{"id":1972,"date":"2023-12-13T02:35:13","date_gmt":"2023-12-13T02:35:13","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/12\/13\/el-rey-murio-desnudo\/"},"modified":"2023-12-13T02:35:13","modified_gmt":"2023-12-13T02:35:13","slug":"el-rey-murio-desnudo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/ensayo\/el-rey-murio-desnudo\/","title":{"rendered":"El rey muri desnudo"},"content":{"rendered":"<p>Portada: <a href=\"https:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/en:Jacques-Louis_David\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Jacques-Louis David<\/a>(1748-1825), <em>La lucha entre Marte y Minerva<\/em>, 1771.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>(Primera parte)<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El sentimiento de culpa en la obra de Sigmund Freud es un concepto que describe la tensi&oacute;n entre las pulsiones instintivas del organismo y la moralidad. Freud busc&oacute; el origen de la culpa en toda su obra, considerando preguntas como: &iquest;es el sentimiento de culpa el efecto de una moralidad aprendida en la pubertad o se crea en la infancia temprana cuando las pulsiones sexuales ya est&aacute;n en funcionamiento y est&aacute;n siendo reprimidas?<\/p>\n<p>En <em>El malestar de la cultura<\/em> (1978), Freud afirm&oacute; que el surgimiento de la culpa se vinculaba a la agresi&oacute;n, que es fruto del amor y el odio hacia los padres. Despu&eacute;s, con el Complejo de Edipo, el sentimiento de culpa parec&iacute;a ser una conclusi&oacute;n inevitable e imposible de resolver; a veces ese sentimiento lejos de resolverse parec&iacute;a incluso crecer.<\/p>\n<p>No obstante, Freud sostuvo que el sentimiento de culpa ten&iacute;a un prop&oacute;sito. Es problem&aacute;tico cuando es excesivo y debilitante y lleva a adoptar responsabilidades y mandamientos imposibles, pero tambi&eacute;n evita el desarrollo de un car&aacute;cter en el que la agresi&oacute;n sea puesta al servicio del ego&iacute;smo. Cierta cantidad de culpa es necesaria para desarrollarse como individuo con car&aacute;cter propio, aun cuando la individualidad siempre conlleve la persistencia de tensi&oacute;n que pudiera llevarle a la represi&oacute;n excesiva de sus pulsiones, a someterse demasiado ante otros o a la aparici&oacute;n de un narcisismo excesivo.<\/p>\n<p>Todo se complic&oacute; cuando en la teor&iacute;a freudiana apareci&oacute; la &ldquo;Pulsi&oacute;n de muerte&rdquo;. Freud sospechaba que una parte del odio del individuo podr&iacute;a haber estado presente de manera independiente desde antes del periodo ed&iacute;pico (Westerink, 2013, p. 299).<\/p>\n<p>Siendo as&iacute;, expresado en lenguaje llano, el ser humano existe, desde muy temprano y quiz&aacute; de manera innata: 1) queriendo vivir y desarrollarse, al mismo tiempo que 2) queriendo morir y volver a la estabilidad perfecta de lo inanimado, 3) experimentando sentimientos de amor hacia unos cuantos, al mismo tiempo que 4) sentimientos de odio. Si el ser humano inicia su vida experimentando tal oposici&oacute;n de anhelos y sentimientos, no es dif&iacute;cil imaginar que el resultado m&aacute;s evidente ser&iacute;an sentimientos de culpa por el conflicto que los diversos elementos le provocan.<\/p>\n<p>La &ldquo;Pulsi&oacute;n de muerte&rdquo; es uno de los postulados m&aacute;s controvertidos del psicoan&aacute;lisis. En <em>M&aacute;s all&aacute; del principio del placer<\/em> (1955), Freud introduce esta noci&oacute;n y hace un cambio fundamental en su teor&iacute;a pulsional, relacionando los fen&oacute;menos agresivos de la persona, incluyendo autocastigo, autodestrucci&oacute;n y sufrimiento del individuo.