{"id":1994,"date":"2024-01-09T01:30:44","date_gmt":"2024-01-09T01:30:44","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2024\/01\/09\/un-nuevo-ano\/"},"modified":"2024-01-09T01:30:44","modified_gmt":"2024-01-09T01:30:44","slug":"un-nuevo-ano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/desde-el-sur\/un-nuevo-ano\/","title":{"rendered":"Un nuevo ao"},"content":{"rendered":"<p>Para m&iacute;, la lluvia trajo los primeros minutos del a&ntilde;o nuevo. En otras latitudes, los ensordecedores cohetes anunciaron las primeras muertes del nuevo a&ntilde;o, mientras que en otros lugares multitudes se dieron cita en alguna playa para esperar los fuegos artificiales que coloreaban el cielo nocturno en un espect&aacute;culo fugaz, tan r&aacute;pido como el desplomar de un edificio bombardeado donde termin&oacute; la infancia de alg&uacute;n ni&ntilde;o, la vida de otro y la posibilidad de no sumergirse en la eterna locura de tantos que por azar resid&iacute;an all&iacute;.<\/p>\n<p>Los viejos establos ya no existen en el imaginario de los ni&ntilde;os de ahora, hacen parte de la remembranza de las personas, como yo, que nacieron en el siglo pasado, el siglo de las grandes guerras. Tan ir&oacute;nico: nuestros abuelos cre&iacute;an que el sacrificio de reconstruir el mundo, despu&eacute;s de sacar los escombros, era por un bien mayor para la humanidad. Con tanta inocencia ellos enterraron a sus muertos, confiando que enterraban a h&eacute;roes que contribu&iacute;an con la paz mundial. &iexcl;Y no fue as&iacute;!<\/p>\n<p>El nuevo orden del mundo lleg&oacute; sin molinos de viento, sin mu&ntilde;ecas de porcelana, sin compota hecha en casa. El nuevo orden llego en un instante, como en el luzco fusco de un parpadeo ante las luces enceguecedoras de una fiesta de a&ntilde;o nuevo. El nuevo orden lleg&oacute; normalizando la destrucci&oacute;n y la muerte, mostrando las atrocidades de la guerra antes de la propaganda de una mayonesa. El nuevo orden del mundo nos hizo perder todo, hasta los pensamientos propios.<\/p>\n<p>Hace tiempo que no puedo ver el florecimiento de los cactus, que se vest&iacute;an de blanco, como las novias de diciembre y llenaban de esperanza a los lugare&ntilde;os. Ya no anduve por esos parajes calurosos de cielo seco, lleno de esperanzas. Donde los hombres sue&ntilde;an con encontrar fortuna debajo de una piedra y de tanto so&ntilde;ar, la encuentran.<\/p>\n<p>La realidad de hoy no tiene pan en un horno de barro, tiene sangre en medio de los destrozos y no existe verg&uuml;enza de matar. Hablan con mucha naturalidad sobre la venganza. Ya no se llena la iglesia para la Misa de Gallo, los nidos en las casas ya volaron. Por alg&uacute;n motivo, como un lavado cerebral, casi todos est&aacute;n insensibles ante el dolor del otro. Precisamente ahora, que los dolores son mayores y que son muchos m&aacute;s los que sufren.<\/p>\n<p>Hay una curva en el camino empolvado, los cielos m&aacute;s all&aacute; est&aacute;n cubiertos de humo amargo y ya no hay ventanas para mirar a trav&eacute;s de sus vidrios. Los ojos que guardaban esperanza ya no est&aacute;n. Al observar el entorno y sus circunstancias, cualquiera puede concluir que es m&aacute;s probable que una bomba destruya a una familia, a que la misma familia se saque la loter&iacute;a. Entre bombardeos a cementerios y ni&ntilde;os muertos bajo destrozos, persiste la pregunta: &iquest;D&oacute;nde est&aacute;n los restantes de los 240 secuestrados?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para m&iacute;, la lluvia trajo los primeros minutos del a&ntilde;o nuevo. 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