{"id":1924,"date":"2023-10-31T04:02:09","date_gmt":"2023-10-31T04:02:09","guid":{"rendered":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/consultario\/2023\/10\/31\/epifanias-distantes\/"},"modified":"2023-10-31T04:02:09","modified_gmt":"2023-10-31T04:02:09","slug":"epifanias-distantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/ensayo\/epifanias-distantes\/","title":{"rendered":"Epifanas distantes"},"content":{"rendered":"<p>Portada: Christy Lee Rogers, <em>Black Moon<\/em>, tomado de <a href=\"https:\/\/loeildelaphotographie.com\/en\/christy-lee-rogers-reckless-unbound\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">The Eye of Photography<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con una portada que reproduce el cuadro <em>Reckless Unbound<\/em>, de la artista Christy Lee, (Let There Be Art Galery), Textofilia Ediciones, dentro de su colecci&oacute;n Lum&iacute;a, lanz&oacute; en 2015 el primer volumen de cuentos de Marco Julio Robles Santoyo (Puebla, 1983) con el dis&iacute;mbolo t&iacute;tulo <em>Diario camale&oacute;n<\/em>. Nosotros lo encontramos recientemente en una librer&iacute;a, en el estante donde, por indefinibles razones, quedan libros varados como en el cementerio de lo inservible, hasta que vuelven a la vida abriendo la posibilidad de un reencuentro con el lector.<\/p>\n<p>Luego de su lectura, intrigados, nos dispusimos a indagar sobre los datos del autor hasta hace poco desconocido para nosotros. Nos enteramos de sus colaboraciones en varios medios y su paso por el posgrado de Filosof&iacute;a de la UNAM. Sobre su libro, sabemos, deriv&oacute; un seminario impartido en el Pa&iacute;s Vasco (en Vitoria) y no dejamos de sorprendernos por lo controversial de su contenido, que aqu&iacute; comenzamos a explorar. De entrada, se revelaron lo que consideran coincidencias narrativas recalcada machaconamente por sus paneg&iacute;ricos rese&ntilde;istas; lo que a nuestra vista pasan como supuestas influencias narrativas que aspiran amplios vuelos al compararse con Raymond Carver e In&eacute;s Arredondo &mdash;que, por cierto, con falsa humildad el autor niega en sus entrevistas&mdash; nosotros distinguimos un rasgo principal en el tono adoptado de personajes con preferencias sexuales. Ah&iacute; identificamos a Luis Zapata recordando a <em>El vampiro de la colonia Roma<\/em>, cuidando las distancias sobre todo las temporales, pues Zapata inaugura un tiempo con estilo narrativo propio.<\/p>\n<p>De entrada, nos sorprende su amplia acogida, seg&uacute;n se colige de las entrevistas que revisamos en la red y por las elogiosas palabras de Ana Garc&iacute;a Bergua, quien precisamente lo compara con Carver y Arredondo. Ella, junto a Gregorio Cervantes, lo presentaron en la Feria del Libro de Miner&iacute;a (2016). Estamos ante un extra&ntilde;o fen&oacute;meno de literatura que, sin evitar deslizarnos en el prejuicio de los temas escabrosos, son de morboso inter&eacute;s profano, algo que no logramos explicar debido a nuestra inexperiencia de gustos literarios y, sobre todo, al encontrarlo varado en el estante de cinco pesos, lo que lleva a pensar que el lector y due&ntilde;o del libro se cans&oacute; de los cantos de sirenas de su presentaci&oacute;n inaugural. &iquest;Ser&aacute; que pasada la efervescencia del tipo de Alka-Selzer, haya dejado simples pi&eacute;lagos del alma en el fondo del vaso de la sorpresa?<\/p>\n<p>A gusto nuestro, remite a Reynaldo Arenas, quien retrata su vida en Cuba donde ser homosexual se compara con un delito frente a las aspiraciones revolucionarias que la condenaron, pero no cabe compararlo con la violencia que vive nuestro pa&iacute;s, argumentos con los que justifica Robles su inclinaci&oacute;n tem&aacute;tica. El autor parece obedecer al aforismo de Max von Sydow: &ldquo;t&uacute; no escoges las cosas en que crees, ellas te escogen a ti&rdquo;; y Robles lo hace ley al decretar, desde la voz de su personaje: &ldquo;la religi&oacute;n transforma&rdquo;, en el &uacute;ltimo relato, que otorga t&iacute;tulo al libro.