{"id":1976,"date":"2023-12-15T20:53:52","date_gmt":"2023-12-15T20:53:52","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/12\/15\/el-rey-murio-desnudo-ii\/"},"modified":"2023-12-15T20:53:52","modified_gmt":"2023-12-15T20:53:52","slug":"el-rey-murio-desnudo-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/ensayo\/el-rey-murio-desnudo-ii\/","title":{"rendered":"El rey muri desnudo (II)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Segunda parte<\/strong><\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li><strong> Yoga y la disoluci&oacute;n del ego<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p>&ldquo;Si analizamos detenidamente las formas de vida del Budismo, Tao&iacute;smo, Vedanta y Yoga, no encontramos filosof&iacute;a o religi&oacute;n como las entendemos en occidente. Lo que encontramos se parece mucho m&aacute;s a un sistema psicoterap&eacute;utico&rdquo; (Watts, 1989, p. 17).<\/p>\n<p>Su objetivo b&aacute;sico es de una sencillez sorprendente, m&aacute;s all&aacute; de las complicaciones de reencarnaci&oacute;n y esoterismo, de seres perfectos y de poderes sobrenaturales. La similitud m&aacute;s importante entre la psicoterapia occidental y los caminos orientales de la liberaci&oacute;n es que ambas buscan generar un cambio de conciencia, cambios en la manera en que vivimos nuestros sentimientos y experimentamos nuestra existencia, cambios en la propia relaci&oacute;n con la sociedad humana y el mundo.<\/p>\n<p>Seg&uacute;n la filosof&iacute;a y&oacute;gica, al manifestarse como el mundo, Dios juega a ser finito; el Uno finge que es muchos y, para asumir cada rol individual en el universo, tiene que olvidar qui&eacute;n es y enmara&ntilde;arse en la inconciencia y la ignorancia. La vida es una puesta en escena c&oacute;smica en la que una sola alma juega a ser muchas imperfectas. En esa ilusi&oacute;n (en s&aacute;nscrito, <em>maya<\/em>), cada ser individuado transita un curso experiencial de desarrollo hasta purificarse y reconocer su naturaleza divina, reintegrarse con la Conciencia y ser convidada de paz, amor y entendimiento perfectos.<\/p>\n<p>El veh&iacute;culo indispensable para transitar ese viaje de desarrollo es un cuerpo humano. Para la constituci&oacute;n de ese cuerpo humano, el aparato ps&iacute;quico es imprescindible. Un elemento del aparato ps&iacute;quico es el ego. Esta conformaci&oacute;n es problem&aacute;tica ya de inicio, pues implica el riesgo de dejar de identificarse con la fuente de la que ese ser individuado ha emergido e identificarse con el elemento ps&iacute;quico cuya funci&oacute;n es facilitar su experiencia del mundo y acabar autoconvencido de su absoluta realidad y autonom&iacute;a.<\/p>\n<p>Es un juego basado en una paradoja que ganar&aacute; quien logre percibir la realidad, deje de experimentarse exclusivamente como esa entidad limitada y consiga establecerse en la conciencia de vivir en el mundo sin ser del mundo, como quien emprende un viaje de placer en el que, m&aacute;s all&aacute; de enfocarse en el destino, se concentra en el trayecto y el proceso de viajar, simplemente para experimentarse, conocerse, disfrutar de ser.<\/p>\n<p>Al confundir <em>maya<\/em> con la realidad hay un conflicto entre lo que el individuo es y lo que otros dicen que es o esperan que sea, pero con autoconocimiento, el anhelo de volver al origen no resultar&iacute;a m&aacute;s de la angustia, la culpa o el deseo de no vivir m&aacute;s en el mundo, sino del placer experimentado en los estados de meditaci&oacute;n profunda, estados de &eacute;xtasis, en los que la mente temporalmente interrumpe las funciones cotidianas de pensamiento, emoci&oacute;n, ideaci&oacute;n y preocupaci&oacute;n por pasado y futuro, incluso identidad.<\/p>\n<p>Sentimiento oce&aacute;nico, experiencia m&iacute;stica, <em>samadhi<\/em>, la nomenclatura no importa, sino el descubrimiento de lo posible: dejar de luchar por modificar o ajustarse a la realidad, para extraerse moment&aacute;neamente de ella por una v&iacute;a enaltecedora.