<\/p>\n<p>Freud present&oacute; la &ldquo;Pulsi&oacute;n de muerte&rdquo;, o T&aacute;natos, en oposici&oacute;n a la &ldquo;Pulsi&oacute;n de vida&rdquo;, o Eros, como tendencia fundamental del ser vivo a retornar a lo inanimado, al estado inorg&aacute;nico del que emerge, reduciendo la tensi&oacute;n del organismo a cero (1955, p. 56).<\/p>\n<p>En <em>El Erotismo<\/em> (1997), Georges Bataille describe un anhelo similar, el deseo de acceder a la &ldquo;vida continua&rdquo;, y se enfoca, casi exclusivamente, en la disoluci&oacute;n moment&aacute;nea del sujeto. Concibe que los referentes estables del s&iacute; mismo se pueden disrumpir y su disoluci&oacute;n es posible, disolviendo la cohesi&oacute;n de la realidad espacial y temporal que el ego mantiene con base en la intersubjetividad. Seg&uacute;n Bataille, eso se logra a trav&eacute;s de la transgresi&oacute;n (1997, p. 67) representada por el erotismo, que lleva a la extinci&oacute;n moment&aacute;nea del s&iacute; mismo y la disrupci&oacute;n de la &ldquo;vida discontinua&rdquo;.<\/p>\n<p>Estas teor&iacute;as no son las &uacute;nicas en las que se explora la idea de interrumpir temporalmente el dominio de la identidad egoica por medio de la muerte literal o de una experiencia que act&uacute;e como equivalente, a fin de experimentar libertad, dicha y uni&oacute;n con algo m&aacute;s grande. Las filosof&iacute;as del yoga hind&uacute; y el budismo, a los que en adelante me referir&eacute; como caminos orientales de la liberaci&oacute;n, describen experiencias similares en la pr&aacute;ctica de la meditaci&oacute;n profunda con el nombre de <em>samadhi<\/em> (literalmente absorci&oacute;n total) y <em>nirvana<\/em>, respectivamente.<\/p>\n<p>Las filosof&iacute;as y&oacute;gica y budista pretenden que el practicante llegue a ser capaz de experimentar su vida libre de las ataduras del yo y de toda forma de condicionamiento. Presentan la vida como un juego c&oacute;smico en el que el individuo aprende y logra extraerse de <em>samsara<\/em>, (literalmente, la rueda de la muerte y el renacimiento), lo cual significa dejar de vivir en un c&iacute;rculo vicioso de incontables repeticiones del mismo intento por resolver un problema sin soluci&oacute;n. Al ser reconocido como tal, el practicante ser&iacute;a capaz de liberarse del control de las creencias, ideas e historias que sustentan al ego como realidad, con lo cual lograr&iacute;a experimentarse a s&iacute; mismo en fusi&oacute;n con una conciencia universal, sin recurrir a la muerte del cuerpo.<\/p>\n<p>Una de las muchas genialidades de Freud fue la conceptualizaci&oacute;n del llamado &ldquo;Principio Nirvana&rdquo;, el anhelo de eliminar la tensi&oacute;n en el organismo volviendo metaf&oacute;ricamente al vientre materno, el cual representa un estado de plenitud y aceptaci&oacute;n incondicionales anterior a la individualizaci&oacute;n del ego. En el ejercicio intelectual del presente analizo el conflicto ps&iacute;quico entre la culpa inconsciente que Freud describe como inevitable y ese anhelo incomprobable del retorno a la plenitud metaf&oacute;rica usando tres formas diferentes de describir dicho impulso: 1) el deseo de experimentar la &ldquo;vida continua&rdquo; en el erotismo, seg&uacute;n la obra de Georges Bataille, 2) la &ldquo;Pulsi&oacute;n de muerte&rdquo; de la teor&iacute;a freudiana y 3) los intentos por disolver el ego accediendo a niveles de conciencia elevados en la meditaci&oacute;n profunda de yoga y budismo. Buscar&eacute; con ellas ilustrar ese anhelo de abandonar la existencia restrictiva y dolorosa a la que nos vemos sometidos en la vida f&iacute;sica, postulando que uno de los motores de esa b&uacute;squeda es la culpa.