{"id":1954,"date":"2023-11-29T00:53:58","date_gmt":"2023-11-29T00:53:58","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/11\/29\/la-pareja-estrago\/"},"modified":"2023-11-29T00:53:58","modified_gmt":"2023-11-29T00:53:58","slug":"la-pareja-estrago","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/kaos\/la-pareja-estrago\/","title":{"rendered":"La pareja estrago"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">Imagen de portada: Charles-Andr&eacute; van Loo, <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Jason y Medea<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">&nbsp;<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><span style=\"font-weight: 400;\">El centro de gravedad <\/span><\/em><em><span style=\"font-weight: 400;\"><\/span><\/em><em><span style=\"font-weight: 400;\">escrib&iacute;a Chejov en 1886<\/span><\/em><em><span style=\"font-weight: 400;\"><\/span><\/em><em><span style=\"font-weight: 400;\"> deber&iacute;a residir en dos: &eacute;l y ella<\/span><\/em><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Philip Roth<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En conmemoraci&oacute;n del 25N, d&iacute;a que busca reconocer la importancia de erradicar la violencia contra las mujeres, quisiera compartir con ustedes estas reflexiones en torno a la vida en pareja en fragorosa actualidad. Este trabajo es un fragmento de mi libro <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Sexo, Amor, Angustia, Muerte,<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\"> reeditado recientemente por la editorial de mi amigo Samuel Hern&aacute;ndez, <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">El div&aacute;n negro<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para Jacques Lacan, la mujer es el s&iacute;ntoma del hombre, en tanto que el hombre es una de las dos relaciones que causan estrago en la mujer. Quiz&aacute; nunca como en nuestra &eacute;poca se han puesto tan de manifiesto estas aseveraciones. La violencia contra ellas, la misoginia, y el feminicidio como su expresi&oacute;n m&aacute;s radical, lamentablemente son signos de nuestra &eacute;poca.&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pese a la enorme cantidad de programas de prevenci&oacute;n y los cuantiosos recursos que se invierten en campa&ntilde;as publicitarias, la violencia en la pareja es, lamentablemente, un mal generalizado. Ocurre en todas las clases sociales, en todos los niveles educativos y en todas las latitudes del pa&iacute;s, y en el mundo. Si lo quisi&eacute;ramos cuantificar en datos estad&iacute;sticos, hablamos de una pandemia. Hay mediciones que nos dicen que el 65% de las mujeres han sufrido de violencia a manos de su pareja. No conocemos estad&iacute;sticas de la violencia que las mujeres ejercen tambi&eacute;n contra su pareja, pero quienes nos dedicamos a la cl&iacute;nica sabemos que es harto frecuente que esto ocurra. Pero hoy no toca hablar de eso.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Quisiera referirme ahora a la aseveraci&oacute;n del psicoanalista franc&eacute;s Jacques Lacan en el sentido de que, en la relaci&oacute;n de pareja, el hombre hace estragos en la mujer. Valdr&iacute;a, en principio, preguntarse qu&eacute; significa la palabra&nbsp;<\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">estrago<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">. Lacan utiliza el t&eacute;rmino franc&eacute;s&nbsp;<\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">ravage<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">, que significa devastaci&oacute;n o aniquilamiento. Seg&uacute;n el diccionario de la Real Academia de la Lengua en Espa&ntilde;a,&nbsp;<\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Estrago&nbsp;<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">se refiere a los da&ntilde;os causados en guerra, como una matanza de gente o la destrucci&oacute;n de la campa&ntilde;a, del pa&iacute;s o el ej&eacute;rcito. Hay una segunda acepci&oacute;n que hace referencia a causar ruina, da&ntilde;o o asolamiento. Tambi&eacute;n nos se&ntilde;ala que hacer estragos es lo que ocurre cuando se provoca una fuerte atracci&oacute;n o una gran admiraci&oacute;n entre un grupo de personas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Seg&uacute;n estos acercamientos, la pareja ser&iacute;a un campo de batalla sostenido a partir de una gran admiraci&oacute;n o una atracci&oacute;n devastadora. El aniquilamiento o devastaci&oacute;n que implica el estrago Freud la ubica, lo primero, en la relaci&oacute;n madre-hija. Una relaci&oacute;n marcada por el masoquismo y donde hay un fuerte reclamo de la hija para la madre, &iquest;y qu&eacute; reclama?, justo no haberle dado el sexo correcto.