{"id":1960,"date":"2023-12-06T00:37:25","date_gmt":"2023-12-06T00:37:25","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/12\/06\/la-seduccion-de-la-memoria\/"},"modified":"2023-12-06T00:37:25","modified_gmt":"2023-12-06T00:37:25","slug":"la-seduccion-de-la-memoria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/cafe-babel\/la-seduccion-de-la-memoria\/","title":{"rendered":"La seduccin de la memoria"},"content":{"rendered":"<p>La literatura rusa del siglo XIX es famosa, entre muchas otras razones, gracias a un pu&ntilde;ado de escritores que hicieron de ella un baluarte en el que no s&oacute;lo describieron las vicisitudes del hombre frente a su propia naturaleza, sino los embates de los hombres ante la jerarqu&iacute;a social, el amor o las encrucijadas morales que los atenazan. Tambi&eacute;n plasmaron las m&uacute;ltiples luchas de los campesinos en contra de los nobles terratenientes y la vulnerabilidad de esas &ldquo;pobres gentes&rdquo; frente a un clima insidioso, m&aacute;s brutal a&uacute;n porque el fr&iacute;o, regular e indiferente, desnuda al <em>mujik<\/em> en su aut&eacute;ntica miseria.<\/p>\n<p>Turgu&eacute;nev y Tolstoi, G&oacute;gol y Ch&eacute;jov, Dostoievski y Gorki, esos seis nombres, ligados, por supuesto, a Pushkin, bastan para dar cuenta de la enorme vitalidad que la literatura rusa tuvo en el siglo XIX, cada uno de ellos con sus marcas espec&iacute;ficas en cuanto a estilo, cada uno de ellos, tambi&eacute;n, preocupado por parcelas diversas de la realidad social y pol&iacute;tica; pero vinculados por una aguda observaci&oacute;n de la textura social y de los problemas de car&aacute;cter humano que se viv&iacute;an en las clases altas pero, ante todo, en las clases bajas: vulnerables, mas no necesariamente buenas y perfectas. Se trata de un humanismo labrado por las penurias propias de la &eacute;poca, pero que no cae en la vana glorificaci&oacute;n de la pobreza. As&iacute;, los tipos humanos forjados en la literatura rusa del siglo XIX corresponden, punto por punto, a caracteres humanos con sus naturales impulsos y sus particulares asperezas.<\/p>\n<p><em>Te van a llevar los rusos<\/em>, de Daniel Espartaco S&aacute;nchez es una obra en la que, a trav&eacute;s de un narrador en primera persona, se nos introduce en el mundo interior de un muchacho de apenas 11 a&ntilde;os. Conforme el relato avanza, gracias a la transparencia de una prosa que no descuida las marcas temporales, seremos testigos de c&oacute;mo se desarroll&oacute; la vida de un chico que vivi&oacute; en Chihuahua en los a&ntilde;os ochenta del siglo pasado y que se entregaba a la lectura repetitiva y mani&aacute;tica de un solo libro de cuentos rusos. Tambi&eacute;n observaremos c&oacute;mo ese muchacho camina a la par de los sue&ntilde;os y de las esperanzas de la &eacute;poca y c&oacute;mo, hacia el final del relato, se convierte en un bur&oacute;crata m&aacute;s, atado a la rueda de los documentos que consumi&oacute; la vida de muchos personajes c&eacute;lebres de la literatura rusa: recordemos a G&oacute;gol (&ldquo;El capote&rdquo;), a Dostoievski (&ldquo;El doble&rdquo;), a Ch&eacute;jov (&ldquo;La muerte de un bur&oacute;crata&rdquo;).<\/p>\n<p>Explorar la vida y sensibilidad de esta clase de personajes es riesgoso en la medida en la que es posible caer en lo mon&oacute;tono y lo esquem&aacute;tico, o en los tan temidos lugares comunes. Al fin y al cabo, sellar papeles no es diferente all&aacute; que aqu&iacute;, ni antes como ahora. Daniel Espartaco S&aacute;nchez resuelve esta complicaci&oacute;n situando los detalles burocr&aacute;ticos al final del relato, de tal suerte que primero observamos la soledad y los anhelos del personaje, y luego su tibia resoluci&oacute;n plasmada en los innumerables oficios en los que ha ensayado su vida: &ldquo;Vivimos en un fraccionamiento al norte de la ciudad, en una peque&ntilde;a casa que compramos a cr&eacute;dito. A lo largo de mi vida, he ejercido toda la clase de oficios que se podr&iacute;an esperar de alguien como yo. Estudi&eacute; derecho por un tiempo&hellip; Termin&eacute; trabajando en una oficina de gobierno, en el centro, despu&eacute;s de sacar un t&iacute;tulo profesional a distancia&rdquo;. (Espartaco, 2023, p. 30).