<\/p>\n<p>Sobre este presupuesto hicimos la lectura, ya con los reflectores apagados y reducido su contenido al estante del olvido. Partamos de ah&iacute;, con la ventaja de las distantes alfombras rojas y a unos a&ntilde;os de su debut, frente a sus contenidos que se ofrecen de forma llana y sin afeites de ninguna clase. Hacemos constar que esta declaraci&oacute;n de lector nos coloca al desnudo, a merced del escritor desconocido, puesto que las impresiones que dej&oacute; en nuestro talante sus denominadas narraciones breves resultan previas a la curiosidad por saber de qui&eacute;n se trataba. Esto bien pudiera opacar una opini&oacute;n que cualquiera, con justa raz&oacute;n, podr&aacute; calificar como desfavorable, aunque viniendo de quien viene puede que suene oprobiosa. En el fondo pensamos que otros coincidieron con nuestra opini&oacute;n, pero callaron por miedo a ser irrespetuosos, fingiendo falsa admiraci&oacute;n, pero sobre todo por la inconveniencia de figurar como pol&iacute;ticamente incorrectos.<\/p>\n<p>Antes de continuar nuestras reflexiones de lector, lanzamos una pregunta obligada: con el paso del tiempo, &iquest;un libro pierde vigencia o adquiere diferente presencia? Y nos contestamos que todo est&aacute; en c&oacute;mo se lea: si como novedad o como simple hallazgo. Lo m&aacute;s evidente es la posici&oacute;n desde su &aacute;ngulo de fil&oacute;sofo, que permea en sus narraciones, puesto que lo vuelve enf&aacute;tico en todos sus personajes, aunque tienen su propia licencia exceden todo canon del pensamiento cotidiano en personas comunes y corrientes que tambi&eacute;n exceden a tocar temas existenciales; nosotros lo apreciamos como densas elucubraciones dictadas por la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica del autor. Perm&iacute;tasenos una digresi&oacute;n compar&aacute;ndola con la novela <em>Si al atardecer llegara el mensajero<\/em>, de Soledad Pu&eacute;rtolas (Zaragoza, 1947), donde es comprensible el motivo de la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica, pues el personaje en la trama se enfrenta a un experimento que Dios le concede realizar bajando del cielo de nueva cuenta a la tierra para desterrar un sentido de verdad que los hombres poseen y no les permite disfrutar de la vida: la certeza de conocer la fecha de su muerte. Aqu&iacute; s&iacute; son comprensibles las reflexiones existenciales, no as&iacute; con las narraciones breves de Robles. Puesto que al finalizar la lectura nos enfrenta al desconcierto al no alcanzar a comprender el sentido de la mayor&iacute;a de sus breves relatos. En conclusi&oacute;n, se trata de un libro que no est&aacute; obligado a conquistarnos con la mayor&iacute;a de sus historias, ya que sabemos se trata de una suerte de alquimia identificarnos con ciertos personajes y su trama.<\/p>\n<p>Repetimos, los autores no est&aacute;n obligados a seducir al lector con cada uno de sus relatos, no por ello se trata de un desacierto, sobre todo si se escribe por inspiraci&oacute;n y no por complacencia, quien lo haga as&iacute;, piensa entonces en el betseller. Aunque debemos reconocer que influyen otros factores propios del lector: sensibilidad, la formaci&oacute;n e informaci&oacute;n acad&eacute;mica expresados como gustos propios.<\/p>\n<p>Estamos ciertos que las historias que dan apertura suelen evitar la crudeza, evitando quiz&aacute; predisponer al lector. Aqu&iacute;, sin embargo, nos parece que es el acto propiciatorio y l&iacute;nea transgresora hacia el purgatorio, terreno del que no se conoce retorno pues es premonitorio de la muerte. As&iacute; lo sentimos desde el relato inicial titulado &ldquo;El rastro&rdquo;. Para continuar inmediatamente en &ldquo;Oficio de quijotes&rdquo;, donde el sentimiento entre dos hombres solidarios en los movimientos de resistencia estudiantil es roto por la intromisi&oacute;n de la figura femenina, a quien al parecer se le concede la nefasta carga de esquirol sentimental, y en el