&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sabemos, por Freud, que en el principio de la constituci&oacute;n ps&iacute;quica hombres y mujeres nos vivimos en la creencia de un solo sexo, y s&oacute;lo es a partir de que se hace percepci&oacute;n ps&iacute;quica de la diferencia anat&oacute;mica de los sexos como se revela la existencia del otro, del otro sexo. El mundo se divide as&iacute; entre quienes tienen y quienes no tienen. No tienen el genital que es valorado. No es que a las ni&ntilde;as les falte algo, s&oacute;lo que lo que tienen no alcanza el valor que tiene el pene. La ni&ntilde;a sufre una afrenta may&uacute;scula al tener que asumir no tener el sexo v&aacute;lido en tanto que valorado. La culpable de esta carencia es, no le cabe duda, la madre. La madre la deja devastada al no haberle dado el sexo que todos a su alrededor celebran. Esta relaci&oacute;n de la ni&ntilde;a con la madre, entonces, es una relaci&oacute;n de estrago.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es hasta 1975, en el Seminario 23,&nbsp;<\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">Sinthome<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">, que Lacan habla de la relaci&oacute;n estragante que puede ser un hombre para una mujer. Ocurre, nos dice, cuando las mujeres aman a su hombre como si fuera dios. Este amor, entre m&aacute;s grande, tiene tambi&eacute;n su contraparte en un odio may&uacute;sculo. Si el amor y el odio van de la mano, al idealizar en demas&iacute;a al hombre, &eacute;ste genera estragos en su imposibilidad para corresponder con esa idealizaci&oacute;n. Al idealizar al hombre, en su af&aacute;n de que le d&eacute; eso que &eacute;l tiene, la mujer se vincula de manera masoquista.&nbsp;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El amor muestra as&iacute; su rostro m&aacute;s siniestro, real: el del dolor, el sufrimiento con que viene acompa&ntilde;ada la imposibilidad de la relaci&oacute;n sexual. Recordemos que Lacan nos ense&ntilde;a que no hay relaci&oacute;n, proporci&oacute;n, sexual. Esta evidencia se revela de m&uacute;ltiples maneras en las relaciones de pareja: el estrago es la m&aacute;s tr&aacute;gica, devastadora. Medea es un ejemplo que bien ilustra lo hasta aqu&iacute; se&ntilde;alado. La hero&iacute;na tr&aacute;gica no puede soportar la traici&oacute;n de Jas&oacute;n y no encuentra otra salida que el crimen. Ante el destierro de Corintio que el rey Creonte designa para Medea (y as&iacute; la hija de &eacute;l pueda casarse con Jas&oacute;n), ella consigue que el rey le permita quedarse un d&iacute;a m&aacute;s. Medea y Jas&oacute;n discuten porque &eacute;l la ha abandonado para casarse con la joven hija del rey. Con enga&ntilde;os Medea hace que Jas&oacute;n se quede tranquilo mientras planea el crimen de la hija del rey. Lo hace enviando a la princesa un vestido impregnado de veneno. Al pon&eacute;rselo muere, lo mismo que el rey, que intenta ayudar a su hija. Jas&oacute;n va a buscar a Medea mientras que ella ha matado tambi&eacute;n a los hijos de ambos y ha huido de Corinto.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En esta tragedia de Eur&iacute;pides se muestra de cuerpo entero la f&oacute;rmula de la pareja-estrago: la imposibilidad para separarse y al mismo tiempo la imposibilidad para quedarse juntos. Dicha de otra manera, esta f&oacute;rmula podr&iacute;a expresarse en el cl&aacute;sico &ldquo;ni contigo ni sin ti&rdquo;. La desilusi&oacute;n que acompa&ntilde;a a todo amor se vuelve insoportable; el crimen es una salida, lo mismo que puede ser el suicidio. Ante esto vale preguntar: &iquest;Qu&eacute; pasa con los hombres que se suicidan por amor? Ocurre que se revela con toda su fuerza que el amor los coloca en la &uacute;nica posici&oacute;n en que es posible amar, en la posici&oacute;n femenina, aquella referida a la falta. La afrenta narcisista que constituye el desamor es insoportable. La diferencia y alteridad del Otro se hace valer de manera radical, la respuesta a esta herida narcisista es de igual radicalidad: el odio que aniquila.