<\/p>\n<p>Para la mayor&iacute;a de los practicantes occidentales, <em>samadhi<\/em> es una comprensi&oacute;n profunda y filos&oacute;fica de su sitio en el universo y del alma como parte de un sistema energ&eacute;tico trascendental. En ese estado, la mente se funde con lo que existe detr&aacute;s de la mente, la conciencia universal. El pensamiento cesa casi por completo y los pocos pensamientos que surgen son nubes pasajeras sin relaci&oacute;n con el meditador. Seg&uacute;n el grado de profundidad de la experiencia, el practicante puede estar consciente, pero embargado de un sentimiento placentero; un estado donde la dudas cesan, la mente contin&uacute;a operando, pero el ego pierde dominio. El practicante experimenta que nada necesita, desea o persigue y comprende que los anhelos y preocupaciones son movimientos del ego que le lleva como veleta de uno al otro, de manera incesante.<\/p>\n<p>Con constantes repeticiones de esa pr&aacute;ctica, la experiencia de <em>samadhi<\/em> empieza a permear la vida del practicante. Esta es la pieza clave. Accediendo de manera consistente a estos estados de conciencia, se reduce la tensi&oacute;n del organismo, acarreando esa ecuanimidad y serenidad al resto de cada d&iacute;a. Nirvana port&aacute;til.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"4\">\n<li><strong> Culpa inconsciente o existencial<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p>Cuando hace muchos a&ntilde;os le&iacute; sobre el &ldquo;Principio Nirvana&rdquo; y el anhelo de volver al vientre materno, probablemente el &uacute;ltimo lugar en el que la persona se sinti&oacute; totalmente a salvo, pens&eacute; que Freud hab&iacute;a quedado corto: anhelamos volver al origen, mas no es el vientre materno, sino la universalidad incorp&oacute;rea de la cual surgimos. Pens&eacute; que ese era el origen del sentimiento de culpa inconsciente: Freud habla de amar y odiar a los padres y asimila la imagen de Dios al propio padre. Encuentro un paralelo entre esa conceptualizaci&oacute;n y el amor y odio de las personas por el Creador; amor por ser creados, resentimiento por haber sido separados y abandonados en el mundo. Y culpa. La enorme culpa que sentir eso implica para algunas personas.<\/p>\n<p>Queremos vivir, pero anhelamos volver adonde est&aacute;bamos. El problema es que para hacerlo hay que morir. Eso presenta otro conflicto importante e implica culpa. Cu&aacute;n malagradecido debo ser por querer morir cuando me ha sido dada la vida. Pero morir es parte de la vida. No es necesario querer que ocurra ahora mismo, pero es valioso para el autoconocimiento reconocer que algo en nuestra psique lo anhela, lo busca y lo espera.<\/p>\n<p>Por otra parte, la liberaci&oacute;n, promesa del yoga, me parece, es tambi&eacute;n liberaci&oacute;n de los convencionalismos de las instituciones sociales a las cuales nos tenemos que subordinar en un intento, como se&ntilde;al&oacute; Freud, por hacernos dignos de la convivencia en comunidad; es tambi&eacute;n liberaci&oacute;n de las propias creencias irracionales, aprendidas, internalizadas, aceptadas sin cuestionamiento que con tanta asiduidad son la fuente principal del sufrimiento individual.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La mayor&iacute;a vivimos en diferentes grados de neurosis tolerables al grado de que podemos olvidar la contradicci&oacute;n a la que estamos sometidos y podemos <em>olvidarnos de nosotros mismos<\/em> (&eacute;nfasis en el original) con pasatiempos, televisi&oacute;n, redes sociales, negocios, guerra. Es dif&iacute;cil evitar la conclusi&oacute;n de que estamos aceptando una definici&oacute;n de cordura que es una locura (Watts, 1989, p. 33).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Si bien parece cierto que el surgimiento de la culpa es inevitable y es imposible de resolver al cien por ciento, difiero en que deba de mantenerse siempre inc&oacute;lume, irreductible. Es posible vivir con un grado de culpa, al menos de la culpa existencial, tan bajo que se experimente como irrelevante.