{"id":2036,"date":"2024-02-21T00:44:50","date_gmt":"2024-02-21T00:44:50","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/02\/21\/tavo-1\/"},"modified":"2024-02-21T00:44:50","modified_gmt":"2024-02-21T00:44:50","slug":"tavo-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/narrativa\/tavo-1\/","title":{"rendered":"Tavo"},"content":{"rendered":"<p>Desde hace varios a&ntilde;os, Gustavo deambula con su bicicleta en un radio de dos o tres cuadras alrededor del lugar en donde derrumbaron la peque&ntilde;a vivienda en la cual viv&iacute;a con su abuela, en la colonia Roma. Se conforma con lo que la gente le da para vivir y sobrevive gracias a las monedas que le dan los vecinos por hacer mandados, adem&aacute;s de las que le dan los conductores por reservar lugares para que estacionen sus autos, ya que en esa zona no existen parqu&iacute;metros.<\/p>\n<p>Con recelo ve c&oacute;mo entran y salen las nuevas familias de las &ldquo;<em>Tall Towers<\/em>&rdquo; construidas en el lugar donde &eacute;l creci&oacute;, donde jugaba y conviv&iacute;a con los vecinos de treinta viviendas como si fueran una gran familia. Durante su adolescencia se daba cuenta de c&oacute;mo se perd&iacute;an, una a una, las demandas de los inquilinos que se opon&iacute;an al desahucio, pero lleg&oacute; el momento en que perdieron el pleito y tuvieron que abandonar el predio.<\/p>\n<p>Los vecinos que lo conocen desde hace a&ntilde;os lo llaman &ldquo;Tavo&rdquo;. Le agradecen que los apoye: en ocasiones, gracias al chico regordete con cara de ni&ntilde;o, se han librado de accidentes y peligros, ya que Tavo est&aacute; al pendiente de fugas de gas, de personajes sospechosos y, adem&aacute;s, los mantiene al tanto de lo que sucede en los alrededores.<\/p>\n<p>&mdash;Por Dios, Gustavo, &iquest;cu&aacute;ndo vas a sentar cabeza? Es tiempo de que, por favor, a tus casi treinta a&ntilde;os busques un mejor trabajo. Lo que recibes no es suficiente para mantenernos &mdash;reclamaba una y otra vez do&ntilde;a Clarita, su abuela, cansada del apego que ten&iacute;a su nieto a la antigua vecindad.<\/p>\n<p>En una ocasi&oacute;n, &Oacute;scar y Renata se encontraban dispuestos a pasar el fin de semana en su caba&ntilde;a, cerca de Cuernavaca. Llevaban tres meses viviendo en uno de los departamentos de las elegantes torres, donde todo era comodidad y buen gusto. Los vecinos les recomendaron a Tavo<em>, <\/em>el servicial chico tan atento y acomedido.<\/p>\n<p>Oscarito, mi amor, tengo todo listo para salir muy temprano, antes de que se atasque la carretera a Cuernavaca, lo &uacute;ltimo que me faltaba eran el alimento del beb&eacute;, pero a &uacute;ltima hora le encargu&eacute; a Tavo que lo trajera del supermercado. No te olvides de checar el carro.<\/p>\n<p>Meses despu&eacute;s, el departamento en la colonia Roma donde viv&iacute;an &Oacute;scar y Renata se encontraba a la venta: se hab&iacute;an divorciado, pues desde el d&iacute;a en que falleci&oacute; su nene de un a&ntilde;o en la carretera rumbo a Cuernavaca, ya no soportaban vivir juntos.<\/p>\n<p>Los se&ntilde;ores Pedraza se hab&iacute;an jubilado y esperaban pasar su vejez viviendo en un departamento en esas torres. Todo se facilitaba al vivir ah&iacute;, cerca del Parque M&eacute;xico, con el supermercado a unas cuadras y con el comportamiento de sus vecinos que los trataban con extrema amabilidad. Esto permit&iacute;a que en sus &uacute;ltimos a&ntilde;os de vida no requirieran absolutamente nada. Su departamento se encontraba en el primer piso del edificio, el se&ntilde;or Samuel requer&iacute;a de una silla de ruedas debido a una lesi&oacute;n en la m&eacute;dula espinal, su esposa siempre encontraba quien la ayudara al hacer los giros necesarios para entrar el elevador y llegar a su departamento. Por fortuna, contaban con Tavo, que siempre se acomed&iacute;a para subirlo y ayudar a recostarlo en su cama.