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Lo insoportable en la relaci&oacute;n, que se pensaba como fusi&oacute;n con el otro, es la castraci&oacute;n, es decir, la evidencia de que el otro es otro. Sin embargo, esta castraci&oacute;n es la condici&oacute;n para que haya amor. La pareja estrago niega la castraci&oacute;n: la pareja es colocada en la posici&oacute;n de quien obtura o cierra la falta, se trata de un amor sin l&iacute;mites, un amor en donde se juega a todo, y se hace por la v&iacute;a del dolor y la humillaci&oacute;n. Recordemos que ya con Freud en la relaci&oacute;n estrago se juega poderosamente el masoquismo femenino. Para la mujer, que se mueve bajo la f&oacute;rmula &ldquo;ya lo vi, se d&oacute;nde est&aacute; y lo quiero&rdquo; (y para ello no importa humillarse ni sufrir) es insoportable no tener lo que el otro, el <\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">partenaire<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">, tendr&iacute;a que darle.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El v&iacute;nculo de la mujer en el amor es uno que se encuentra organizado en torno a tener, a tener el amor que complementa, el otro deviene en objeto de completud que se realiza por la v&iacute;a de la identificaci&oacute;n hasta perderse en &eacute;l, como escribe el checo Milan Kundera en&nbsp;<\/span><em><span style=\"font-weight: 400;\">La identidad<\/span><\/em><span style=\"font-weight: 400;\">: &ldquo;Y es que, a veces se dan situaciones en las que por un instante ninguno de los dos parece reconocerse, en el que la identidad del otro se disuelve y, de rechazo, dudad de la suya propia. Todo el que ama, todo el que convive en pareja, lo ha experimentado alguna vez, porque lo que m&aacute;s teme en el mundo quien ama es perder de vista al ser amado.&rdquo;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En la mujer el amor con frecuencia asume las formas de la erotoman&iacute;a, es decir, su vida se organiza en torno al amor, al amor sin l&iacute;mites, al amor-todo, como si la devastaci&oacute;n fuera un componente estructural de la sexuaci&oacute;n femenina. Para ella, los fracasos del amor se viven con una especie de locura, una locura de amor o un amor de locura es lo que se juega del lado femenino. No ocurre as&iacute; del lado del hombre cuya vida amorosa y sexual se encuentra limitada, ya sea por la duraci&oacute;n o por la frecuencia, siempre limitada al goce f&aacute;lico. En la mujer se presenta un v&iacute;nculo singular al goce, un v&iacute;nculo que prescinde de la medida f&aacute;lica para desbordarse en el cuerpo y mostrarse ajena al significante, es decir, queda vinculada al goce como suplemento.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Imagen de portada: Charles-Andr&eacute; van Loo, Jason y Medea&nbsp; &nbsp; El centro de gravedad escrib&iacute;a Chejov en 1886 deber&iacute;a residir en dos: &eacute;l y ella Philip Roth &nbsp; En conmemoraci&oacute;n del 25N, d&iacute;a que busca reconocer la importancia de erradicar la violencia contra las mujeres, quisiera compartir con ustedes estas reflexiones en torno a la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":100,"featured_media":1955,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[],"class_list":["post-1954","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-kaos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1954","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/100"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1954"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1954\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1955"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1954"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1954"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1954"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}