{"id":2042,"date":"2024-02-21T00:50:35","date_gmt":"2024-02-21T00:50:35","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/02\/21\/el-amor-y-la-mujer\/"},"modified":"2024-02-21T00:50:35","modified_gmt":"2024-02-21T00:50:35","slug":"el-amor-y-la-mujer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/el-amor-y-la-mujer\/","title":{"rendered":"El amor y la mujer"},"content":{"rendered":"<p>Portada: Nahui Olin, <em>Nahui y Lizardo en la bah&iacute;a de Acapulco<\/em> (detalle), 1930.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>S&oacute;lo el amor permite al goce condescender al deseo.<\/em><\/p>\n<p>Jacques Lacan<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El amor tiene rostro de mujer, el amor est&aacute; del lado de lo femenino. Desde la segunda mitad del siglo XX, en el mundo se han venido sucediendo grandes cambios de manera vertiginosa. Quiz&aacute;s el m&aacute;s potente y radical de todos sea la presencia activa de la mujer. Su presencia como discurso. Una presencia que hasta hace muy poco era pr&aacute;cticamente inaudible.<\/p>\n<p>Hay tres aspectos que podemos destacar a partir de esta toma de lugar de la mujer en el mundo: su inserci&oacute;n en la vida laboral, su participaci&oacute;n abierta en la vida pol&iacute;tica y acad&eacute;mica, y, quiz&aacute;s el m&aacute;s relevante, una sexualidad m&aacute;s activa ante la posibilidad que genera la anticoncepci&oacute;n masiva, que permite separar la sexualidad y la reproducci&oacute;n. Esto implica la posibilidad de tener o no hijos, una posibilidad de decidir que, por parad&oacute;jico que se escuche, no ten&iacute;an las mujeres hasta hace poco.<\/p>\n<p>Las consecuencias de los dos primeros aspectos se han abordado en mayor o menor grado en estudios sociol&oacute;gicos y antropol&oacute;gicos. La tercera, sin embargo, no podr&iacute;a pensarse a profundidad sin el psicoan&aacute;lisis.<\/p>\n<p>De hecho, Sigmund Freud, el inventor del psicoan&aacute;lisis, hab&iacute;a predicho que cuando la ciencia pudiera facilitar la anticoncepci&oacute;n masiva, las relaciones entre hombres y mujeres cambiar&iacute;a de forma relevante. La raz&oacute;n no le falt&oacute;. Ahora ante esa posibilidad, y muchos otros aspectos como la reproducci&oacute;n asistida y la diversidad sexual, estamos ante una verdadera revoluci&oacute;n de la sexualidad.<\/p>\n<p>Sabemos que Freud, lo primero, escuch&oacute; la voz de las mujeres: es por su encuentro con las pacientes hist&eacute;ricas y por no salir huyendo ante el amor, como ocurre con su colega Joseph Breuer, por lo que le fue posible inventar el psicoan&aacute;lisis. El psicoan&aacute;lisis se inventa a partir de escuchar los padecimientos de las pacientes hist&eacute;ricas.<\/p>\n<p>La cuesti&oacute;n no fue ni ha sido f&aacute;cil. Pese a darle un lugar en su escucha a la singularidad de su sufrimiento, podemos ubicar tres momentos de pasmo en Freud con respecto a las mujeres y su deseo: primero, ante los enigmas que le planteaba Karl Abraham sobre la sensibilidad del cl&iacute;toris y la vagina, Freud reconoce que de eso no sab&iacute;a absolutamente nada; m&aacute;s tarde, en 1928, Freud le confiesa a Ernest Jones: &ldquo;todo lo que sabemos del desarrollo temprano femenino me parece insatisfactorio e inseguro&rdquo;. Y por &uacute;ltimo, el escabroso momento en que la princesa Marie Bonaparte le dirige la famosa pregunta <em>&iquest;Was will das weib? <\/em>(&iquest;Qu&eacute; quiere la mujer?)