{"id":1968,"date":"2023-12-13T02:33:16","date_gmt":"2023-12-13T02:33:16","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/12\/13\/aurelia\/"},"modified":"2023-12-13T02:33:16","modified_gmt":"2023-12-13T02:33:16","slug":"aurelia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/narrativa\/aurelia\/","title":{"rendered":"Aurelia"},"content":{"rendered":"<p>El jueves por la noche, Aurelia se encontraba sola con su beb&eacute; de a&ntilde;o y medio en la casa de sus patrones, los se&ntilde;ores Cabrera, en la Ciudad de M&eacute;xico. El padre de Beatriz, la se&ntilde;ora de la casa, agonizaba despu&eacute;s de un accidente automovil&iacute;stico en la ciudad de Guadalajara. La mayor parte de los familiares de la pareja eran oriundos del estado de Jalisco y no tuvieron m&aacute;s remedio que encargarle la casa a ella, la sirvienta que llevaba trabajando con ellos no m&aacute;s de ocho meses.<\/p>\n<p>Aurelia estaba muy agradecida, pues la hab&iacute;an recibido sin necesidad de grandes referencias, bast&oacute; con la recomendaci&oacute;n de Juanita, la anterior empleada que llevaba m&aacute;s de veinte a&ntilde;os trabajando con ellos y que se tuvo que retirar. Aurelia se hab&iacute;a ganado la confianza de Beatriz, la se&ntilde;ora de la casa, gracias al entusiasmo y energ&iacute;a con las que se encargaba de realizar sus tareas, nada se comparaba con el arduo trabajo que realizaba en el campo y que se hab&iacute;a agravado con la sequ&iacute;a en su pueblo, en Guerrero. Lo importante para ella era mantener segura y bien alimentada a Lupita, su peque&ntilde;a, principal raz&oacute;n por la que tuvo que abandonar su pueblo.<\/p>\n<p>La casa no era muy grande y no resultaba problem&aacute;tica la limpieza; sin embargo, deb&iacute;a tener gran cuidado en la zotehuela o traspatio, donde se encontraban trece jaulas con diferentes tipos de aves a las que la se&ntilde;ora adoraba. Hab&iacute;a que limpiarlas, cambiar el agua y preparar diferentes clases de alimentos: pl&aacute;tano macho picado combinado con mosco seco, para el jilguero y el cenzontle; para el cardenal, verduras y frutas; el alpiste para canarios y gorriones entre otras semillas; y a algunas que se les ten&iacute;an que dar huevo cocido y picado tambi&eacute;n. Aurelia ya sab&iacute;a c&oacute;mo cuidarlos, pues siempre apoyaba a la se&ntilde;ora en eso.<\/p>\n<p>Al atardecer, Aurelia ten&iacute;a miedo al encontrarse sola en esa casa por primera vez. Se asegur&oacute; de cerrar muy bien la reja de la entrada, as&iacute; como la puerta principal con toda clase de cerraduras. Descolg&oacute; de sus lugares las jaulas de los p&aacute;jaros para acomodarlas en el pasillo que conduc&iacute;a al patio trasero. Como siempre, puso las jaulas m&aacute;s grandes al nivel del piso para que, de esa manera, pudiera acomodar encima las m&aacute;s peque&ntilde;as. Al final, las cubri&oacute; con la manta para que no tuvieran problema con la luz y el fr&iacute;o. Deb&iacute;a tener gran cuidado al cerrar la puerta de acceso, pues durante la noche se escuchaban los maullidos de los gatos en las azoteas de las casas vecinas.<\/p>\n<p>La ni&ntilde;a comenz&oacute; a llorar: era la hora de calentar la leche y d&aacute;rsela para que se durmiera, deb&iacute;a apresurarse para subirse al cuarto de servicio que se encontraba en la azotea antes de que oscureciera. Subi&oacute; corriendo las escaleras al primer piso y al segundo y por fin, pod&iacute;a cerrar la puerta de acceso a la azotea y tambi&eacute;n cerr&oacute; la de su habitaci&oacute;n. Hab&iacute;a cumplido con sus obligaciones y pod&iacute;a descansar abrazando a su peque&ntilde;a.