraba con estudiada coqueter&iacute;a, y Jorge &ldquo;El Yoyo&rdquo;, un g&uuml;ero muy delgado con los ojos azules, azules, que en diferentes ocasiones buscaba ser amable y hacer pl&aacute;tica con Javier. Se trataba de tres de sus cuates del barrio con los que hab&iacute;an quedado de encontrarse. Ellos ten&iacute;an prisa por darse un ba&ntilde;o para ir a comer y despu&eacute;s a ligar a la <em>Playa de la Condesa<\/em>. Javier conoc&iacute;a a todos. Se trataba de una pandilla de cuates, de alguna manera liderados por &Aacute;lvaro, pertenec&iacute;an a diferentes familias ubicadas tanto en las casas de la colonia Jard&iacute;n Balbuena, como en los departamentos de los edificios de la Unidad Kennedy y alguno de la muy cercana colonia Moctezuma.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de varios intentos infructuosos de ligar gringas, los reci&eacute;n llegados y el G&uuml;ero Pachas se pusieron a jugar en la playa de La Condesa, conocieron a unas chicas de Veracruz y quedaron de encontrarlas en la noche por la costera, en los bares que hab&iacute;a frente a la playa. Para aprovechar la tarde, decidieron ir al Pie de la Cuesta, la playa donde es posible admirar la puesta del sol en el horizonte, para en la noche seguir el revent&oacute;n. Durante el trayecto, manejando el G&uuml;ero Pachas el carro de &Aacute;lvaro y Tom&aacute;s en el que ellos llevaban, simularon un enfrentamiento entre los dos. Comenzaron a retarse ment&aacute;ndose la madre con el claxon y al, llegar al sem&aacute;foro en rojo, ante la expectativa de los dem&aacute;s automovilistas y de la gente que atravesaba en ese momento la calle, ambos conductores se bajaron de los autos y se fueron acercando uno al otro diciendo: &ldquo;&iexcl;qu&eacute;!, &iexcl;qu&eacute;!, lo que quieras!&rdquo;, y al estar frente a frente, aparentaron darse un beso en la boca. Soltaron la carcajada, se abrazaron y retomaron los volantes y continuaron el viaje celebrando, todos, la chistosa broma.<\/p>\n<p>Ya en la playa, despu&eacute;s de comer, alquilaron unas hamacas y se recostaron a tomar cervezas, con la vista hacia el fuerte oleaje de la playa con mar abierto. Jordi, emocionado, pidi&oacute; que le sirvieran caballitos de tequila, despu&eacute;s de cuatro o cinco, viendo hacia el infinito comenz&oacute; a recitar en voz alta: &ldquo;as&iacute; como el cielo, mi caminar se vuelve azul, suave, ligero e infinitamente vasto el campo de posibilidades que me ofrece el universo. &iexcl;Quiero ser nube! Esa nube que se mueve aparentemente pac&iacute;fica por los cielos, a veces tormenta y a veces quietud. Algunas veces simulando un filtro que trae a la consciencia una luz diferente, que cambia un paisaje seg&uacute;n su emoci&oacute;n. Un pensamiento que adorna el cielo, una figura para los ojos creativos, que es agua en esencia, pero cuya forma se ha transformado sublimemente elev&aacute;ndose hasta los cielos. Una nube que nunca se estanca, que aun en el flujo constante de los vientos m&aacute;s fuertes, aparece apacible ante nuestros ojos y ante nuestros corazones que las aprecian anhelantes&hellip;&rdquo;<\/p>\n<p>Jorge el Yoyo enderez&oacute; la cabeza por encima de la red de la hamaca, hizo un gesto para criticarlo abriendo la boca sin separar los labios, en busca de una mirada c&oacute;mplice que lo acompa&ntilde;ara para burlarse de la emotividad de Jordi. En ese momento, &iexcl;todo se interrumpi&oacute;! Inesperadamente lleg&oacute; una ola gigante que al principio era solamente de espuma, pero que conforme pasaba, sub&iacute;a tambi&eacute;n el agua salada atravesando la red de las hamacas y empapando a todos.