<\/p>\n<p>Como tal, es concebible que aliviar el dominio del ego, los impulsos inconscientes de autodestrucci&oacute;n y la manifestaci&oacute;n de apetitos del cuerpo solo parcialmente comprendidos son efectos de la culpa inconsciente e irracional que busca el equilibrio tensional. Propongo que aprender a gestionar esa culpa existencial, por as&iacute; llamarla, y a hacer uso de ella como motor de desarrollo emocional y conductual, podr&iacute;a ser el eslab&oacute;n hacia una experiencia satisfactoria de vida, con estabilidad, ecuanimidad y niveles aceptables de tensi&oacute;n ps&iacute;quica.<\/p>\n<p>Tal es la promesa del psicoan&aacute;lisis, como lo propone Ileyassof (2021):<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los s&iacute;ntomas neur&oacute;ticos son reproducciones deformadas de este trauma fisiol&oacute;gico primordial [la hip&oacute;tesis de Freud seg&uacute;n la cual el acto del nacimiento habr&iacute;a suscitado la primera vivencia de angustia del ser humano y todas las angustias posteriores repetir&iacute;an este modelo], re-evocado por las experiencias ulteriores de separaci&oacute;n, el destete y la amenaza de castraci&oacute;n. [&hellip;] El simbolismo del nacimiento ocupa el rol principal en la escena anal&iacute;tica. El paciente reproduce en la cura la primera separaci&oacute;n fisiol&oacute;gica de la madre y la tarea del analista consiste en ofrecerle la ocasi&oacute;n de experimentar un segundo nacimiento menos traum&aacute;tico (p. 104).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Otra v&iacute;a es la gesti&oacute;n de los conflictos internos por medio de su aceptaci&oacute;n radical. Es decir, lejos de insistir en resolverlos, la alternativa es sustraerse a ellos. Tal es la promesa de las filosof&iacute;as espirituales, como yoga y budismo, que, como veremos m&aacute;s adelante, act&uacute;an como una suerte de m&eacute;todos psicoanal&iacute;ticos orientales. Sea por la v&iacute;a que fuere, la buena gesti&oacute;n de la culpa podr&iacute;a facilitar en el ser humano el disfrute de una vida productiva y serena en la que el conflicto interno, y la culpa resultante, han perdido poder.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol>\n<li><strong> Freud y la &ldquo;Pulsi&oacute;n de muerte&rdquo;<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Para Freud, Eros representa la cohesi&oacute;n y la organizaci&oacute;n que busca crear unidades de vida mayores y m&aacute;s complejas. Eros es el dinamismo que brinda el empuje para conservar la vida y permitir el desarrollo, intentando mantener la tensi&oacute;n del organismo a niveles constantes en la interacci&oacute;n con su medio, mientras que la &ldquo;Pulsi&oacute;n de muerte&rdquo; es un impulso que surge de la excitaci&oacute;n corporal y moviliza al organismo para suprimir el estado de tensi&oacute;n resultante. Eros libera al organismo de la destrucci&oacute;n de T&aacute;natos fusionando ambas energ&iacute;as; una parte de la energ&iacute;a se dirige al exterior como agresividad y otra queda en el organismo, logrando un equilibrio relativo y din&aacute;mico.<\/p>\n<p>M&aacute;s tarde, Freud introdujo la noci&oacute;n de &ldquo;Pulsiones del yo&rdquo; que buscan la autoconservaci&oacute;n, pero son tambi&eacute;n agente de represi&oacute;n, poniendo su energ&iacute;a al servicio del yo en los conflictos (Corsi, 2002, s\/p).<\/p>\n<p>Freud contrapone el &ldquo;Principio de realidad&rdquo; a las pulsiones sexuales, que se oponen a los intereses del yo y son una fuerza disruptora guiada por el &ldquo;Principio del placer&rdquo; y que amenaza el equilibrio al desatender las exigencias de la realidad, teniendo a la agresividad como componente activo de la pulsi&oacute;n sexual (Corsi, 2002, s\/p).