<\/p>\n<p>Sin &aacute;nimo de argumentar la veracidad de la cosmogon&iacute;a del yoga o promoverla como &uacute;nica v&iacute;a de desarrollo, resalto que la creencia fundamental de la persona criada en los caminos espirituales es &ldquo;Soy Dios y debo entenderlo y experimentarlo&rdquo;, que dista mucho de la creencia occidental &ldquo;Soy pecador y debo redimirme&rdquo;, y que creencias de esa naturaleza reducen la culpa que Freud anticipa como inevitable. La filosof&iacute;a y&oacute;gica ense&ntilde;a que todos los impulsos del ser humano son modificaciones naturales de la mente, de las cuales uno no necesariamente es responsable, y que resultan de patrones conductuales impulsados por <em>samskaras<\/em> (aglomeraciones de impresiones sensoriales conectadas a afectos diversos que provocan conductas repetitivas). Ese entendimiento es radicalmente opuesto a la idea de que, al ser responsable de mis pensamientos, soy pecador, perverso, malo, si tengo pensamientos o impulsos sexuales inaceptables.<\/p>\n<p>La diferencia esencial entre el condicionamiento de los <em>samskaras<\/em> y la b&uacute;squeda de satisfacci&oacute;n de las pulsiones freudianas es que el yoga afirma que la influencia de los primeros se debilitar&aacute; hasta desaparecer, con la meditaci&oacute;n y otras pr&aacute;cticas que generan ecuanimidad, mientras que las pulsiones son para toda la vida.<\/p>\n<p>El practicante tendr&aacute; oportunidades infinitas para pulirse, darse cuenta de la verdad y experimentarla. Sufrir&aacute; en el camino, es cierto, pero solo las consecuencias de sus acciones, no necesariamente por prohibiciones irracionales, injustas y arbitrarias seg&uacute;n las cuales lo que la persona es y siente est&aacute; mal y le condena al castigo.<\/p>\n<p>Aprende a restringir sus impulsos y regular el funcionamiento de su mente, no porque su contenido sea pecaminoso o err&oacute;neo, sino porque le envuelven en su identificaci&oacute;n como ego y le alejan de su meta. As&iacute;, no sufre por no resolver un problema imposible.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>[&hellip;] el hinduismo difiere de las religiones occidentales en que no se supone que debamos sentir culpa. Cometemos errores, todo mundo comete errores, peque&ntilde;os, grandes. &hellip; No quiere decir que estemos orgullosos de lo que hicimos, sino que lo aceptamos y nos deshacemos del sentido de culpabilidad (Rhy y Rhys, 1951, p. 65).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por supuesto, de entrada, esto es muy dif&iacute;cil. Lejos de ser siempre benigno, el proceso es complejo, arduo y doloroso, pero brinda sentido, prop&oacute;sito y un mapa bien definido para la vida: liberarse, pero no del ego, eso es imposible, sino de la historia que el ego cuenta sobre uno mismo; liberarse de los convencionalismos de las instituciones sociales, pero seguir funcionando en el mundo como si estuviera gobernado por &eacute;l; saber que es una manifestaci&oacute;n de Dios, pero sin caer en la soberbia, sino desarrollar compasi&oacute;n, humildad, generosidad, paciencia, amor y sensibilidad genuinas.<\/p>\n<p><em>Samadhi<\/em> es mi entendimiento del sentimiento oce&aacute;nico descrito por Freud, al que todos deseamos volver, aunque sea por momentos: el estado de fusi&oacute;n en el que el yo pierde dominio, el pensamiento verbal se detiene y se experimenta placer, plenitud, quietud, certidumbre; un estado de aceptaci&oacute;n y amor sin qu&iacute;micos, t&eacute;cnicas corporales exhaustivas, autoenga&ntilde;os o hipnosis. El &uacute;nico veh&iacute;culo necesario es la respiraci&oacute;n.<\/p>\n<p>El erotismo de Georges Bataille puede ser un medio para tocar la continuidad del ser. La meditaci&oacute;n me parece m&aacute;s duradera y enriquecedora, si bien, quiz&aacute;, no tan placentera para el cuerpo, aunque s&iacute; para el aparato ps&iacute;quico.