<\/p>\n<p>Entre sorprendidos y asustados por lo inesperado de la ola, lo primero que trataron de salvar fueron sus cervezas. Una vez que la ola iba de regreso, los menos borrachos ayudaron a rescatar los zapatos y las bolsas de dos se&ntilde;oras de avanzada edad que se encontraban sentadas enfrente de ellos y que a gatas se aferraban a la pendiente de la arena para no ser arrastradas durante el retorno de la gigantesca ola. La embriaguez disminuy&oacute;, entre risas nerviosas y tambale&aacute;ndose recogieron las cosas que pudieron encontrar. Por fortuna, del susto no pas&oacute; a mayores, se fueron a las regaderas de agua dulce para quitarse la sal, anochec&iacute;a y llegaba el momento de ir al bungalow, descansar un rato, vestirse y esperar que llegara la noche.<\/p>\n<p>Estando en la Costera, las chicas veracruzanas que hab&iacute;an conocido en la playa no aparecieron en ning&uacute;n momento. A ellos no les preocup&oacute; mucho que digamos y se pusieron bailar en las discos del lugar, incluso con algunas gringas, pero ya entrada la noche decidieron ir a <em>La Huerta,<\/em> donde encontrar&iacute;an lo que m&aacute;s deseaban. &Aacute;lvaro y Jordi dijeron que los alcanzar&iacute;an m&aacute;s tarde pues no cabr&iacute;an todos en el carro, que se llevaran a su hermano para que se espabilara un poco. En esta ocasi&oacute;n no pudieron pasar al antro a Javier, por lo que Jorge el Yoyo dijo que no importaba, que &eacute;l lo acompa&ntilde;ar&iacute;a a cenar y a otros lugares de la famosa &ldquo;<em>Zonaja&rdquo;<\/em>.<\/p>\n<p>En la madrugada, ya bien servidos, se dirigieron al bungalow. Al llegar, encontraron sobre la mesa una botella de tequila casi vac&iacute;a, dos vasos rodados, indicios de que &Aacute;lvaro y Jordi hab&iacute;an seguido bebiendo, los que por tener la m&uacute;sica a un alto volumen no se dieron cuenta de la llegada del grupo. El G&uuml;ero Pachas, Tom&aacute;s y el tal Juan, de inmediato se sentaron a terminar el tequila sobrante. Al entrar en la rec&aacute;mara, Jorge Jaques, Jorge El Yoyo y Javier, se dieron cuenta de que &Aacute;lvaro estaba penetrando a Jordi, se encontraban en pleno bondage. &Aacute;lvaro hab&iacute;a amarrado las manos de Jordi en la cabecera de la cama y le hab&iacute;a vendado los ojos. Los gemidos de ambos se mezclaban con el ensordecedor ritmo de <em>Try Me, I Know We Can Make it<\/em> de la cantante Donna Summer.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;&iquest;&Aacute;lvaro, qu&eacute; est&aacute;s haciendo?! &mdash;grit&oacute; Javier, antes de cerrar la puerta de la rec&aacute;mara en un intento por evitar que los dem&aacute;s tambi&eacute;n se enteraran de lo que suced&iacute;a.<\/p>\n<p>Lo m&aacute;s dif&iacute;cil fue el momento en que Jorge El Yoyo se abalanz&oacute; hacia ellos, y en primer lugar en contra de &Aacute;lvaro.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Maldito! &iexcl;Ya me lo imaginaba, pero vas a saber qui&eacute;n soy yo! &iexcl;Hab&iacute;amos quedado de disimular lo nuestro ante los dem&aacute;s, pero en realidad lo que quer&iacute;as era mantenerme alejado para estar con este pinche puto maric&oacute;n! &mdash;dijo en el momento en que jalaba de los cabellos a &Aacute;lvaro para hacerlo a un lado y poder abofetear a Jordi que, inm&oacute;vil, amarrado y vendado, trataba de zafarse de sus ataduras.<\/p>\n<p>&Aacute;lvaro reaccion&oacute; de inmediato. Se puso un short e hizo a un lado a Jorge el Yoyo para rescatar a Jordi:<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ya p&aacute;rale o te madreo! Hace tiempo que te he dicho que ya estuvo suave. Conmigo se acab&oacute;, enti&eacute;ndelo de una vez por todas, ya no me interesas desde hace tiempo y bien que lo sabes &mdash;advirti&oacute; &Aacute;lvaro con los ojos enrojecidos, cubriendo a Jordi que se encontraba en shock.