<\/p>\n<p>En la conformaci&oacute;n final de la teor&iacute;a pulsional, en <em>Esquema del psicoan&aacute;lisis<\/em>, Freud contrapone la &ldquo;Pulsi&oacute;n de muerte&rdquo; a la &ldquo;Pulsi&oacute;n de vida&rdquo;: &ldquo;La ant&iacute;tesis entre las pulsiones de autoconservaci&oacute;n y las de conservaci&oacute;n de la especie, as&iacute; como la ant&iacute;tesis entre el amor al yo y el amor a los objetos, quedan incluidos en Eros&rdquo; (1978, p. 133-211).<\/p>\n<p>Freud concluye que el &ldquo;Principio del placer&rdquo; no es la base definitiva del funcionamiento del aparato ps&iacute;quico: &eacute;ste es amo de su territorio, pero hay un m&aacute;s all&aacute;, el territorio de la &ldquo;Pulsi&oacute;n de muerte&rdquo;. Freud adopta el t&eacute;rmino &ldquo;Principio Nirvana&rdquo;, seg&uacute;n el cual toda conducta es una estrategia para disminuir la tensi&oacute;n y devolver al organismo al equilibrio donde la tensi&oacute;n tiene un valor de cero, donde se anulan las diferencias de la individualidad y donde lo vivo muere (1955, p. 55).<\/p>\n<p>La vida subsiste, entonces, solo si Eros consigue gobernar el &ldquo;Principio Nirvana&rdquo; y transformarlo en &ldquo;Principio del placer&rdquo;, que posteriormente ser&aacute; transformado en &ldquo;Principio de realidad&rdquo; por las exigencias de la realidad, pero muerte no siempre se trata del deseo de un punto final a la vida, sino que es, como el erotismo de Georges Bataille, escape moment&aacute;neo del aislamiento de lo limitado, de la existencia autocontenida y restringida. No es la tendencia a la no-existencia, sino el deseo primordial del sujeto de retornar a la condici&oacute;n de no-diferenciaci&oacute;n que precede a la individuaci&oacute;n del ego.<\/p>\n<p>Freud dice, con claridad, que &ldquo;el objeto de toda vida es la muerte&rdquo; (1955, p. 38), pero la &ldquo;Pulsi&oacute;n de muerte&rdquo; no es predisposici&oacute;n de la vida a extinguirse a s&iacute; misma, sino tensi&oacute;n entre este instinto y el principio de la vida bajo las &oacute;rdenes de Eros. Dicho de otro modo, la muerte puede ser, como lo afirma Freud, la meta primera y ultima de la vida, pero la &ldquo;Pulsi&oacute;n de muerte&rdquo; tambi&eacute;n puede referirse a algo m&aacute;s que la tendencia de la vida a buscar su punto m&aacute;ximo en su propia aniquilaci&oacute;n.<\/p>\n<p>La muerte puede ser simb&oacute;licamente negaci&oacute;n, puede ser angustia en la b&uacute;squeda de significado o liberaci&oacute;n de culpa existencial, y porque no puede ser entendida sin una contraparte dial&eacute;ctica&mdash;T&aacute;natos contra Eros&mdash;el concepto de muerte nos ayuda a entender lo negativo e indefinible de la experiencia del sujeto. Vida y muerte, placer y displacer, operan estrechamente; ambos se basan en el otro para derivar satisfacci&oacute;n.<\/p>\n<p>Freud (1955) escribe:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lo que sigue es especulaci&oacute;n. [&hellip;] Ser&iacute;a contradictorio para la naturaleza conservadora de los instintos si la meta de la vida fuese un estado de las cosas nunca antes alcanzado. Por el contrario, debe ser un viejo estado de las cosas, un estado inicial del que la entidad viviente ha partido en alg&uacute;n momento u otro y al cual lucha por retornar por v&iacute;as sinuosas por las que le lleva su desarrollo (p. 38).