<\/p>\n<p>La muerte, en todo caso, no es el &uacute;nico medio para alcanzar el estado de fusi&oacute;n oce&aacute;nico. <em>Samadhi<\/em> es un estado port&aacute;til. El practicante descubre que lo lleva consigo a todas partes y puede acceder a &eacute;l en cualquier momento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"5\">\n<li><strong> Conclusiones<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La sana gesti&oacute;n de la culpa inconsciente no se trata meramente de la reconciliaci&oacute;n del ego con diversas experiencias reprimidas, vergonzosas o dolorosas, que son siempre producto de la subjetividad. Es un problema de mayor envergadura que la ruptura temprana del yo con el mundo, que tiene poco que ver con ajustarse a la sociedad.<\/p>\n<p>Es en este punto que el psicoan&aacute;lisis queda corto como camino de liberaci&oacute;n, aun reconociendo que la terapia es mucho m&aacute;s que un ajuste. Su punto d&eacute;bil son los diversos acuerdos t&aacute;citos que siguen promoviendo la aceptaci&oacute;n de la perspectiva dualista del hombre: ego e inconsciente, psique y soma, sujeto y objeto, principio del placer contra principio de realidad, raz&oacute;n e instinto. La terapia es sanaci&oacute;n y eso ser&aacute; suficiente para muchos de nosotros, pero es v&aacute;lido se&ntilde;alar que un sistema que deja a la persona colgando de uno de los cuernos de la dualidad no es totalmente sanador.<\/p>\n<p>Sigmund Freud afirma (1955) que:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para efectos de su propia supervivencia, Eros debe ser regulado, civilizado y reprimido, pero [&hellip;] el instinto reprimido nunca cesa en sus intentos de alcanzar plena satisfacci&oacute;n, que consistir&iacute;a de la repetici&oacute;n de una experiencia primaria de satisfacci&oacute;n. Ning&uacute;n substituto, ni formaci&oacute;n reactiva, ni sublimaci&oacute;n ser&aacute; suficiente para remover la tensi&oacute;n persistente del instinto reprimido&rdquo; (p.56).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero, &iquest;necesitamos realmente eliminar esa tensi&oacute;n persistente o aceptarla sin seguir peleando con ella? Aprender a vivir con esa tensi&oacute;n es descubrir lo mejor de dos mundos: es posible vivir con la tensi&oacute;n del organismo y es posible descansar temporalmente en la irrealidad de m&iacute; mismo.<\/p>\n<p>Siguiendo con las afirmaciones de Freud (1978), vemos tambi&eacute;n:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>[&hellip;] si la cultura es la v&iacute;a de desarrollo necesaria desde la familia a la humanidad, entonces la elevaci&oacute;n del sentimiento de culpa es inescindible de ella, como resultado del conflicto innato de ambivalencia, como resultado de la eterna lucha entre amor y pugna por la muerte; y lo es, acaso, hasta cimas que pueden serle dif&iacute;cilmente soportables al individuo (p. 128).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Argumento que este es un problema falso por c&oacute;mo es presentado. Freud se&ntilde;ala que la culpa es necesaria para vivir en civilidad y desarrollar una cultura. A mayor civilidad, mayor culpa, pero Freud sab&iacute;a que el ego es una adaptaci&oacute;n inapropiada que obliga al individuo, desde que nace, a vivir sujeto a poderosos polos irreconciliables. Dio por sentada esta polarizaci&oacute;n y, aunque entendi&oacute; que es un constructo sin fundamento, insisti&oacute; en &eacute;l aun despu&eacute;s de mostrar al mundo que el ego no es amo de su propia casa.<\/p>\n<p>Freud se dio cuenta de que el ego surge de la tensi&oacute;n entre libido y cultura. Es decir, entendi&oacute; que el ego es un constructo social, pero lo vio como esencial a la conciencia. El aprendizaje no es posible, lo humano se sale de control, la ciencia o el arte no pueden ser, si el conocedor no est&aacute; en oposici&oacute;n a lo conocido, si el orden civilizado no se somete a la naturaleza y el ego no se somete al inconsciente. El problema imposible es que lo humano va en contra de la naturaleza, pero es inseparable. &ldquo;Nunca podremos restringir a Eros, pero tenemos que hacerlo&rdquo; (Watts, 1989, p. 76).