<\/p>\n<p>La maternidad, como una de las tres salidas que Freud propone para lo femenino, no resuelve en absoluto el enigma que le representa la vida sexual de la mujer, quedando as&iacute; como un misterio se&ntilde;alado como &ldquo;el continente negro&rdquo;. Es necesario hacer la acotaci&oacute;n que cuando en psicoan&aacute;lisis se habla de sexualidad se habla de la vida er&oacute;tica lo mismo que del amor.<\/p>\n<p>Sabemos que Freud se plantea en principio una constituci&oacute;n sexual paralela entre el hombre y la mujer, y s&oacute;lo m&aacute;s tarde va a establecer una diferencia entre ambos donde la sexualidad en el hombre se organiza en torno a la relaci&oacute;n al objeto y su amenaza de castraci&oacute;n, mientras que la mujer est&aacute; organizada en torno al <em>penisneid<\/em> o envidia del pene.<\/p>\n<p>Por otro lado, el psicoanalista franc&eacute;s Jacques Lacan plantear&aacute; la organizaci&oacute;n de la sexualidad en torno a un &uacute;nico significante: el falo, y desde ese factor de regulaci&oacute;n va a establecer por lo menos dos goces: el del significante y el del cuerpo, tambi&eacute;n conocidos como goce f&aacute;lico y goce Otro o de la mujer. Ante esto, y siguiendo el seminario XX de Lacan llamado <em>Encore<\/em>, <em>A&uacute;n, <\/em>es necesario preguntarse sobre el lugar y funci&oacute;n del amor en esta organizaci&oacute;n dispar del sujeto con respecto a la sexualidad.<\/p>\n<p>Y desde ah&iacute; plantearse: &iquest;por qu&eacute;, seg&uacute;n lo ha planteado Freud, en <em>Inhibici&oacute;n, s&iacute;ntoma y angustia<\/em>, el amor tendr&iacute;a un estatuto de privilegio en la problem&aacute;tica de la feminidad?<\/p>\n<p>Si, como se sabe, la posici&oacute;n femenina frente al goce consiste en ser no-toda sometida al falo, no toda circunscrita por el goce del significante, ante esto no podemos sino ser coherentes y radicales para se&ntilde;alar que entonces el destino de una mujer es el ser no-toda-sujeto. Quiz&aacute;s ah&iacute; radique su enigma y su devenir insoportable para la l&oacute;gica f&aacute;lica.<\/p>\n<p>Es decir, ser no-toda sujeto implica que una mujer est&aacute; no-toda determinada por su inconsciente. Desde luego, no se dice que la mujer <em>es<\/em> sin inconsciente, de ninguna manera, se dice que el inconsciente no le cubre toda. Hay en ella una parte insubjetivable: su reclamo, el reclamo femenino es justamente subjetivar esa parte imposible de ella misma que se representa en su cuerpo. Reclamo imposible de satisfacer, por cierto. Dicho de otra manera, lo que quiere una mujer, como lo plantea Serg&eacute; Andr&eacute;, es recibir un suplemento de inconsciente (ese suplemento que le permita existir como sujeto all&iacute; donde ella es un cuerpo gozante).<\/p>\n<p>Con lo se&ntilde;alado hasta aqu&iacute; podr&iacute;amos intentar desglosar un pasaje oscuro del seminario XX, <em>Aun<\/em>, donde Lacan se&ntilde;ala que: &ldquo;&hellip;si la libido s&oacute;lo es masculina, nuestra querida mujer, s&oacute;lo desde donde es toda, es decir, desde donde la ve el hombre, s&oacute;lo desde ah&iacute; puede tener un inconsciente&rdquo;. Una mujer, entonces, no est&aacute; toda determinada por el inconsciente sino &ldquo;all&iacute; donde ella es toda&rdquo;, es decir, s&oacute;lo ser&iacute;a coloc&aacute;ndose en la l&oacute;gica del todo, esto es, en la medida en que ellas se definieran como castradas.<\/p>\n<p>Y hay que subrayar esto que digo ahora para poder leer la posici&oacute;n que toma Ant&iacute;gona cuando se ve separada (castrada) de su hermano Polinice, separada de su amor insustituible.<\/p>\n<p>Ante esto, desde esa divisi&oacute;n, una mujer quiere ser amada, pero no porque ese deseo las coloque en una posici&oacute;n pasiva sino porque de ese modo quieren ser hechas sujetos all&iacute; donde el significante las abandona.