coraz&oacute;n de quien recibe el rechazo, la revelaci&oacute;n de la desilusi&oacute;n amorosa. En &ldquo;Retrovisor&rdquo; nos parece recordar que la vida moderna transcurre en medio del tr&aacute;fico, donde las horas significan la p&eacute;rdida de identidad y con ello las oportunidades se pulverizan; entonces la muerte al volante puede ser la alternativa para terminar con la mon&oacute;tona existencia. En &ldquo;Bajo llave&rdquo;, la memoria y los recuerdos hacen martirio en el alma de una mujer mayor que pierde la br&uacute;jula y, entre el hogar y el jard&iacute;n, el cristal de la puerta es el umbral que separa la cordura de la locura; mantenerla bajo llave no siempre es la soluci&oacute;n deseada. A nuestra consideraci&oacute;n, el mejor relato es &ldquo;Nudo ciego&rdquo;, donde conjuga amor, supercher&iacute;a y antiqu&iacute;simas pr&aacute;cticas &ldquo;brujeriles&rdquo; con el objetivo de lograr atrapar al ser amado m&aacute;s all&aacute; de la muerte y asegurar que sea una eterna presencia el esp&iacute;ritu atrapado por el hechizo. Lo &uacute;nico incomodo del relato es el machac&oacute;n deseo de ganarse simpat&iacute;as en las relaciones entre el mismo sexo. Creaci&oacute;n e inspiraci&oacute;n se inclinan a la evidente promoci&oacute;n de las relaciones diferentes.<\/p>\n<p>Se hace m&aacute;s evidente en el relato titulado &ldquo;Puertas&rdquo;, donde un matrimonio se enfrenta a las preferencias de su hijo que acompa&ntilde;a a su padre a las actividades del aserradero. Los trabajadores son el motivo principal de las diferencias y por supuesto de las preferencias, que son vistas con recelo. Finalmente, clausurar todo contacto parece ser la mejor soluci&oacute;n o eso parece. Con el siguiente relato, &ldquo;Carreteras&rdquo;, vuelve a la impotencia de los hijos que ven declinar a los padres y sus miedos los laceran describiendo a esperpentos y las carreteras son lo &uacute;nico que separa de la inevitable verdad. En &ldquo;La luna es una piedra solitaria&rdquo; nos ofrece un atisbo al derrumbe matrimonial que no supera la promesa inicial de negarse a concebir hijos, por lo dem&aacute;s se vuelca en un relato de crudo sentimentalismo que ofrece la entrada al relato m&aacute;s largo o menos breve de los que sus rese&ntilde;istas anuncian, siendo, como ya se dijo, el t&iacute;tulo con el que decidieron bautizar al libro y del que parece cerrar con un extrav&iacute;o en la l&iacute;nea narrativa. Pero ya entrados en hacer de la locura un tema, contemplamos el antinatural fen&oacute;meno de una cris&aacute;lida transformarse en mujer. Estamos ante relatos de locura extrema a las que se recomienda leer desprovistos de todo prejuicio&#8230; Nosotros preferimos la reflexi&oacute;n antes de volver la vista hacia atr&aacute;s y terminar como estatuas de sal.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Portada: Christy Lee Rogers, Black Moon, tomado de The Eye of Photography &nbsp; Con una portada que reproduce el cuadro Reckless Unbound, de la artista Christy Lee, (Let There Be Art Galery), Textofilia Ediciones, dentro de su colecci&oacute;n Lum&iacute;a, lanz&oacute; en 2015 el primer volumen de cuentos de Marco Julio Robles Santoyo (Puebla, 1983) con [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":137,"featured_media":1925,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[],"class_list":["post-1924","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1924","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/users\/137"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1924"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1924\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1925"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1924"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1924"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/archivo.e-consulta.com\/blogs\/nuevoconsultario\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1924"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}