<\/p>\n<p>En contraste, la filosof&iacute;a del yoga reconoce el placer (<em>kama<\/em>) como una de las metas de la vida. No solo aprueba el disfrutar sin raz&oacute;n, sino que valida las emociones conflictivas en el practicante y le permite errar, alent&aacute;ndole siempre a aprender y crecer como persona. No cae en la necedad de suponer que la persona ser&aacute; inmune a la culpa, sino que valida ese sentimiento como &uacute;til, pero pasajero. La culpa se reduce bastante cuando uno es libre de sentirse culpable.<\/p>\n<p>La filosof&iacute;a y&oacute;gica no libera al practicante de la culpa porque &eacute;ste deje de elegir entre las polaridades de la vida, sino porque le permite elegir sabiendo que realmente no existe una elecci&oacute;n. En un universo de dualidad relativa, cualquier elecci&oacute;n entre dos polaridades tiene que ser una broma.<\/p>\n<p>As&iacute;, se dice que el practicante est&aacute; en el mundo, pero no es del mundo. Significa que ya no confunde su identidad con un rol social; que act&uacute;a su rol sin tomarlo en serio. Aunque vista de este modo la liberaci&oacute;n suena mucho m&aacute;s simple, y no muy heroica que digamos, sus implicaciones son tremendas y sus dificultades extraordinarias. Lo mismo, me parece, podr&iacute;a decirse de un curso largo y profundo de psicoan&aacute;lisis.<\/p>\n<p>Es cierto que sin la culpa carecemos de un freno de la propia maldad y se deteriora la dignidad humana. Por lo tanto, no se trata de liberarse de la culpa, sino de aprender a gestionarla. Dicho de otro modo, el psicoan&aacute;lisis y la liberaci&oacute;n, sin tomar en cuenta las aspiraciones esot&eacute;ricas del yoga, concluyen cuando colapsan la culpa y la verg&uuml;enza, cuando ya no nos sentimos obligados a defendernos por ser personas, cuando estamos listos para tomar responsabilidad por la conducta inconsciente y, como tal, aceptamos la tensi&oacute;n inc&oacute;moda de vivir con emociones complejas, de enfrentar con ecuanimidad lo incongruente, de no sentir desesperaci&oacute;n por creer que se debe de escapar de algo; cuando el tir&aacute;nico rey muere desnudo, en la propia cabeza, y logra un nuevo nacimiento menos traum&aacute;tico. Esa es la promesa del yoga y es, tambi&eacute;n, la promesa del psicoan&aacute;lisis.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Bataille, G. (1997). <em>El erotismo<\/em>. Tusquets Editores.<\/p>\n<p>Corsi, P. (2002). Aproximaci&oacute;n preliminar al concepto de &ldquo;Pulsi&oacute;n de muerte&rdquo; en Freud. <em>Revista chilena de neuro-psiquiatr&iacute;a<\/em>, <em>40<\/em>(4), 361-370. Recuperado el 18 d octubre de 2023 de <a href=\"https:\/\/dx.doi.org\/10.4067\/S0717-92272002000400008\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/dx.doi.org\/10.4067\/S0717-92272002000400008<\/a><\/p>\n<p>Freud, S. (1955). <em>Beyond the Pleasure Principle<\/em>. Hogarth.<\/p>\n<p>Freud, S. (1978). <em>El malestar de la cultura<\/em>. En <em>Obras completas <\/em>de Sigmund Freud. Amorrortu Editores.<\/p>\n<p>Freud, S. (1978). <em>Esquema del psicoan&aacute;lisis. En Obras completas. Cap&iacute;tulo XXIII. <\/em>Amorrortu Editores.<\/p>\n<p>Ileyassof, R. (2021). <em>El rey est&aacute; siempre desnudo: Un psicoanalista ciego entre la mirada y la voz<\/em>. Letra Viva.<\/p>\n<p>Rhys, D. y Rhys, T. (trad. al ingl&eacute;s). (1951) <em>Dialogues of the Buddha<\/em>. Parte II. Luzac.<\/p>\n<p>Watts, A. (1989). <em>Psychotherapy East and West<\/em>. California: New World Library.<\/p>\n<p>Westerink, H. (2013). <em>A Dark Trace: Sigmund Freud on the Sense of Guilt.<\/em> 1&ordf; ed. B&eacute;lgica: Leuven University Press. Recuperado el 31 de octubre de 2023 de https:\/\/doi.org\/10.2307\/j.ctt9qdx21.13<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Segunda parte &nbsp; Yoga y la disoluci&oacute;n del ego &nbsp; &ldquo;Si analizamos detenidamente las formas de vida del Budismo, Tao&iacute;smo, Vedanta y Yoga, no encontramos filosof&iacute;a o religi&oacute;n como las entendemos en occidente. Lo que encontramos se parece mucho m&aacute;s a un sistema psicoterap&eacute;utico&rdquo; (Watts, 1989, p. 17). 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