<\/p>\n<p>Sin embargo, el relato de S&aacute;nchez no s&oacute;lo nos recuerda aquellos grandes referentes de la literatura rusa, sino ese momento precioso (para los lectores precoces) en el que se sintieron encantados por una obra literaria y se refugiaron en ella; esa &eacute;poca en la que so&ntilde;aban con ser parte de la narraci&oacute;n y sustituir a uno de los personajes o, simplemente, esos disfrutables momentos de suspensi&oacute;n de la realidad gracias a la fantas&iacute;a literaria, rasgo que tambi&eacute;n est&aacute; presente en el nuevo libro de este autor. Pues ese muchacho de apenas 11 a&ntilde;os, anhela conocer aquella lejana Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica en la que Eduardo, su t&iacute;o, trabaja. Se aleja del mundo gracias a las historias de princesas, caballos, zares, p&aacute;jaros de plumaje dorado y manzanas robadas. Y es que su enso&ntilde;aci&oacute;n es abstracci&oacute;n, distancia y alejamiento, porque la vida es odiosa, porque la soledad es vasta y su condici&oacute;n de superdotado lo singulariza y separa de sus coet&aacute;neos: en el relato de su infancia no falta ni la crueldad de los ni&ntilde;os en sus juegos dolosos, ni la indiferencia de los adultos en un M&eacute;xico que se industrializa. Por eso, manda una carta a la editorial que edita su libro favorito de cuentos, y a la vuelta del correo recibe como respuesta que ni la editorial existe ya ni la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica permanece unida. La historia avanza mientras leemos: la maquinaria del mundo no permanece quieta entre las letras y, sin embargo, la literatura dibuja los pasos de la historia como este libro en el que la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica aparece congelada, grande y enigm&aacute;tica, as&iacute; como en los mapas de viejos diccionarios que ya casi nadie hojea. Literatura que es tiempo recuperado en el m&aacute;s bello de sus alcances, es decir, como memoria de los hombres que alguna vez quisimos ser y de los libros en los que fuimos &ldquo;algo&rdquo;.<\/p>\n<p>&ldquo;Te van a llevar los rusos&rdquo;, le dicen a nuestro narrador a modo de amenaza por leer tanto&hellip; &iexcl;S&iacute;!, que vuelvan los rusos y que nos lleven a esa lejana tierra en la que Ana Karenina todav&iacute;a est&aacute; viendo su reflejo en la ventanilla del tren, mientras Mosc&uacute; se aleja y ella persigue su destino y Wronsky la persigue a ella&hellip; El t&iacute;o Vania espera, espera&hellip; Y Akaki Akakievich a&uacute;n busca su abrigo entre el lodo, la nieve y la borrasca. &nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Daniel Espartaco S&aacute;nchez, <em>Te van a llevar los rusos<\/em>, (Colecci&oacute;n Tacita de t&eacute;), Los libros del sargento, M&eacute;xico, 2023.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La literatura rusa del siglo XIX es famosa, entre muchas otras razones, gracias a un pu&ntilde;ado de escritores que hicieron de ella un baluarte en el que no s&oacute;lo describieron las vicisitudes del hombre frente a su propia naturaleza, sino los embates de los hombres ante la jerarqu&iacute;a social, el amor o las encrucijadas morales [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1961,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-1960","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cafe-babel"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1960","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1960"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1960\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1961"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1960"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1960"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1960"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}