<\/p>\n<p>Jorge el Yoyo reaccion&oacute; tomando una l&aacute;mpara del bur&oacute; y la estrell&oacute; en la espalda de &Aacute;lvaro. &Eacute;ste se defendi&oacute; con sus pu&ntilde;os, ambos cayeron al suelo. Se cre&oacute; un alboroto entre el llanto de Jordi, los golpes en la puerta de los dem&aacute;s que preguntaban qu&eacute; pasaba y los gritos de Jorge Jaques separando a &Aacute;lvaro y a su contrincante.<\/p>\n<p>En ese momento, Javier se par&oacute; en medio de todos, cubri&oacute; con su cuerpo a su hermano y con voz fulminante los contuvo.<\/p>\n<p>&mdash;&iexcl;Ya basta, hasta aqu&iacute; lleg&oacute; todo este desmadre! Ya nos dimos cuenta de lo que pasa, pero no es necesario que todo el mundo se entere del motivo de este pleito. Jorge Jaques, si eres tan amigo de ellos, gu&aacute;rdales el secreto de sus rollos, deja que arreglen sus asuntos por la buena y en otro momento, y ya.<\/p>\n<p>Todos guardaron silencio recapacitando en lo dicho por Javier. Jorge el Yoyo se sent&oacute;, apoyando los codos sobre las rodillas y cubri&eacute;ndose la cara con las manos. &Aacute;lvaro se acerc&oacute; y lo abraz&oacute;.<\/p>\n<p>Reconozco que deb&iacute; hablar contigo antes de hacer este viaje, la verdad no supe c&oacute;mo hacerlo. Trat&eacute; de hacerte entender lo que ya dije, que no ten&iacute;a caso forzar una relaci&oacute;n donde, al menos de mi parte, ya no exist&iacute;a el m&aacute;s m&iacute;nimo inter&eacute;s. La noche que llegamos a la playa, al desnudarnos en la madrugada, al estar jugando, sent&iacute; un placer incontenible al estar cerca de Jordi. A &eacute;l le sucedi&oacute; lo mismo, lleg&oacute; el momento en que necesit&aacute;bamos estar m&aacute;s y m&aacute;s cerca uno de otro. Te juro que nunca lo planeamos. Espero que te pongas en mi lugar y me perdones &mdash;dijo &Aacute;lvaro poniendo un brazo sobre el hombro de Jorge el Yoyo.<\/p>\n<p>Ya sin decir nada, los dos Jorge salieron de la rec&aacute;mara y se unieron a los dem&aacute;s que, para entonces, cansados de tocar sin que les abrieran, decidieron seguir bebiendo y se hab&iacute;an quedado dormidos. Jordi, despu&eacute;s de llorar y llorar, sin nada que decir, deprimido, se durmi&oacute; procurando olvidar lo sucedido.<\/p>\n<p>&Aacute;lvaro, avergonzado, trat&oacute; de decir quien sabe que tantas cosas a su hermano, pero un nudo en la garganta se lo impidi&oacute;. Javier lo abraz&oacute;. Solamente le dijo que todo estaba bien, que ah&iacute; no hab&iacute;a pasado nada, y ambos se recostaron y se durmieron como los dem&aacute;s.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente, lo &uacute;nico que se coment&oacute; fue que hab&iacute;an tenido un pleito de borrachos, pero que todo hab&iacute;a quedado en eso, en una borrachera. Los d&iacute;as siguientes continuaron con su ritmo. Jorge el Yoyo se mostr&oacute; orgulloso e indiferente, como en espera de algo muy importante, en general todos actuaron como siempre, entre bromas, copas y desmanes, incluso Jordi. Las vacaciones terminaban, lamentaban profundamente que ya deber&iacute;an de regresar a la ciudad.<\/p>\n<p>Mientras que el G&uuml;ero Pachas manejaba, &Aacute;lvaro y Javier se sentaron uno al lado del otro en la parte trasera del auto. Y como nunca lo hab&iacute;an hecho antes, recordaron las mil y una travesuras que hicieron cuando eran chicos, y de las veces que se pelearon y que se reconciliaron&hellip; Tambi&eacute;n planearon con entusiasmo un nuevo viaje a Puerto Vallarta. 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