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ese viejo estado de las cosas es el estado inanimado que precede a la vida, entendiendo que la vida evoluciona a pesar del deseo b&aacute;sico del organismo: la inercia.<\/p>\n<p>Alineando no-existencia y muerte, Freud ubica la g&eacute;nesis de la vida en la muerte, pero sugiere algo muy poderoso: estamos destinados a morir, mas la &ldquo;Pulsi&oacute;n de muerte&rdquo; no es aceptaci&oacute;n del hecho ni deseo de apresurarlo. Es, m&aacute;s bien, la sensaci&oacute;n persistente de haber partido de casa, el deseo nost&aacute;lgico de retornar al estado preexistente.<\/p>\n<p>Esa nostalgia ha sido descrita, como veremos m&aacute;s adelante, en los caminos orientales de la liberaci&oacute;n como un efecto de haber sido separados del Creador. En t&eacute;rminos de Bataille, es el ser desgarrado, del que tambi&eacute;n hablaremos m&aacute;s adelante, pero en t&eacute;rminos psicoanal&iacute;ticos, el ser separado es el ego que busca producir sentimientos de certidumbre y autonom&iacute;a, bas&aacute;ndose en que, por tener una demarcaci&oacute;n clara de ser distinto de todo lo dem&aacute;s, tiene existencia real y aut&oacute;noma. Para Freud esto, sin embargo, es enga&ntilde;oso: &ldquo;Por tanto, tambi&eacute;n el sentimiento yoico est&aacute; expuesto a perturbaciones, y los l&iacute;mites del yo no son fijos&rdquo;<em> <\/em>(1978, p. 67).<\/p>\n<p>El ego, en otras palabras, no es una entidad distintiva, sino percepci&oacute;n de una unidad incierta, inestable e irreal. Freud asocia el sentimiento primario que todo abarca con un sentimiento de infinitud o unidad con el universo, en el que un ego no es completamente discernible y lo describe como <em>oce&aacute;nico<\/em> (1978, p. 65). &ldquo;Yo no puedo descubrir en m&iacute; mismo ese sentimiento oce&aacute;nico&rdquo;, (1978, p. 66), pero ese sentimiento oce&aacute;nico es ausencia de pensamiento, es fusi&oacute;n de la identidad con el Todo que se experimenta en la meditaci&oacute;n profunda, volviendo irrelevante el contenido ideacional, un sentimiento de un v&iacute;nculo indisoluble:<em> <\/em>&ldquo;Este ser-Uno con el Todo, que es el contenido que le corresponde&rdquo; (Freud, 1978, p.73) ocurre con el vaciado de la mente y la suspensi&oacute;n temporal del lenguaje y la subjetividad, liberando al ego de los artilugios que usa para lograr estabilidad pagando el precio de diferenciaci&oacute;n y separaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Es, en otras palabras, la muerte representacional en la fusi&oacute;n con lo infinito, mas no la muerte como fin de la vida corporal o la no-existencia del yo.<\/p>\n<p>Lamento que a pesar de que Freud postula el objetivo de la &ldquo;Pulsi&oacute;n de muerte&rdquo; como la restauraci&oacute;n de una situaci&oacute;n primordial de universalidad, argumenta que las fronteras del ego se pueden perder &uacute;nicamente en dos casos: la c&uacute;spide del enamoramiento y la psicosis. En el primero, las fronteras del yo se pierden hasta sentir que uno se fusiona con el objeto amado. En el segundo, las fronteras del yo se desconocen o se establecen incorrectamente. Quiz&aacute; sea su escepticismo lo que le impide considerar que la infinitud de lo oce&aacute;nico, en lugar del cero de la &ldquo;Pulsi&oacute;n de muerte&rdquo;, describe una situaci&oacute;n de plenitud, de Uno-cidad, asociada por los m&iacute;sticos como la c&uacute;spide del sentimiento de amor y certeza absoluta, que parecer&iacute;a el opuesto al sentimiento de culpa existencial.