<\/p>\n<p>Se durmi&oacute; recordando el d&iacute;a en el que estaba lavando la ropa en el r&iacute;o y c&oacute;mo, de pronto, entre los &aacute;rboles se dio cuenta que se encontraba Juvencio, el padre de su hija, que sal&iacute;a desnudo despu&eacute;s de nadar. Siempre supo que nunca ser&iacute;a su pareja, sin embargo, quiso estar con &eacute;l y disfrutar del inmenso placer que el chico m&aacute;s guapo del pueblo le brindar&iacute;a. Durante su sue&ntilde;o recordaba una y otra vez las veces que se llegaron a encontrar, la forma en que le hac&iacute;a el amor, pero de pronto lleg&oacute; la ma&ntilde;ana. Al despertar, el sue&ntilde;o se convirti&oacute; en pesadilla al recordar los reclamos de sus padres y de su abuela por haberse embarazado y entregarse a un hombre sin estar debidamente casada, raz&oacute;n por la que tuvo que huir a la capital. La despert&oacute;, tambi&eacute;n, la angustia por la responsabilidad de la casa a su cargo.<\/p>\n<p>Tom&oacute; a su ni&ntilde;a y conforme fue bajando, revis&oacute; que las habitaciones y la casa en general se encontrara en orden. Al llegar a la cocina, que se encontraba a un lado del pasillo donde estaban los p&aacute;jaros, escuch&oacute; aleteos, ruidos extra&ntilde;os. Conforme fue levantando la manta que cubr&iacute;a las jaulas se fue dando cuenta de que la mayor&iacute;a de las aves se encontraban muertas, &iexcl;casi todas hechas pedazos! Y, oh, sorpresa, en una de las jaulas m&aacute;s grandes, se encontraba atrapada una enorme rata, con el clar&iacute;n entre sus garras. &iexcl;Qu&eacute; desesperaci&oacute;n! Tal vez con las prisas de la noche anterior dej&oacute; entreabierta la puerta que da a la zotehuela y por la coladera del lavadero hab&iacute;a salido la feroz asesina. &iexcl;Qu&eacute; desesperaci&oacute;n, qu&eacute; cuentas le entregar&iacute;a a la se&ntilde;ora! En ese momento pens&oacute; que trabajar&iacute;a lo suficiente para alg&uacute;n d&iacute;a poder reponer las aves muertas.<\/p>\n<p>Con gran repulsi&oacute;n y todo el odio del mundo tom&oacute; la jaula y con un gancho para la ropa asegur&oacute; la puerta por la que se hab&iacute;a escabullido la rata. &iquest;Pero c&oacute;mo acabar con ese animal? Si quisiera ahogarla, no cabr&iacute;a una jaula tan grande en la pileta del lavadero. A golpes, o con un cuchillo, corr&iacute;a el riesgo de que se le escapara. Ten&iacute;a que matarla de alguna manera. La mejor manera que encontr&oacute; fue quemarla, arroj&aacute;ndole alcohol y prendi&eacute;ndole fuego. Ser&iacute;a la mejor manera de acabar con la maldita.<\/p>\n<p>Al ir por el alcohol al botiqu&iacute;n, sent&oacute; a su hijita en un sill&oacute;n de la sala, en tanto terminara con su cometido. Puso la jaula a la mitad del traspatio y le arroj&oacute; el alcohol, la rata daba vueltas enloquecida. Aurelia encendi&oacute; un cerillo y lo arroj&oacute; al animal que continuaba corriendo dentro de su celda. Y sucedi&oacute; algo inesperado: con el calor del fuego la soldadura de la jaula de alambre galvanizado se derriti&oacute; y la rata, convertida en una tea ardiente y viva, corri&oacute; hacia el interior de la casa, en direcci&oacute;n hacia Lupita, la hija de Aurelia. En su dolor y desesperaci&oacute;n, la rata se trep&oacute; por la tela de las cortinas de terciopelo que, en forma de galer&iacute;a, cubr&iacute;an los ventanales de la casa, las cuales ardieron de inmediato&hellip;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El jueves por la noche, Aurelia se encontraba sola con su beb&eacute; de a&ntilde;o y medio en la casa de sus patrones, los se&ntilde;ores Cabrera, en la Ciudad de M&eacute;xico. El padre de Beatriz, la se&ntilde;ora de la casa, agonizaba despu&eacute;s de un accidente automovil&iacute;stico en la ciudad de Guadalajara. 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