<\/p>\n<p>Un buen d&iacute;a, el se&ntilde;or Pedraza comenz&oacute; a sentirse falto de energ&iacute;a, un tanto confuso e irritable. Sus hijos, que los visitaban con frecuencia, lo llevaron con el geriatra y el m&eacute;dico que los atend&iacute;a desde a&ntilde;os atr&aacute;s para encontrar la raz&oacute;n de sus cambios, pero los resultados de los estudios no indicaron causa alguna para preocuparse. Le recetaron vitaminas y suplementos alimenticios para mejorar su salud. El d&iacute;a menos pensado, el anciano perdi&oacute; la conciencia y falleci&oacute; a los pocos d&iacute;as. Fue entonces, durante la autopsia, cuando se enteraron que su piel hab&iacute;a entrado en contacto con alg&uacute;n producto qu&iacute;mico letal.<\/p>\n<p>Dada la gentrificaci&oacute;n que se ha dado en la Ciudad de M&eacute;xico, el mismo edificio situado en la colonia Roma, cercano al centro y con buen nivel de vida, tres chicas decidieron compartir los gastos y rentar uno de los agradables y amplios departamentos. Se trataba de dos muchachas de Sonora y una norteamericana. Se hab&iacute;an conocido al tomar un curso de verano en Guadalajara y despu&eacute;s de convertirse en grandes amigas, decidieron irse a vivir a la Ciudad de M&eacute;xico, precisamente en el mismo edificio de la colonia Roma.<\/p>\n<p>Se trataba de uno de los departamentos m&aacute;s grandes, con tres rec&aacute;maras, cada una con ba&ntilde;o y vest&iacute;bulo. Se pusieron de acuerdo en la decoraci&oacute;n y establecieron las normas de convivencia para evitar un posible desencuentro. Todo sal&iacute;a como lo hab&iacute;an planeado. Los fines de semana invitaban a sus novios, amigos y uno que otro vecino. Encontraron en Tavo la persona ideal para que les consiguiera toda clase de bocadillos y bebidas para sus reuniones.<\/p>\n<p>En una ocasi&oacute;n, una de las sonorenses, la gringa y uno de sus invitados, durante la madrugada, comenzaron a tener una incontenible hemorragia intestinal. Se encontraban deshidratados y con v&oacute;mito, llamaron a la ambulancia y &uacute;nicamente el chico se pudo recuperar con el tiempo. Por alguna raz&oacute;n, por error, en alguno de los alimentos se encontraban semillas de ricina, las cuales son f&aacute;ciles de localizar en cualquier jard&iacute;n y que resultan sumamente venenosas. Los otros dos fallecieron.<\/p>\n<p>Gustavo, el chico gordito y simp&aacute;tico al que los vecinos apreciaban y que tanto agradec&iacute;an sus favores, se encontraba siempre al pendiente de lo que suced&iacute;a en esos departamentos. Cada desgracia que ocurr&iacute;a ah&iacute; le provocaba una sonrisa y un profundo sentimiento de satisfacci&oacute;n. Consideraba que no era necesario hacer caso a su abuela y que continuar&iacute;a encarg&aacute;ndose de los vecinos de los departamentos, que se encontraban en el mismo lugar en que estuvo la vecindad donde &eacute;l creci&oacute; y en donde hab&iacute;a sido tan feliz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde hace varios a&ntilde;os, Gustavo deambula con su bicicleta en un radio de dos o tres cuadras alrededor del lugar en donde derrumbaron la peque&ntilde;a vivienda en la cual viv&iacute;a con su abuela, en la colonia Roma. Se conforma con lo que la gente le da para vivir y sobrevive gracias a las monedas que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":122,"featured_media":2037,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"class_list":["post-2036","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-narrativa"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2036","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/122"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2036"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2036\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2037"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2036"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2036"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2036"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}