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><strong> Georges Bataille y el anhelo de continuidad<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Bataille (1997) rechaza la visi&oacute;n de Eros como b&uacute;squeda de placer y desarrolla una filosof&iacute;a del erotismo como soberan&iacute;a. Considera que a trav&eacute;s del erotismo encontramos la posibilidad de alcanzar la verdadera libertad humana.<\/p>\n<p>Eros tiene que ver con el deseo, no solo sexual, sino de algo m&aacute;s all&aacute; de la realidad. No es b&uacute;squeda de amor incondicional, sino deseo de satisfacci&oacute;n; el intento de saciarse de aquello que produce deleite y permanecer en el &eacute;xtasis constante.<\/p>\n<p>La persona er&oacute;tica, el voluptuoso (p. 197), busca apoderarse de su amada, porque el erotismo es la forma sexual de Eros; el deseo de perderse en el placer y dejar que se apodere de uno. No es amor, sino ganas de ser complacido, lanz&aacute;ndose a la dimensi&oacute;n del placer sensual que, sin embargo, nunca podr&aacute; satisfacer por completo.<\/p>\n<p>Para Bataille (1997), esta forma de ver al erotismo apunta en la direcci&oacute;n equivocada, porque Eros no se debe entender como deseo ego&iacute;sta, sino como la p&eacute;rdida del<em> <\/em>s&iacute; mismo, que es algo como la muerte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Intentar&eacute; mostrar ahora que para nosotros, que somos seres discontinuos, la muerte tiene el sentido de la continuidad del ser. La reproducci&oacute;n encamina hacia la discontinuidad de los seres, pero pone en juego su continuidad; lo que quiere decir que est&aacute; &iacute;ntimamente ligada a la muerte. Precisamente, cuando hable de la reproducci&oacute;n de los seres y de la muerte, me esforzar&eacute; en mostrar lo id&eacute;nticas que son la continuidad de los seres y la muerte. Una y otra son igualmente fascinantes, y su fascinaci&oacute;n domina al erotismo. (p. 17)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La plenitud del deseo er&oacute;tico no cabe en un mundo gobernado por la raz&oacute;n y por eso solo por momentos podemos perdernos en su placer, pero perder la racionalidad es el meollo del asunto-racionalidad, estabilidad, hasta humanidad. El erotismo abre la puerta a la soberan&iacute;a, que Bataille conceptualiza como libertad plena, en la transgresi&oacute;n.<\/p>\n<p>&Eacute;l considera la vida en dos dimensiones: lo continuo y lo discontinuo (p. 17). Eros ocurre en lo continuo, pero el amor er&oacute;tico es de la existencia discontinua, nos lleva a la continua y, como tal, es una experiencia de transgresi&oacute;n.<\/p>\n<p>En la discontinuidad somos seres aislados, limitados y nos tomamos a nosotros mismos demasiado en serio, mientras que en la continuidad el ser que somos deja de ser y se funde en la dimensi&oacute;n donde todo es parte de la continuidad. As&iacute; pues, el erotismo transgrede los l&iacute;mites de la vida discontinua para experimentar el caos de la continuidad, del no-tiempo, de la eternidad: &ldquo;La poes&iacute;a lleva al mismo punto que todas las formas del erotismo: a la indistinci&oacute;n, a la confusi&oacute;n de objetos distintos. Nos conduce hacia la eternidad, nos conduce hacia la muerte y, por medio de la muerte, a la continuidad: la poes&iacute;a es la eternidad&rdquo; (1997, p. 30).<\/p>\n<p>La transgresi&oacute;n de tab&uacute;es y restricciones lleva a la culpa, mientras justifica nuestra inherente violencia interna. En la vida discontinua, regida por la moralidad, tab&uacute;es y restricciones sirven para darle sentido y prop&oacute;sito a la actividad laboral y civilizatoria. Seguimos esos tab&uacute;es, restricciones y moralidad porque en la existencia discontinua seguimos creyendo que es posible que todo tenga sentido. Al no encontrarlo, nos culpamos a nosotros mismos.