<\/p>\n<p>Si hay v&iacute;nculos con el amor en los tres registros que Lacan propone (en lo imaginario por la v&iacute;a de la identificaci&oacute;n, centrada en la imagen; en lo simb&oacute;lico por la v&iacute;a de la palabra, centrado en el sujeto) es en lo real donde opera la antinomia que el inconsciente introduce entre el deseo y el goce y que aqu&iacute; nos resultar&aacute; de mucha importancia.<\/p>\n<p>Desde esta antinomia podemos establecer, con Lacan, una f&oacute;rmula que nos permita decir que si el deseo es siempre deseo del Otro, el goce no es goce del Otro, excepto en las psicosis.<\/p>\n<p>El deseo pone en juego la relaci&oacute;n del sujeto con el Otro simb&oacute;lico, puro lugar del significante donde la palabra del sujeto encuentra su fundamento; mientras que en el goce, es en el cuerpo del Otro real el que es llamado, y fallado, mostrando su pura inexistencia. En lo real, el v&iacute;nculo amoroso apunta al ser.<\/p>\n<p>Y si, para cerrar, pensamos al amor en relaci&oacute;n con la noci&oacute;n de Ley, lo que nos resultar&aacute; aqu&iacute; m&aacute;s fecundo.<\/p>\n<p>Remit&aacute;monos a otro seminario de Lacan, el 8, ahora sobre ese tipo de amor que es <em>La transferencia<\/em>, donde aborda ese di&aacute;logo de Plat&oacute;n conocido como <em>El banquete o sobre la er&oacute;tica<\/em>, donde Pausanias, ante la entrada de Alcibiades, se&ntilde;ala que el amante es el &uacute;nico que tiene el privilegio de poder transgredir dos leyes fundamentales de la sociedad ateniense: la que rige la esclavitud y la que concierne a la fe otorgada a los juramentos. As&iacute;, el amante, el que ama, es un fuera-de-la-ley que se sirve de la ley y la pone de su lado.<\/p>\n<p>Alcibiades, en el banquete, encarna esta posici&oacute;n, irrumpe en la reuni&oacute;n ya organizada (el banquete) y con ello se coloca como un fuera de la ley, y adem&aacute;s pone las leyes a su favor, s&oacute;lo as&iacute; se puede posicionar como quien ama, y no s&oacute;lo como quien hace un discurso de amor.<\/p>\n<p>Que el amante se coloque como un <em>fuera-de-la-ley<\/em> no implica que no tenga consecuencias y estas casi siempre son figuras de lo fat&iacute;dico: el exilio, el destierro, el rechazo. El amante franquea el l&iacute;mite que Lacan va a designar como el entre-dos-muertes. La muerte, a falta de la Ley, es el &uacute;nico lugar donde los amantes pueden reunirse. El amor puro, ligado al cuerpo gozante, se convierte en la v&iacute;a para la desmentida del <em>no-todo<\/em> que caracteriza a la posici&oacute;n femenina.<\/p>\n<p>&ldquo;S&oacute;lo el amor permite al goce condescender al deseo&rdquo; dir&aacute; Lacan, y ya aqu&iacute; podemos ver que el amor s&oacute;lo puede estar del lado de la mujer, es decir, del lado del intento por superar el no-todo de la relaci&oacute;n sexual. Ante la imposibilidad de la relaci&oacute;n sexual, s&oacute;lo queda el amor. El amor, por la v&iacute;a del deseo, suple la ausencia de relaci&oacute;n sexual.<\/p>\n<p>El deseo se erige sobre el poder de la falta. El amor se juega s&oacute;lo del lado femenino en tanto que es desde la falta (desde el no-todo) que el amado se coloca en posici&oacute;n de amante. S&oacute;lo se puede amar a partir de la falta, s&oacute;lo es posible amar en posici&oacute;n femenina.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: Nahui Olin, Nahui y Lizardo en la bah&iacute;a de Acapulco (detalle), 1930. &nbsp; S&oacute;lo el amor permite al goce condescender al deseo. Jacques Lacan &nbsp; El amor tiene rostro de mujer, el amor est&aacute; del lado de lo femenino. 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