<\/p>\n<p>Creamos significados y nos esforzamos por dominar la voluptuosidad que llevamos dentro, que es otra fuente de la misma culpa, y una manera de liberarnos de ella y encontrar un prop&oacute;sito es con el trabajo. Todo tiene significado cuando lo volvemos estable, pero la estabilidad no es posible en la vida continua, donde todo es energ&iacute;a en movimiento. Sin embargo, para el s&iacute; mismo limitado y restringido, la estabilidad es importante porque le permite aspirar a la existencia aut&oacute;noma.<\/p>\n<p>Con todo, para Bataille, la autonom&iacute;a nos restringe y limita, por lo que erotismo no es lo mismo que sexualidad; no busca satisfacci&oacute;n, que preservar&iacute;a al s&iacute; mismo, sino continuidad. La preservaci&oacute;n del s&iacute; mismo pone fin a la violencia y la voluptuosidad; permite al s&iacute; mismo pensarse como sujeto y al mundo como objeto.<\/p>\n<p>En la violencia de la transgresi&oacute;n, la vida es un juego de energ&iacute;as que no podemos tomar tan en serio, pues no hay nada que lograr, todo se trata de ser. Aquello que atenta contra el hecho de ser causa ansiedad y culpa, porque el s&iacute; mismo es siempre consciente de la violencia de la vida que de un momento al otro puede derribar planes, sue&ntilde;os y anhelos, es decir, derrumbar la vida estable.<\/p>\n<p>En Bataille vemos un s&iacute; mismo que anhela desbordarse, salir de su auto-condenaci&oacute;n a la culpa, a la seriedad, al raciocinio, a la estabilidad, y el erotismo es el medio accesible para este s&iacute; mismo trabajador a la continuidad y la exuberancia. De ah&iacute;, me parece, es f&aacute;cil dar el brinco a la confusi&oacute;n de la culpa existencial.<\/p>\n<p>La muerte no es el final de la funci&oacute;n, sino un movimiento que presenta una salida de la existencia limitada; es la experiencia de ir m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites, de lo imposible, que es el objeto de lo er&oacute;tico.<\/p>\n<p>El ser humano vive la dicotom&iacute;a sujeto-objeto, yo y todo lo dem&aacute;s; es lo que Bataille llama vida discontinua. Si se separa el sujeto del objeto la continuidad no es posible, solo habr&iacute;a un mundo con entidades individuales. Entonces, perturbar la discontinuidad rompe la estabilidad del ser. Esto no significa que en la continuidad me pierda sin posibilidad de diferenciarme, sino que me permite ver el mundo como un juego de energ&iacute;as, de las cuales soy una manifestaci&oacute;n &uacute;nica y en la cual puedo contactar con las dem&aacute;s, personificadas en mi amada.<\/p>\n<p>Mi amada es &uacute;nica, pero es ef&iacute;mera. Lo &uacute;nico real es que un d&iacute;a se va a morir. Con una belleza que no existe en otro ser, despierta deseo y lujuria, porque se desea la manifestaci&oacute;n &uacute;nica que es ella. Entonces el erotismo es transgresi&oacute;n para el ser que desea liberar sus energ&iacute;as, porque gana acceso a lo que es inaccesible en un ser limitado. En experiencias equivalentes a la muerte, m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites, es posible la existencia continua, y en esa existencia continua puedo entrar en contacto con los otros.<\/p>\n<p>En la discontinuidad, somos s&oacute;lidos, tenemos organizaci&oacute;n y nos encontramos sentido, pero el erotismo nos libera de esa visi&oacute;n; en el erotismo expresamos energ&iacute;a sin prop&oacute;sito espec&iacute;fico. En el acto sexual, dos s&iacute; mismos dejan de estar separados e ingresan a una continuidad f&iacute;sica, mientras que la temporalidad de la sexualidad mira al futuro de la potencial reproducci&oacute;n y no solo a la satisfacci&oacute;n de un deseo.<\/p>\n<p>La amada como manifestaci&oacute;n irrepetible, pero ef&iacute;mera de una energ&iacute;a vital es imposible de poseer. Irremediablemente, la vida la va a matar. Cuando Bataille habla del ser limitado desgarrado (p. 220) se refiere a que la vida discontinua siempre lleva impl&iacute;cita la continuidad de la que intentamos escapar: nos desgarramos de la existencia continua y, en el erotismo, buscamos el punto de desgarramiento y ah&iacute; conectamos.<\/p>\n<p>El placer er&oacute;tico abandona la inercia de la vida y sale de la dimensi&oacute;n en la que es posible comprender para entrar a la dimensi&oacute;n en la que la verdad no es aprehensible, sino experimentable.<\/p>\n<p>Finalmente, seg&uacute;n la l&oacute;gica de Bataille respecto de la transgresi&oacute;n, uno entra en lo sagrado (p. 72). Si Eros es deseo de lo que hay m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites, lo que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de los seres discontinuos es lo que llamamos sagrado: la santificaci&oacute;n o la soberan&iacute;a.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con una venda sobre los ojos nos negamos a ver que s&oacute;lo la muerte garantiza incesantemente una resurgencia sin la cual la vida declinar&iacute;a. Nos negamos a ver que la vida es un ardid ofrecido al equilibrio, que toda ella es inestabilidad y desequilibrio, que ah&iacute; se precipita. La vida es un movimiento tumultuoso que no cesa de atraer hacia s&iacute; la explosi&oacute;n. (Bataille, 1997, p. 63)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sacralidad y santidad comparten el ritual sagrado. El s&iacute; mismo muere buscando reunirse con lo divino. El piadoso abandona su ego&iacute;smo y se abre a la gloria de lo divino. No est&aacute; aqu&iacute; compartida la creencia de la salvaci&oacute;n o de la inmortalidad del alma, sino la experiencia de continuidad de energ&iacute;as plenas: los objetos de la vida discontinua son puerta a la continuidad para el m&iacute;stico y el er&oacute;tico.<\/p>\n<p>El m&iacute;stico encuentra sacralidad en la ausencia de objetos. Dios es presencia que es ausencia: continuidad sin discontinuidad; un ser sin distinci&oacute;n, puro y exuberante en continuo movimiento. El misticismo se presenta como er&oacute;tico, dado que el deseo no es poseer ni dar, sino perderse en lo que hay m&aacute;s all&aacute; de ser un ser limitado.<\/p>\n<p>Los m&iacute;sticos se relacionan con Dios en una experiencia de existencia continua, &eacute;xtasis que lleva m&aacute;s all&aacute; del lenguaje o lo racional. Dios es ausencia de objetos, ausencia de sentido y movimiento puro de energ&iacute;as que, inasible, se reh&uacute;sa a ser describible.<\/p>\n<p>Al final, el m&iacute;stico experimenta sentido y raz&oacute;n, pero el erotismo experimenta lo absurdo de lo azaroso. La amante &uacute;nica y la mortalidad de esa amante abren la posibilidad de ver la existencia continua. En la transgresi&oacute;n de esa persona &uacute;nica, producto del azar, se me revela la verdad de la existencia: es imposible hacer sentido de la propia existencia, porque somos parte de este movimiento exuberante de energ&iacute;as sin destino; solo hay el momento imposible con una persona imposible.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: Jacques-Louis David(1748-1825), La lucha entre Marte y Minerva, 1771. &nbsp; (Primera parte) &nbsp; El sentimiento de culpa en la obra de Sigmund Freud es un concepto que describe la tensi&oacute;n entre las pulsiones instintivas del organismo y la moralidad. 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